La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]
- Автор: Силверберг Роберт
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: J
- ISBN: 84-334-4024-1
- Переводчик: Domingo Santos
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]». Краткое содержание книги:
Pero los gitanos tienen también otros talentos,. Arrastrados por su tradición errante, siguen vagando, pero hoy no solo a través del espacio, sino también del tiempo: su facultad de espectrar les permite trasladarse a las más remotas épocas, y volver al viejo y ya desaparecido planeta Tierra para contemplar su vida pasada, desde el esplendor de la antigua ciudad de Atlantis hasta el horror de los campos de exterminio nazis.
Y los gitanos mantienen un antiguo sueño: volver a su mundo de origen. Porque ellos nunca fueron nativos de la Tierra. Y así, contemplan desde el cielo de los mil mundos por los que se hallan ahora dispersos la Estrella Romani, de la que tuvieron que huir precipitadamente para salvar sus vidas, y anhelan el día en que podrán regresar a su hogar. Y quien mas lo anhela es Yakoub, el Rey de los Gitanos, un personaje mezcla de Falstaff y Ricardo Corazón de León, que abdicó de su trono para poner las cosas en su sitio y ahora tiene que volver a él para cumplir con el último destino de la raza rom.
—¿El qué?
—Espectrar. Eso es lo que estás intentando hacer. Lo sé.
Mis mejillas ardieron. No crucé mi mirada con la de ella.
—¿Qué te hace pensarlo?
—Yakoub, Yakoub…
—Simplemente estoy repasando mis ecuaciones de segundo grado.
Su mano se apoyó sobre la mía. Su fragancia me mareó.
—Déjame mostrártelo —dijo.
10
La primera vez que espectras es la experiencia más aterradora que hayas experimentado nunca en tu vida. Creo que incluso morir debe ser una bagatela, comparado con ello.
Tu alma se escinde en dos. Parte de ti cae como un trozo de plomo al suelo y la otra parte estalla libre, flotando locamente hacia arriba, una astronave fuera de control dando saltos al azar a través del cosmos. Pero no es sólo por el cosmos por donde estás viajando. Es también por el río del tiempo. Ese río fluye del pasado al futuro, y tú estás yendo a contracorriente.
Ves todo lo que ha existido alguna vez en todo el tiempo y el espacio, y nada de ello tiene el menor sentido para ti. Todo lo que ves lo estás viendo por primera vez. Una silla se explica por sí misma, o una flor, o un pez, y tú eres incapaz de comprender. Andas por un camino y no estás seguro de si vas hacia el este o hacia el oeste, hasta que te das cuenta de que estás yendo en ambas direcciones a la vez. Estás perdido más allá de toda esperanza. Te asfixias en tu propio desconcierto. Desearías poder echarte a llorar, pero no tienes la menor idea de lo que es llorar, o desear.
Un terror primigenio se apodera de ti, un miedo que te sacude como un centenar de terremotos a la vez.
Gente a la que no has visto nunca te sonríe y te saluda…, ¿o te están diciendo adiós? Das cinco pasos colina arriba y descubres que la estás bajando. No hay señales indicadoras. El mundo es agua. El horizonte se curva. Las estrellas caen como lluvia y emiten ardientes chapoteos dorados a todo tu alrededor. Oyes el sonido de llantos; oyes risas; no oyes nada. El silencio resuena como una gran campana. El mundo es un remolino. Empiezas a ahogarte. Alguna criatura obtura tu garganta. Tus ojos giran en tu cabeza. Ese terror primigenio se intensifica, y ahora empiezas a comprender lo que es. Procede del centro del universo. El miedo que sientes es la fuerza que mantiene unidos los átomos del universo. Es la sustancia fundamental. Lo que hace que todas esas partículas se aferren las unas a las otras es el terror: el miedo al caos. A la soledad. A la pérdida. Y con esa comprensión el miedo empieza a disminuir. Todos los lazos de unión van aflojándose, y no importa. Puedes aprender a amar el caos. Todo fluye alejándose de ti desde el centro, y todo está bien.
Cuando el miedo desaparece y los átomos abandonan su cohesión, entonces hallas finalmente pie. Estás flotando libremente en un vacío absoluto. No hay forma de que caigas porque nada existe a tu alrededor. Y en ese vacío eres capaz de efectuar cualquier elección que desees.
Aquí, dices. Iré aquí. Y vas: así, simplemente. Nadie puede verte a menos que tú desees ser visto. No colisiones con nada que esté ya allí porque estás rodeado por algo llamado una zona de interpolación que lo empuja todo fuera de tu camino. Así que deseas ir a Megalo Kastro. Por supuesto: ahí estás, en Megalo Kastro. Y flotas en el aire sobre un humeante cuenco de cálido lodo rosado que se extiende por medio mundo. Un cuerpo desnudo yace oscilando en el seno de aquella estremecida masa fluida. Parece dormido. Soñando. Le sonríes.
—¿Yakoub? —dices. Tu aura crepita. Él abre los ojos. Brillan con fuerza y sin temor. Tu resonante risa lo envuelve —. Nada, Yakoub. Nada. Nada.
¡Qué fácil es, ahora que sabes cómo!
11
Su mano seguía aún apoyada sobre la mía. Cuando hizo un ligero movimiento como para retirarla la retuve, y ella no se resistió.
Dije:
—¿Por qué quisiste ir espectrando a Megalo Kastro la primera vez?
—Para verte.
—¡Pero tú no podías tener la menor idea de que yo existía!
—Oh, sí —dijo —. Por supuesto que sabía que tú existías.
—¿Cómo es posible?
—Porque tú ibas a venir aquí.
—¿Y cómo podías saber tú eso? —pregunté.
—Porque ahora estás aquí —dijo. Y entonces se echó a reír —. ¿No lo comprendes? Nunca hay ninguna primera vez.
Cuatro:
GENTE, LUGARES, MUNDOS
Considerad, por ejemplo, la época de Vespasiano. Veréis todas esas cosas, gente casándose, criando a sus hijos, poniéndose enferma, muriendo, guerreando, celebrando, traficando, cultivando la tierra, halagando, obstinadamente arrogantes, sospechando, complotando, deseando que alguien muera, quejándose del presente, amando, acumulando riquezas, deseando un consulado, el poder real. Bien, la vida de toda esa gente ya no existe en absoluto. Ahora, trasladaos a los tiempos de Trajano. De nuevo, todo es lo mismo. Su vida también ha desaparecido. Observad del mismo modo todas las demás épocas del tiempo y naciones enteras, y ved cuántos han caído después de grandes esfuerzos y se han fundido de nuevo con los elementos. Pero principalmente deberíais pensar en aquellos que vosotros mismos habéis conocido y que se han distraído con cosas ociosas, olvidando hacer lo que estaba de acuerdo con su verdadera naturaleza, y se han aferrado firmemente a ello y se han sentido satisfechos con ello…
¿En qué, entonces, deberíamos esforzarnos? Solamente en esto: pensamientos justos, actos sociales y palabras que nunca mientan, y una disposición que acepte alegremente todo lo que ocurre como algo necesario, como algo normal.