Estrella del mar [Star of the Sea - es]
- Автор: Андерсон Пол Уильям
- Серия: Patrulla del Tiempo #8
- Год: 2000
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-9723-6
- Переводчик: Pedro Jorge Romero
- Жанр: Альтернативная история
Электронная книга - «Estrella del mar [Star of the Sea - es]». Краткое содержание книги:
Levantó la mano antes de que él pudiese pasarle un brazo por encima. Por una ventana abierta entraba la suavidad de la primavera. El tráfico sonaba como un mar distante.
—No tiene sentido fingir felicidad —dijo ella al cabo de un rato.
—Supongo que no. Bien, podemos ir directamente a lo serio. —Extrañamente, eso lo tranquilizó un poco. Se recostó, con el vaso en la mano. Se inhala su aroma delicado tanto como se bebe.
—¿Qué harás a continuación, Manse?
—¿Quién sabe? Nunca tenemos escasez de problemas. —Se volvió para mirarla—. Quiero oír tu relato. Tuviste éxito, evidentemente, porque me hubiesen informado de cualquier anomalía.
—¿Tales como más copias de Tácito?
—Ninguna. Ese único manuscrito existe, y cualquier trascripción que haya hecho la Patrulla, pero ahora no es más que urja curiosidad.
Notó el ligero estremecimiento de Floris.
—Un objeto sin causa, formado de la nada sin razón. Qué universo tan aterrador. Es más fácil no hacer caso a la realidad variable. A veces lamento haber sido reclutada.
—Y también cuando estás presente en ciertos episodios. Lo sé. —Él quería eliminar las infelicidad de sus labios con besos. ¿Debería intentarlo? ¿Podría?
—Sí. —La brillante cabeza se levantó, la voz se hizo más fuerce—. Pero entonces pienso en la exploración, el descubrimiento, la ayuda, y vuelvo a alegrarme.
—Buena chica. Bien, cuéntame tus aventuras. —Una lenta aproximación a la verdadera pregunta—. Todavía no he leído tu informe, porque quería oírlo de ti en persona.
La alegría decayó.
—Mejor que busques el informe si estás interesado —dijo, mirando al otro lado de la habitación hacia la fotografía de la Nebulosa del Velo.
—¿Qué?… Oh. Te resulta difícil hablar de ello.
—Sí.
—Pero tuviste éxito. Aseguraste la historia y de la forma correcta, con paz y justicia.
—Una medida de paz y justicia. Durante un tiempo.
—Eso es lo mejor que los seres humanos pueden llegar a esperar, Janne.
—Lo sé.
—Nos saltaremos los detalles. —¿Fueron realmente tan sangrientos? Mi impresión era que la reconstrucción se había producido con facilidad, y a los Países Bajos les fue muy bien en el Imperio hasta que éste empezó a descomponerse—. Pero ¿no puedes contarme un par de cosas? ¿Qué hay de la gente que conocimos? ¿Burhmund?
El tono de Floris se aligeró un poco.
—Fue amnistiado, como todos los demás. Su mujer y hermana regresaron con él ilesas. Se retiró a sus tierras en Batavia, donde acabó sus días en modesta prosperidad, como una especie de viejo estadista. Los romanos también lo respetaban, y a menudo le consultaban.
»Cerial se convirtió en gobernador de Bretaña, donde conquistó a los brigantes. El suegro de Tácito, Agrícola, sirvió bajo su mando, y según recordarás los historiadores le tenían en buena consideración.
»Clásico…
—No importa por ahora. —La interrumpió Everard—. ¿Veleda… Edh?
—Ah, sí. Después de convocar el encuentro en el río, desaparece de la crónica. —La crónica completa, rescatada por los viajeros temporales.
—Lo recuerdo. ¿Cómo fue? ¿Murió?
—No hasta pasados veinte años, a una edad avanzada para esa época. —Floris frunció el ceño. ¿La asaltaba otra vez el miedo?—. Me pregunto una cosa, ¿no crees que su suerte habría interesado lo suficiente a Tácito como para mencionarla?
—No si pasó a la oscuridad.
—No exactamente. ¿Podría ser que haya estado causando mi propio cambio en el pasado? Cuando informé de mis dudas se me ordenó continuar y se me dijo que, efectivamente, era parte del pasado histórico.
—Vale, en ese caso lo era. No te preocupes. Podría ser un fallo trivial en la causalidad. Si es así, no importa. Sucede a menudo y no tiene consecuencias de importancia. O podría ser directamente achacable a que Tácito no conocía, o no le importaba, el destino de Veleda una vez que dejó de ser una fuerza política. Así fue, ¿no?
—En cierta forma. Aunque… el programa que inventé y propuse, y que la Patrulla aprobó, se me ocurrió por lo que sabía, lo que había visto, antes de saber que la Patrulla existía. Animé a Edh, predije lo que haría y debía hacer, me encargué de los arreglos pertinentes, cuidé de ella, aparecía ante ella cuando parecía que necesitaba a su diosa… —Una vez más Everard captó la inquietud de Floris—. El futuro estaba creando el pasado. Espero no tener que enfrentarme a otra experiencia igual. No es que fuese horrible. No, valió la pena, sentía que justificaba mi vida. Pero… —Dejó de hablar.
—Es misterioso —le dijo Everard—. Lo sé.
—Sí —murmuró—. Tú tienes tus propios secretos, ¿no?
—No con la Patrulla.
—Con los que te importan. Cosas de las que te dolería demasiado hablar, o que a ellos les dolería demasiado oír.
Esto ha estado demasiado cerca.
—Vale, ¿qué hay de Edh? Confío en que la hicieses lo más feliz posible. —Hizo una pausa—. Estoy seguro de que así fue.
—¿Has estado alguna vez en la isla de Walcheren? —preguntó Floris.
—Humm, no. Está cerca de la frontera belga, ¿no? Espera. Recuerdo vagamente que comentaste algo de unos descubrimientos arqueológicos.
—Sí. En su mayoría piedras con inscripciones latinas, del segundo o tercer siglo. Ofrendas de agradecimiento por un viaje seguro a Britania y de vuelta. La diosa a la que están dedicadas tenía un altar en uno de los templos del norte. Está representada en alguna de las piedras, con una nave o un perro, a veces llevando un cuerno de la abundancia o rodeada de fruta y grano. Su nombre era Nehalennia.
—Entonces era muy importante, al menos en esa zona.
—Hacía lo que se suponía que hacían los dioses: dar coraje y solaz, hacer que los hombres fuesen un poco más decentes de lo que habrían sido sin ella y, en ocasiones, abría sus ojos a la belleza.
—¡Espera! —Everard se sentó derecho. Un escalofrío le recorría la espalda—. Esa diosa de Veleda…
—La antigua diosa nórdica de la fertilidad y el mar, Nerthus, Niaerdh, Naerdha, Nerha, muchas versiones diferentes del nombre. Veleda la convirtió en la divinidad vengadora de la guerra.
Everard miró a Floris durante un intenso momento antes de decir:
—E hiciste que Veleda la declarase una vez más pacífica y que la llevase al sur. Ésa… ésa es una de las operaciones más maravillosas que he oído.
Ella apartó la mirada.
—No, realmente no. El potencial estaba allí, especialmente en la misma Edh. Era toda una mujer. ¿Qué hubiese podido hacer en una época con mayor suerte?… En Walcheren a la diosa se la llamaba Neha, Se había vuelto incluso una divinidad marítima y agrícola menor. Todavía conservaba una primitiva asociación con la caza. Veleda llegó, revitalizó el culto, le dio elementos nuevos adecuados a la civilización que estaba transformando a su gente. Finalmente acabaron hablando de la diosa con una coletilla latina, Neha Lenis, Neha la Benévola. Con el tiempo, se convirtió en Nehalennia.
—Debe de haber tenido mucha importancia, si todavía la veneraban siglos después.
—Evidentemente. Alguna vez me gustaría seguir la historia, si la Patrulla puede permitirse prescindir de mi línea vital tanto tiempo. —Floris suspiró—. Al final, claro está, el Imperio cayó, los francos y salones devastaron por ahí y, cuando se estableció un nuevo orden de cosas, era cristiano. Pero me gusta imaginar que algo de Nehalennia persistió.
Everard asintió.
—A mí también y, por lo que dices, bien podría sen Muchos de los santos medievales eran dioses paganos disfrazados, y aquellos que eran personajes históricos adoptaban los atributos de los dioses, en el folclore de la misma Iglesia. Todavía se celebraba el solsticio, pero ahora en honor a san Juan. El santo Olaf luchaba contra monstruos y trols como Thor antes que él, Incluso la Virgen María tiene aspecto de Isas, y me atrevería a decir que muchas de las leyendas sobre ella fueron originalmente mitos locales… —Él movió la cabeza—. Ya sabes todo esto. Y me estoy yendo por las ramas. ¿Cómo fue la vida de Edh?