Los asesinos ocultos
- Автор: Уилсон Роберт
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Los asesinos ocultos». Краткое содержание книги:
Sometido a la presión tanto de los medios En Escocia en pleno siglo XIV, el clan de los Fitzhugh asesina a toda la familia de Morganna Kil Creggar, la protagonista de esta novela pasional, humorística y llena de fuerza. Alta, delgada y atractiva, Morganna jura venganza por este acto al clan enemigo y, para llevar a cabo su cometido, se viste de chico y se hace llamar Morgan. Ello le brinda la oportunidad de trabajar como escudero para Zander Fitzhugh, un miembro del clan y caballero empeñado en unificar su tierra y liberarla del dominio inglés, como del sector político, el inspector Javier Falcón descubre que el terrible suceso no es lo que parece. Y cuando todo apunta a que se trata de una conspiración, Falcón descubre algo que le obligará a dedicarse en cuerpo y alma a evitar que se produzca una catástrofe aún mayor más allá de las fronteras españolas.
Justo antes de comer, a eso de las dos, hubo un paréntesis en la actividad de la redacción. El tráfico que se dirigía hacia el despacho del director se había calmado. Ángel aprovechó la oportunidad.
– Probablemente tendremos que suprimir tu columna al menos unos cuantos días -dijo el director en cuanto vio que Ángel entraba por la puerta.
– Claro -dijo Ángel-. Nadie quiere chismorreo político en un momento como este.
– ¿Qué quieres de mí, entonces? -dijo el director, interesado ahora que sabía que Ángel no había ido a discutir.
– Casi todo lo que saldrá en el periódico de mañana serán noticias muy duras, muchas desgarradoras, con relatos de la destrucción de la guardería y de la muerte de los niños. Las únicas historias positivas serán sobre las excelencias de los servicios de emergencia, y he oído decir que hay un superviviente. Vas a escribir un editorial que captará el estado de ánimo de la ciudad, que reaccionará a la recepción del texto de Abdulá Azzam, y que afirmará que no hemos avanzado nada desde el 11-S, como a todos les gustaría creer.
– Muy bien, Ángel, ya me has dicho cuál es mi trabajo -dijo el director-, ahora puedes añadir qué te propones.
– Una visión de esperanza -dijo, entregándole la página que acababa de componer-. En estos momentos de crisis, hay un joven enérgico y competente que espera en el banquillo, que puede hacer de Andalucía un lugar seguro y próspero donde vivir.
El director le echó un vistazo a la página, asimiló su contenido, asintió y emitió un gruñido.
– Así que los rumores que corren de Eduardo Rivero son ciertos.
– No sé muy bien a qué te refieres.
– Vamos, Ángel -dijo el director, haciendo un gesto desdeñoso con la mano-. Le pillaron con los pantalones bajados.
– No creo que haya nada de verdad.
– Con una menor. Hasta dicen que hay un DVD.
– Nadie lo ha visto.
– Hay muchísimos rumores, y ahora esto… -dijo el editor, sacudiendo la página-. Si no fuera por lo de la bomba, haría que alguien escarbara en la mierda de tu viejo amigo.
– Mira, lleva mucho tiempo planeándolo -dijo Ángel-. Y ahora, después de lo de la bomba, le parece que ha llegado el momento de hacerse a un lado y dejar que alguien más joven se haga con las riendas del partido. A final de año cumplirá setenta.
– Así que ya tenemos a la primera víctima política de la bomba.
– No debemos verlo de ese modo -dijo Ángel-. Es un cambio precipitado, y es como decir que el cambio es lo que necesitamos si queremos sobrevivir a este reto a nuestras libertades.
– Eres una persona seria, Ángel. ¿Qué ha pasado con aquel periodista que con su pluma afilada desinflaba los egos que no eran más que charlatanería?
– A lo mejor mi cinismo es otra víctima de la bomba.
– Siempre te quejas de que no pasa nada -dijo el director-, y ahora… crees en ese tipo, y sin embargo hasta ahora no has escrito ni una línea sobre él.
– Como acabas de señalar -dijo Ángel-, mi columna se dedicaba principalmente a deshinchar egos. Jesús Alarcón no ha desarrollado un ego que haya que pinchar. Con discreción, ha hecho que Fuerza Andalucía pasara de ser una organización con una pequeña deuda a recibir aportaciones regulares de afiliados y empresarios. Ha hecho una labor asombrosa, aunque con poco carisma.
– ¿Y qué te hace pensar que tiene personalidad para tenerlo?
– Lo he visto esta mañana -dijo Ángel-. Ha aprendido a tener mucho…
– ¿Se puede aprender a tener carisma?
– El carisma no es más que una forma intensa de fe en ti mismo -dijo Ángel-. Jesús Alarcón siempre ha tenido esa seguridad. Es ambicioso. Ha tenido que afrontar serios reveses personales, lo que, para mí, da una medida del hombre mucho más atinada que su capacidad para manejarse en las finanzas internacionales. Posee esa fuerza interior y ese sentido común que poseía nuestro presidente anterior. Tú conoces la política. Es como el boxeo. Está muy bien ser rápido de puño y tener buen juego de piernas, pero incluso los mejores boxeadores reciben golpes muy duros, y si no sabes encajar el castigo estás acabado. Jesús Alarcón tiene todas estas cualidades, y ahora que le han ofrecido el liderazgo, veo que emerge en él esa indefinible cualidad que hará que la gente quiera seguirlo.
– Muy bien -dijo el director, pensando en ello de manera favorable-. Una nueva cara para una nueva era. Escríbeme un perfil. Y por cierto, estoy de acuerdo contigo en lo del carisma, en que es una forma intensa de fe en uno mismo. Pero también hay en el carisma algo que ciega. El amigo más íntimo del carisma puede acabar siendo la corrupción: creer que puedes hacer lo que sea con impunidad. Espero que Jesús Alarcón no acabe convirtiéndose en una figura trágica.
– No es un hombre hueco -dijo Ángel-. Ha sufrido y ha salido adelante.
– Pues que no se le olvide ese sufrimiento -comentó el director-. A todo político deberían resonarle en los oídos las palabras de la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Pilar Manjón: «Sólo piensan en sí mismos».
La policía científica de Madrid había estado trabajando de firme en el piso utilizado por Djamel Hammad y Smail Saoudi. Sujeto con cinta adhesiva en la parte inferior de una bombona de butano habían encontrado una serie de documentos de identidad y pasaportes robados y falsificados, con fotos de dos hombres cuyas descripciones encajaban con las dadas por Trabelsi Amar a la brigada de homicidios de Sevilla. También descubrieron 5.875 euros en billetes pequeños divididos en tres paquetes distintos ocultos por el piso. El ADN generalmente se obtenía de pelos y vello púbico encontrados en el cuarto de baño. En la mesa de la cocina encontraron una libreta con marcas de lo que habían escrito encima, que resultaron ser complicadas indicaciones para llegar a una propiedad situada en el suroeste de Madrid, no muy lejos de un pueblo llamado Valmojado. La casa situada cerca del río Guadarrama estaba vacía, sin trazas de haber sido habitada recientemente. La policía concluyó que era sólo un lugar de paso, donde dejaban y recogían material. La casa estaba alquilada a nombre de un español cuyo carné de identidad era falso. A los propietarios les habían pagado seis meses por adelantado, por lo que no habían hecho muchas preguntas. La policía científica aún estaba investigando el lugar, pero hasta el momento no habían encontrado ni rastro de explosivos. La Guardia Civil había interrogado a gente del pueblo, entre ellos algunos pastores, y dedujeron que en los cuatro meses que llevaba alquilada una furgoneta blanca había ido cinco veces. Tres de aquellas visitas correspondían más o menos a las veces que Trabelsi Amar les había prestado la Peugeot Partner a Hammad y Saoudi.
Aquel escenario presentaba otra complicación: si las instrucciones para llegar a la casa aislada habían sido escritas hacía poco por Hammad en su piso de Madrid, eso implicaba que aquella visita del domingo a mediodía había sido la primera. Lo que a su vez implicaba que las otras veces que le habían pedido prestada la furgoneta a Trabelsi Amar se la habían prestado a otros para que fueran a la granja. Un indicio más claro de que no eran Hammad ni Saoudi los que visitaban la granja, sino otros, procedía de los testigos oculares, que indicaban haber visto a seis personas distintas, entre ellas una mujer. Esta información fue como una inyección de adrenalina en el CGI de Madrid, quienes concluyeron que Hammad y Saoudi actuaban dentro de una red mucho más amplia de lo que pensaban. Se pusieron en contacto con las agencias de inteligencia principales, pero ninguna de ellas había «oído campanas» de que se planeara un atentado en España. Ahora se temía que el trabajo logístico de Hammad y Saoudi formara parte de un plan de más alcance.