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Asesina Oscura

Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:

Un rumor ha persistido en el mundo de los vampiros acerca de un oscuro asesino -una mujer- que viaja con una manada de lobos y cualquier vampiro que la encuentre es asesinado. Misteriosa, esquiva y aparentemente imposible de matar, ella es la única cazadora que infunde terror en los corazones de los vampiros.
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
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Los golpes a la puerta eran esperados y Gregori la abrió para Syndil y su compañero, Barack. Había notado que uno nunca estaba lejos del otro. Les dio la bienvenida a ambos con el saludo Cárpato tradicional.

– El Pesäsz jeläbam ainaak… que permanezcas mucho tiempo en la luz.

Syndil y Barack respondieron en concordancia y entraron en la casa.

– ¿Cómo te sientes, Savannah? -preguntó Syndil.

– Muy embarazada -contestó Savannah con una pequeña sonrisa-. Si me hago un poco más grande podría explotar.

– Está bien, sobre todo con gemelos -dijo Gregori-. Estás como justo se supone que tienes que estar.

– Me supervisa con cuidado para asegurarse de que los bebés crecen correctamente -le explicó Savannah. Se inclinó para besar a Barack en la mejilla, ignorando la aguda reprimenda de Gregori.

No hay necesidad de besos.

Savannah se rió otra vez y frotó afectuosamente su mejilla contra el hombro de Gregori.

– Mikhail envió un mensaje diciendo que deseabas hablar conmigo.

Gregori, con una indicación, la invitó a sentarse. Barack se hundió en el asiento junto a ella y la tomó de la mano.

– Estoy seguro de que has escuchado las noticias, que Razvan ha escapado de Xavier y que Ivory Malinov está viva. No os criasteis en las Montañas de los Cárpatos, y no conocéis los rumores sobre estos dos, pero basta decir que fue una sorpresa para todo el mundo averiguar que todo aquello que creíamos sobre ellos es incorrecto.

Syndil entrelazó sus dedos con los de Barack. Siempre sorprendía a Gregori notar que esta mujer que ostentaba tanto poder era tan tímida y modesta. Ella caminaba sobre la tierra y nueva vida surgía tras su paso. Bailaba y cantaba y el suelo tóxico era restaurado. Habían descubierto este hecho por casualidad, el Príncipe detectó la sanación de todo un campo de batalla destruido por el veneno de los vampiros. Ella había permanecido tan calmada con respecto a su don, tan humilde, que nadie jamás habría sabido de su don si Mikhail no hubiera visto su poder con sus propios ojos.

Syndil sencillamente asintió con la cabeza, moviéndose un poco hacia Barack. Él se acercó a ella, pasándole su brazo alrededor de los hombros.

Gregori suspiró.

– No tengo ningún derecho a pedirte esto. De hecho, puede ser arriesgado.

Barack frunció el ceño.

– La pareja encontró a un vampiro maestro y se enfrentó a él con el fin de salvar a una familia. Mientras Razvan tiene poca o ninguna experiencia en combate, Ivory es una guerrera extraordinaria. Juntos lograron hacer mella en él y alejarlo, pero a un alto precio para sus cuerpos.

– Sabes que te ayudaría -dijo Syndil, su voz era suave música-, pero no soy una sanadora.

– Discrepo con esa declaración, Syndil -le contestó Gregori inclinándose adelante-. Comprendes a la tierra mejor que la mayoría. La escuchas cuando te habla, lloras cuando está dañada, y eres capaz de reparar cada herida.

– Eso es diferente -Syndil agitó una mano a modo de rechazo-. Para nada como la sanación de un Cárpato herido.

– Yo no puedo hacer lo que tú haces -dijo Gregori-. No siempre oigo a nuestra madre hablándonos. Esta pareja, lo que pasa con ellos, no lo entiendo… y lo he intentado. Escucho a la Madre Tierra, pero ella susurra y no puedo entender lo que dice. Están sufriendo. Agónicamente. Ambos. -Hundió la cabeza y se pasó ambas manos por el cabello en señal de agitación-. Los ayudo, sí, pero tan lentamente, y cada noche que pasa y acudo a ellos, continúan sintiendo un dolor indecible.

– ¿Qué deseas que haga Syndil? -preguntó Barack.

Gregori sacudió la cabeza. Savannah se sentó en el brazo de su silla y lo abrazó, sus dedos se deslizaron en el cabello de él para calmarlo.

– Díselo, Gregori. Permíteles decidir.

– Nunca he visto nada como lo que les está pasando. El cuerpo de Razvan fue mutilado, literalmente. Le cortaron el brazo en trozos. Tenía seis agujeros de lanza, tres mortales. Sus heridas eran horrendas. Tajos que exponían el hueso, y en muchos los perforaban. La pérdida de sangre fue increíble. En vez de atender a sus heridas, él la ayudó en la batalla.

Barack se incorporó.

– ¿Y sobrevive?

– Hasta el momento… sí. No sé cómo. Ella también tenía muchas heridas, y aún así de algún modo logró fusionarse con él; no sé cómo. Son cuerpos separados, pero sus corazones laten como uno, sus mentes son una. Pero esa no es la cuestión. Si tengo acceso a su brazo, el resto de su cuerpo está revestido completamente de mineral, como si fuera parte de la tierra misma. Cuando comparto sus cuerpos, oigo el cuchicheo de la tierra. Puedo oír el ritmo del palpitar de su corazón, pero no puedo entender lo que ella les dice. ¿Podría ser eso? ¿Podría la Madre tierra estar curándolos? ¿No sólo regenerándolos?

Syndil se mantuvo en silencio, analizando las palabras repetidas veces en su mente. Barack no dijo nada, esperando a que su compañera diera su opinión. En este campo ella era una experta y estaba tremendamente orgulloso de ella. Nunca dejaba de sorprenderle que su pequeña y tranquila Syndil fuera consultada por cada Cárpato, y el Príncipe y Gregori a menudo pedían su consejo.

– Así creo, sí. Tenemos una conexión con la tierra, con el mismo universo. Es la razón por la que somos capaces de cambiar e invocar al relámpago. Es la razón de que nuestros cuerpos se regeneren en la tierra. Si de alguna manera ésta pareja tiene una conexión más profunda, si la Madre Tierra reclama a uno o a ambos como sus hijos, sus cuerpos podrían ser ligeramente diferentes al nuestro.

El ceño fruncido de Gregori se hizo más profundo.

– Todos nosotros somos hijos de la tierra.

Syndil negó con la cabeza.

– No del mismo modo. La tierra está viva. Posee un latido del corazón, un ritmo, un pulso. Ella susurra, habla y grita. Nos da la bienvenida a casa cada amanecer como a sus hijos, pero si ella aceptara a uno de nosotros como suyo, como su hijo biológico… no sé de que otra forma explicarlo… ella podría entregarle todo lo que posee, el suelo más rico al que pueda llamar, cada elemento sanador. Quién sabe de lo que sería capaz de hacer por alguien a quien considera parte de ella.

Las arrugas en el rostro de Gregori permanecieron cuando se recostó hacia atrás.

– ¿Por qué escogería a un Cárpato en concreto?

Syndil, calmada y serena, le sonrió, lo caldeó, lo envolvió con su total carencia de vanidad.

– Supongo que las circunstancias tuvieron que ser extraordinarias.

Savannah se acercó más.

– ¿Puedes ayudarlos? ¿Puedes alimentar el suelo donde se recuperan, ayudar a mantenerlo rico para apresurar su recuperación?

Gregori se llevó las yemas de los dedos de ella hacia su propia boca. No había querido preguntarle a Syndil. Cualquiera que se acercara a esa extensión de tierra sería capaz de sentir la agonía que irradiaba de la pareja, y pedirle a una mujer que compartiera esa experiencia era mucho más de lo que él era capaz de hacer, aunque sin la ayuda de ella, podrían hacer falta años para curar semejantes heridas mortales.

– Antes de que contestes, Syndil… -en ese momento él contempló a su compañero, de marido a marido, deseando hacerlo comprender-, hay cosas que debes saber. El dolor que sufren es totalmente diferente a cualquiera que yo haya experimentado en siglos de batalla y sanador. Si eres empática, no podrás acudir allí sin verte afectada. Aun si no los tocas, solo la entrada a esa área es una experiencia incómoda. No tengo palabras para describir ese sufrimiento.

– Y aún así viven -dijo Barack.

– Una hazaña aparentemente imposible -dijo Gregori-. Aunque lo hacen -su mirada meditabunda se trasladó hacia Syndil-. No te pido esto a la ligera. No deseo que te conectes con ellos o que me ayudes a sanarlos porque compartir sus cuerpos en este instante es una tarea agónica.

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