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Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]

Электронная книга - «Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]». Краткое содержание книги:

El inefable Miles Vorkosigan se encuentra en esta ocasión en la Tierra, sin dinero y con los dolores de cabeza que le da el interpretar a dos personajes a la vez con sus respectivos enemigos. La situación se complica cuando algunos de sus hombres organizan un escándalo en una tienda de licores cuando la máquina no les acepta la tarjeta de crédito. Por culpa de una periodista perspicaz Miles se ve obligado a dar una nueva vuelta de tuerca en su farsa: decide que su otra identidad es en realidad un clon suyo, y engaña a la periodista. Sin embargo, lo que no se podía esperar es que realmente un clon suyo estuviera dispuesto a reemplazarle.
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Avanzaron marcando el paso y subieron la rampa. Elli se quedó atrás, observando la actuación con interés.

El guardia de la entrada saludó por acto reflejo mientras el asombro se extendía por su cara.

—¡Capitán Galeni! ¡Ha vuelto! Y, er… —miró a Miles, abrió y cerró la boca—, usted. Señor.

Galeni le devolvió el saludo sin ganas.

—Llame al teniente Vorpatril y dígale que se presente aquí. A Vorpatril solamente.

—Sí, señor.

El guardia de la embajada habló a través de su comunicador de muñeca, sin apartar los ojos de ellos. No paraba de mirar de reojo a Miles, con expresión sorprendida.

—Er… me alegro de que haya vuelto, capitán.

—Yo también, cabo.

Al cabo de un instante, Ivan salió de un tubo elevador y se acercó corriendo por el vestíbulo de mármol.

—Dios mío, señor, ¿dónde ha estado? —exclamó, agarrando a Galeni por los hombros. Recordó comportarse un poco tarde, y saludó.

—Mi ausencia no ha sido voluntaria, se lo aseguro.

Galeni se tiró del lóbulo de una oreja, parpadeando, y se pasó la mano por la barba de días, un poco conmovido por el entusiasmo de Ivan.

—Lo explicaré con detalle, más tarde. Ahora mismo… ¿teniente Vorkosigan? Quizá sea el momento de sorprender a su, er, otro pariente.

Ivan miró a Miles.

—¿Te dejaron salir, entonces? —miró con más atención y se puso blanco—. Miles…

Miles le enseñó los dientes y se apartó del hipnotizado cabo.

—Todo quedará explicado cuando arrestemos al otro yo. ¿Dónde estoy, por cierto?

Ivan arrugó los labios, cada vez más preocupado.

—Miles… ¿intentas jugar con mi cabeza? No tiene demasiada gracia…

—Nada de juegos. Y no tiene ninguna gracia. El individuo que ha estado durmiendo en tu cuarto los últimos cuatro días… no era yo. He estado alojado con el capitán Galeni, aquí presente. Un grupo revolucionario komarrés trató de colocarte un doble, Ivan. El cretino es mi clon, de verdad. ¡No me digas que no has notado nada!

—Bueno… —dijo Ivan. El alivio, y un creciente embarazo, empezaron a nublar sus rasgos—. Hiciste algo, um, poco propio de ti, estos dos últimos días.

Elli asintió dubitativa; comprendía muy bien el azoramiento de Ivan.

—¿Qué? —inquirió Miles.

—Bueno… te he visto maniático. Y te he visto depresivo. Pero nunca te había visto… bueno, neutral.

—Eso me pasa por preguntar. ¿Y sin embargo nunca sospechaste nada? ¿Tan bueno era?

—¡Oh, sospeché algo la primera noche!

—¿Y qué? —chilló Miles. Tenía ganas de tirarse de los pelos.

—Y decidí que no podía ser. Después de todo, tú mismo te inventaste esta historia del clon hace unos cuantos días.

—Pues ahora demostraré mi sorprendente presciencia. ¿Dónde está?

—Bueno, por eso me ha sorprendido tanto verte.

Galeni se había cruzado de brazos y tenía una mano en la frente. Miles no pudo leer sus labios, aunque se movían ligeramente… contando hasta diez, tal vez.

—¿Por qué, Ivan? —dijo Galeni, y esperó.

—Dios mío, no se habrá marchado ya a Barrayar, ¿verdad? —dijo Miles impaciente—. Tenemos que detenerlo…

—No, no —contestó Ivan—. Han sido los locales. Por eso tenemos aquí este lío.

—¿Dónde está? —rugió Miles, agarrando la chaqueta verde del uniforme de Ivan con la mano buena.

—¡Cálmate, eso es lo que estoy intentando decirte! —Ivan contempló los blancos nudillos del puño de su primo—. Sí, eres tú, desde luego. La policía local ha venido aquí hace un par de horas y te ha arrestado… lo arrestó a él… lo que sea. Bueno, no exactamente, pero tenían una orden de detención prohibiéndote dejar esta jurisdicción legal. Ibas a marcharte esta noche. Traían una orden judicial para interrogarte ante el fiscal municipal y asegurarse de que había pruebas suficientes para presentar cargos formales.

—¿Cargos de qué, qué estás farfullando, Ivan?

—Bueno, pues ahí está el lío. Tuvieron una especie de cortocircuito en sus cerebros sobre las embajadas… vinieron y te arrestaron, teniente Vorkosigan, por sospecha de conspiración para cometer asesinato. Como remate, se sospecha que contrataste a esos dos matones que intentaron asesinar al almirante Naismith en el espaciopuerto la semana pasada.

Miles dio una patada en el suelo.

—Ah. Ah. ¡Ah!

—El embajador está presentando protestas por todas partes. Naturalmente, no podíamos decirles por qué están equivocados.

Miles agarró a Quinn por el codo.

—No te dejes llevar por el pánico.

—No me dejo llevar por nada —observó Quinn—. Estoy viendo cómo tú te dejas llevar por el pánico. Es mucho más divertido.

Miles se frotó la frente.

—Bien. Bien. Empecemos por asumir que no todo está perdido. Supongamos que el chico no se ha dejado llevar por el… que no se ha venido abajo. Todavía. Supongamos que le ha dado la vena aristocrática y los mira a todos con desdén sin decir palabra. Lo haría bien, si es así como supone que actuamos los Vor. Pequeño capullo. Supongamos que está resistiendo.

—Supuesto —concedió Ivan—. ¿Y qué?

—Si nos apresuramos, conseguiremos salvar…

—¿Tu reputación? —dijo Ivan.

—¿A su… hermano? —aventuró Galeni.

—¿Nuestros culos? —dijo Elli.

—Al almirante Naismith —terminó de decir Miles—. Ahora quien corre peligro es él. —La mirada de Miles se encontró con la de Elli; las cejas de la comandante se alzaron preocupadas—. La palabra clave es «tapadera». Tanto si se destapa… como si, sólo posiblemente, se asegura de modo permanente.

Se volvió hacia Galeni.

—Nosotros dos tenemos que lavarnos. Reúnase conmigo aquí dentro de quince minutos. Ivan, trae un bocadillo. Dos bocadillos. Te llevaremos como fuerza bruta —Ivan venía muy bien para esas cosas—. Elli, tú conduces.

—¿Conducir adónde?

—A los juzgados. Vamos al rescate del pobre e incomprendido teniente Vorkosigan. Regresará con nosotros la mar de agradecido, lo quiera o no. Ivan, será mejor que lleves un hipospray con dos centímetros cúbicos de tolizona, además de esos bocadillos.

—Espera, Miles —dijo Ivan—. Si el embajador no consiguió sacarlo de allí, ¿cómo esperas que lo hagamos nosotros?

Miles sonrió.

—Nosotros no. El almirante Naismith.

Los juzgados municipales de Londres eran un gran edificio negro de cristal de unos dos siglos de antigüedad. Ejemplos de arquitectura similar brotaban de vez en cuando en un distrito compuesto por estilos aún más antiguos, resto de los bombardeos e incendios del Quinto Disturbio Civil. La renovación urbana allí no llegaba hasta después de un desastre. Londres estaba abarrotado, era un rompecabezas de épocas yuxtapuestas, y los londinenses se aferraban obstinadamente a los pedazos de su pasado; había incluso un comité para salvar los espantosos restos de finales del siglo XX. Miles se preguntó si Vorbarr Sultana, actualmente en franco proceso de expansión, tendría aquel aspecto al cabo de mil años, o si aniquilaría su historia en la prisa por modernizarse.

Miles se detuvo en el vestíbulo para ajustarse el uniforme de almirante dendarii.

—¿Se me ve respetable? —le preguntó a Quinn.

—La barba te hace parecer, um…

Miles se la había recortado apresuradamente.

—¿Distinguido? ¿Mayor?

—Desaliñado.

—Ja.

Los cuatro cogieron el tubo elevador hasta la planta noventa y siete.

—Sala W —les indicó el panel de recepción después de que accedieran a sus archivos—. Cubículo 19.

El cubículo 19 resultó contener un terminal asegurado de Euronet JusticeComp y un ser humano vivo, un joven serio.

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