Los asesinos ocultos
- Автор: Уилсон Роберт
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los asesinos ocultos». Краткое содержание книги:
Sometido a la presión tanto de los medios En Escocia en pleno siglo XIV, el clan de los Fitzhugh asesina a toda la familia de Morganna Kil Creggar, la protagonista de esta novela pasional, humorística y llena de fuerza. Alta, delgada y atractiva, Morganna jura venganza por este acto al clan enemigo y, para llevar a cabo su cometido, se viste de chico y se hace llamar Morgan. Ello le brinda la oportunidad de trabajar como escudero para Zander Fitzhugh, un miembro del clan y caballero empeñado en unificar su tierra y liberarla del dominio inglés, como del sector político, el inspector Javier Falcón descubre que el terrible suceso no es lo que parece. Y cuando todo apunta a que se trata de una conspiración, Falcón descubre algo que le obligará a dedicarse en cuerpo y alma a evitar que se produzca una catástrofe aún mayor más allá de las fronteras españolas.
– ¿Qué antecedentes tienen?
– Estos son sus nombres verdaderos. Actuaban con muchos seudónimos. Son sospechosos de terrorismo entre grado medio y alto, lo que significa que no es probable que cometan un atentado, pero que se sospecha que puedan haber falsificado documentación y llevado a cabo actividades de reconocimiento y logística. Los dos tienen parientes que han sido miembros activos de la GIA: Grupo Islámico Armado.
– ¿Cómo los conoció Trabelsi?
– Todos son inmigrantes ilegales. Llegaron juntos por el Estrecho, en la misma remesa. Hammad y Saoudi se hicieron amigos suyos. Lo llevaron a Madrid y lo ayudaron a conseguir papeles. Luego le pidieron un favor a cambio.
– Su labia, ¿no le pareció sospechosa? -preguntó Calderón.
– Le pareció mejor no pensar en ello -dijo Gregorio-. Trabelsi no es muy listo.
– ¿Qué pasó con la furgoneta? -preguntó Ramírez.
– Amar ha trabajado con su tío haciendo repartos. También hizo algunas cosillas por su cuenta, para sacar un dinero extra. Recados, algunos para Hammad y Saoudi. Y un día le piden prestada la furgoneta; la primera vez una tarde, la segunda un día entero. Todo ocurrió poco a poco, de manera que cuando le pidieron la furgoneta por tres días para ir a Sevilla y le dijeron que le darían doscientos cincuenta euros, Trabelsi sólo vio el dinero.
– ¿Cómo se lo explicó a su tío Mohammed? -preguntó Ramírez.
– Le alquiló la furgoneta a treinta euros por día -dijo Gregorio-. Puede que no sea muy inteligente, pero aun así se dio cuenta de que sin hacer nada se sacaría ciento sesenta euros.
– Es de suponer que sabe dónde viven Hammad y Saoudi.
– En estos momentos están registrando el apartamento.
– ¿Cuándo se escondió exactamente Amar? -preguntó Ramírez-. ¿Cuándo se enteró de lo de la bomba, o cuando se divulgó que se había encontrado la Peugeot Partner?
– En cuanto se enteró de lo de la bomba -dijo Gregorio.
– Así que ya imaginaba que probablemente sus amigos no eran unos tipos cualquiera.
– ¿Y qué me dice de la relación de esos dos con el imán Abdelkrim Benaboura -dijo Falcón-, aparte del hecho de que son argelinos?
– Por el momento la única relación que veo es que Benaboura nació en Tlemcen, lo que no significa gran cosa.
– Nos ha contado más del imán uno de los fieles de la mezquita que el CNI y el CGI juntos -dijo Falcón.
– Todavía no tenemos autorización para acceder a más información -dijo Gregorio-. Y eso incluye a Juan, que, como es probable que hayan deducido, es un agente de rango muy superior.
– El imán pinta algo en todo esto -comentó Ramírez-. Estoy seguro.
– ¿Y qué me dice de ese grupo, el MILA, que, según las noticias de televisión, ha reivindicado el atentado? -preguntó Falcón.
– Que nosotros sepamos, ese grupo no se dedica al terrorismo -dijo Gregorio-. Hemos oído hablar de su intención de «liberar» Andalucía, pero nunca nos lo hemos tomado en serio. Teniendo en cuenta la actual organización militar de España, tan sólo una potencia importante podría invadir y mantener una región del país. Los vascos no lo han conseguido, y ni siquiera tenían que invadir su país.
– Y el CGI de Madrid, ¿sabía que Hammad y Saoudi estaban en España? -preguntó Calderón.
– No -dijo Gregorio-. No es tan fácil como parece seguir el rastro de radicales desconocidos en medio de una enorme población inmigrante que cambia constantemente, algunos de los cuales son legales y otros han entrado de forma ilegal por el Estrecho. Sabemos, por ejemplo, que algunas de estas personas llegan, realizan dos o tres tareas en este país y luego los reemplazan gente de Francia, Alemania o los Países Bajos. A menudo no tienen ni idea de cuál es el propósito de lo que hacen. Entregan un paquete, llevan a alguien en coche a algún lado, consiguen dinero con tarjetas de crédito robadas, viajan en tren a ciertas horas para informar del número de pasajeros y de cuánto para el tren en cada estación, o les piden que vigilen un edificio e informen de sus medidas de seguridad. Aun cuando les cogiéramos y les hiciéramos confesar cuál era su cometido, cosa que no es fácil, todo lo que tendríamos es una operación de entre el centenar que quizás hacen falta para llevar a cabo un atentado importante, o podría ser algo que al final no acaba teniendo ninguna utilidad.
– ¿Alguien tiene alguna opinión de lo que Hammad y Saoudi podrían haber estado haciendo? -preguntó Falcón.
– No tenemos suficiente información -dijo Gregorio-. Esperamos saber más después de registrar el apartamento.
– ¿Y qué me dice del pasamontañas y el fajín islámicos? -dijo Ramírez-. ¿No es eso lo que llevan los comandos cuando se graban en vídeo antes de una misión suicida?
– El CGI no hace ningún comentario sobre eso -dijo Gregorio-. Basándose en el interrogatorio a Trabelsi Amar, creen que los tipos se ocupaban de la logística, y nada más.
Ramírez les informó de la entrega de cajas en la mezquita, de la inspección del ayuntamiento la semana anterior, del corte de energía eléctrica el sábado por la noche y de la reparación de los electricistas del lunes por la mañana. Falcón se guardó lo averiguado en su entrevista con Diego Torres, de Informaticalidad, hasta que obtuviera más información de los vendedores.
– ¿Sabemos algo más del explosivo utilizado? -dijo Calderón.
– Los artificieros me han entregado su informe -dijo Elvira-. Basándose en la investigación preliminar en el lugar del atentado, la distancia del epicentro hasta donde se encontraron los restos que llegaron más lejos, y el grado de destrucción de las dos primeras plantas del edificio, su cálculo más conservador estima que se hizo estallar el triple de hexógeno del que era necesario, si es que su intención era destruir el bloque de pisos.
– ¿Y qué deducen de eso? -preguntó Calderón-. ¿O eso lo dejan a nuestras mentes inexpertas?
– Eso es lo que en este momento están redactando -dijo Elvira-. Verbalmente me han dicho que para destruir un edificio de este tamaño, con los rudimentos de demolición que se pueden encontrar con facilidad en internet, con veinte kilos de hexógeno habrían tenido suficiente. Dicen que el hexógeno suele usarse en trabajos de demolición, pero sobre todo para partir sólidas vigas de acero. Veinte kilos de explosivo, colocados en un edificio corriente de cemento armado, derrumbarían todo el bloque, no sólo la sección que quedó destruida. De lo que deducen que el explosivo estaba colocado en un solo lugar del sótano, más hacia la parte de atrás que la de delante, de ahí el daño causado a la guardería. Creen que quizá estallaron cien kilos de hexógeno.
– Eso parece suficiente para iniciar una seria campaña de atentados en Sevilla -dijo Calderón-. Y si se trata de ese grupo que planea liberar toda Andalucía…
– Probablemente no ha visto las últimas noticias -dijo Elvira-,pero toda la región está en alerta roja. Han evacuado la catedral de Córdoba y la Alhambra y el Generalife de Granada. Hay patrullas especiales en los centros turísticos de la Costa del Sol, y más de veinte controles de carreteras en la N340. La Marina vigila las costas, y hay cazas de las Fuerzas Aéreas en los aeropuertos importantes. Más de cuarenta helicópteros recorren las principales carreteras. Zapatero se ha tomado esta amenaza muy en serio.
– Tiene como ejemplo el final de las ambiciones políticas de su predecesor -dijo Calderón-. Y nadie quiere ser el presidente que perdió Andalucía a manos musulmanas tras quinientos años de dominio español.
No tenían muchas ganas de reírse del cinismo de Calderón. Toda aquella actividad descrita por Elvira poseía una gran intensidad, y como para reforzar sus palabras, un helicóptero pasó rápidamente sobre sus cabezas, como si fuera el último envío a un nuevo punto de crisis. Falcón rompió el silencio.