Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La Casa De Riverton». Краткое содержание книги:

Un suicidio inesperado marcará para siempre a los habitantes de Riverton Manor
En el verano de 1924 todo es felicidad en la mansión de Riverton Manor… hasta la noche de la fiesta. Toda la alta sociedad se está divirtiendo entre el glamour y la elegancia del paraje. Pero en medio de la noche se escucha un disparo. El joven poeta Robbie Hunter se ha quitado la vida a orillas del lago de la mansión. Las hermanas Hartford, Hannah y Emmeline, serán las únicas testigos y se convertirán además en las protagonistas de toda la prensa del momento.
Unas cuantas décadas después, en 1999, Grace Bradley, la que fuera en su día doncella en Riverton Manor, recibe la visita de una joven directora de cine que está preparando una película sobre el suicidio del poeta. Tras años de silencio y olvido, los fantasmas del pasado empiezan a aflorar; y un terrible secreto intenta abrirse paso, un secreto que Grace no ha podido borrar jamás de su memoria. Los recuerdos siguen vivos en esta novela llena de amor, celos, odios y rivalidades, recuerdos que se gestaron en un verano de los decadentes años veinte.
1 ... 49 50 51 52 53 54 55 56 57 ... 127
Перейти на страницу:

– John y yo nos conocimos por casualidad, en un salón de baile.

Yo había aceptado, a regañadientes, acompañar a ese lugar a una chica del trabajo, otra camarera: Nancy Everidge, un nombre que jamás he olvidado. Es extraño, ella no significaba nada para mí. Sólo era una persona con la que trabajaba, la evitaba siempre que podía, aunque no era fácil. Era una de esas mujeres que no dejan a nadie en paz. Una entrometida. Tenía que saberlo todo sobre la vida de los demás. No podía quedarse al margen. Seguramente creía que yo no era muy sociable -porque no me juntaba con las otras chicas los lunes por la mañana, cuando comentaban su fin de semana-, y comenzó a invitarme para que fuera con ella a bailar. No se dio por vencida hasta que acepté ir con ella al Marshall's Club un viernes por la noche.

Suspiré.

– La chica con la que yo había quedado no apareció.

– ¿Y John? -preguntó Ursula.

– Sí -dije, recordando el ambiente viciado de humo, el banco en el rincón donde me senté a disgusto, mientras miraba a la muchedumbre tratando de encontrar a Nancy. Cuando volvimos a vernos me dio un montón de excusas y disculpas, pero ya era demasiado tarde. Lo hecho, hecho estaba. En lugar de encontrarme con ella, encontré a John.

– Y se enamoró.

– Quedé embarazada.

La boca de Ursula dibujó una «o» que indicaba que había comprendido.

– Me di cuenta cuatro meses después de nuestro encuentro. Nos casamos al mes siguiente. Así se hacían las cosas en aquella época -expliqué, cambiando de posición para apoyar las vértebras lumbares en una almohada-. Por suerte para nosotros, la guerra intervino y nos libró de la farsa.

– ¿Él fue a la guerra?

– Ambos. John se alistó y yo fui a trabajar en un hospital de campaña en Francia.

– ¿Qué pasó con Ruth? -preguntó Ursula, confundida.

– Fue evacuada y pasó la guerra en la casa de un anciano pastor anglicano y su esposa.

– ¿Toda la guerra? -exclamó Ursula, impresionada-. ¿Cómo pudo soportarlo?

– La visitaba cuando tenía permiso y periódicamente recibía cartas con chismes de pueblo, necedades de púlpito y comentarios desabridos sobre los niños que vivían allí.

Ursula no dejaba de menear la cabeza. El ceño fruncido expresaba su consternación.

– No puedo imaginar algo así… cuatro años separada de tu hija…

No supe qué decir, cómo explicarlo. ¿Cómo comenzar la confesión de que el amor maternal no es algo instintivo? ¿Cómo decirle que al principio Ruth me parecía una extraña, que ese inevitable sentimiento que une a madres e hijos, sobre el que se han escrito libros y se han fabricado mitos, nunca formó parte de mí?

Tal vez había agotado mi capacidad de empatía con Hannah y la gente de Riverton. Me sentía bien entre extraños, podía consolarlos, alentarlos, incluso ayudarlos a morir. Pero me resultaba difícil establecer vínculos íntimos. Prefería las amistades ocasionales. Estaba absolutamente incapacitada para afrontar las exigencias emocionales de la maternidad.

Ursula me eximió de dar más explicaciones.

– Supongo que la guerra imponía sacrificios -señaló, y apretó mi mano.

Sonreí, tratando de no sentirme hipócrita. Me preguntaba qué pensaría ella si hubiera sabido que lejos de lamentar mi decisión de apartarme de Ruth, la disfruté. Que después de haber deambulado durante una década por empleos tediosos y relaciones huecas, sin poder dejar atrás lo sucedido en Riverton, encontré en la guerra mi camino.

– Entonces, al terminar la guerra decidió ser arqueóloga.

– Sí -afirmé con voz ronca-. Después de la guerra.

– ¿Por qué eligió la arqueología?

La respuesta es tan complicada que sólo pude decir:

– Fue una revelación.

Aquello le encantó.

– ¿De verdad? ¿Durante la guerra?

– Entre tanta muerte, tanta destrucción, de alguna manera las cosas para mí se aclararon.

– Sí, entiendo.

– Me encontré preguntándome acerca de lo efímero de la existencia. Pensaba que algún día la gente habría olvidado todo lo sucedido: la guerra, la muerte, la destrucción. Tal vez eso ocurriera al cabo de cientos o miles de años, pero finalmente los hechos se desvanecerían, serían parte del pasado. En la imaginación de la gente, su salvajismo y sus horrores serían reemplazados por los que aún estaban por llegar.

– Es difícil de imaginar -declaró Ursula meneando la cabeza.

– Pero no es difícil que suceda. Las guerras púnicas de Cartago, la guerra del Peloponeso, la batalla de Artemisium, todas han quedado reducidas a episodios de los libros de historia. -Me detuve un instante. La vehemencia me había cansado, me había dejado sin aliento. No estoy acostumbrada a conversar tan seguido. Cuando volví a hablar mi voz sonó aflautada-. Descubrir el pasado, conocerlo, se convirtió para mí en una obsesión.

Ursula sonrió, sus ojos brillaban.

– Comprendo exactamente a qué se refiere. Ese es el motivo por el que me dedico a filmar películas históricas. Usted descubre el pasado y yo trato de recrearlo.

– Sí -confirmé, y comprendí que hasta entonces no lo había pensado en esos términos.

– La admiro, Grace. Ha hecho grandes cosas en su vida.

– Ilusiones pasajeras -aseguré, encogiéndome de hombros-. Déle a alguien más tiempo libre, y verá cómo lo aprovecha mejor.

– Es usted demasiado modesta -comentó Ursula, riendo-. Seguramente no fue fácil. Una mujer en la década de los cincuenta, una madre, tratando de completar su educación secundaria. ¿La apoyó su esposo?

– Para entonces estaba sola.

– Pero ¿cómo lo hizo?

– Durante largo tiempo me dediqué a estudiar a tiempo parcial. Durante el día Ruth estaba en la escuela y, además, tuve una vecina encantadora, la señora Finbar, que se quedaba con ella por la noche mientras yo trabajaba. Afortunadamente, no necesité hacerme cargo de los gastos de su educación.

– ¿Una beca?

– En cierto modo. Recibí inesperadamente un dinero.

– Su esposo -aventuró Ursula frunciendo los ojos a modo de condolencia-. ¿Murió en la guerra?

– No, lo que murió fue nuestro matrimonio.

La mirada de Ursula se dirigió nuevamente hacia la fotografía de mi boda.

– Nos divorciamos cuando él regresó a Londres. Para entonces los tiempos habían cambiado. Todos habíamos visto y padecido muchas cosas. Me pareció absurdo continuar unida a un esposo que me era indiferente. Él se marchó a los Estados Unidos y se casó con la hermana de un soldado estadounidense, al que había conocido en Francia. El pobre murió poco después en un accidente de tráfico.

– Lo siento -dijo Ursula meneando la cabeza.

– No lo sienta, no por mí. Fue hace mucho tiempo, apenas lo recuerdo. Aparece esporádicamente en mi memoria, casi como un sueño. Es Ruth quien lo añora. Nunca me ha perdonado.

– Ella habría querido que siguieran juntos.

Asentí. Dios sabe que mi incapacidad de proveerle de una figura paterna es uno de los dolores que desde siempre han pesado en nuestra relación.

Ursula suspiró.

– Me pregunto si Finn sentirá lo mismo algún día.

– ¿Usted y el padre…?

– No habría funcionado -aseguró, con tanta firmeza que me pareció mejor no seguir indagando-. Finn y yo estamos mejor así.

– ¿Dónde está Finn ahora?

– Mi madre se ocupa de él. Iban a tomar un helado al parque, es lo último que sé de ellos. -Ursula giró el reloj de pulsera para ver la hora-. ¡Por Dios! No creí que fuera tan tarde. Será mejor que vaya a reemplazarla.

– Estoy segura de que no es necesario. Abuelos y nietos mantienen una relación especial, mucho más simple.

1 ... 49 50 51 52 53 54 55 56 57 ... 127
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)