Las Huellas Del Hombre Muerto
- Автор: Джеймс Питер
- Серия: Detective Comisario Roy Grace #4
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Las Huellas Del Hombre Muerto». Краткое содержание книги:
– Toma asiento -le dijo sin levantar la vista de todos los periódicos que había desplegados sobre su mesa como una mano de póquer-. O quizá debería decir «No te quedes de pie, Pewe».
– Vaya, muy agudo -la aduló él.
Pero ninguna sonrisa rompió su expresión gélida. Sentada detrás de su enorme mesa de palisandro, siguió leyendo el artículo del Guardian, manteniéndolo a raya con sus manos de uñas elegantes.
Cassian se sentó despacio en el sillón de piel negra. Aunque habían pasado cuatro meses desde que el taxi en el que viajaba fuera aplastado por una furgoneta robada, lo que había provocado que se rompiera la pierna izquierda por cuatro sitios, todavía le dolía estar de pie durante largos periodos de tiempo. Pero no compartía esa información con nadie porque no quería que lo tacharan de semiinválido y poner en peligro sus posibilidades futuras en el cuerpo.
Alison Vosper siguió leyendo. Pewe miró las fotografías enmarcadas de su marido, un policía corpulento con la cabeza rapada varios años mayor que ella, y de sus dos hijos, dos niños con el uniforme del colegio y unas gafas bastante ridículas.
En las paredes había colgados varios certificados enmarcados con su nombre, además de un par de grabados antiguos de Brighton, uno de un hipódromo, el otro del puente colgante desaparecido tiempo atrás.
Sonó el teléfono. Vosper se inclinó hacia delante y miró la pantalla, luego descolgó y ladró:
– Estoy reunida, ahora te llamo. -Colgó y siguió leyendo-. Bueno, ¿cómo va todo? -preguntó de repente, sin dejar de leer.
– Por ahora, genial.
Vosper alzó la mirada y él intentó aguantar y mantener el contacto visual, pero casi de inmediato ella bajó la vista a algo que había en otra parte de la mesa. Alargó la mano, lo cogió y luego revolvió algunas páginas de papeles escritos a ordenador, una especie de informe, como si buscara algo.
– Tengo entendido que te han asignado los casos sin resolver.
– Sí.
Vosper llevaba una chaqueta negra corta y ajustada encima de una blusa blanca de cuello mao, cerrada con un broche plateado con un ópalo. Sus pechos, con los que había fantaseado, quedaban casi aplastados. Entonces, lo miró y sonrió. Una sonrisa larga, casi insinuante.
Pewe se derritió al instante, pero volvió a perder el contacto visual cuando ella bajó la mirada y empezó otra vez a revolver los papeles.
Desprendía un olor intensamente agradable, pensó. No era guapa, pero se sentía muy atraído por ella. Tenía la piel blanca y sedosa e incluso le intrigaba la pequeña verruga justo encima del escote de su blusa, esa única imperfección minúscula. Llevaba una fragancia cítrica que le encendía por dentro. Tenía un aspecto puro, y fuerte, e irradiaba autoridad. Quería pasar al otro lado de la mesa, arrancarle la ropa y retozar con ella sobre la moqueta.
Tuvo una erección al pensarlo.
Y ella seguía mirando a la mesa, ¡revolviendo los malditos papeles!
– Me alegro de volver a verte -dijo Pewe con delicadeza, para motivarla.
El comisario dejó escapar un suspiro de expectación. ¿Sentía ella lo mismo por él y se mostraba esquiva? Tal vez le sugiriera quedar luego los dos en algún sitio y tomar una copa. En algún lugar íntimo y acogedor.
Podía invitarla a su casa frente al puerto deportivo. Molaba bastante, con sus vistas a los yates.
Ahora se había puesto a leer el Guardian otra vez.
– ¿Buscas algo? -le preguntó Cassian-. ¿Mencionan a la policía de Sussex?
– No -respondió ella quitándole importancia-. Sólo intento ponerme al día con las noticias de hoy. -Entonces, sin levantar la vista, dijo-: Supongo que realizarás un informe sobre cuántos casos sin resolver son destacables.
– Bueno, sí, por supuesto -contestó.
– ¿Asesinatos, muertes sospechosas? ¿Personas desaparecidas hace tiempo? ¿Otros crímenes que hayan pasado inadvertidos?
– Todo eso.
Vosper pasó al Telegraph y examinó la portada.
Cassian la miró con incertidumbre. Había una barrera invisible entre ellos y se sintió totalmente abatido.
– Mira, yo… Me preguntaba si podía hablar contigo extraoficialmente.
– Adelante. -Mientras él hablaba, Vosper pasó deprisa varias páginas.
– Bueno, ya sé que se supone que debo informar a Roy Grace, pero hay algo de él que me preocupa.
Ahora logró captar toda su atención.
– Continúa.
– Ya sabes que su mujer desapareció, por supuesto -dijo.
– Todo el cuerpo lleva viviendo con ello los últimos nueve años -contestó ella.
– Bueno, ayer me entrevisté con sus padres. Están muy preocupados. Tienen la sensación de que nadie de la policía de Sussex ha llevado a cabo una investigación imparcial.
– ¿Puedes explicarte?
– Sí. Bueno, la cuestión es ésta: durante todo este tiempo, el único agente de la policía de Sussex que ha asumido la responsabilidad de revisar la investigación sobre su desaparición ha sido el propio Roy. Para mí, no es normal. Quiero decir que en la Met no habría pasado.
– ¿Qué estás diciendo exactamente?
– Bueno -prosiguió Pewe de manera afectada-, sus padres se sienten muy incómodos con esto. Leyendo entre líneas, creo que sospechan que Roy oculta algo.
Vosper se quedó mirándolo unos momentos.
– ¿Y tú qué crees?
– Me gustaría obtener tu permiso para darle prioridad a este caso y seguir indagando. Utilizar mi discreción para tomar las medidas investigadoras que considere necesarias.
– Concedido -dijo ella. Luego volvió a mirar sus periódicos y lo despidió con un solo movimiento de la mano. La mano en la que llevaba el solitario y la alianza.
Cuando se levantó, ya no estaba empalmado, pero sintió una clase distinta de excitación.
57
Octubre de 2007
Le parecía como si la luz y el extractor de aire llevaran horas y horas encendidos. En el cuarto minúsculo y sin ventanas, Abby había perdido la noción del tiempo. No sabía si todavía era de madrugada o de día. Tenía la boca y la garganta secas, se moría de hambre y casi todas las partes de su cuerpo estaban entumecidas o doloridas por culpa de las ataduras.
Temblaba de frío por la constante corriente de aire helado. Necesitaba sonarse desesperadamente la nariz porque la tenía taponada y cada vez le costaba más trabajo respirar. No podía coger aire por la boca y, respirando más y más deprisa, empezó a notar que le entraba otro ataque de pánico.
Intentó tranquilizarse, ralentizar la respiración. Comenzaba a sentir que no estaba totalmente dentro de su cuerpo, que estaba muerta y flotando en el aire. Como si la persona desnuda atada con cinta fuera otra, como si ya no fuera ella.
Estaba muerta.
El corazón le latía deprisa. Le palpitaba con fuerza. Intentó decirse algo y oyó un zumbido apagado dentro de su boca. «Sigo viva. Me noto el corazón.»
Dentro del cráneo notaba como si una cinta se tensara alrededor de su cerebro. Estaba sudando y era incapaz de enfocar con claridad. Entonces comenzó a temblar descontroladamente. Un sudor frío producto del miedo apareció en su piel cuando un pensamiento la golpeó como un mazo.
¿Y si se había marchado y la había abandonado aquí?
A su suerte, hasta que muriera…
Cuando le conoció, pensó que, igual que Dave, su violencia sólo era fanfarronería, fantochadas, un modo de no ser menos que sus amigos gánsteres. Entonces, una noche que estaba con él, atrapó una araña en la bañera, le quemó las patas con un encendedor y luego la abandonó, viva dentro de un tarro de cristal, para que muriera de sed o hambre.
Comprender que era muy capaz de hacerle lo mismo a ella la empujó a luchar contra las ataduras con una urgencia nueva y repentina. El pánico era cada vez más intenso.
«Concéntrate. Piensa. Recuerda que sólo es un ataque de pánico. No te estás muriendo. No estás fuera de tu cuerpo. Pronuncia las palabras.»