El Misterio De Wraxfor Hall
- Автор: Харвуд Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Misterio De Wraxfor Hall». Краткое содержание книги:
Durante unos instantes me quedé sin palabras, mientras la señora Bryant me miraba con fingido interés. Entonces la sangre me ruborizó las mejillas y me descubrí hablando…
– No, señora Bryant. Está usted equivocada. Es una enfermedad, no un don; no puedo controlarlo, y no querría ejercitarlo si pudiera evitarlo. Y ahora… le ruego que me perdone… Esperaré en el coche.
Me levanté y me volví sin mirar a Magnus, y caminé hacia la puerta aunque las piernas apenas me sostenían, rogando al cielo que me mantuviera en pie y no me derrumbara hasta que no hubiera abandonado la sala. La ira me condujo escaleras abajo hasta la calle, donde un atónito Alfred me ayudó a subir al coche. Sólo cuando estuve sentada, y temblando violentamente por la reacción, me percaté de que me había convertido en un juguete en manos de Magnus. Y también me percaté de que había agravado mi humillación diciendo que esperaría, pero antes de que pudiera recobrarme para ordenarle a Alfred que se pusiera en marcha, Magnus apareció en la escalinata de la puerta.
Para mi sorpresa, parecía realmente encantado y se acomodó junto a mí.
– Debo pedirte disculpas, querida -me dijo amablemente-, por la falta de tacto de la señora Bryant. Como has podido ver, está acostumbrada a hacer las cosas a su modo…
– ¿Por qué has…? ¿Cómo has podido…?
Iba a decir «humillarme así», pero las palabras murieron con el recuerdo de la humillación que había sufrido en su presencia.
– Querida, dado que nuestras relaciones han sido últimamente un poco… tensas, pensé que la petición recibiría mejor acogida si provenía de la señora Bryant… en vez de mí.
– ¿Cómo es posible que puedas pensar eso? -dije entre sollozos-. Habría preferido mil veces que me lo pidieras tú… aunque no habría aceptado… en vez de traicionarme con esa mujer vanidosa y vulgar…
Estuve a punto de añadir: «Esa mujer vanidosa y vulgar… que es tu amante… o desea serlo», pero me contuve a tiempo.
– Vanidosa y vulgar, puede ser, querida, pero también es nuestra mecenas. Ya ha contribuido generosamente a mi causa y si fuéramos lo suficientemente afortunados como para ser testigos de una verdadera manifestación en la mansión, su generosidad estaría asegurada… Por eso me gustaría que reconsideraras tu negativa.
– En otras palabras: me estás pidiendo que colabore en un fraude.
– Querida… deberías conocerme mejor. Se trata de un experimento científico que se efectuará ante testigos; sólo requiere tu presencia, te lo aseguro.
– Y entonces… esperas que te acompañe a un lugar maldito donde mi… donde Edward murió.
– Sí, querida.
Lo dijo con aquel mismo aire de buen humor, pero ahora había en su voz un tono de crispación que parecía el susurro que produce el acero al deslizarse contra el acero, como una espada que se introduce en su vaina.
– ¿Y… si me niego?
– Estoy seguro de que no te negarás, querida. Tu salud aún es delicada. Creo que necesitas pasar algún tiempo… en el campo.
– Pero estoy con Clara… y no puedo separarme de ella. Y la mansión no es lugar para un bebé…
– Entonces quizá sea hora de que dejes de darle el pecho y te apartes un poco de ella. Ése es uno de tus síntomas, querida: tu innecesaria preocupación por esa niña. Nunca te he pedido nada hasta ahora; estoy seguro de que estarás de acuerdo conmigo en que no he podido ser un marido más complaciente.
Esperaba que le contradijera, pero en esta ocasión no me atreví.
– Muy bien, entonces -añadió-. Dejaré que decidas lo que quieres hacer con la niña. Puedes llevarla contigo si quieres, y dile a Bolton lo que necesitas en tu habitación. Él y yo iremos mañana para preparar la visita de la señora Bryant, dentro de tres semanas.
– ¿Y… después? ¿A cuántas sesiones más me pedirás que acuda?
– Con suerte, querida, a ninguna más. Y si todo transcurre tal y como espero, quizá podamos entonces discutir… cómo deseamos que sea nuestra vida en el futuro. Oh, ya estamos cerca de Cavendish Square… Aquí vive un caballero al que necesito consultar. Hasta la noche, querida.
Magnus no regresó a casa hasta muy tarde, y partió hacia la mansión antes de que yo bajara a desayunar a la mañana siguiente. Varias veces a lo largo del día cogí a Clara en brazos con la intención de huir, pero a cada momento se me representaba vivamente que no tenía ningún lugar a donde ir. Lucy se daba perfecta cuenta de mi angustia, pero yo nunca me había confiado a ella, y no me atreví a hacerlo entonces. Aunque Magnus había planteado su amenaza tan claramente como si me hubiera restregado el certificado de locura en la cara, podría habérmelo dicho en presencia de testigos y haber negado bajo juramento que pretendiera nada semejante… como podría haber negado fácilmente, si hubiera querido, que me había ofrecido la separación.
Pero si estaba planeando una estafa, ¿de qué modo podría ayudarle mi presencia allí? La señora Bryant se había comportado horriblemente conmigo, pero ¿cómo podía estar seguro Magnus de que yo no la avisaría en secreto? ¿O cómo podía estar seguro de que no lo traicionaría después de la sesión? Sólo había un modo de asegurarse mi lealtad… A menos que no fuera un fraude y Magnus creyera verdaderamente que podía aparecerse un espíritu: yo había previsto la muerte de Edward en una «visita», y él había muerto en la mansión… Intenté apartar aquel pensamiento, pero estuvo agazapado durante todo el día en las esquinas más oscuras de mi mente, y en este estado de ansiedad me fui a la cama.
Me desperté -o eso pensé- al amanecer, con la angustia de un terrible presentimiento. La habitación era como mi viejo dormitorio en Highgate, pero de algún modo sabía que estaba en Wraxford Hall. Entonces recordé, con un terror que pareció que se me iba a salir el corazón del pecho, que había estado paseando con Clara por los bosques de Monks Wood la tarde anterior, y la había dejado dormida bajo un árbol. Salté de la cama, abrí la puerta y comencé a correr por el pasillo. Ya había pasado la puerta de Lucy antes de que me percatara de que estaba realmente despierta y me encontraba junto a las escaleras, envuelta en una media luz grisácea, con el corazón latiéndome violentamente.
La casa estaba completamente en silencio. Regresé sin hacer ruido por el pasillo hasta la habitación de la niña, que estaba entre la habitación de Lucy y la mía, y abrí suavemente la puerta.
Había una mujer inclinada sobre la cuna. Me estaba dando la espalda, pero pude distinguir que era joven, con el pelo muy parecido al mío, y llevaba un vestido azul pálido que me resultaba extrañamente familiar. Mientras yo me quedaba petrificada en el umbral, ella cogió a Clara y se volvió para mirarme. ¡Era yo misma! Durante unos momentos, eternos y gélidos, permanecimos así, y entonces la mujer y Clara comenzaron a disolverse, exactamente como ocurrió con la aparición en el salón en Highgate, hasta que no quedó nada, salvo una voluta de lívida luz verde flotando entre la cuna y yo. Después, también aquello se desvaneció; el suelo se balanceó y me derrumbé, y oí, muy lejos, a Clara llorando, antes de que la oscuridad me engullera.
Miércoles por la noche
Hoy he estado en el lugar donde murió Edward. El cable que intentó escalar está comido por el óxido, que recorre la pared como una mancha oscura. Cuando ayer vi la mansión, por primera vez, pensé que estaba pintada de un verde oscuro y triste, pero lo cierto es que las paredes estaban cubiertas de líquenes, moteadas con mohos y rajadas por las grietas; abajo, en el suelo, había dispersos numerosos pedazos de mortero que se habían desprendido de los muros. Había decidido no llorar, porque sabía que Bolton estaría vigilándome, aunque no había nadie a la vista.