Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
En ese momento supo que estaba loco. Estaba teniendo una conversación con la tierra. Era extraño que no le molestara haber perdido el juicio. El dolor no había disminuido, pero se había acostumbrado a él, y descubría que la oscuridad y el calor eran un lugar pacífico y relajante. Fue a la deriva en ese mar de dolor, dejándose llevar como había hecho tantas veces en el pasado.
Su mente volvía a su mujer. Ivory. Su compañera. Era tan hermosa que le robaba el aliento. Sabía que si la hubiera encontrado algunos cientos de años antes, sus vidas habrían sido muy diferentes. Nunca se había atrevido a soñar con ella, nunca deseó que Xavier sospechara por un instante que en algún lugar en el pasado o en el fututo, había una mujer que poseía la otra mitad de su alma. Éste era un don tan íntimo, la conexión de dos almas, y él nunca corrompería ese vínculo con la maldad de Xavier.
Si no estuviera casi muerto y hubiera sido sepultado para sufrir en este lugar, la habría llevado a su jardín secreto, un lugar que él recordaba de su infancia, donde la vida había sido buena y llena de alegría. Había jugado allí con su amada hermana, Natalya. Habían reído juntos tan a menudo, corriendo libres por los campos de flores y haciendo rebotar piedras sobre las apacibles aguas del lago. Llevaría a Ivory allí para compartir esos tiernos recuerdos.
Sintió el roce de unos dedos contra la palma. Un cálido aliento en el rostro. Llévame allí, mi bien amado. Muéstrame ese lugar con el que sueñas.
No había esperado que su deseo por ella fuera tan fuerte que pudiera conjurarla. Pasó la mano por la cara de ella, trazando los ángulos, recorriendo con la almohadilla de su pulgar la suave piel. Te llevaré allí para nuestro primer cortejo. Es parte de mí, la mejor parte de mí. Mucho antes de que Xavier tomara mi alma.
Él ya no tiene tu alma. Me la diste a mí, ¿recuerdas?
Razvan buscó en sus recuerdos. Recordó el rostro de ella. Tan hermoso para él que cuando cerraba los ojos aún estaba allí. Su cuerpo, cubierto en esas delgadas líneas blancas, medallas al valor, una encarnación viviente de la fuerza de voluntad que poseía. Deseaba besar cada línea, seguir el mapa de estas sobre su cuerpo hasta que conociera íntimamente cada blanca línea dentada. Su piel, suave más allá de toda imaginación, lo atraía para tocarla simplemente, para sentir lo extraordinaria que era. Amaba la forma en que ese movía. Solamente observar el balanceo de sus caderas y su resuelto andar, le proporcionaba una alegría sencilla que nunca había pensado sentir. La forma en que su rostro se suavizaba cuando se arrodillaba para saludar a su manada de lobos, que le hacía preguntarse cómo se vería cuando sostuviera al bebé de ambos contra su seno.
Buscador de Dragones. Ella llamó a su mente errante. ¿Te acuerdas de haberme entregado tu alma?
Sí. Sálvame, Ivory. He tenido vidas de pecado y no puedo salvarme a mí mismo, pero te he tocado donde nadie más te ve, y tú puedes hacerlo. Ponme en tu mural con tus hermanos y guía mi alma a la siguiente vida.
Ya estás a salvo, fél ku kuuluaak sívam belso… mi bien amado.
Su voz fluyó sobre él como miel caliente y yació inmóvil, escuchando el latido del corazón de la tierra y sintiendo cada pulsante herida y quemadura en sintonía con la constante sinfonía. Pensó en las palabras de ella. Fél ku kuuluaak sívam belso… mi bien amado. Lamentó no ser en verdad su bien amado.
Habría caminado por el jardín contigo. Siempre he querido cultivar mis propias flores. Sé exactamente que aspecto habrían tenido y las habría llamado como tú. Ivory. Hän ku vigyáz sielamet… guardiana de mi alma.
Muéstramelas, le suplicó ella.
Una vez más podría haber jurado sentir aquellos dedos moverse contra su palma, enredándose con los suyos propios. Cerró fuertemente la mano para capturar la sensación de proximidad. Podía ir a la deriva en este sueño, o alucinación. Quizás estaba al otro lado, en un lugar mejor… aunque podría estar sin esta agonía recorriendo su cuerpo. Apartó a un lado el dolor, adentrándose más profundamente en los brazos de la Madre Tierra y permitiéndose soñar con las cosas que le mostraría a Ivory.
Ella parecía despreocupada, con su largo cabello cayendo hasta debajo de sus caderas, una cascada de seda que se movía contra su brazo mientras ambos caminaban lado a lado. Le gustaba que fuera alta. Podía ver la longitud de sus pestañas, que se rizaban en las puntas, dos gruesas medias lunas que velaban sus enormes ojos. Estaba pensando en inclinarse y lamer a lo largo de la blanca costura dentada que unía dos secciones de su hombro. Era una tentación la forma en que su piel estaba dividida en cuadrantes para que él la explorara.
Yo no lo veo así. La vergüenza ribeteaba su voz.
¿Así cómo? Estaba totalmente perplejo porque su mujer soñada pudiera sentirse avergonzada por su examen. Podría observarla para siempre, deseando probar cada centímetro cuadrado de ella. Sentía la necesidad de memorizar cada detalle con las sensibles almohadillas de sus dedos, con la boca y la lengua, así recordaría para siempre el sabor y la sensación de ella.
Como si estas cicatrices fueran atractivas.
Ella agachó rápidamente la cabeza mientras caminaba junto a él, bajando por el estrecho cordón de piedras que conformaba un serpenteante camino a través de su jardín. La extensa caída de su cabello escondió su expresión de él.
Él avanzó hasta ubicarse frente a ella, deteniéndola eficazmente, con los dedos la tomó por la barbilla y le levantó el rostro hasta que pudo mantener cautiva su mirada. Todo en ti es increíblemente atractivo, sobre todo el modo en que luchas. Me robas el aliento. La yema de su pulgar rozó el lleno labio inferior. A veces paso mucho tiempo imaginando cada una de esas líneas en tu cuerpo, preguntándome a dónde llevan. Qué placeres me darán… nos darán.
Ella parpadeó, sus ojos se volvieron cálidos, luego lujuriosos. Entonces piensas en mí como mujer, no sólo como una guerrera.
¿Cómo podría alguna vez separar a las dos? Tus particularidades conforman el todo de quien eres. Su voz enronqueció de emoción. Buscó en su mente palabras para describirla del modo en que él la veía, pero las encontraba cortas para expresarle cómo se sentía, la belleza y la luz que ella traía a su alma, tan vacía, hueca y desgarrada por la maldad de Xavier.
Dime. Necesito saber.
Las palabras no son suficientes para explicar un milagro, pero haré todo lo posible. Eres dura, fuerte y capaz. Gentil. Bondadosa. Compasiva. Feroz y formidable, con una voluntad de hierro. Atractiva. Suave. Hermosa. Misteriosa. Gentil y magnífica. Eres todas estas cosas. Un milagro para mí. Un regalo más allá de cualquier precio.
Las pestañas de ella revolotearon velando su expresión. La tentación de su boca, la curva y suave textura, era demasiado para resistirlo. Esto era un sueño, nada más, y era su sueño, el primero que se había atrevido a tener en mucho tiempo… desde la traición a su hermana. Vaciló, de repente temeroso. ¿Podría ser Xavier engañándolo? ¿Estaba ahora traicionando a la única mujer que poseía su corazón y alma?
¡No!
La caliente miel se vertió sobre él otra vez, estremeciendo su cuerpo. Su corazón brincó, latiendo por un momento en sintonía con el latir del corazón de la tierra. El dolor lo golpeó desde cada dirección, quitándole el aire, la capacidad de pensar, su cordura misma. Creyó haber gritado cuando había sido tan estoico, pero se había compenetrado más de lo que sabía con el ritmo natural de la tierra, permitiendo que el palpitar mantuviera el dolor a una distancia tolerable para él. Durante un momento no pudo respirar, ni pensar. Era imposible vivir con semejante dolor.