Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]
- Автор: Кобен Харлан
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Motivo de ruptura [Deal Breaker-es]». Краткое содержание книги:
– Es que me siento profundamente atraída por usted. Es una de las razones por las que me gustaba verle jugar. Es usted muy guapo. Estoy segura de que está harto de que se lo digan.
– Bueno, no sé si harto sería la palabra.
Madelaine se cruzó de piernas. No era como el cruce de piernas de Jessica, pero aun así estaba muy bien.
– Cuando llamó ayer a la puerta no quise dejar escapar la oportunidad, así que decidí echar la precaución por la borda y lanzarme.
– Ya veo -dijo Myron sin poder dejar de sonreír.
– ¿Qué le parece una ducha? -le propuso Madelaine tras ponerse de pie y tenderle la mano.
– Esto…, ¿podemos hablar un poco primero?
– ¿Tiene algún problema? -preguntó Madelaine con cara de extrañeza.
– ¿No está usted casada? -dijo Myron fingiendo bochorno.
– ¿Y eso le preocupa?
– Sí, supongo que sí -respondió Myron mientras pensaba: «No mucho».
– Es admirable -dijo ella.
– Gracias.
– Y tonto.
– Gracias.
– En realidad es encantador -dijo Madelaine tras soltar una carcajada-. Pero el señor Gordon y yo mantenemos lo que denominamos un matrimonio medio libre.
– ¿Podría explicarme eso un poco mejor?
– ¿ Explicárselo?
– Sólo para hacerme sentir más cómodo sobre este asunto.
La mujer del decano volvió a sentarse haciendo totalmente innecesaria la presencia de la falda blanca. Tenía unas piernas que podían describirse como: «Para chuparse los dedos».
– Nunca me he visto obligada a explicárselo a nadie.
– Sí, ya me lo imagino, pero es que yo lo encuentro muy interesante.
– ¿Por? -dijo Madelaine.
– ¿Podría empezar por su definición de «medio libre»?
– Mi marido y yo llevamos siendo muy buenos amigos desde la infancia -explicó Madelaine tras exhalar un suspiro-. Nuestros padres veraneaban juntos en Hyannis Port. Los dos éramos de buena familia -dijo haciendo las comillas con los dedos al decir «buena familia»-. Pensamos que con eso bastaría, pero no fue así.
– ¿Y por qué no se divorciaron?
– No sé por qué le estoy contando todo esto -dijo extrañada.
– Por mis ojos azules -dijo él-, son hipnóticos.
– Tal vez lo sean.
Myron puso cara de fingida ingenuidad, haciéndose el adaptable.
– Mi marido tiene contactos en el mundo de la política. Fue embajador. Y es el primer candidato a ocupar el puesto de rector de la universidad, así que si nos divorciamos…
– Se acabó -le interrumpió Myron.
– Sí. Aún hoy, el menor indicio de escándalo puede acabar con la carrera y el estilo de vida de una persona. Pero aparte de eso, Harrison y yo seguimos siendo muy buenos amigos. Los mejores amigos que puede haber, de hecho. Lo que pasa es que necesitamos una cierta medida de estimulación externa.
– ¿Una cierta medida?
– Una vez cada dos meses -dijo Madelaine.
Alucinante.
– ¿Y cómo han llegado a determinar esa frecuencia? -preguntó Myron-. ¿Mediante alguna clase de algoritmo, tal vez?
– Discutiendo mucho -contestó ella con una sonrisa-. O negociando, más bien. Una vez al mes nos pareció demasiado y una vez por semestre muy poco.
Myron se limitó a asentir con la cabeza. «Totó, ya no estamos en Kansas…»
– Y siempre usamos preservativo -prosiguió Madelaine-. Eso forma parte del compromiso.
– Ya veo.
– ¿Lleva alguno? -preguntó Madelaine-. Algún preservativo, me refiero.
– ¿Puesto?
– Tengo varios arriba -dijo Madelaine tras esbozar una sonrisa.
– ¿Puedo preguntarle una cosa más?
– Si no hay más remedio…
– ¿Cómo saben usted y su marido que el otro se ha mantenido dentro del… del límite?
– Es muy fácil -respondió ella-, nos lo contamos todo. Va bien para animar las cosas un poco.
Madelaine era realmente rara, lo que, a ojos de Myron, la hacía ser aún más atractiva.
– Y su marido… ¿tiene líos con universitarias?
Madelaine se inclinó hacia delante y le puso la mano sobre el muslo. Sobre la parte superior del muslo. Concretamente, sobre la parte superior de la parte superior del muslo.
– ¿Le excitan ese tipo de cosas?
– Sí -dijo Myron tratando de sonar libertino.
Sin embargo, el libertinaje no le sentaba bien y pudo ver por la mirada de ella que no se lo había tragado.
– ¿Qué es lo que se propone, Myron? -preguntó Madelaine retirando la mano.
– ¿Que qué me propongo?
– Me siento como si me estuviera utilizando -dijo Madelaine-, pero no de la manera que a mí me gustaría.
¡Ufff!
– Sólo estaba calentando motores.
– No lo creo, Myron -dijo, y lo observó de arriba abajo-. Dígame la verdad. ¿Vamos a acostarnos juntos?
– No -respondió Myron-. No vamos a hacerlo.
– Nunca me habían rechazado.
– Y yo nunca había rechazado una proposición de esta magnitud -dijo Myron-. En realidad, ahora que lo pienso, nunca me habían hecho una proposición así en mi vida.
– ¿Es porque estoy casada?
– No.
– ¿Tiene usted una relación con otra persona?
– Peor aún. Estoy al borde de algo que significa mucho para mí y no sé qué voy a hacer al respecto. Me siento confuso.
– Es usted encantador.
Myron volvió a poner cara de fingida ingenuidad.
– ¿Y si no sale bien…? -preguntó Madelaine.
– Volveré.
Entonces Madelaine le dio un beso en la boca muy intenso. Fue un beso condenadamente bueno que logró hacerlo estremecer.
– Un mero primer acto -dijo ella.
Myron calculó que si toda la obra iba a ser así, hacia el tercer acto ya estaría fiambre.
– La verdad es que necesito hablar urgentemente con su marido. ¿Sabe cuándo volverá?
– Aún tardará bastante en venir, pero está en su despacho al otro lado del campus, él solo. Tendrá que llamar con insistencia a la puerta si quiere que le oiga.
– Gracias -dijo él levantándose.
– ¿Myron?
– ¿Sí?
– Nunca damos nombres cuando hablamos de nuestras aventuras. No sé si Harrison tiene líos con universitarias, pero lo dudo mucho.
– ¿Y qué me dice de Kathy Culver?
Myron vio claramente que la mención del nombre la había sobresaltado.
– Creo que es mejor que se marche ya -dijo Madelaine en tono tenso.
– Míreme a los ojos azules -le pidió Myron-, a los ojos azules.
– Esta vez no. Además, cuando iba a verle a jugar no era en sus ojos en lo que me fijaba.
– ¿Ah, no?
– No, era en su culo -admitió Madelaine-. Estaba estupendo con aquellos pantalones cortos.
Myron se sintió denigrado. ¿O eufórico? Sí, probablemente eufórico.
– ¿Tenían un lío? -preguntó Myron.
No hubo respuesta.
– Moveré el culete si hace falta -añadió socarrón.
– No estaban liados -respondió Madelaine en tono grave-. Eso se lo puedo asegurar.
– ¿Y entonces por qué se ha puesto tan tensa?
– Me acaba de preguntar si mi marido tuvo un lío con una universitaria que posiblemente fuera asesinada. Me ha dejado desconcertada.
– ¿Conocía usted a Kathy Culver?
– No.
– ¿Le habló su marido alguna vez de ella?
– No mucho. Sólo sé que trabajaba en su despacho.
Madelaine miró el reloj de pie, se levantó y acompañó a Myron hasta la puerta.
– Hable con mi marido, Myron. Es un buen hombre. Él le dirá todo lo que usted quiere saber.
– ¿Como por ejemplo?
– Gracias por la visita -dijo ella haciendo un gesto negativo con la cabeza.
Madelaine estaba cerrándole todas sus puertas, probablemente ofendida por su técnica de interrogación consistente en aprovechar el efecto de su cuerpo musculoso para obtener lo que quería. Myron no había hecho nunca algo así, pero, al fin y al cabo, era mejor que amenazar a un sospechoso con una pistola.