El juego de Ender [Ender's Game - es]
- Автор: Кард Орсон Скотт
- Год: 1993
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-3445-5
- Переводчик: Jose Maria Rodelgo
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El juego de Ender [Ender's Game - es]». Краткое содержание книги:
«Eso es lo que te estoy haciendo, Bean. Te estoy haciendo daño para hacer de ti un soldado mejor en todos los sentidos. Para agudizar tu talento. Para intensificar tu esfuerzo. Para mantenerte desconcertado, para que nunca estés seguro de lo que va a pasar a continuación, para que siempre tengas que estar preparado para cualquier cosa, preparado para improvisar, decidido a ganar pase lo que pase. También te estoy haciendo desdichado. Por eso te trajeron conmigo, Bean. Para que pudieras ser igual que yo. Para que pudieras llegar a ser igual que el viejo.
»Y yo, ¿se supone que debo llegar a ser como Graff? Gordo y agrio e insensible, manipulando las vidas de los chicos para que se conviertan en perfectos generales y almirantes prefabricados, listos para conducir la flota en defensa de la patria. Tienes todos los placeres del titiritero. Hasta que te llega un soldado que puede hacer más que cualquier otro. No puedes consentirlo. Rompe la simetría. Tienes que ponerlo en línea, romperlo, aislarlo, machacarlo hasta que se pone en línea con los demás.
»Bien, Bean, lo que te he hecho este día, hecho está. Pero te observare, con más compasión de la que te imaginas, y cuando llegue el momento descubrirás que soy tu amigo, y tú el soldado que quieres ser.»
Ender no fue a las clases esa tarde. Se tumbó en la litera y escribió sus impresiones sobre cada uno de los chicos de su escuadra, las cosas favorables que observaba en ellos, las cosas que había que trabajar más. En la práctica nocturna, hablaría con Alai y resolvería la forma de enseñar a grupos pequeños todo lo que necesitaban saber. Al menos, en eso no estaría solo.
Pero cuando Ender llegó a la sala de batalla esa noche, mientras la mayoría estaba todavía comiendo, encontró al mayor Anderson esperándole.
—Ha habido un cambio de las normas, Ender. A partir de ahora, sólo los miembros de la escuadra pueden trabajar juntos en una sala de batalla durante el tiempo libre. Y, por consiguiente, las salas de batalla sólo estarán disponibles siguiendo un programa establecido. Después de esta noche, tu siguiente turno es dentro de cuatro días.
—No hay nadie haciendo prácticas adicionales.
—Ahora sí, Ender. Puesto que ahora mandas otra escuadra, no quieren que sus chicos hagan prácticas contigo. Es fácil entenderlo. Así que ellos dirigirán sus propias prácticas.
—Siempre he estado en una escuadra distinta a la de ellos. Y sin embargo me enviaban sus soldados para entrenarlos.
—Entonces no eras comandante.
—Me ha dado una escuadra absolutamente verde, mayor Anderson, señor…
—Tienes unos cuantos veteranos.
—No son nada buenos.
—Nadie consigue llegar aquí sin ser brillante, Ender. Haz que sean buenos.
—Necesitaba a Alai y Shen para…
—Ya es hora de que crezcas y hagas algunas cosas tú solo, Ender. No necesitas que esos chicos te aguanten la mano. Ahora eres un comandante. Así que, por favor, compórtate como tal, Ender.
Ender rebasó a Anderson y se dirigió a la sala de batalla.
—Ya que estas prácticas nocturnas están ahora programadas regularmente, ¿significa eso que puedo utilizar el gancho?
¿Se llegó a sonreír Anderson? No. No era posible.
—Ya veremos —dijo.
Ender se volvió de espaldas y se fue a la sala de batalla. Pronto llegó su escuadra, y nadie más; o bien Anderson esperó por allí para interceptar a cualquiera que fuera al grupo de prácticas de Ender, o había corrido por toda la escuela la noticia de que las tardes informales de Ender habían terminado.
Fue una buena práctica, adelantaron bastante, pero al final Ender estaba cansado y solo. Faltaba media hora para irse a dormir. No podía ir al cuartel de su escuadra; hacía tiempo que había aprendido que un buen comandante se mantenía alejado, a menos que tuviera algún motivo para hacer una visita. Los chicos necesitaban tener una oportunidad de estar en paz, de descansar, sin que nadie les escuchara para favorecerles o despreciarles en función de lo que decían, hacían o pensaban.
En consecuencia, se encaminó a la sala de juegos, donde había algunos chicos que aprovechaban la media hora que precedía al timbre final para establecer apuestas o superar las puntuaciones que habían conseguido en los juegos. Ninguno de éstos parecía interesante, pero de todos modos jugó a uno, un juego de animación diseñado para los reclutas. Aburrido, ignoraba los objetivos del juego y utilizaba la pequeña figura del jugador, un oso, para explorar el escenario animado que le rodeaba.
—Jugando de esa manera, nunca ganarás. Ender sonrió.
—Te he echado de menos en las prácticas, Alai.
—Estaba allí. Pero tenían a tu escuadra en un sitio inaccesible. Parece que ahora eres importante, ya no puedes jugar con los pequeños.
—Eres un codo más alto que yo.
—¡Codo! ¿Te ha dicho Dios que construyas un arca o algo así? ¿O te ha dado por lo arcaico?
—No arcaico, sólo arcano. Secreto, sutil, sinuoso. Ya te echo de menos, perro circuncidado.
—¿No lo sabes? Ahora somos enemigos. La próxima vez que me encuentre contigo en la batalla te azotaré el trasero.
Era burla, como siempre, pero ahora había demasiada verdad detrás. Ahora, cuando Ender oyó a Alai hablar como si todo fuera una broma, le dolió perder a su amigo, y le dolió aún más preguntarse si a Alai le dolía realmente tan poco como aparentaba.
—Puedes intentarlo —dijo Ender—. Te he enseñado todo lo que sabes. Pero no te he enseñado todo lo que sé.
—Siempre he sabido que te reservabas algo, Ender.
Una pausa. El oso de Ender estaba en apuros. Se subió a un árbol.
—No, Alai, no me reservaba nada.
—Lo sé —dijo Alai—. Yo tampoco.
—Salaam, Alai.
—¡Ay! No habrá.
—¿Qué es lo que no habrá?
—Paz. Eso es lo que significa salaam. Que la paz sea contigo.
Las palabras trajeron un eco de la memoria de Ender. La voz de su madre leyendo para él dulcemente, cuando era muy pequeño. «No creáis que he venido a traer la paz al mundo. No he venido a traer la paz, sino la espada.» Ender se había hecho una imagen mental de su madre atravesando a Peter el Terrible de una estocada sangrienta, y las palabras habían permanecido en su mente junto con la imagen.
El oso murió en silencio. Fue una muerte ingeniosa, con música alegre. Alai ya se había marchado. Sintió como si le hubieran arrebatado una parte de él, un puntal interior que sostenía su coraje y su confianza. Con Alai, Ender había llegado a sentir una unidad tan fuerte que le venía a los labios la palabra nosotros más fácilmente que yo, lo que hasta cierto punto era imposible con otros, incluso con Shen.
Pero Alai había dejado algo. Ender, tendido en la cama, dormitando, sintió los labios de Alai en la mejilla mientras murmuraba la palabra paz. El beso, la palabra, la paz estaban todavía con él. «Soy sólo lo que recuerdo, y Alai es mi amigo en el recuerdo con tanta intensidad que no pueden arrancarlo. Como Valentine, el recuerdo más fuerte.»
Al día siguiente se cruzó con Alai en el corredor, y se saludaron, se dieron la mano, hablaron, pero lo dos sabían que ahora había una pared. A lo mejor se podía abrir una brecha en esa pared, en el futuro, pero por ahora la única conversación real entre ellos eran las raíces que ya habían crecido, fuertes y profundas, por debajo del muro, donde no las podían romper.
Lo más terrible, sin embargo, era el temor de que nunca se abriera una brecha en la pared, de que Alai se alegrara de corazón por la separación y estuviera preparado para ser enemigo de Ender. Puesto que ahora no podían estar juntos, debían estar infinitamente distantes, y lo que había sido seguro e inquebrantable era ahora frágil e insustancial. «Desde el momento en que no estamos juntos, Alai es un extraño, porque ahora tiene una vida que no forma parte de la mía, y eso significa que cuando le vea no nos conoceremos.»