Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El club De la buena Estrella». Краткое содержание книги:

Cuatro mujeres chinas se reúnen regularmente en San Francisco para jugar al mah-jong, disfrutar de la comida china y contarse historias relacionadas con su pasado.
A la muerte de su madre, June Woo debe ocupar su puesto en esos nostálgicos encuentros. A partir de ahí, June no sólo redescubrirá la figura de su difunta madre, sino las diversas vivencias de esas valientes mujeres que se enfrentan al desinterés que sus hijas demuestran por su cultura de origen.
Un libro vigoroso y lleno de magia que nos descubre lo que puede unir y salvaguardarse entre distintas generaciones, entre dos conceptos de vida radicalmente distintos.
1 ... 46 47 48 49 50 51 52 53 54 ... 71
Перейти на страницу:

Ella permaneció callada y sombría.

– ¡Vamos, vamos, chicas, basta de peleas! -dijo mi padre, como si Waverly y yo aún fuésemos niñas discutiendo por un triciclo o unos lápices de colores.

– Tiene razón. Este no es el momento de hablar de esas cosas -dijo Waverly en voz baja.

– Bueno, ¿qué creéis que van a hacer los Giants en el próximo partido? -intervino Vincent, tratando de hacer gracia. Nadie se rió.

Esta vez no estaba dispuesta a dejarla escapar.

– Pero cada vez que te llamo por teléfono, tampoco puedes hablar del asunto -le dije.

Waverly miró a Rich, que se encogió de hombros. Ella se volvió hacia mí y suspiró.

– Mira, June, no sé cómo decírtelo… Ese texto que escribiste… en fin, la empresa decidió que era inaceptable.

– Estás mintiendo. Me dijiste que estaba muy bien.

Waverly suspiró de nuevo.

– Sí, te lo dije, porque no quería herir tus sentimientos.

Trataba de ver si podíamos arreglarlo de algún modo, pero no hay manera.

Y así, de improviso, empecé a debatirme, arrojada sin previo aviso a unas aguas profundas, ahogándome, desesperada.

– La mayor parte de los textos publicitarios necesitan una depuración -comenté-. Es… normal que no salgan perfectos a la primera. Debería haber explicado mejor el proceso que siguen.

– June, no creo que sea necesario…

– Las nuevas redacciones son gratuitas. Estoy tan interesada como tú en que el trabajo sea perfecto.

Waverly no pareció haberme escuchado.

– Estoy tratando de convencerles para que te paguen por lo menos parte del tiempo empleado. Sé que has trabajado mucho en ello… Te debo eso por lo menos, por haberte sugerido que lo hicieras.

– Dime simplemente lo que quieren cambiar. Te llamaré la semana próxima para que podamos revisarlo, línea por línea.

– June… no puedo -dijo Waverly con fría determinación-. No es… sofisticado. Estoy segura de que lo que haces para otros clientes es maravilloso, pero la nuestra es una gran empresa, necesitamos a alguien que comprenda… nuestro estilo. -Dijo esto último llevándose la mano al pecho, como si se refiriese a su estilo. Entonces se rió alegremente-. En fin, June, lo que has hecho… -y empezó a hablar con una voz profunda de presentadora de televisión-: Tres beneficios, tres necesidades, tres razones para comprar… Satisfacción garantizada… para sus necesidades impositivas de hoy y de mañana…

Dijo esto de una manera tan curiosa que todos lo tomaron por un buen chiste y se rieron. Y entonces, para empeorar las cosas, oí que mi madre le decía:

– Cierto, ella no puede dar lecciones de estilo. June no es sofisticada como tú. Debe de haber nacido así.

Me sorprendió comprobar lo humillada que me sentía. Una vez más, Waverly se había burlado de mí, y ahora me había traicionado mi propia madre. Hice tal esfuerzo por sonreír que el labio inferior me temblaba a causa de la tensión. Intenté buscar alguna otra cosa en la que concentrarme, y recuerdo que cogí mi plato y luego el del señor Chong, como si estuviera recogiendo la mesa, viendo nítidamente a través de las lágrimas las desportilladuras en los bordes de los viejos platos, preguntándome por qué mi madre no había puesto la nueva vajilla que le compré cinco años atrás.

La mesa estaba cubierta de caparazones de cangrejo. Waverly y Rich encendieron cigarrillos y pusieron un caparazón entre ellos a modo de cenicero. Shoshana se había acercado al piano y aporreaba las teclas con una pinza de cangrejo en cada mano. El señor Chong, que con el paso de los años se había vuelto totalmente sordo, miró a Shoshana y aplaudió diciendo: «¡Bravo! ¡Bravo!». Y, aparte de sus extraños gritos, nadie más dijo nada. Mi madre fue a la cocina y regresó con una bandeja de naranjas cortadas en porciones. Mi padre rebañaba los restos de su cangrejo. Vincent se aclaró la garganta dos veces y luego palmeó la mano de Lisa.

Por fin habló tía Lindo:

– Waverly, déjala intentarlo de nuevo. La has obligado a trabajar demasiado rápido la primera vez. Claro que no pudo salirle bien.

Oí a mi madre comiendo una rodaja de naranja. No conocía a nadie más que hincara los dientes en las naranjas como si fueran manzanas crujientes. El sonido que producía era peor que el rechinar de dientes.

– Hacer las cosas bien requiere tiempo -siguió diciendo tía Lindo, al tiempo que meneaba la cabeza, mostrando su acuerdo consigo misma.

– Pon mucha acción -aconsejó el tío Tin-. Mucha acción, caramba, eso es lo que me gusta. Eso es todo lo que necesitas, eh, hazlo así y verás cómo te sale bien,

– Probablemente no -repliqué, y sonreí antes de llevar los platos a la pica.

Esa noche, en la cocina, comprendí que no debía hacerme ilusiones sobre mis cualidades. Era una redactora publicitaria que trabajaba para una pequeña agencia. A cada nuevo cliente le prometía: «Podemos proporcionarle el crepitar de la carne». El crepitar siempre se reducía a: «Tres beneficios, tres necesidades, tres razones para comprar», La carne era siempre cable coaxial, sistemas de transmisión multiplex T -1, convertidores de protocolo y cosas similares. Era muy eficiente en mi trabajo, y realizaba con éxito esas pequeñeces.

Abrí el grifo para lavar los platos. Ya no me sentía airada con Waverly, sino cansada y estúpida, como si hubiera corrido huyendo de alguien que me perseguía y, al mirar atrás, descubriera que no había nadie.

Cogí el plato de mi madre, el único que ella había llevado lila cocina al principio de la cena. El cangrejo estaba intacto. Alcé el caparazón y lo husmeé, tal vez porque, de entrada, el cangrejo no me gustaba. No fui capaz de distinguir qué tenía de malo.

Cuando todos se hubieron ido, mi madre se reunió conmigo en la cocina. Yo estaba colocando los platos en su sitio. Ella puso agua a hervir para hacer más té y se sentó ante la pequeña mesa de la cocina. Yo esperaba que me regañara.

– La cena ha sido buena, mamá -le dije cortésmente.

– No tan buena -replicó ella, mientras se escarbaba los dientes con un palillo.

– ¿Qué tenía tu cangrejo? ¿Por qué lo has dejado?

– No tan bueno -repitió-. Ese cangrejo se murió. Ni siquiera un mendigo lo habría querido.

– ¿Cómo puedes saberlo? No he notado ningún mal olor.

– ¡Puedo saberlo antes de cocinado! -Se había levantado y miraba la noche a través de la ventana-. Lo meneé antes de echado a la cacerola. Las patas… caídas. La boca… muy abierta, ya era como una persona muerta.

– ¿Por qué lo cocinaste si sabías que ya estaba muerto?

– Pensé que… quizás acababa de morir. Tal vez no tendría muy mal sabor. Pero noté el olor, el sabor a muerto, la falta de firmeza.

– ¿Y si otro hubiera cogido ese cangrejo?

Mi madre me miró sonriente.

– Sólo tú cogerías ese cangrejo, nadie más. Eso ya lo sabía. Todos los demás quieren las cosas de la mejor calidad. Tú piensas de una manera diferente.

Parecía decir esto, en cierto modo, como si fuese una prueba… una prueba de algo bueno. Siempre decía cosas que no tenían ningún sentido, que parecían buenas y malas al mismo tiempo.

Estaba guardando el último plato desportillado cuando recordé algo más.

– Mamá, ¿por qué no usas la vajilla que te regalé? Si no te gusta, deberías habérmelo dicho. Podría haberla cambiado por otra.

– Claro que me gusta -replicó irritada-. Al principio pensé que era tan buena que quería conservada, y luego me olvidé de que la tenía.

Entonces, como si acabara de caer en la cuenta, desenganchó el cierre de su collar de oro y se lo quitó, depositando la cadena con el colgante de jade en su palma. Me cogió la mano y puso en ella el collar. Luego me cerró los dedos a su alrededor.

1 ... 46 47 48 49 50 51 52 53 54 ... 71
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)