A cualquier precio [Saving Faith - es]
- Автор: Балдаччи Дэвид
- Год: 1999
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «A cualquier precio [Saving Faith - es]». Краткое содержание книги:
Reynolds no sabía si era una pulla velada o no, pero decidió no replicar.
– En fin -prosiguió Connie-, cuando todo acabó, vino a verme uno de los jóvenes arribistas de la oficina central que no sabía ni sostener la pistola y, cortésmente, me comunicó que si no hacía las cosas bien, estaba acabado. Pero había una condición. Si descubría que nuestros amigos mexicanos nos traicionaban, no podría alegarlo como excusa. Relaciones internacionales, me dijo. Tendría que sacrificarme por el bien del mundo. -Le tembló la voz al pronunciar las últimas palabras.
Reynolds se percató de que estaba conteniendo el aliento. Connie no solía hablar tanto. En un diccionario, el retrato de Connie aparecería junto a la definición de «taciturno».
Connie bebió café y se secó los labios con el dorso de la mano.
– Bueno, ¿sabes qué pasó? Descubrí que la filtración procedía de los altos mandos del departamento de policía mexicano, así que marqué la frente de esos cabrones con una enorme equis y me largué. Si mis superiores no querían hacer nada al respecto, bien. Pero, maldita sea, yo no estaba dispuesto a tragarme la mierda de otros. -Miró a Reynolds de hito en hito-. «Relaciones internacionales» -añadió, esbozando una sonrisa amarga. Apoyó los codos en el escritorio.
Reynolds se preguntó si se trataba de una especie de reto.
¿Acaso quería marcarle la frente con una equis o la desafiaba a marcarle la suya?
– Desde entonces, ése ha sido mi lema -dijo Connie.
– ¿Cuál?
– A la mierda las «relaciones internacionales».
21
Agentes del FBI y de la CIA iban y venían por la terminal del aeropuerto, sin que el primer grupo estuviera al tanto de la presencia del segundo. Los hombres de Thornhill, además, sabían que lo más probable era que Lee Adams viajara con Faith Lockhart. Los agentes del FBI sólo buscaban a la mujer.
Lee, sin saberlo, pasó ante una pareja de agentes del FBI vestidos de empresarios con maletines y ejemplares del Wall Street Journal. Los agentes tampoco lo reconocieron a él. Poco antes, Faith había pasado junto a ellos.
Lee aflojó el paso al acercarse al principal mostrador de venta de billetes. Faith hablaba con una empleada. Todo parecía ir bien. De repente, se sintió culpable por no haber confiado en ella. Se retiró a un rincón y esperó.
En el mostrador, Faith enseñó su nueva documentación y compró tres billetes, dos de ellos a nombre de Suzanne Blake y Charles Wright. La empleada apenas miró la foto. Faith dio gracias a Dios, aunque supuso que casi nadie se parecía a la foto del carné de identidad. El vuelo para Norfolk salía al cabo de cuarenta y cinco minutos. El tercer billete estaba a nombre de Faith Lockhart. Era un vuelo con destino a San Francisco que hacía escala en Chicago. Faltaban cuarenta minutos para que saliera. Lo había visto en los monitores. La costa Oeste, una ciudad enorme. Allí podría perderse, conducir por el litoral e incluso escapar a México. No sabía cómo lo haría, pero cada cosa a su tiempo.
Faith explicó que el billete para San Francisco era para su superiora, que llegaría de un momento a otro.
– Tendrá que darse prisa -le advirtió la empleada-. Todavía tiene que facturar y los pasajeros embarcarán dentro de diez minutos.
– No se preocupe -dijo Faith-. No lleva equipaje, así que puede ir directamente a la puerta de embarque.
La empleada le entregó el billete. Faith supuso que no corría riesgos al poner su nombre en el billete porque había pagado los tres billetes con la tarjeta de Suzanne Blake. Además, la única documentación de que disponía aparte de la de Suzanne era la suya propia. 0 compraba el billete a nombre de Faith Lockhart o se quedaba sin él. Todo saldría bien.
No sabía cuán equivocada estaba.
Mientras Lee la observaba, le asaltó un pensamiento. ¡La pistola! Tenía que facturarla antes de pasar por el arco detector o se armaría un buen lío. Corrió hasta el mostrador y sobresaltó a Faith.
La rodeó con el brazo y la besó en la mejilla.
– Eh, nena. Lo siento, la llamada de teléfono se alargó más de la cuenta. -Miró a la empleada y, con toda tranquilidad, dijo-: Tengo que facturar una pistola.
La empleada apenas levantó la mirada.
– ¿Es usted el señor Wright?
Lee asintió. La empleada le pidió los documentos. Lee le mostró su documentación falsa, y ella le selló el billete e introdujo la información en el ordenador. Él le entregó la pistola y la munición y rellenó el formulario. La empleada pegó una etiqueta en el estuche, y Lee y Faith se retiraron del mostrador.
– Lo siento, me había olvidado de la pistola. -Lee miró hacia el arco detector-. Habrán apostado agentes en la puerta. Pasaremos por separado. No pierdas la calma; no te pareces en nada a Faith Lockhart.
Aunque Faith no dejó de sentir el corazón en la garganta, pasaron por el detector sin incidentes.
Cuando se hallaban junto a los monitores con la información de los vuelos, Lee vio su puerta de embarque. -Por ahí -indicó.
Faith asintió al tiempo que observaba la disposición de las puertas. La puerta de embarque para el vuelo de San Francisco estaba bastante cerca, pero un tanto alejada de la de Norfolk. Contuvo una sonrisa. Perfecto.
Mientras caminaban, Faith miró a Lee de reojo. Le había ayudado mucho. Se sentía un poco culpable por lo que iba a hacer, pero estaba convencida de que era lo mejor. Para los dos.
Llegaron a la puerta para el vuelo de Norfolk. Les informaron de que embarcarían al cabo de unos diez minutos. Había bastante gente esperando.
Lee se volvió hacia ella.
– Será mejor que llames a ese servicio de aviones de enlace para el vuelo a Pine Island.
Lee y Faith se dirigieron a un teléfono y ella realizó la llamada.
– Todo arreglado -informó-. Ya podemos relajarnos.
– Bien -dijo Lee con sequedad.
Faith miró en torno a sí.
– Tengo que ir al baño.
– Será mejor que te des prisa.
Faith se alejó rápidamente sin que Lee le quitara el ojo de encima.
22
– ¡Bingo! -exclamó el hombre que estaba sentado frente a la pantalla del ordenador. Se encontraba en una furgoneta estacionada cerca del aeropuerto. El FBI tenía un contacto en las compañías aéreas que controlaba los viajes que realizaban las personas que el organismo perseguía. Con más de un sistema de reservas de vuelos compartido entre compañías aéreas y la llegada de los códigos comunes, el trabajo le resultaba más fácil al FBI. Dicha organización había solicitado que se marcara el nombre de Faith Lockhart en los sistemas de reserva de las principales compañías aéreas. Esa petición acababa de rendir grandes frutos.
– Ha reservado un vuelo para San Francisco que sale dentro de una media hora -dijo por el micrófono de los auriculares-. United Airlines. -Facilitó la información sobre el número del vuelo y la puerta de embarque-. A por ella -ordenó a los hombres que estaban en la terminal. Descolgó el auricular para informar a Brooke Reynolds.
Mientras Lee hojeaba una revista que alguien había dejado en el asiento de al lado, dos hombres trajeados pasaron corriendo junto a él. Al cabo de unos segundos, un par de individuos con vaqueros y cazadoras se alejaron en la misma dirección.
Lee se levantó de un salto, echó un vistazo alrededor y, tras cerciorarse de que nadie más corría hacia allí, siguió al grupo.
Los agentes del FBI, seguidos de los hombres con vaqueros, pasaron por delante de los servicios de señoras instantes antes de que Faith saliera. Ya habían desaparecido entre la multitud cuando ella emergió.
Lee aflojó el paso al verla salir del baño. ¿Otra falsa alarma? Cuando Faith dio la vuelta y echó a andar hacia el otro lado, Lee comprendió que sus temores no eran infundados. Advirtió que Faith comprobaba la hora y aceleraba el paso. Mierda, Lee sabía perfectamente qué haría: tomaría otro vuelo. Y a juzgar por el modo en que había mirado el reloj y había apresurado la marcha, no debía de faltar mucho para que despegara. Mientras se abría paso entre la multitud, recorrió con la vista el pasillo. Había diez puertas delante de él. Se detuvo por unos instantes ante los monitores, leyó rápidamente las salidas y las puertas de embarque correspondientes hasta que vio el mensaje parpadearte de «embarque» de un vuelo de United con destino a San Francisco. También reparó en que ya era la hora de embarque de un vuelo para Toledo. ¿Cuál sería el de Faith? Sólo existía una forma de averiguarlo.