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Noticias de la noche

Электронная книга - «Noticias de la noche». Краткое содержание книги:

Atenas, años noventa, la presión de los emigrantes, clandestinos o no, de los antiguos países del Este, el dinero fácil, los empresarios del pelotazo, la corrupción policial, el todo vale de algunos medios de comunicación, también la conciencia de una democracia reconquistada después de una dictadura, son el telón de fondo de una historia que se inicia con la muerte a cuchilladas de una pareja de albaneses y continúa con el asesinato de dos reporteras de una popular cadena de televisión.
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En Petru Rali la situación se normaliza un poco y el Mirafiori comienza a rodar. En Grigori Lambraki, el tráfico mejora aún más. Un cuarto de hora después llego a la cárcel.

Cuando le explico al director la razón de mi visita, se encoge de hombros en señal de impotencia.

– La verdad, no sé qué decirle. Todo indica que se trata de una pelea corriente que terminó a cuchilladas.

– ¿Está seguro de que no hay nada detrás?

– ¿Cómo voy a estar seguro? Ellos hablan siempre en su idioma. Los de aquí no quieren tratos con los albaneses. En la calle, el autor de la agresión era jefe de una banda que asaltaba a sus compatriotas. Lo mismo hace dentro de la cárcel. Seguramente quería algo de la víctima y, cuando el otro se opuso, lo mató. Después se inventó la excusa del robo.

– ¿Dónde consiguió el cuchillo?

– Dijo que lo había robado de la cocina. -Su risa indica que no lo cree-. Lo tenemos aquí, en aislamiento. ¿Quiere hablar con él?

No me parece necesario. En el caso de que haya actuado por cuenta de otro, se atendrá a su versión y de ahí no lo moverá nadie. Igual que Seji.

– No. Pero me gustaría echar un vistazo a sus objetos personales.

– Acompáñeme.

Me conduce al depósito donde han trasladado las pertenencias del albanés. Al verlas, me quedo boquiabierto. Ropa interior nueva, calcetines nuevos, dos camisas nuevas, un par de zapatos probablemente sin estrenar y una cazadora flamante.

– ¿De dónde ha sacado todo esto? -pregunto al director-. Cuando estaba en jefatura tenía una cazadora raída y unos tejanos remendados.

– Preguntaré si se lo entregó alguna visita.

– ¿Han encontrado alguna cartera? ¿Dinero?

– No, pero si lo llevaba encima debe de estar con sus pertenencias en el Hospital General de Níquea.

Tras las pesquisas del director averiguamos que el albanés no había recibido ni una visita mientras estaba en la cárcel.

Enfilo otra vez la calle Grigori Lambraki, más preocupado que durante la ida. La ropa nueva apoya la versión de que el albanés fue asesinado para que no hablara. Si este bribón tenía dinero para renovar su guardarropa, lo consiguió a cambio de algún trabajo; y el único trabajo que había llevado a cabo fue matar a la pareja. No es difícil imaginar cómo llegó el dinero a sus manos, dado que no había recibido visitas: se lo mandaron por medio de uno de los celadores. El primer interrogatorio no les inquietó, porque logró convencerme de que se trataba sólo de un crimen pasional. Le pagaron y se quedaron tranquilos. Sin embargo, cuando la juez de instrucción lo convocó para una declaración suplementaria, se asustaron y lo liquidaron para no dejar cabos sueltos.

Conduzco distraído y paso de largo ante el desvío de Jrisostomu Smirnis. Me veo obligado a retomar Petru Rali y regresar por la avenida Civón.

El médico que cuidó del albanés ya se ha marchado, pero me topo con la jefa de enfermeras, una mujer solícita y diligente. Ella misma me acompaña al almacén. La ropa del albanés está metida en una gran bolsa de basura. Vuelco el contenido y examino las prendas de una en una. Aunque llevaba la misma cazadora que en jefatura, los téjanos son nuevos. No obstante, aquí tampoco hay dinero.

– ¿No llevaba dinero encima? -pregunto a la jefa, que se ha quedado para ayudarme.

– Si lo llevaba, estará en contabilidad.

El responsable del departamento de contabilidad se dispone a salir y no disimula su disgusto por el retraso que voy a ocasionarle. Abre la caja fuerte y me entrega un billetero. Es de plástico barato, con la imagen de la Acrópolis estampada en dorado, de esos que se adquieren en cualquier quiosco de la plaza Omonia. Parece a punto de reventar. Lo abro y saco un fajo de billetes de cinco mil y tres de mil. Cuento los primeros. Veinticinco. El granuja llevaba encima ciento veintiocho mil dracmas, más el dinero que gastó en ropa. Debió de tener unas doscientas mil. El resto son documentos redactados en albanés. No entiendo qué dicen, aunque parecen emitidos por un organismo oficial. Por último, desabrocho el bolsillo para monedas. Sólo encuentro un papelito desgastado y lo abro. Alguien ha anotado con caracteres albaneses y en mayúsculas:

KUMANUDI 34 GUISIS

Lo miro extrañado. Luego me lo guardo en el bolsillo y me voy.

Capítulo 35

Me encuentro algo mejor del estómago, pero el café y el cruasán me dan náuseas. Ayer me pasé toda la tarde en la cocina. Ni diccionarios, ni telediarios, ni nada. Adrianí estuvo preparándome la comida para todos los días que durará su viaje, y yo le hice compañía, ya que últimamente estamos muy acaramelados. Cochinillo asado, judías verdes, albóndigas fritas, platos que se pueden comer fríos para que no tenga que calentarlos. Al contemplar aquel banquete me dolió el dinero tirado porque, en cuanto Adrianí se marche, me limitaré a comer suvlakis. Ella me los ha prohibido, dice que los hacen con carne podrida y grasas perjudiciales para el colesterol. A mí eso me importa un bledo, me gustan igualmente. No sé si llegaré a probar sus guisos. El día antes de que vuelva de Salónica, lo tiraré todo a la basura, para que no lo encuentre en la nevera y evitar así la bronca.

– ¿Qué has hecho con las listas de pasajeros que te dio Sotiris? -pregunto a Zanasis, que me está mirando con su habitual expresión matutina.

Abre las manos y se encoge de hombros.

– Imposible sacar algo en claro del aeropuerto. Preguntan si eran vuelos regulares o chárteres, y no tengo ese dato. Preguntan de qué compañías aéreas se trataba y los números de vuelo, y no lo sé. Lo único que sé es que los billetes se compraron a través de Prespes Travel, pero con eso no basta. Me remitieron a las compañías aéreas que cubren estas líneas, pero si no dispongo de más datos no pueden proporcionarme información. La única manera será seguir investigando directamente en Prespes Travel.

Ya lo sé, pero de momento eso es imposible. En cuanto me quedo solo, llamo a Kula por teléfono.

– Tengo que hablar con el general. Es urgente.

– Espere un momento. -Aguardo mientras ella consulta con su superior si puedo pasar. Después me informa de que hay vía libre.

El ascensor decide complacerme y llega enseguida. Guikas escucha la historia del albanés sin interrumpirme y yo le muestro el papelito con la dirección en Guisis.

– ¿Cuándo podría tener un pelotón de asalto en el número 34 de la calle Kumanudi?

– ¿Por qué de asalto?

– No sé qué encontraremos allí y me gustaría estar preparado para lo peor.

Llama por teléfono al jefe del comando de asalto y lo comenta.

– Te avisarán en cuanto estén listos. Calcula un cuarto de hora.

Vuelvo a mi despacho para ver qué ha conseguido Sotiris.

– Jurdakis tiene esposa, hijo y suegra, todos con cuentas bancadas. Él en el Banco Nacional, su mujer en el de Comercio, su suegra en el de Crédito y su hijo en Citibank. Ya he mandado un informe a la fiscalía. Cuando obtengamos la orden judicial, abriré las cuentas.

– Activa el asunto; tengo prisa.

No tomo el Mirafiori, voy con la furgoneta de los de asalto. Aparcamos en Sutsu, la calle posterior, para no llamar la atención. Mientras los hombres rodean la manzana, yo voy al número 34 y leo los nombres en los timbres. Hay unos quince apartamentos, la mayoría habitados por familias, con la excepción de una consulta de dentista, la sede de una empresa comercial y un timbre con nombre impreciso: Los Zorritos.

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