Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Alex se vuelve de golpe.
– ¿Cómo que para mí? ¿Y tú?
– Yo no tengo nada que ver, debo estudiar. Ya he hecho algunos exámenes… Sigo mi camino… ¿Qué haría yo en Nueva York? ¡No conozco a nadie!
– ¿De manera que en un caso así me dejarías?
– ¡Ni en sueños! Ahora, entre Internet, Skype, webcams, redes sociales y demás hay mil maneras de verse y de hablarse incluso en la distancia, y además no cuesta nada… Sería perfecto…
– ¿En serio? ¿Y qué haríamos con el resto?
– ¿A qué te refieres?
– Pues al amor… ¿Cuándo haríamos el amor?
– Dios mío, eres terrible… ¡Sólo piensas en eso!
– ¡De eso nada! Considéralo una pequeña y justificada curiosidad…
– Lo haríamos cada vez que nos viésemos, cuando yo fuese a verte o al revés.
– Ah, claro.
En ese preciso momento pasa otra azafata. Es muy guapa y su mirada se posa sobre Alex. Él se da cuenta y se la sostiene adrede hasta que la chica esboza una sonrisa y se aleja. Sólo después vuelve a mirar a Niki.
– Pues sí, podría ser… Así disfrutaría de un poco más de libertad… -La azafata vuelve a pasar y Alex la detiene-. Perdone.
– Sí -la chica se apresura a acercarse, guapísima y risueña.
– No, esto… Quería saber si para usted sería una molestia… Sí, bueno…
Niki lo escruta curiosa e irritada. Alex la mira y se toma su tiempo en tanto que la azafata lo apremia.
– Dígame…
– ¿Puede traernos un poco más de champán?
– Por supuesto, es para ustedes. -Acto seguido se dirige a Niki-. ¿Usted también quiere más, señora?
En un primer momento Niki responde inspirando profundamente.
– No… -Pero después añade-: Gracias…
La azafata se aleja y apenas desaparece de su vista Niki se vuelve y le da a Alex un puñetazo en la barriga.
– ¡Ay! ¿Estás loca? ¿Se puede saber qué he hecho? Sólo le he pedido una copa de champán…
– De eso se trata… -Le da otro puñetazo-. ¡De la forma en que se la has pedido!
– No es verdad… ¡Eres tú la que la ha interpretado de manera maliciosa!
– ¿Ah, sí? Mira que te doy otro puñetazo más abajo y con eso elimino cualquier otra posible malicia…
– No, no -Alex simula tener miedo-. Te lo ruego, ¡no, Niki! Incluso en el caso de que tuviese un poco más de libertad…, no caería en la tentación…
Justo en ese momento vuelve la azafata.
– Aquí tiene el champán… ¿Está segura de que no le apetece, señora? ¿No ha cambiado de idea?
– No, no, gracias, estoy segura.
La azafata se aleja. Alex bebe un poco.
– Mmm…, está delicioso… -Niki hace ademán de moverse y Alex se pone en seguida a la defensiva- ¡este champán! -Esboza una sonrisa y, poco a poco, el avión se dirige hacia la pista de despegue.
Los motores empiezan a zumbar, aumentan de revoluciones. Después el avión acelera, cada vez más. Niki se aferra al brazo de Alex. Lo aprieta, mira por la ventanilla en el mismo instante en que el aparato se separa del suelo. Es un abrir y cerrar de ojos. A continuación se ven algunas nubes, las olas ligeras del mar un poco más abajo, y una repentina curva a la izquierda… El avión se ladea rumbo a Estados Unidos.
Alex sonríe a Niki mientras le acaricia la mano.
– No tengas miedo…, estás conmigo.
Niki sonríe un poco más tranquila, se arrellana en el cómodo asiento y roba un poco de champán de la copa de Alex mientras lo mira con cierta astucia, o más bien como si fuese un joven guerrero que ha depuesto las armas y que acepta impasible la sencilla derrota. Después se apoya en el hombro de él y se queda dormida. Alex le aparta con dulzura el pelo de la mejilla, descubre sus labios suaves y ya ligeramente enfurruñados, sus ojos cerrados, serenos, sin una gota de maquillaje, que reposan tranquilos aguardando el sueño. Esa inmensa ternura le arranca una sonrisa y, sintiéndose fuerte y seguro, se desliza en su asiento mientras inspira profundamente con la sensación de haber hecho lo correcto. Mantiene la mano apoyada en las piernas de Niki, como si quisiera sentirla siempre allí, próxima, como si fuera un gesto de propiedad, de seguridad, que impida que ella pueda abandonarlo. Pero la conciencia de tenerla a su lado hace que le venga a la mente otra cosa. ¿Cómo es posible que no se me haya ocurrido antes?
Cuarenta
Un poco más tarde. Un ruido. Un repentino bache. Niki se sobresalta, se despierta y mira a su alrededor, temerosa y desconcertada.
– Chsss… Aquí estoy -La mano de Alex le acaricia la pierna y asciende hasta la barriga-. Estoy aquí, todo va bien.
– Pero ¿dónde estamos?
– Creo que estamos sobrevolando España, según he podido comprobar antes. Te has perdido ¿Qué pasó ayer?, una comedia de Todd Phillips, ambientada en Las Vegas. Trata de tres testigos de una boda que pierden al amigo que se va a casar… -En la pantalla que hay delante de Alex pasan los créditos del filme-. Pero, si quieres, podemos verla en Roma cuando la estrenen, o en Nueva York.
– Tonto… -Mira a su alrededor-. ¿Tu azafata no ha vuelto a pasar?
Alex parece preocupado.
– No… Para nada. En serio…
– Qué lástima. Tengo sed. Me gustaría beber un poco de agua.
– Pulsa aquí y vendrá en seguida. -Alex se inclina sobre ella y aprieta uno de los botones del brazo del asiento. Sobre sus cabezas se enciende una lucecita.
Niki lo mira torciendo la boca.
– Hum… ¡Veo que tienes experiencia!
– Pero, Niki, está en todos los aviones, incluso en los de línea… He viajado un poco.
– Lo sé… ¡Pero no me gusta!
– ¡No me digas!
– La idea de disfrutar de un poco más de libertad te ha gastado demasiado… Y eso que ya no estamos tanto juntos.
– Precisamente…
– Y si, siendo así, deseas una mayor libertad, piensa si fuésemos…
En ese momento llega una azafata, pero no es la misma de antes.
– ¿Me han llamado? -Alex y Niki se miran y sueltan una carcajada.
– Sí… Perdone… -Niki vuelve a ponerse seria-. ¿Podría traerme un poco de agua, por favor?
– Por supuesto, se la traigo en seguida.
– Gracias.
– ¿Ves?… -Alex la mira risueño-. El peligro ha pasado.
– Pero ¿qué te has creído? Ni siquiera tenía miedo de la otra. Eres tú el que…
Alex decide encajar el golpe.
– Sí… pero ¿qué estabas diciendo?
– ¿Yo? Nada… -Niki echa balones fuera-. No me acuerdo. Sea como sea, ¿sabes lo que me gustaría mucho? Leer.
– ¿En serio? ¡A mí también!
– Pero no me he traído ningún libro…
Alex sonríe y coge su mochila, que está debajo del asiento.
– Yo me he ocupado de eso…
Saca un grueso volumen. Es de Stieg Larsson. Niki lo mira.
– Los hombres que no amaban a las mujeres. ¿Qué es? ¿Un mensaje?
– Qué mensaje ni qué ocho cuartos… Es una magnífica novela de suspense de un escritor sueco que, por desgracia, ha muerto, pero que aun así está teniendo un éxito increíble en todo el mundo…
Niki lo hace girar entre las manos.
– Pero este libro es enorme… ¡No sé cuándo lo acabaré!
– Podemos leerlo juntos.
– ¿Y cómo? ¡Perdona, pero has dicho que es una novela de suspense! ¿Qué hacemos, lo dividimos en dos partes, yo leo la primera, tú la otra y después nos lo contamos?
Alex sonríe y vuelve a meter la mano en la mochila.
– Tengo dos -dice mientras saca otro ejemplar del mismo libro.
– ¡Así es perfecto! -Niki lo mira con ojos brillantes de enamorada.
Es maravilloso. Demasiado. Nadie ha hecho jamás algo así. Casi la asusta tanta felicidad.
Comienzan a leer con curiosidad, en un primer momento la obra los entretiene, a continuación les apasiona, los subyuga. Siguen leyendo mientras sobrevuelan Portugal y llegan al Atlántico. El avión, ligero y silencioso, prosigue su viaje.