La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
El corazón le latía con fuerza cuando acercó la mano al agiel. En verdad no quería sentir el dolor, ya había tenido bastante con tocarle la mano, pero tenía que saberlo para comprender en quién se había convertido Richard. Quería saberlo todo sobre él, incluso las partes más dolorosas.
Fue como una tremenda descarga de energía.
El dolor le subió por el brazo y le explotó en el hombro. Kahlan gritó mientras la impresión la tiraba de espaldas. Rodó sobre la barriga, cogiéndose el hombro con la mano contraria. Era incapaz de mover el brazo. Sentía un hormigueo en la mano, que le temblaba. El dolor era tan intenso que estaba conmocionada y aterrorizada. Lloró con la cara pegada al suelo hasta que Richard posó sobre ella una mano en gesto de simpatía. Entonces lloró aún más al entrever lo que le habían hecho.
Cuando, al fin, fue capaz de incorporarse, Richard la seguía mirando mientras sujetaba el agiel en una mano.
— ¿Sientes tú tanto dolor cuando lo sujetas?
— Sí.
Kahlan lo golpeó en el hombro con el puño.
— ¡Suéltalo! —gritó—. ¡Déjalo ya!
— A veces, tocarlo me ayuda a distraerme de los dolores de cabeza. Lo creas o no, ayuda —comentó Richard mientras soltaba el agiel, de modo que le colgara de nuevo del cuello.
— ¿Quieres decir que los dolores de cabeza son aún peores?
— Sí. Si no fuera por lo que Denna me enseñó sobre el dolor, ahora mismo estaría inconsciente. Denna me enseñó a controlar el dolor, a aguantarlo para poder causarme más y más.
— Richard, yo… —Kahlan pugnaba por contener las lágrimas.
— Lo que tú has sentido es lo mínimo que es capaz de hacer el agiel. —El joven lo cogió de nuevo y se tocó con él la parte interna del otro antebrazo. Bajo el instrumento, la sangre manó a borbotones. Richard lo apartó—. Puede arrancarte la carne del cuerpo como si nada, o romperte los huesos. A Denna le gustaba romperme con él las costillas. Yo oía el ruido que hacían al quebrarse. Todavía no han sanado del todo; aún me duelen cuando estoy tumbado o cuando me abrazas con fuerza. Puede hacer muchas cosas más, incluso matar.
»Denna me ponía grilletes, me ataba los brazos a la espalda y me levantaba con una cuerda sujeta al techo. Entonces me torturaba con el agiel durante horas. Yo le suplicaba que parase hasta quedarme ronco. Pero ella nunca me hizo caso. Ni una sola vez.
»No había nada que yo pudiera hacer para detenerla; estaba totalmente a su merced. Me entrenaba, me enseñaba hasta que, a veces, tenía la impresión de que no me quedaba ni una gota de sangre. Yo le imploraba que me matara, que acabara de una vez por todas con esa tortura. Yo mismo me habría matado, pero ella me lo impedía con magia. Me obligaba a arrodillarme ante ella y a suplicarle que usara el agiel conmigo. Yo habría hecho cualquier cosa que me ordenara. A veces invitaba a una amiga para compartir la… diversión.
Kahlan apenas podía respirar, y mucho menos moverse.
— Richard, yo…
— Cada día me conducía arrastrándome por el collar hacia un lugar donde me colgaba de una cuerda. Era una sala donde podía torturarme con el agiel sin distracciones y sin importar que se manchara con mi sangre. A veces empezaba por la mañana y no paraba hasta la noche. Y por la noche…
»Esto es lo que significa para mí llevar un collar. Puedes decirme que es lo más sensato, que me ayudará y que no tengo elección, pero eso es lo que significa para mí llevar un collar.
»Sé exactamente cómo te notas el hombro justo en estos momentos; es como si te hubieran quemado la piel, te hubieran arrancado el músculo y te hubieran roto los huesos. Esto es lo que se siente al llevar el collar de una mord-sith, sólo que en todo el cuerpo al mismo tiempo y durante todo el día. Añádele a esto el saber que nada puedes hacer para ponerle fin, que nunca podrás escapar y que nunca más verás a la única persona a la que podrás amar. Prefiero la muerte antes que volver a ponerme un collar.
Kahlan se masajeó el hombro. Richard había descrito a la perfección el dolor que sentía, y no se le ocurría nada que decir. El sufrimiento que sentía en su interior era tan intenso que le impedía hablar. Así pues, se quedó sentada mirándolo a él contemplar las llamas, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Sufría por él.
Entonces se oyó decir algo que se había prometido a sí misma que nunca preguntaría.
— Denna te tomó como pareja, ¿verdad? —Apenas había acabado de pronunciar estas palabras cuando deseó poder borrarlas, aunque una parte de sí deseaba saber la respuesta.
— Sí —susurró Richard, impasible, con los ojos fijos en las llamas. Otra lágrima le corrió por el rostro—. ¿Cómo lo sabes?
— Demmin Nass vino con dos cuadrillas para atraparme. Rahl el Oscuro había tejido alrededor una red que lo protegía de la magia de Zedd y de la mía. Zedd no podía hacer nada; la magia lo tenía inmovilizado. Demmin Nass me contó lo que te había ocurrido, y me dijo que habías muerto. Fue entonces cuando invoqué el Con Dar y lo maté.
Richard cerró los ojos, mientras otra lágrima le rodaba.
— Me fue imposible impedírselo. Te lo juro, Kahlan… lo intenté. No puedes ni imaginarte lo que me hizo Denna por resistirme. No podía luchar contra ella. Ella podía hacerme cualquier cosa que se le antojara. No tenía bastante con torturarme durante el día, sino que también tenía que hacerme daño por la noche.
— ¿Cómo puede ser alguien tal malvado?
Richard clavó los ojos en el agiel mientras volvía a empuñarlo.
— Fue capturada a los doce años y la entrenaron con este mismo agiel. No me hizo nada que no le hubieran hecho antes a ella una y otra vez, durante años. Torturaron a sus padres hasta matarlos delante de ella. No había nadie que pudiera ayudarla.
»Se hizo mujer bajo la amenaza del agiel, rodeada por personas que sólo querían hacerle daño. No había nadie que le diera una palabra de esperanza, de consuelo ni de amor.
»¿Puedes imaginarte su terror? Le impusieron una vida de sufrimiento sin fin. La violaron en cuerpo y en espíritu; la quebraron y la convirtieron en una de ellos. El mismo Rahl el Oscuro se ocupó de ella personalmente.
»Cada vez que me torturaba con el agiel, ella sentía el mismo dolor que yo. Ya ves, cosas de esa magia que tanto defiendes. Un día, Rahl el Oscuro la golpeó durante horas, porque creyó que no me torturaba con la suficiente saña. La azotó hasta arrancarle la piel de la espalda.
»Y, para rematarlo, al final de una vida de dolor y locura, se encontró conmigo, que volví blanca la Espada de la Verdad y la maté con ella. —Richard lloraba con la cabeza caída—. Lo único que me pidió antes de que la atravesara con la espada fue que llevara su agiel y la recordara. Yo fui el único que comprendió su dolor. Era lo único que quería: alguien que la comprendiera y la recordara.
»Después de prometérselo, Denna me colgó el agiel al cuello. Luego se quedó allí, inmóvil, mientras mi espada se le clavaba en el corazón. Había confiado en que tuviera el poder suficiente para matarla.
»Así es como alguien puede ser tan malvado. Si pudiera, resucitaría a Rahl el Oscuro para matarlo de nuevo.
Kahlan se quedó inmóvil, aturdida, atrapada en un torbellino de emociones encontradas. Odiaba a la tal Denna por haber hecho daño a Richard, sentía hacia ella unos celos incomprensibles y al mismo tiempo, inesperadamente, la compadecía con todo su corazón. Al fin, giró el rostro y se enjugó las lágrimas.
— Richard, ¿por qué fracasó Denna contigo? ¿Por qué fue incapaz de quebrarte? ¿Cómo conservaste la cordura?
— Porque, tal como dijeron las Hermanas, compartimenté mi mente. No sé como explicarlo, ni siquiera sabía exactamente qué estaba haciendo, pero fue así cómo conseguí salvarme. Conservé mi esencia y sacrifiqué todo lo demás. Dejé que hiciera conmigo lo que quisiera. Rahl el Oscuro dijo que lo que hice demostraba que poseía el don. Él fue el primero en usar la palabra compartimentar.