Las Baladas Del Ajo
- Автор: Янь Мо
- Язык: испанский
- Переводчик: Carlos Osses Torron
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Las Baladas Del Ajo». Краткое содержание книги:
La trama tiene lugar en el Condado Paraíso, una zona rural de China que apenas ha conocido cambios sociales en las últimas generaciones. Pero la pobreza desatará pasiones feroces que rompen con las antiguas tradiciones.
El Gobierno ha animado a los granjeros a plantar grandes campos de ajo. Éstos recorren enormes distancias con su cosecha, pagan elevados impuestos y, al final, descubren que es imposible venderlo porque los almacenes estatales están repletos. Los campesinos se sublevan y la represión se acentúa pero, incluso encarcelados, aún florecen entre ellos el amor y la lealtad.
– No esperes misericordia de nosotros -gritó Número Dos-, ¡eres una puta apestosa y desvergonzada!
Un reguero de sangre salió de la pálida nariz de Gao Ma. Fluía y fluía, al principio negra y luego de color rojo brillante.
– Que sepas que va contra la ley golpear a los demás -tartamudeó, con las mejillas crispadas y la boca retorcida, dibujando una mueca.
– La engañaste para que se escapara contigo y eso sí va contra la ley -dijo el adjunto Yang-. No sólo robaste la futura esposa de un hombre, sino que también destruiste los planes de boda de tres parejas. Deberían encerrarte durante veinte años.
– No hice nada ilegal -se defendió Gao Ma, sacudiendo lateralmente la cabeza para limpiar la sangre de su nariz-. Jinju nunca se registró como la esposa de Liu Shengli, así que no está legalmente casada con nadie. Tratasteis de obligarla a que se casara con él violando la Ley de Matrimonio. ¡Si alguien tiene que ser encerrado, sois vosotros!
El adjunto Yang apretó los labios y dijo a los hermanos Fang:
– Vaya lengua más afilada tiene.
Segundo Hermano lanzó su puño contra el vientre de Gao Ma. ¡Uff! Gao Ma lanzó un gruñido mientras se doblaba, tambaleándose un par de pasos y desplomándose en el suelo.
Los hermanos no perdieron tiempo. Segundo Hermano comenzó a dar patadas a Gao Ma en las costillas y en la espalda y, como por las noches practicaba artes marciales en la era, con cada patada hacía que su víctima se enroscara y gritara por su vida. Hermano Mayor trató de lanzar unas cuantas patadas, pero su pierna coja apenas podía soportar el peso de su cuerpo, y para cuando su pierna buena estaba ladeada y preparada para avanzar, Segundo Hermano ya había enviado a Gao Ma rodando fuera de su alcance. Finalmente consiguió impactar una patada en su objetivo, pero con muy poca fuerza y, lo que es peor, se cayó al suelo y permaneció en él mucho tiempo antes de poder ponerse de pie.
– ¡Dejad de pegarle! ¡Yo le supliqué que me llevara con él! -rogó Jinju mientras luchaba por ponerse de pie agarrándose a un tallo de yute.
Pero cuando apoyó el peso del cuerpo sobre su pierna dañada, unos dolores espantosos llegaron a su cerebro, haciendo que volviera a caerse al suelo, mientras de su garganta salía un torrente de gritos secos. Finalmente, se vio obligada a gatear de una planta de yute a otra.
Mientras tanto, Gao Ma estaba rodando entre el polvo, con el rostro empapado de sangre y barro. Segundo Hermano siguió dándole patadas sin piedad, como si fuera un saco de arena, y cada una de las patadas iba acompañada de gritos de «¡vuelve a darle una patada!» por parte de Hermano Mayor, que saltaba en el aire como si estuviera sobre un trampolín.
– ¡Más fuerte! ¡Mata a ese maldito hijo de puta! -El rostro de Hermano Mayor estaba desencajado y las lágrimas inundaban sus ojos.
Después de llegar arrastrándose hasta el borde de la carretera, Jinju se puso de pie y dio un par de pasos titubeantes, pero enseguida se encontró con una patada voladora en el vientre que le dio Segundo Hermano. Ella gimió mientras caía al suelo y rodaba por el campo.
Gao Ma, al que ya le resultaba imposible hablar, todavía era capaz de rodar, algo que le venía muy bien al sudoroso Segundo Hermano, cuyas patadas seguían golpeando en su cuerpo.
– ¡Lo vas a matar! -Jinju había vuelvo a gatas a la carretera.
El adjunto Yang echó a correr, se colocó entre Segundo Hermano y Gao Ma y dijo:
– Muy bien, Número Dos, ya es suficiente.
Gao Ma había rodado hasta el borde de la carretera y tenía el rostro manchado por el barro que cubría el campo de pimientos, mientras sus brazos atados se movían nerviosamente por encima de los dedos púrpuras, que parecían hongos venenosos. El adjunto Yang se acercó a él con gesto de preocupación, lo cargó a su espalda y colocó el dedo por debajo de su nariz para ver si todavía respiraba.
¡Han matado a Gao Ma! Jinju v¡o miles de puntos dorados, que cambiaban de color hasta formar un arco verde en el aire por encima de su cabeza. Estiró el brazo, pero no fue capaz de atraparlos. Algunas veces pensaba que había atrapado uno, pero cuando abría la mano, había desaparecido. Un nauseabundo sabor dulce ascendía desde lo más profundo de su garganta y, cuando abrió la boca, un reguero rojo salió de ella y fue a parar a una rama blanquecina que se encontraba delante de ella. ¡Estoy tosiendo sangre! Al principio se asustó. ¡Estoy tosiendo sangre! Luego se sintió afortunada: sus temores, sus preocupaciones, sus problemas, se habían volatilizado como una nube de vapor, dejando solamente un almibarado pesar alrededor de su corazón.
– ¡Eres un maldito vengador! -maldijo el adjunto Yang a Segundo Hermano-. Se supone que tenías que darle una lección, y no matarle.
– Nos llamaste basura despreciable.
– Porque no sabéis cuidar de vuestra propia hermana. En ningún momento dije que pudieras matarle.
– ¿De verdad está muerto? ¿Lo está? -preguntó Hermano Mayor con voz nerviosa-. Adjunto Yang… yo no le di ninguna patada.
– ¿Eso es todo lo que tienes que decir? -le preguntó Segundo Hermano, mirándole con los ojos inyectados en sangre-. Todo esto lo hacemos para que te puedas casar.
– No he querido decir eso.
– Entonces, ¿qué has querido decir?
– Dejad de discutir -cortó en seco el adjunto Yang-, y movedlo hacia la carretera.
Los hermanos entraron en el campo de pimientos, cogieron a Gao Ma sujetándole por la cabeza y los pies, y le sacaron a la carretera. En cuanto le dejaron extendido, Hermano Mayor se derrumbó en el suelo, sin aliento.
– Daos prisa y desatadlo -ordenó el adjunto Yang.
Los hermanos cruzaron las miradas, sin decir una palabra, aunque parecían estar dispuestos a hacerlo. Segundo Hermano dio la vuelta a Gao Ma y le puso boca abajo, mientras Hermano Mayor se acercó a él cojeando y trató de soltar el nudo. A través de los puntos verdes que le rodeaban, las grandes manos de Hermano Mayor, con sus dedos nudosos y huesudos, le parecieron a Jinju dos abanicos. Estaba demasiado agitado como para deshacer el nudo.
– ¡Utiliza los dientes! -gritó el adjunto Yang a Hermano Mayor, que levantó la mirada con una expresión patética en su rostro antes de arrodillarse junto a Gao Ma y tratar de aflojar el testarudo nudo con los dientes, como si fuera un chucho escuálido royendo un hueso. Cuando por fin consiguió desatar el nudo, el adjunto Yang le sacó del camino y tiró de la cuerda, como si tratara de arrancar un tendón del cuerpo de Gao Ma. Una vez que pudo quitar la cuerda, cargó a Gao Ma sobre su espalda y volvió a colocar un dedo debajo de su nariz.
El corazón de Jinju comenzó a encogerse y todo su cuerpo se sacudió mientras una bocanada de aire frío ascendió en su interior. ¡Le han matado y todo por mi culpa! Hermano Mayor Gao Ma… Mi. querido Hermano Mayor Gao Ma… El corazón encogido de Jinju se volvió a relajar e, inmersa en su dicha de pesar almibarado, volvió a ascender lentamente más líquido rojo y dulce por su garganta. Las ramas de yute y las hojas crujieron; la luz del sol era cegadora; decenas de miles de chispas rojas y cálidas danzaban libremente en los campos de guindillas del Condado Caballo Pálido; y un potro de color castaño salió al galope del campo, agitando la cola alegremente mientras corría entre las chispas que lanzaban sus herraduras como si fueran diminutas piedras preciosas. Las campanillas que colgaban alrededor de su cuello emitían un tono agudo y melódico.
La bronceada piel del rostro hinchado de Gao Ma brillaba bajo la sangre y el barro. Estaba tumbado en el suelo, con las piernas rectas y los brazos extendidos con rigidez a lo largo de los costados. El adjunto Yang colocó la oreja sobre su pecho. Jinju escuchó el intenso y potente latido del corazón de Gao Ma, que iba acompasado con el ritmo de las pisadas del potro: las pisadas de sus pezuñas eran el palpitar de un pequeño tambor, los latidos del corazón eran el sonido de un tambor más grande.