Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Эпическое фэнтези » Encrucijada en el crepúsculo
Encrucijada en el crepúsculo - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Encrucijada en el crepúsculo

Электронная книга - «Encrucijada en el crepúsculo». Краткое содержание книги:

Mat Cauthon huye con la hija de las Nueve Lunas mientras la Sombra y el imperio seanchan emprenden una persecución implacable. Por su parte, las Aes Sedai sienten un inmenso flujo de Poder en un lejano paraje del oeste y temen que sea obra de los Renegados o incluso de la propia Sombra.
La heredera del Trono de Andor, rodeada de enemigos y de amigos siniestros que planean su destrucción, puede caer en manos de la Sombra y arrastrar consigo al Dragón Renacido, y Egwene al’Vere pone sitio al centro de poder Aes Sedai, pero ha de vencer con rapidez para evitar que los Asha’man sean los únicos capaces de defender el mundo del Oscuro.
Tras limpiar la mitad masculina de la Fuente Verdadera, Rand al’Thor se ve obligado a correr grandes riesgos sin saber con certeza quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
1 ... 54 55 56 57 58 59 60 61 62 ... 232
Перейти на страницу:

—Guarda eso —ordenó Perrin—. No hace falta. Las espadas no servirían de nada, en cualquier caso. —Con paciencia consiguió que el tembloroso animal reanudara la marcha, pero fue siguiendo el rastro del repugnante olor, escudriñando el suelo cubierto de nieve. Conocía ese hedor y no sólo del sueño.

No tardó mucho en encontrar lo que buscaba, y Brioso soltó un agradecido resoplido cuando Perrin lo frenó a cierta distancia de una afloración de piedra gris con forma de losa, de unos dos pasos de ancho, que sobresalía a su derecha. La nieve que la rodeaba aparecía lisa e intacta, pero la rocosa superficie inclinada estaba cubierta de huellas de perro, como si una manada hubiese pasado sobre ella en su carrera. Ni la penumbra ni las sombras impidieron que los ojos de Perrin las vieran claramente. Unas huellas más grandes que la palma de su mano, impresas en la piedra como si ésta fuese barro. Volvió a palmear el cuello de Brioso. No era de extrañar que el animal estuviera asustado.

—Regresa al campamento y busca a Dannil, Aram. Dile que he ordenado que se informe a todos que han pasado por aquí Sabuesos del Oscuro, tal vez hace una hora. Y enfunda tu arma. No te gustaría tener que intentar acabar con un Sabueso del Oscuro valiéndote de una espada, créeme.

—¿Sabuesos del Oscuro? —exclamó Aram al tiempo que escudriñaba las profundas sombras entre los árboles. Ahora había un temor anhelante en su olor. La mayoría de los hombres se habrían reído tomándolo por cuentos de niños o historietas de viajeros, pero los gitanos deambulaban por los campos y sabían lo que podían encontrar en territorios salvajes. Aram enfundó la espada en la vaina que llevaba en la espalda con evidente renuencia, pero mantuvo la mano derecha levantada, a medio camino de la empuñadura—. ¿Cómo se mata a un Sabueso del Oscuro? ¿Se los puede matar? —Claro que también podría ser que no tuviera plena conciencia de ello.

—Agradece que no tengas que intentarlo, Aram. Ve a hacer lo que te he dicho. Todo el mundo tiene que estar alerta por si regresan, aunque no creo que ocurra, pero más vale estar sobre aviso. —Perrin recordaba un enfrentamiento con una manada, y que había matado a uno. Creyó que lo había matado tras alcanzarlo con tres virotes. Los Engendros de la Sombra no morían así como así. Moraine había tenido que acabar con la manada utilizando el fuego compacto—. Asegúrate de que tanto las Aes Sedai como las Sabias se enteren de esto; y también los Asha’man.

No era probable que alguno de ellos supiera cómo tejer fuego compacto —ellas quizá no admitirían que conocían un tejido prohibido aunque supieran, y puede que ellos tampoco—, pero tal vez conocieran otra cosa que pudiera funcionar.

Aram era reacio a dejar solo a Perrin y remoloneó hasta que éste le ordenó secamente que se fuera; entonces dio media vuelta y se dirigió hacia el campamento dejando un rastro de olor a sentirse agraviado y dolido; como si dos hombres hubiesen estado más a salvo que uno solo. Tan pronto como se perdió de vista Aram, Perrin condujo a Brioso hacia el sur, en la dirección tomada por los Sabuesos del Oscuro. No quería compañía para esto, ni siquiera la de Aram. Sólo porque la gente notara a veces la agudeza de su vista no era razón para hacer alarde de ello ni de su sentido del olfato. Ya había motivos de sobra para rehuirlo y no era menester añadir más.

Podría ser una coincidencia que esas criaturas pasaran tan cerca del campamento, pero los últimos años habían hecho que las casualidades despertaran su inquietud. Demasiado a menudo no eran casualidades en absoluto, al menos lo que solía entenderse como tal. Esto era otra faceta de su influencia ta’veren en el Entramado, una faceta sin la que habría podido pasar perfectamente. Parecía tener más desventajas que beneficios incluso cuando daba la impresión de actuar a favor de uno. Cabía la posibilidad de que lo que favorecía en cierto momento pudiera volverse en contra al siguiente. Y siempre había otra posibilidad: ser ta’veren hacía que uno destacara en el Entramado, y algunos de los Renegados podían valerse de ello para encontrarte, o eso le habían dicho. Quizá también podían hacerlo algunos Engendros de la Sombra.

El rastro que seguía debía de tener una hora casi, pero Perrin sentía una tirantez entre los omóplatos, un cosquilleo en el cuero cabelludo. El cielo todavía tenía un color gris oscuro cuando asomaba entre las copas de los árboles, incluso para sus ojos. El sol no había asomado por el horizonte aún. Justo esa hora precedente al amanecer era uno de los peores momentos para topar con la Cacería Salvaje, cuando la oscuridad iba dando paso al día pero la luz aún no se había impuesto. Al menos no había encrucijadas cerca, ni cementerios, pero las únicas piedras del hogar que tocar se encontraban en Brytan, y tampoco sabía cuánta seguridad había en esas casuchas. Tomó nota mental de la situación de un arroyo cercano, del que se surtía de agua el campamento rompiendo el hielo. Sólo medía diez o doce pasos de anchura y menos de medio metro de profundidad, pero poner de por medio una corriente de agua entre los Sabuesos y uno se suponía que los detendría. Claro que supuestamente también surtiría el mismo efecto hacerles frente, y él había visto el resultado de hacer tal cosa. Olfateaba la brisa buscando aquel rastro viejo. Y el atisbo de uno más reciente. Toparse por sorpresa con esos seres sería más que desagradable.

Brioso percibía los efluvios casi con tanta facilidad como Perrin, y en ocasiones los identificaba antes, pero cada vez que el pardo se plantaba de patas, Perrin lo obligaba a continuar. Había muchas huellas esparcidas en la nieve, la de los cascos de los caballos de las patrullas en sus idas y venidas, alguna que otra de conejos y zorros, pero las únicas dejadas por los Sabuesos del Oscuro se marcaban donde la piedra sobresalía de la nieve. El olor a azufre quemado era más intenso en esos lugares, pero aun así permanecía un rastro entre medias para que lo condujera al siguiente punto donde había huellas impresas. Las enormes marcas de las patas se superponían unas sobre otras, y era imposible calcular cuántos Sabuesos del Oscuro habían pasado, pero tanto si cada piedra medía un paso de ancho como si medía seis, la superficie de todas sobre las que habían pasado estaban repletas de huellas de lado a lado. Una jauría más grande que la de diez que había visto a las afueras de Illian. Mucho más grande. ¿Sería ésa la razón de que no hubiera lobos en la zona? Estaba seguro de que la certidumbre de una muerte segura que había sentido en el sueño era algo real, y en ese sueño había sido un lobo.

Cuando el rastro empezó a virar hacia el oeste, una sospecha fue despertándose en su interior hasta convertirse en certeza conforme el trazado se prolongó en una curva. Los Sabuesos del Oscuro habían circunvalado completamente el campamento, pasando al norte de éste justo por un lugar donde varios árboles enormes estaban medio tumbados, sostenidos por los adyacentes; todos tenían un trozo cortado limpiamente a lo largo del tronco partido. Las huellas cubrían una afloración rocosa tan suave y lisa como mármol pulido salvo por una grieta, fina como un hilo y recta como una línea trazada a plomo, que la hendía de parte a parte. Nada se resistía a la apertura de un acceso de un Asha’man y allí se habían abierto dos. Un grueso pino que había caído tenía una sección de cuatro pasos de ancho quemada, pero el corte de los bordes abrasados era tan limpio como si se hubiera hecho con un aserrador. No obstante, los Sabuesos del Oscuro no parecían haberse interesado por esa evidencia del Poder Único. La jauría no se había detenido allí como tampoco lo había hecho en ninguna otra parte, ni siquiera había frenado su marcha, que Perrin pudiera ver. Los Sabuesos del Oscuro podían correr más deprisa que los caballos y durante más tiempo, y en el hedor dejado apenas se notaba diferencia de intensidad entre unos sitios y otros. En dos puntos de aquel circuito había seguido una bifurcación en el rastro, pero eran simplemente los sitios por donde la jauría había llegado desde el norte y se había marchado hacia el sur. Una vuelta alrededor del campamento, y después en camino tras lo que quiera o quienquiera que perseguían.

1 ... 54 55 56 57 58 59 60 61 62 ... 232
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)