La Casa De Riverton
- Автор: Morton Kate
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Casa De Riverton». Краткое содержание книги:
En el verano de 1924 todo es felicidad en la mansión de Riverton Manor… hasta la noche de la fiesta. Toda la alta sociedad se está divirtiendo entre el glamour y la elegancia del paraje. Pero en medio de la noche se escucha un disparo. El joven poeta Robbie Hunter se ha quitado la vida a orillas del lago de la mansión. Las hermanas Hartford, Hannah y Emmeline, serán las únicas testigos y se convertirán además en las protagonistas de toda la prensa del momento.
Unas cuantas décadas después, en 1999, Grace Bradley, la que fuera en su día doncella en Riverton Manor, recibe la visita de una joven directora de cine que está preparando una película sobre el suicidio del poeta. Tras años de silencio y olvido, los fantasmas del pasado empiezan a aflorar; y un terrible secreto intenta abrirse paso, un secreto que Grace no ha podido borrar jamás de su memoria. Los recuerdos siguen vivos en esta novela llena de amor, celos, odios y rivalidades, recuerdos que se gestaron en un verano de los decadentes años veinte.
Me pregunto si es siempre así. Tal vez. Un hijo manipula a su antojo una parte de nuestro corazón. Un nieto es diferente. En la relación no intervienen la culpa y la responsabilidad propias de la maternidad. Se ama con libertad.
Cuando naciste, Marcus, quedé conmocionada. Mis sentimientos fueron una hermosa sorpresa. Partes de mí que se habían clausurado decenas de años antes, de las que me había acostumbrado a prescindir, despertaron de pronto. Te sentí parte de mí. Te amé con una intensidad casi dolorosa.
A medida que crecías, te convertiste en mi pequeño amigo. Me seguías por la casa, reclamabas tu propio espacio en mi estudio y explorabas los mapas y las láminas que había traído de mis viajes. Me hacías preguntas, muchas preguntas que nunca me cansaba de responder. De hecho, presumo de ser artífice, en alguna medida, del hombre en el que te has convertido, de tus cualidades y tus logros.
– Tienen que estar por aquí -comentó Ursula, buscando las llaves de su coche en el bolso.
En cuanto vi que se disponía a partir me asaltó el súbito impulso de obligarla a quedarse.
– ¿Sabe que tengo un nieto? Marcus. Escribe novelas de misterio.
– Lo sé -indicó sonriente cuando dejó de hurgar en el bolso-. He leído sus libros.
– ¿Los ha leído? -le pregunté, gratamente sorprendida.
– Sí, son muy buenos.
– ¿Puede guardar un secreto?
Ella asintió con entusiasmo y se acercó a mí.
– Yo no los he leído -susurré-, no del todo.
– Prometo no contarlo -repuso Ursula entre risas.
– Estoy muy orgullosa de él. Lo he intentado, de verdad. Empiezo a leer cada una de sus novelas con gran entusiasmo, pero no importa cuánto las disfrute, sólo consigo llegar hasta la mitad. Adoro los buenos libros de misterio, los de Agatha Christie y otros similares, pero me temo que mi estómago es frágil. Esas descripciones sangrientas tan de moda hoy día no son para mí.
– ¡Y trabajó en un hospital de campaña!
– Sí, pero la guerra es una cosa; y el asesinato, otra muy distinta.
– Tal vez el próximo libro…
– Tal vez. Aunque no sé cuándo tendré esa oportunidad.
– ¿No está escribiendo?
– Ha sufrido una pérdida hace poco.
– Leí lo de su esposa. Lo siento mucho. Fue un aneurisma, ¿verdad?
– Sí, algo increíblemente repentino.
– Mi padre murió de la misma manera. Yo tenía catorce años. Estaba fuera, en un campamento escolar. No me lo dijeron hasta que regresé a casa.
– Qué terrible.
– Me había peleado con él antes de irme al campamento. Por algún motivo ridículo que ya ni siquiera recuerdo. Al marcharme cerré de un portazo la puerta del coche y no me volví a mirarlo.
– Era joven. Todos los jóvenes hacen lo mismo.
– Sigo pensando en él todos los días. -Ursula cerró los ojos, los apretó y los volvió a abrir, alejando los recuerdos-. ¿Cómo está Marcus?
– Lo lleva muy mal. Se siente culpable.
Ursula asintió. No parecía sorprendida. Comprendía qué es la culpa y cómo funciona.
– No sé dónde está -agregué.
Ursula me miró, frunciendo el ceño.
– ¿A qué se refiere?
– Ha desaparecido. Ruth y yo no sabemos dónde vive. Ha estado viajando casi todo el año.
– ¿Pero está bien? ¿Han tenido alguna noticia de él? ¿Una llamada telefónica? ¿Una carta? -preguntó Ursula, tratando de leer la respuesta en mis ojos.
– Sólo postales. Ha enviado algunas postales. Pero sin domicilio al cual responder. Me temo que no quiere que lo encontremos.
– Grace, cuánto lo siento -declaró, mirándome con sus ojos bondadosos.
– También yo.
Entonces le hablé sobre las grabaciones. Sobre lo mucho que necesito encontrarle. Y le dije que no se me ocurre qué más hacer aparte de eso.
– Es perfecto -aseguró Ursula enfáticamente-. ¿Adónde las envía?
– Tengo una dirección en California, de un antiguo amigo suyo. Las envío allí, pero no sé si él las recibe.
– Apuesto a que sí.
Yo necesitaba oír algo más que meras formalidades, palabras bien intencionadas.
– ¿De verdad lo cree?
– Desde luego -aseguró con voz firme, llena de la certeza propia de la juventud-. Lo creo, y sé que volverá. Sólo necesita espacio y tiempo para comprender que no fue culpa suya. Que él nada podía hacer para cambiar las cosas. -Entonces se puso de pie, cogió mi walkman y lo dejó suavemente en mi regazo-. Siga hablando con él, Grace -aconsejó, y me dio un beso en la mejilla-. Él vendrá. Ya lo verá.
¿Dónde estaba? ¿En 1915? No, en 1916. La guerra arrasaba el territorio de Flandes, el mayor y lord Ashbury ya estaban al abrigo de sus tumbas, y aún transcurrirían dos largos años de masacre, de devastación. Jóvenes de todos los confines del planeta bailaban el sangriento vals de la muerte. El mayor, luego David…
No. No tengo la fortaleza ni el deseo de revivirlo. Lo que he dicho es suficiente. En cambio, tomaré impulso y recordaré: «Era noviembre de 1918…», y como por arte de magia así será.
Regresaremos a Riverton. Hannah y Emmeline, que habían pasado los dos últimos años de guerra en Londres, en la casa de lady Violet, acaban de llegar para vivir junto a su padre. Pero han cambiado. Han crecido desde la última vez que hablamos. Hannah tiene dieciocho años, está a punto de hacer su presentación en sociedad. Emmeline tiene catorce, y se asoma al umbral del mundo de los adultos, al que está impaciente por unirse.
Aquellos juegos, los que solían jugar dos años antes, ya no existen. Desde la muerte de David, El Juego también ha muerto. (Regla número tres: Los jugadores sólo pueden ser tres; ni más, ni menos).
Una de las primeras cosas que hace Hannah al volver a Riverton es recuperar el arcón chino que está en el ático. La veo hacerlo, aunque ella no lo sabe. La sigo mientras lo coloca cuidadosamente en una bolsa de tela y lo lleva al lago, eludiendo a Emmeline.
Me oculto en el trecho donde el sendero que va de la fuente de Ícaro hasta el lago se hace más angosto y la observo mientras lleva su bolsa por la orilla del lago, hacia el cobertizo de los botes. Se detiene un momento, mira a su alrededor, y yo me agacho entre los arbustos para que no me descubra.
Va hacia la loma, se queda de pie de espaldas a la cresta, y adelanta un pie de modo que el tacón de una de sus botas toque la punta de la otra. Sigue hacia el lago, cuenta tres pasos y se detiene. Repite esos movimientos tres veces. Después se arrodilla en el suelo y abre la bolsa. Saca una pequeña pala, que seguramente cogió cuando Dudley no la veía.
Comienza a cavar. Es difícil al principio, porque la orilla del lago está cubierta de cantos rodados, pero poco después llega hasta la tierra que está debajo y puede trabajar más rápido. No interrumpe su tarea hasta que el montículo de tierra que se ha formado a su lado tiene unos treinta centímetros de altura.
Entonces saca de la bolsa el arcón chino y lo introduce en el agujero. Está a punto de cubrirlo con tierra pero duda. Recupera el arcón, lo abre, saca uno de los pequeños libros que guarda en su interior. Abre el relicario que lleva colgado al cuello y oculta el libro. Luego vuelve a poner la caja en el agujero y la entierra.
La dejo a solas a la orilla del lago. El señor Hamilton se preguntará dónde estoy y no está de humor para tolerar faltas. La cocina de Riverton bulle de excitación con los preparativos para la primera celebración desde que comenzara la guerra, y el mayordomo nos ha recalcado que los invitados de esta noche, empresarios e inversionistas, son «Muy Importantes para el Futuro de la Familia».
Y lo eran. Jamás habríamos imaginado cuan importantes.