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El juego de Ender [Ender's Game - es]

Электронная книга - «El juego de Ender [Ender's Game - es]». Краткое содержание книги:

La Tierra se ve amenazada por los insectores, una raza extraterrestre completamente ajena a los humanos, a los que pretende destruir. Para vencer a los insectores es necesario un nuevo tipo de genio militar, y por ello se ha permitido el nacimiento de Ender, quien en cierta forma constituye una anomalГ­a viviente: es el tercer hijo de una pareja en un mundo que ha limitado estrictamente a dos el nГєmero de descendientes. El niГ±o Ender deberГЎ aprender todo lo relativo a la guerra en los videojuegos y en los peligrosos ensayos de batallas que realiza con sus compaГ±eros. A la habilidad en el tratamiento de las emociones, ya caracterГ­stica de Orson Scott Card, se une en este libro el interГ©s por el empleo de las simulaciones de ordenador y juegos de fantasГ­a en la formaciГіn militar, estratГ©gica y psicolГіgica del protagonista.
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Carn Carby no dejó de ir a felicitar a Ender antes de que concluyera la hora del almuerzo. Era, de nuevo, un gesto cortés, y, a diferencia de Dink, Carby no parecía receloso.

—Acabo de caer en desgracia —dijo con franqueza—. No me creerán cuando les diga que hiciste cosas que nadie había visto hacer. Así que espero que vapulees al mocoso de la próxima escuadra con la que te enfrentes. Como un favor personal.

—Será un favor personal —dijo Ender—. Y gracias por hablar conmigo.

—Creo que te están tratando muy mal. Normalmente, cuando los comandantes ingresan en el comedor por primera vez, se les vitorea. Pero, normalmente, un comandante nuevo tiene unas cuantas derrotas en su haber antes de aparecer por aquí. Sólo hace un mes que llegué. Si alguien se merece un aplauso, ése eres tú. Pero así es la vida. Y Haz que muerdan el polvo.

—Lo intentaré.

Carn Carby se marchó, y Ender lo añadió mentalmente a su lista particular de personas calificadas como seres humanos.

Esa noche, Ender durmió como no lo había hecho desde hacía bastante tiempo. De hecho, durmió tan bien que no se despertó hasta que se encendieron las luces. Se levantó de buen humor, fue a la ducha al trote y no advirtió el trozo de papel que había en el suelo hasta que volvió y comenzó a ponerse el uniforme. Sólo vio el papel porque lo movió el aire que levantó al sacudir el uniforme para ponérselo. Cogió el papel y lo leyó.

PETRA ARKANIAN, ESCUADRA FÉNIX, 07.00

Era su antigua escuadra, la que había dejado apenas hacia cuatro semanas, y conocía sus formaciones de arriba abajo. En parte debido a la influencia de Ender, era la escuadra más flexible, y respondía con relativa rapidez a las nuevas situaciones. La escuadra Fénix podía ser la que mejor capacitada estaba para enfrentarse al ataque fluido y flexible de Ender. Los profesores estaban empeñados en hacerle la vida más interesante.

A las 07.00 decía el papel, y ya eran las 06.30. Algunos de sus chicos podían estar yendo a desayunar. Ender echó a un lado su uniforme, cogió su traje refulgente y en un momento se plantó en la puerta de entrada del cuartel de su escuadra.

—Señores, espero que ayer aprendierais algo, porque hoy vamos a hacerlo otra vez.

Tardaron un momento en comprender que se refería a una batalla, no a una práctica.

—Tiene que ser una equivocación —dijeron—. Nadie ha tenido nunca dos batallas seguidas.

Alargó la nota a Fly Molo, el jefe del batallón A, que gritó inmediatamente «trajes refulgentes», y comenzaron a cambiarse de ropa.

—¿Por qué no nos avisaste antes? —preguntó Hot Soup.

Hot hacía a Ender preguntas que ningún otro se atrevía a preguntar.

—Creí que necesitabais ducharos —dijo Ender—. Ayer, la escuadra Conejo declaró que ganarnos porque el hedor les puso fuera de combate.

Los soldados que le oyeron se rieron.

—No viste el papel hasta que volviste de las duchas, ¿no?

Ender buscó la procedencia de la voz. Era Bean, con su traje refulgente puesto, mirando de forma insolente. «Es el momento de devolver viejas humillaciones, ¿no es así, Bean?»

—Claro —dijo Ender con desprecio—, no estoy tan cerca del suelo como tú. Más risas. Bean enrojeció de ira.

—Está claro que no podemos contar con el viejo estilo de hacer las cosas —dijo Ender—. Por lo tanto, será mejor que contéis con batallas en cualquier momento. Y con frecuencia. No voy a fingir que me gusta que nos presionen así, pero hay una cosa que me gusta: que tengo una escuadra capaz de dominar la situación.

Después de eso, si les hubiera pedido que le siguieran a la Luna sin trajes espaciales, lo habrían hecho.

Petra no era Carn Carby; tenía formaciones más flexibles y respondía con mayor rapidez a los ataques vertiginosos, improvisados, impredecibles, de Ender. En consecuencia, al final de la batalla Ender tenía tres chicos congelados y nueve inutilizados. Petra no fue demasiado exquisita al inclinarse ante él al final de la batalla. La rabia de sus ojos parecía decir: ¿Era tu amiga y me humillas de esta forma?

Ender fingió no advertir su furia. Pensó que tras unas cuantas batallas más se daría cuenta de que le había infligido más bajas que las que ningún otro comandante le infligiría en el futuro. Y seguía aprendiendo de ella. En las prácticas de hoy enseñaría a sus jefes de batallón a contrarrestar los trucos que Petra les había jugado. Pronto serían amigos otra vez.

Esperaba.

Al final de la semana, la escuadra Dragón había librado siete batallas en siete días. El resultado era siete victorias y cero derrotas. Ender no había vuelto a tener tantas bajas como en la batalla con la escuadra Fénix, y en dos batallas no tuvo ni un solo soldado congelado o inutilizado. Nadie creía ya que era el primero de la clasificación por chiripa. Había vencido a las escuadras más importantes por un margen inaudito. Los otros comandantes ya no podían ignorarle. Algunos se sentaban con él durante las comidas, intentando enterarse, por el mismo Ender, de cómo había derrotado a sus oponentes más recientes. Lo decía abiertamente, seguro de que muy pocos sabrían adiestrar a sus soldados y a sus jefes de batallón para que remedaran lo que podían hacer los suyos. Y mientras Ender hablaba con algunos comandantes, grupos mucho más numerosos se reunían alrededor de los oponentes que Ender había derrotado, intentando descubrir la forma de vencer a Ender.

También había muchos, demasiados, que le odiaban. Le odiaban por ser joven, por ser excelente, por haber hecho que sus victorias parecieran ínfimas y débiles en comparación con las de Ender. Ender lo vio primero en sus rostros cuando se cruzaba con ellos en los corredores; luego comenzó a darse cuenta de que algunos se levantaban en grupo y se iban a otra mesa si se sentaba cerca de ellos en el comedor de los comandantes; y entonces empezaron a aparecer codos que, accidentalmente, le daban empellones en la sala de juegos, pies que se enredaban en los suyos cuando entraba o salía del gimnasio, escupitajos y bolas de papel mojado llegaban por detrás mientras trotaba por los corredores. No le podían ganar en la sala de batalla, y lo sabían; por eso le atacarían donde no había peligro, donde no era un gigante sino sólo un chiquillo. Ender los despreciaba; pero secretamente, tan secretamente que ni siquiera él mismo lo sabía, les tenía miedo. Eran precisamente esos pequeños tormentos lo que Peter había utilizado siempre, y Ender comenzó a sentirse demasiado en casa.

Sin embargo, esas molestias eran insignificantes, y Ender se convenció a sí mismo de aceptarlas como otra forma de alabanza. Las otras escuadras ya estaban empezando a imitar a Ender. Ahora, la mayoría de los soldados atacaban con las rodillas dobladas; ahora, las formaciones se estaban rompiendo, y había más comandantes que mandaban a los batallones deslizarse por las paredes. Nadie se había fijado todavía en la organización de cinco batallones de Ender y esto le concedía la pequeña ventaja de que cuando habían contabilizado los movimientos de cuatro unidades, no estaban pendientes de una quinta.

Ender estaba enseñándoles todo lo que sabía sobre tácticas en gravedad cero. Pero, ¿dónde lograría Ender aprender cosas nuevas?

Comenzó a utilizar la sala de vídeos, repleta de vídeos de propaganda sobre Mazer Rackham y otros grandes comandantes de las fuerzas de la humanidad de la Primera y Segunda Invasión. Ender interrumpía las prácticas generales una hora antes y permitía a los jefes de batallón que dirigieran las prácticas en su ausencia. Normalmente, escenificaban escaramuzas entre batallones. Ender se quedaba lo suficiente para comprobar que las cosas iban bien, y luego se iba a ver las viejas batallas.

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