MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
En contraste, la Autodefensa cree que para enriquecer las regiones se necesita seguridad y para que la haya, debe haber autoridad a trav�s de un estado fuerte; eso se traduce en orden. Defiendo el r�gimen capitalista, no el salvaje neoliberalismo, y aspiro a que el capital cumpla una funci�n social. �Y que no vengan con cuentos! En el mundo globalizado actual no hay otro sistema para inventar e implantar, el mismo socialismo moderno tiene mucho de capitalismo. El comunismo, que pretenden negar las FARC y llevan en las entra�as, ha resultado una gran mentira, un triste recuerdo hist�rico que dur� menos de un siglo. El mejor ejemplo se palpa al visitar las regiones donde nos encontramos nosotros y en las que vive la guerrilla.
Casta�o hizo un pausa. Una nube de polillas negras de medio cent�metro y alas negras nos invadieron la cara, las manos, la mesa y el caf�. Mi forma de espantarlas parec�a un juego para ellas.
Casta�o sonri� y me dijo:
-�Tranquilo, estos bichos no hacen nada distinto a molestarlo a uno. Si no se van, toca meternos en la carpa porque despu�s nadie aguanta. �Guardia! Encienda un fogata que lo �nico que las espanta es el humo.
-�Por seis meses usted secuestr� a los familiares m�s cercanos de cinco hombres del secretariado de las FARC. Nunca antes un comandante guerrillero hab�a sentido en carne propia el drama de un secuestro. �Qu� lo impuls� a llevarlos a cabo?
La guerrilla pens� que pod�a presionarme al secuestrar a una pariente cercana y de mi afecto. La familia es el lado d�bil en una guerra. Por su rescate exigieron cinco millones de d�lares. Como respuesta, orden� la retenci�n de familiares de los miembros del secretariado de las FARC: el hermano de �Alfonso Cano�, la hermana de �Pablo Catatumbo�, la madre de �Iv�n M�rquez�, la hermana de Ricardo Palmera, alias �Sim�n Trinidad� y tambi�n detuve al padre de otro de ellos. Despu�s de mantenerlos bajo mi poder, le mand� a decir a la guerrilla: �trat�monos con suavidad que conmigo la cosa es distinta�.
Canjear a mi familiar resultaba de vital importancia, pero descubrimos que la guerrilla vigilaba a otros familiares. Por esto decid� retenerles parte de sus familias y le demostramos a las FARC que si empantanan la guerra, el agua sucia corre tambi�n sobre ellas; ese era el mensaje.
Les rogu� me devolvieran mi pariente y negaron que la ten�an en su poder. Entonces les mand� decir: �Mi tragedia es la guerrilla; si no la tienen, ustedes se encargan de que me aparezca�.
Son tan descarados que continuaron negando el secuestro; tres meses despu�s inventaron un cuento y la soltaron. Proced� igualmente con sus familiares en mi poder.
Casta�o hizo un pausa y como recordando a alguien dijo:
-�Janeth Torres, la hermana de �Pablo Catatumbo�, comandante del bloque suroccidental de las FARC y miembro del secretariado, no deseaba partir.
No le relatar� aquella historia completa debido a mi gratitud por ella. La lealtad de nuestra amistad construida durante su cautiverio me ahorr� varios males, entre ellos la c�rcel.
-��Ella fue la famosa hermana de un guerrillero de las FARC con la que usted tuvo un romance? -le pregunt�.
Casta�o sonri� y call� por unos segundos, como quien oculta un secreto y no desea hablar del tema, pero la curiosidad lo inquietaba.
-��Como as� que famosa?
-�Se sabe que Janeth, la hermana del comandante �Pablo Catatumbo� de las FARC, tuvo un romance con usted, pero nadie relata detalles de la historia. �C�mo ocurri�?
-�Sucedi� el 15 de diciembre de 1996. No vest�a uniforme camuflado y hab�a dejado la escolta cerca al corregimiento de Arboletes, donde cen� con ella. Bail� con Janeth en Trinidad, un caser�o cercano, y esa noche me tom� dos cervezas. Salimos al amanecer y me venc�a el sue�o. Ella me pidi� manejar y acept�. Me dorm� y Janeth se apart� de la v�a pavimentada que conduce a Monter�a, perdi� el control de la camioneta a tanta velocidad que nos volcamos, el veh�culo dio cuatro vueltas como un dado en una mesa de juego. Qued� inconsciente y con un brazo fracturado en dos partes, listo para una cirug�a por la gravedad de la lesi�n. Me despert� en urgencias del hospital de caridad de Monter�a. Mi brazo estaba entablillado y la herida abierta. Se me alcanzaba a ver el hueso. Pens� en Janeth, a quien divis� en el corredor hablando con dos polic�as. Al salir los agentes a un patio aleda�o Janeth se acerc� y me dijo: �Usted se llama Pedro Mart�nez y yo Claudia P�rez. Ignoran su verdadera identidad�.
Le contest�: �Qu� va, nos escapamos inmediatamente!
Result� una ventaja no ir uniformado. Tambi�n tuve la suerte de perder mi pistola en el accidente y que ella no me denunciara a pesar de haberla secuestrado.
Desde la ventana Janeth ve�a hablar a los polic�as y exclam�: �no podemos esperar un segundo!
Me encontraba d�bil, descalzo, en pantaloncillos y con un golpe en la cabeza, que sangraba, inclusive con las suturas. Levant� fuerzas no s� de d�nde, me apoy� en Janeth y salimos de la sala de urgencias. Caminamos hasta la calle y sosteniendo con una mano la bolsa de suero, ella detuvo un taxi. �La hermana de un comandante guerrillero me salv� de morir y de ir a la c�rcel!
Nos dirigimos hacia la �Quince�, una finca de la Autodefensa donde solicit� un helic�ptero para trasladarme a una cl�nica en Medell�n. Yo me dorm� en un sof� esperando. Cuando abr� los ojos se encontraban Teresita mi cu�ada y Janeth. Nos montamos en el aparato mientras organizaba la entrega de Janeth. En la grabaci�n de mi llamada a Caracol Radio, para oficializar la entrega, se alcanza a escuchar el sonido del helic�ptero en el fondo.
Aterrizamos en las afueras de Medell�n en un potrero, junto a un cerro, al borde de la carretera. Aunque yo le comuniqu� a Janeth que se marchara tranquila y que le agradec�a su ayuda, ella no quer�a partir y me acompa�� hasta el momento de la cirug�a. Despu�s estuvo en mi casa y ah� nos despedimos embriagados de tristeza.
Casta�o se puso de pie y solt� su risa sin medida.
-��Y no le cuento m�s, por rana!
Sin embargo, le pregunt�:
-��C�mo termina uno bailando con una secuestrada? �D�nde naci� el romance, Comandante? No evada el tema.
-�No acostumbro a amarrar a mis secuestrados. Duermen escoltados pero yo los visito y me gusta hablar con ellos. Janeth no era la excepci�n. Durante los cuatro meses y quince d�as que permaneci� como reh�n, la visitaba con m�s frecuencia que a los dem�s y discut�amos delante de Ricardo S�enz, el hermano de �Alfonso Cano�, otro de los secuestrados. Andaba conmigo frecuentemente hasta el d�a del accidente.
-��Qu� le dec�a ella de su hermano guerrillero?
-�Ella quiere a �Catatumbo� como una hermana quiere a un hermano. El comandante guerrillero es mi enemigo, pero Janeth una mujer y yo un hombre. Lo que ella necesitaba en ese momento.
Sonre� y pens� que alg�n d�a contar� la historia completa. Retir� mi mano del pocillo, evad� las polillas, tom� un sorbo de caf� y el comandante retom� la palabra:
-�Le confieso que yo cre�a a los guerrilleros unas lumbreras intelectuales, hasta que poco a poco los fui conociendo y me desilusion�.
-��Cu�l es el hombre m�s importante de las FARC en la ilegalidad y la legalidad?
-�En el mundo irregular, sin duda, Alfonso Cano. En la legalidad la guerrilla tiene gente como Hern�n G�mez, ex catedr�tico que vive en Rionegro, Antioquia. En estos d�as por curiosidad envi� un comando a verificar d�nde reside. Es bueno que la guerrilla conozca esto para que no piense err�neamente que no fuimos capaces de ejecutarlo. No quisimos, que es diferente. Una de las fichas claves de las FARC y su Movimiento Bolivariano es �l. �ltimamente escucho las conversaciones entre G�mez y �Alfonso Cano�. Hablan de lo que habla un hombre de izquierda con un guerrillero, no un guerrillero con un guerrillero. Por eso no lo tocamos. Hay muchos casos como �ste en el pa�s.
-�Veo que es recurrente su referencia al comandante �Alfonso Cano�.