Un Romance Imposible
- Автор: Д'Алессандро Джеки
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Un Romance Imposible». Краткое содержание книги:
Al quedar viuda como consecuencia de un escandaloso duelo, lo único que le resta a Alberta Brown es un alijo de objetos mal habidos. Decidida a reparar las ofensas de su inescrupuloso marido, Allie se embarca hacia Inglaterra en busca del dueño de un anillo masculino adornado con un misterioso sello. Una serie de extraños episodios a bordo la convencen de que se encuentra envuelta en un juego peligroso. Sin embargo, nada será más peligroso -y tentador- que el atractivo desconocido que la espera en el muelle.
Lord Robert Jamison deseaba contraer matrimonio con una mujer que despertara en él algo especial, pero nunca imaginó encontrarla en esa americana de belleza peculiar y espíritu independiente que le habían encomendado llevar a una espléndida mansión en la campiña inglesa. Allie, por su parte, se había jurado a sí misma no volver a casarse…
– ¿Es bastante difícil…? -continuó él.
Tuvo que tragar para poder hablar. Respirar.
– Ver -respondió.
Y se tuvo que morder el labio para contener el gemido de placer que le provocaba la lenta e hipnótica caricia del dedo de Colin.
Él retiró el dedo del guante y tocó la suave boca de Alex. Después dio un paso acercándose a ella y sintió que la tensión que lo había estado constriñendo toda la noche empezaba lentamente a disiparse ahora que finalmente estaba con ella a solas. Los ojos de Alexandra se agrandaron ligeramente y dio un paso hacia atrás. Sus hombros golpearon la pared entre dos de los cuadros de los antepasados de Wexhall y sofocó un grito. Perfecto, tal como Colin deseaba tenerla, atrapada y sin aliento.
Apoyando las palmas de sus manos contra la pared a cada uno de los lados de la cabeza de ella, se inclinó hacia su rostro y dijo suavemente:
– Me parece que me gustaría mucho oír un cumplido tuyo, Alexandra.
– Estoy segura de ello -respondió ella levantando la barbilla-. Sin embargo, se supone que debe presentarme a los antepasados de Wexhall.
– Muy bien. -Y manteniendo la mirada en Alexandra, señaló con la cabeza a su izquierda-. Ese caballero es el hermano de… -Movió la cabeza a la derecha y añadió-: Ese otro caballero. Probablemente. El tipo gordinflón del retrato de detrás de mí es su tío, probablemente.
– Para ser alguien que se ha ofrecido a enseñarme la galería, se le ve notablemente desinformado.
– Ah, pero ¿no dijiste que los hombres pocas veces dicen lo que piensan?
Alexandra se humedeció los labios y Colin estuvo a punto de gemir. Maldita sea, nunca antes en toda su vida había deseado tanto besar a una mujer.
– ¿Está diciendo que cuando me preguntó si quería dar una vuelta por la galería…?
– Quería decir algo totalmente diferente.
– Ya veo. Y como ha declarado su deseo de recibir cumplidos, ¿debo interpretar que «desearía dar una vuelta por la galería» significa realmente «quiero que me regalen los oídos»?
– No, significa «quiero sentir tus manos sobre mí».
Apartándose de la pared, agarró una de las manos de Alex y muy despacio, dedo a dedo, le quitó el guante. Después, se guardó la pieza de encaje en el chaleco y apretó la palma de la mano de ella, ahora desnuda, contra su mejilla.
Alexandra exploró con sus dedos lentamente su mentón y, de haber podido, Colin se habría reído de su rápida y potente reacción ante la suave caricia. No era capaz de explicar la ferocidad con la que anhelaba ese tacto de ella, pero, sin duda, era innegable. Después de guardarse el otro guante en el bolsillo, le tomó ambas manos y las apretó contra su pecho.
– Si pretende besarme…
– No hay ningún «si» sobre mis intenciones de besarte, Alexandra. He estado deseando tocarte y besarte desde que he llegado esta noche. Creí que la cena no acabaría nunca.
– Debo advertirle que si me descompone el peinado o el traje, su hermano y su cuñada seguro que se dan cuenta.
– Sin duda alguna.
Colin no se molestó en explicarle que como tenía la intención de asegurarse de que fuese una mujer bien besada, solo con mirarla, su hermano y su cuñada podrían ver que habían hecho algo más en la galería que mirar retratos.
– No quiero que tengan una pobre opinión de mí.
– ¿Por qué iban a tenerla?
– Creen que estoy casada.
– Mi hermano sabe que no lo estás.
– ¿Se lo ha dicho?
– Dado que sabe que las mujeres casadas no son de mi gusto, lo ha adivinado. Solo he confirmado lo que él había deducido correctamente. Y por lo que respecta a Victoria, es muy discreta, así que te sugiero que se lo cuentes. Pero si te hace sentirte mejor y en pro del decoro… -Volvió a poner las palmas de las manos contra la pared a cada lado de la cabeza de Alexandra y se inclinó hasta casi tocarle con los labios-. Así, solo te tocaré con la boca.
Y acto seguido posó sus labios en los de ella y sintió que se hundía en un oscuro abismo de placer y deseo en el que solo ella existía. Alexandra lo cogió de la chaqueta, acercándolo, y Colin tuvo que apretar los puños contra la pared para mantener su promesa. Los labios de Alexandra se abrieron y él entró a explorar su boca de satén. Todo él se sintió invadido de un deseo ardiente y salvaje y se acercó aún más, empujándola contra la pared con la mitad inferior del cuerpo. Notó, bajo los pantalones, la sacudida brusca de una erección y se frotó despacio contra la suavidad de ella, mientras en su garganta vibraba un suave quejido. Alexandra le rodeó el cuello con los brazos y se puso de puntillas apretándose aún más contra él, ondulando sus caderas de un modo que hizo que el control que ya iba perdiendo a marchas forzadas se deshiciese con una rapidez vertiginosa.
Colin se separó de los labios de Alex y hundió el rostro en la cálida curva de su cuello, respirando entrecortadamente la reverberante fragancia de su piel. Era absurdo lo que lograba aquella mujer con un solo beso. Levantó la cabeza y comprobó con serena satisfacción que ella parecía tan excitada, maravillada y aturdida como él. Por lo menos, esa fiera pasión se veía correspondida.
Alexandra abrió los ojos y por un breve y tentador instante colocó la yema de uno de sus dedos sobre los labios de Colin, acompañando la suave caricia con una mirada adormecida. Colin sintió como si le estrujaran el corazón.
Alexandra solía esconder muy bien sus sentimientos, pero en aquel momento sus ojos reflejaban todo lo que sentía: sorpresa, excitación, curiosidad, expectación, vulnerabilidad, incertidumbre, confusión, deseo. Colin los reconoció porque eran un espejo exacto de sus propios sentimientos. Sin embargo, la vulnerabilidad, la incertidumbre y la confusión en las mujeres eran territorios nuevos para él.
¿Cómo era posible que un simple beso se hubiera vuelto tan… complicado?
Todo su cuerpo vibró con el irresistible deseo de besarla de nuevo, pero antes de que pudiera hacerlo Alexandra abrió los ojos de par en par presa del pánico y lanzó una exclamación de claro reproche hacia sí misma. Lo apartó y, agachándose, pasó bajo su brazo.
– Debo irme -dijo con voz tensa y se dio la vuelta dispuesta a marcharse.
Colin la agarró del brazo deteniéndola.
– Alexandra, espera…
Ella se volvió y miró a Colin con ojos llenos de angustia.
– Por favor, déjame marchar -le susurró-. No quiero… No puedo… -Lanzó un profundo y tembloroso suspiro-. Deseo retirarme.
Su mirada reflejaba tanta tristeza y vulnerabilidad que Colin estuvo a punto de desmoronarse.
– Sí, déjame irme, ahora que todavía puedo -repitió poniendo su mano sobre la de Colin-. Por favor, Colin.
Soltarla era la última cosa en el mundo que deseaba hacer, pero no podía negarse, así que muy despacio apartó su mano del brazo de Alexandra quien, en el mismo instante en que se vio libre, se alejó a toda prisa.
Cuando desapareció de su vista, Colin apoyó los hombros contra la pared y echó la cabeza hacia atrás. Se sentía más solo de lo que nunca antes se había sentido. Sacó uno de los guantes de Alexandra del bolsillo y levantó la pieza de encaje a la altura de su rostro. Cerró los ojos, respiró la deliciosa fragancia y pronunció la única palabra que ocupaba su pensamiento:
– Alexandra -murmuró dejando escapar un gemido.
Maldita sea, ¿por qué no existía un elixir mágico que la borrara de su mente de un trago? Algo que le hiciese olvidar cuánto la deseaba, borrar el recuerdo de la perfección con la que encajaba entre sus brazos, que hiciese desaparecer el sabor de ella de su boca o eliminase esa voraz necesidad de hacerle el amor y esa poderosa ansia que sentía de hablar y reír con ella solo con tenerla en la misma habitación.