Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El ojo del mundo - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El ojo del mundo

Электронная книга - «El ojo del mundo». Краткое содержание книги:

Rand Al’Thor y sus amigos disfrutan de una apacible vida en Campo de Emond hasta que Moraine, una joven misteriosa capaz de encauzar el Poder Único, llega al pueblo y anuncia el despertar de una terrible amenaza. Esa misma noche, Campo de Emond se ve atacado por espantosos trollocs. Mientras los habitantes del pueblo repelen el ataque, Moraine y su guardián ayudan a Rand y a sus amigos a escapar.
La huida sólo será el comienzo de sus problemas, ya que Moraine, miembro de la antiquísima orden de las Aes Sedai, cree que Rand Al’Thor está destinado a desempeñar un papel protagonista en los acontecimientos que se avecinan y de los que dependerá la supervivencia del mundo.
1 ... 41 42 43 44 45 46 47 48 49 ... 267
Перейти на страницу:

—No —respondió Rand; sentía de nuevo el vacío, que venía a sustituir su renuncia—. Perrin y Mat también tienen que irse, ¿no? —Abandonar Dos Ríos, su casa y su padre. Al menos Tam se recuperaría y, como mínimo, tendría ocasión de oír de sus labios que lo murmurado en el Camino de la Cantera no era más que un desatino.

»Podríamos ir a Baerlon, supongo, o incluso a Caemlyn. He oído decir que hay más gente en esta ciudad que en toda la zona de Dos Ríos. Allí estaríamos a salvo.—Lanzó una carcajada que sonó hueca—. Solía soñar con ir a Caemlyn, pero nunca se me ocurrió que la iba a visitar de este modo.

—Yo no confiaría mucho en la seguridad que ofrece Caemlyn —objetó Lan después de un largo silencio—. Si los Myrddraal están de veras interesados en vosotros, hallarán la manera de entrar en la población. Las murallas son una barrera franqueable para un Semihombre. Y seríais unos insensatos si negarais la evidencia del tremendo interés que suscitáis en ellos.

Rand pensaba que su ánimo no podía caer más bajo, pero aquellas palabras lo sumieron en una desmoralización aún mayor.

—Existe un lugar donde estaréis a buen recaudo —dijo suavemente Moraine—. En Tar Valon os encontraríais entre Aes Sedai y Guardianes. Aun durante las Guerras de los Trollocs, las fuerzas del Oscuro temían atacar las Murallas Resplandecientes. El único intento realizado fue su más espectacular derrota hasta el final. Y en Tar Valon se guardan todos los conocimientos reunidos por las Aes Sedai desde la Época de Locura. Algunos fragmentos datan incluso de la Era de Leyenda. Tar Valon es el sitio más indicado para averiguar por qué os persigue el Myrddraal, por qué va en pos de vosotros el Padre de las Mentiras. Eso te lo garantizo.

Viajar hasta Tar Valon era casi un despropósito. Viajar a un lugar donde estaría inexorablemente rodeado de Aes Sedai. Desde luego, Moraine había curado a Tam, o al menos eso parecía, pero además había todos aquellos relatos. Ya era bastante embarazoso hallarse en una misma habitación con una Aes Sedai, pero estar en una ciudad habitada exclusivamente por ellas… Y ella todavía no le había pedido una compensación. Siempre había que pagar un precio; en las historias siempre había que hacerlo.

—¿Durante cuánto tiempo va a estar dormido mi padre? —preguntó por fin—. Tengo…, tengo que comunicárselo. No estaría bien que despertara y yo me hubiera marchado sin más.

Creyó percibir un suspiro de alivio exhalado por Lan. Miró al Guardián con curiosidad, pero su semblante permanecía tan inalterable como siempre.

—No es probable que despierte antes de nuestra marcha —respondió Moraine—. Tengo intención de partir poco después de la caída de la noche. Incluso un solo día de demora podría traer fatales consecuencias. Será mejor que le dejes una nota.

—¿Por la noche? —inquirió dubitativo Rand.

—El Semihombre no tardará en descubrir nuestra partida —explicó Lan—. No hay necesidad de facilitarle las cosas si podemos evitarlo.

Rand acarició las mantas de Tam. Tar Valon se hallaba muy lejos.

—En ese caso… En ese caso, iré a buscar a Mat y a Perrin.

—Yo me ocuparé de ello.

Moraine se puso en pie y se ató la capa con vigor de pronto renovado. Al sentir la mano de la Aes Sedai sobre el hombro, Rand intentó con todas sus fuerzas no encogerse. Apenas notaba su presión, pero se le antojó una garra acerada que lo retenía como una horca paraliza a una serpiente clavada en ella.

—Será preferible que mantengamos todo esto entre nosotros. ¿Comprendes? Las mismas personas que marcaron el Colmillo del Dragón en la puerta de la posada podrían provocar alboroto si llegara a sus oídos.

—Comprendo —contestó, liberando el aire de los pulmones al tiempo que la mujer apartaba la mano.

—Diré a la señora al’Vere que te traiga algo de comer —prosiguió, como si no hubiera advertido su reacción—. Después debes dormir. Te aguarda un duro viaje esta noche.

La puerta se cerró tras ellos y Rand permaneció inmóvil mirando a Tam…, mirando a Tam, pero sin ver nada. Hasta aquel preciso instante no había reparado hasta qué punto el Campo de Emond formaba parte de sí, al igual que él pertenecía a ese lugar. Se dio cuenta entonces, al reconocer el desgarramiento que había sentido. Lo habían arrancado del pueblo. El Pastor de la Noche quería atraparlo en sus garras. Aquello era imposible —él era solamente un campesino—pero los trollocs habían dejado sentir su mano, y Lan estaba en lo cierto en una cuestión: no podía poner en peligro al pueblo, aceptando la posibilidad de que Moraine se equivocase. Ni siquiera podía decírselo a nadie; los Coplin sin duda provocarían algún desorden si se enteraran de una cosa así. Debía depositar su confianza en una Aes Sedai.

—No lo despiertes ahora —indicó la señora al’ Vere, al entrar acompañada de su esposo.

La bandeja cubierta con un trapo que llevaba en las manos desprendía un delicioso olor tibio. Después de depositarla sobre la cómoda situada al lado de la pared, alejó con firmeza a Rand de la cama.

—La señora Moraine me ha informado de lo que necesita —dijo— y en ello no está incluido que te derrumbes encima de él a causa del agotamiento. Te he traído algo de comer. No dejes que se enfríe.

—No me gusta que la llaméis así —objetó, malhumorado, Rand—Moraine Sedai es el apelativo adecuado. Podría enfurecerse.

La posadera le dio una palmadita en la mejilla.

—Deja que sea yo quien me preocupe de eso. Acabo de tener una larga conversación con ella. Y no hables en voz alta porque, si despiertas a Tam, tendrás que habértelas conmigo y con Moraine Sedai. —El énfasis puesto en el título de Moraine ridiculizaba la insistencia de Rand—. Apartaos de aquí los dos.

Tras dedicar una cálida sonrisa a su marido, se volvió hacia el lecho. Maese al’Vere dirigió una mirada de impotencia a Rand.

—Es una Aes Sedai. La mitad de las mujeres del pueblo actúan como si fuera un simple miembro del Círculo de mujeres, y la otra como si fuese un trolloc. Ninguna de ellas parece percatarse de que hay que ir con cuidado con una Aes Sedai. Por más que los hombres continúen mirándola con recelo, al menos no están haciendo nada que pueda provocarla.

Con cuidado, pensó Rand. No era demasiado tarde para comenzar a obrar con cautela.

—Maese al’Vere —dijo lentamente—, ¿sabéis cuántas granjas fueron atacadas?

—Sólo dos, que yo sepa, con la vuestra inclusive. —El alcalde hizo una pausa, pensativo, y luego se encogió de hombros—. No parece gran cosa, si lo comparamos con lo ocurrido aquí. Debería alegrarme de ello, pero… Bueno, sin duda tendremos noticia de más atrocidades antes de que acabe el día.

Rand exhaló un suspiro. No era necesario preguntar cuáles habían sido. —Aquí en el pueblo, ¿dieron…, quiero decir, dejaron entrever de algún modo lo que buscaban?

—¿Lo que buscaban, hijo? No sé qué podían buscar, excepto darnos muerte. Todo sucedió de la manera como te he contado. Los perros ladraban, Moraine Sedai y Lan corrían por las calles, luego se oyó gritar a alguien que la casa de maese Luhhan y la herrería estaban ardiendo. Después comenzó a llamear la vivienda de los Cauthon… Es curioso, porque está en medio del poblado. El caso es que, a continuación, los trollocs se abalanzaron sobre todo el pueblo. No, no creo que buscaran nada. —Soltó una abrupta carcajada, que atajó muy pronto ante la mirada de su esposa exigiéndole sigilo—. A decir verdad —prosiguió en voz más baja—, parecían casi tan confundidos como nosotros. Dudo mucho que hubieran previsto encontrarse con una Aes Sedai o con un Guardián aquí.

—Lo supongo —comentó sonriente Rand.

Si Moraine había dicho la verdad respecto a ese punto, probablemente no había mentido en lo demás. Por un momento consideró la conveniencia de pedir consejo al alcalde, pero era obvio que éste sabía poco más sobre Aes Sedai que cualquier otra persona del pueblo. Además, era reacio a explicarle a maese al’Vere lo que había detrás de todo aquello…, lo que Moraine decía que había detrás. No estaba seguro de temer más la perspectiva de que se echara a reír o la de que tomase en serio sus palabras. Frotó con el pulgar el puño de la espada de Tam. Su padre había viajado por otras tierras; él conocería más detalles acerca de las Aes Sedai que el alcalde. Pero, si realmente Tam había salido de Dos Ríos, quizá lo que había dicho en el Bosque del Oeste… Se pasó las manos por el pelo, como si quisiera ahuyentar aquellas cavilaciones de la cabeza.

1 ... 41 42 43 44 45 46 47 48 49 ... 267
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)