Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Космическая фантастика » Fronteras del infinito [Borders of Infinity - es]
Fronteras del infinito [Borders of Infinity - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Fronteras del infinito [Borders of Infinity - es]

Электронная книга - «Fronteras del infinito [Borders of Infinity - es]». Краткое содержание книги:

Miles Vorkosigan, el entrañable personaje que se dio a conocer en El aprendiz de guerrero, emprende gracias a la habilidad de la exitosa escritora de Lois McNaster Bujold nuevas aventuras. En esta ocasión se abordan asuntos de gran interés: los prejuicios sociales y sus consecuencias, una posible reflexión antirracista nacida en torno a la manipulación genética y una amena exploración de temas cuya conjunción resulta particularmente curiosa: religión, supervivencia y estrategia militar.

Incluye los relatos:
Las Montañas de la Aflicción
Laberinto
Fronteras del Infinito

Premio Hugo a la mejor novela corta 1990 por Las Montañas de la Aflicción.
1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 ... 73
Перейти на страницу:

Empezó a borrar una sonrisita y después la dejó salir deliberadamente.

—¿Qué? ¿No puede creer que fue un golpe personal contra el mercado de esclavos genéticos? ¿Un acto en honor de mi dama?

Esa referencia a Taura pasó muy por encima de la cabeza de Ryoval.

El barón peleaba ahora contra una idea fija y todas sus ramificaciones, y eso y su rabia eran un buen escudo contra los datos que pudiera recibir en ese momento. En realidad, no iba a ser difícil convencer a un hombre que había estado conspirando continuamente contra sus rivales de que esos rivales habían conspirado contra él.

—Fell o Bharaputra? —repitió el barón, furioso—. ¿Pensó que iba a ocultar un robo para Bharaputra con esa destrucción inútil?

¿Robo?, se preguntó Miles, muy alerta. No de Taura, seguramente… ¿de alguna muestra de tejido que Bliaraputra había querido comprar, tal vez? Ah, ah…

—¿No le parece obvio? —dijo Miles con dulzura—. Usted le dio el motivo a su hermano cuando saboteó sus planes para extender su vida. Y quería tanto de los Bharaputra que ellos fueron los que suministraron el método, poniendo a su supersoldado mujer dentro de su edificio donde yo pudiera encontrarme con ella. Hasta le hicieron pagar por el privilegio de hacer saltar su propia seguridad por los aires. Usted se nos puso en bandeja. El plan maestro, por supuesto —Miles puso las manos sobre la camiseta—, es mío.

Luego lo miró a través de las pestañas. Ryoval parecía tener problemas para respirar. El barón cortó la conexión de vídeo con el golpe abrupto de una mano temblorosa. Fuera.

Tarareando entre dientes, pensativo, Miles fue a darse una ducha.

Estaba de vuelta en la sala de operaciones, cubierto de pomada para el dolor y las contusiones, con ropa limpia y una taza de café caliente en las manos como antídoto para los ojos enrojecidos y cansados, cuando llegó la segunda llamada.

Lejos de empezar un discurso como su medio hermano, el barón Fell se quedó sentado un momento frente al vídeo, mirando a Miles. Éste, que ardía bajo esa mirada, se sintió muy agradecido por haber tenido tiempo de cambiarse. ¿El barón habría descubierto por fin que ya no tenía a la cuadrúmana? ¿Ryoval le había comunicado ya parte de los errores paranoicos que Miles acababa de provocar? Todavía no habían despegado naves desde la estación Fell y tendrían que despegar pronto o nunca, porque una nave lo bastante ligera para alcanzar al Ariel a tiempo seria demasiado liviana para luchar contra el fuego del acorazado de los mercenarios. A menos que Fell pensara pedir favores al consorcio de casas que manejaba la estación de salto… Un minuto más de silencio, pensó Miles, y él estallaría y diría cualquier tontería. Por suerte, Fell habló primero.

—Parece, almirante Naismith —murmuró—, que, ya sea por accidente o a propósito, usted se está llevando algo que me pertenece.

Varias cosas, pensó Miles, pero Fell se refería sólo a Nicol, si Miles no se equivocaba.

—Tuvimos que zarpar de forma apresurada —contestó.

—Eso me comunican. —Fell inclinó la cabeza con ironía. Debía haber recibido un informe de su comandante de escuadrón—. Pero tal vez aún pueda evitarse problemas. Había un precio acordado por mi intérprete. No me importa demasiado en posesión de quién esté, siempre que reciba ese importe.

El capitán Thorne, que trabajaba en los monitores del Ariel, se encogió bajo la mirada acusadora de Miles.

—El precio al que usted se refiere, supongo, es el secreto de la técnica de rejuvenecimiento de Beta.

—Exacto.

—Ah… Mmmm. —Miles se humedeció los labios—. Barón… no puedo dárselo…

Fell se volvió.

—Comandante de estación, que zarpen las naves…

—¡Espere! —exclamó Miles.

Fell levantó las cejas.

—¿Lo está reconsiderando? Bien.

—No es que no quiera decírselo —le replicó Miles con desesperación—. Es que la verdad no le serviría de nada. De nada. Pero estoy de acuerdo en que usted tiene que recibir alguna compensación. Tengo otra información que puedo entregarle. Una información de valor más inmediato.

—¿Ah, sí? —se interesó Fell, aunque tanto su voz como su expresión eran impenetrables.

—Usted sospecha que su medio hermano Ryoval mató a su clon, pero no tiene ninguna evidencia que lo pruebe, ¿verdad?

Fell pareció interesarse apenas un poquito más.

—Todos mis agentes y los de Bharaputra lo han intentado, y ha resultado imposible.

—No me sorprende. Porque quienes lo llevaron a cabo fueron los agentes de Bharaputra. —Bueno, por lo menos era factible.

Había despertado su interés.

—¿Mataron su propio producto? —dijo despacio.

—Creo que Ryoval hizo un trato con la Casa Bharaputra para traicionarle a usted —se apresuró a explicar— Supongo que tenía que ver con el intercambio de muestras biológicas únicas en posesión de Ryoval; no creo que el dinero fuera suficiente frente a tanto riesgo. El trato se hizo al más alto nivel, obviamente. No sé cómo decidieron dividirse los restos de la Casa Fell después de su muerte, barón, y tal vez no pensaran dividirla, después de todo. Parecen tener algún tipo de plan final de combinación de operaciones para un monopolio gigante de mercancía biológica en Jackson’s Whole. Una fusión, una corporación, digamos. — Miles se detuvo para que el Barón tuviera Tiempo de digerir la información—. ¿Puedo sugerir que se guarde sus fuerzas y favores contra enemigos más, ejem, cercanos e inmediatos que yo?

Además, usted tiene todo nuestro dinero y nosotros sólo la mitad de la carga. ¿Le parece que estamos en paz?

Fell lo miró con furia durante un largo minuto, la cara de un hombre que pensaba en tres direcciones al mismo tiempo. Miles conocía esa sensación. Después volvió la cabeza y farfulló:

—Contraorden a las naves de persecución.

Miles respiró de nuevo.

—Le agradezco la información, almirante —dijo Fell—, pero no demasiado. No voy a impedirle la huida. Pero si usted o sus barcos vuelven al espacio jacksoniano…

—Ah, barón —afirmó Miles con sinceridad—, estar lejos, muy lejos de aquí se está convirtiendo en una de mis ambiciones más queridas.

—Es usted sabio —gruñó Fell y se movió para cortar la conexión.

—Barón Fell —agregó Miles en un impulso repentino. Fell se detuvo—. Para que no le suceda lo mismo en el futuro. ¿Es seguro este canal?

—Sí.

—El verdadero secreto de la técnica de rejuvenecimiento de Beta es… que no existe. Que no lo engañen de nuevo. Represento esta edad, porque es la que tengo. Haga con esta información lo que quiera.

Fell no dijo nada. Al cabo de un momento esbozó una sonrisa leve. Sacudió la cabeza y cortó la comunicación.

Por si acaso, Miles se quedó en una especie de burbuja vidriosa, borroneada por el cansancio, en un rincón de la sala hasta que el oficial de comunicaciones informó que el control de tránsito de la estación de salto les daba vía libre. Pero en realidad, estaba seguro de que las casas Fell, Ryoval y Bharaputra iban a estar demasiado ocupadas vigilándose unas a otras como para preocuparse por él, por lo menos de momento. Su última entrega de información verdadera y falsa entre los combatientes —a cada uno según su propia medida había sido como arrojar un solo hueso a tres perros hambrientos y furiosos. Casi lamentaba no poder quedarse a ver los resultados. Casi.

Horas después del salto, se despertó en su cabina, vestido y con las botas junto a la cama; no tenía el más mínimo recuerdo de cómo había llegado allí. Pensaba que Murka lo había acompañado, pero podía ser sólo una idea. Si se hubiera quedado dormido mientras caminaba, seguramente se habría dejado las botas puestas.

Primero fue a ver al oficial de guardia, que le informó sobre la situación y el estado del Ariel. Todo estaba bien, refrescantemente gris, después de los días anteriores. Estaban cruzando el sistema de una estrella azul entre puntos de salto en la ruta a Escobar, un lugar deshabitado y vacío de todo excepto por algunas pocas naves mercantes. Y nada los seguía desde Jackson’s Whole. Miles comió algo liviano. No sabía si era el desayuno, el almuerzo o la cena, porque sus biorritmos estaban confusos tras sus aventuras en tierra. Después fue a buscar a Thorne y a Nicol. Los encontró en ingeniería. Un técnico estaba puliendo un último detalle en la silla voladora de Nicol.

1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 ... 73
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)