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Espí­a de Dios

Электронная книга - «Espí­a de Dios». Краткое содержание книги:

Roma, 2 de abril de 2005. El Papa Juan Pablo II acaba de morir y la plaza de San Pedro se llena de fieles dispuestos a darle el último adiós. Al mismo tiempo, se inician los preparativos para el cónclave del que ha de salir el nombre del nuevo Sumo Pontifice. Pero justo entonces los dos cardenales mejor situados del ala liberal de la Iglesia, Enrico Portini y Emilio Robayra, aparecen asesinados siguiendo un mismo y macabro ritual que incluye la mutilación de miembros y mensajes escritos con simbología religiosa. Un asesino en serie anda suelto por las calles de Roma, y la encargada de perseguirlo será la inspectora y psiquiatra criminalista Paola Dicanti. Durante la investigación, la joven detective se adentrará en los más oscuros secretos del Vaticano, aquellos que hablan de conspiraciones nada decorosas y de la existencia de un centro donde se rehabilita a sacerdotes católicos con historial de abusos sexuales. A la cruel astucia del psicópata se unen las trabas que los servicios de seguridad del Vaticano ponen a la investigación: oficialmente las muertes de los cardenales no están ocurriendo y el cónclave debe celebrarse con normalidad. La aparición del padre Fowler, un ex militar norteamericano, supondrá un nuevo desafío para Dicanti, reacia a confiar en el misterioso sacerdote. Pero Fowler conoce el nombre del asesino y guarda un secreto aún más temible: su propio pasado.
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Angelo les esperaba con los resultados prometidos. Oprimió varias teclas y les mostró en dos pantallas sendas imágenes tridimensionales, compuestas por delgados hilos verdes sobre fondo negro.

—¿Puedes incorporarles una textura?

—Si. Aquí tienen una piel, rudimentaria pero piel.

La pantalla de la izquierda mostró un modelo tridimensional de la cabeza de Karoski tal y como era en 1995. En la pantalla de la derecha se veía la mitad superior de la cabeza, tal y como había sido visto en Santa María in Traspontina.

—No he modelado la mitad inferior porque con la barba es imposible. Los ojos tampoco se veían nada claros. En la foto que me han dejado caminaba con los hombros encorvados.

—¿Puede copiar la mandíbula del primer modelo y pegarla sobre el modelo actual?

Angelo respondió con un veloz movimiento de teclas y de clics de ratón sobre los teclados. En menos de dos minutos la petición de Fowler se cumplió.

—¿Dígame, Angelo, en qué medida juzgaría usted fiable éste segundo modelo? —inquirió el sacerdote.

El joven técnico se azaró enseguida.

—Bueno, verá... Sin jugar las condiciones adecuadas de iluminación in situ...

—Eso está descartado, Angelo. Ya lo hemos hablado —terció Boi.

Paola habló, despacio y tranquilizadora.

—Venga Angelo, nadie juzga si has hecho un buen modelo. Sólo queremos saber en qué medida podemos fiarnos de él.

—Pues... entre el 75 y el 85%. No más.

Fowler miró atentamente la pantalla. Los dos rostros eran muy distintos. Demasiado diferentes. La nariz más ancha, los pómulos más fuertes. Pero ¿eran rasgos naturales del sujeto o simple maquillaje?

—Angelo, por favor, rota ambas imágenes a un plano horizontal y haz una medición de los pómulos. Así. Eso es. Es lo que me temía.

Los otros cuatro le miraron expectantes.

—¿Qué, padre? Díganoslo, por el amor de Dios.

—Este no es el rostro de Viktor Karoski. Esas diferencias de tamaño son irreproducibles mediante un maquillaje amateur. Tal vez un profesional de Hollywood podría haberlo conseguido mediante moldes de látex, pero sería demasiado notorio para cualquiera que le mirase de cerca. No hubiera mantenido un engaño prolongado.

—¿Entonces?

—Sólo hay una explicación. Karoski ha pasado por un quirófano y se ha sometido a una reconstrucción facial completa. Ahora sí que buscamos un fantasma.

Instituto Saint Matthew

Silver Spring, Maryland

Mayo de 1998

TRANSCRIPCIÓN DE LA ENTREVISTA NÚMERO 14 ENTRE EL PACIENTE NÚMERO 3643 Y EL DOCTOR FOWLER

DR. FOWLER: Hola, padre Karoski. ¿Me permite?

#3643: Adelante, padre Fowler.

DR. FOWLER: ¿Le gustó el libro que le presté?

#3643: Ah, por supuesto. Las Confesiones, de San Agustín Ya lo terminé. Me ha resultado de lo más interesante. Es increíble hasta dónde puede llegar el optimismo humano.

DR. FOWLER: No le comprendo, padre Karoski.

#3643: Pues es usted y sólo usted en éste lugar quien puede comprenderme, padre Fowler. El único que no me llama por mi nombre, buscando una vulgar familiaridad innecesaria, que denigra la dignidad de ambos interlocutores.

DR. FOWLER: Está hablando del padre Conroy.

#3643: Ah, ese hombre. Se empeña en sostener una y otra vez que yo soy un paciente normal que necesita una cura. Soy un sacerdote al igual que él, y esa dignidad es la que olvida constantemente, insistiendo en que le llame doctor.

DR. FOWLER: Creía que ese punto ya había quedado aclarado la semana pasada, padre Karoski. Es bueno que la relación con Conroy sea exclusivamente médico-paciente. Usted necesita ayuda para superar algunas deficiencias de su psique maltratada.

#3643: ¿Maltratada? ¿Maltrada por quién? ¿Acaso usted quiere también someter a prueba el amor por mi santa madre? Le ruego que no siga el mismo sendero que el padre Conroy. Incluso ha afirmado que me haría escuchar unas cintas que me sacarían de dudas.

DR. FOWLER: Unas cintas.

#3643: Eso dijo.

DR. FOWLER: Creo que no debería oír usted esas cintas, padre Karoski. No sería sano para usted. Hablaré con el padre Conroy al respecto.

#3643: Como usted considere. Pero no tengo ningún temor.

DR. FOWLER: Escuche, padre, me gustaría aprovechar al máximo ésta sesión, y hay algo que me ha interesado mucho de lo que usted dijo antes. Sobre el optimismo de San Agustín en Las Confesiones. ¿A qué se refería?

#3643: “Y aunque yo aparezca risible a tus ojos, tú te volverás a mí lleno de misericordia

DR. FOWLER: No comprendo qué le parece tan optimista en esa frase. ¿Acaso no confía usted en la bondad y la misericordia infinitas de Dios?

#3643: El Dios misericordioso es un invento del siglo XX, padre Fowler.

DR. FOWLER: San Agustín vivió en el siglo IV.

#3643: San Agustín estaba horrorizado por su propio pasado pecaminoso y se lanzó a escribir una sarta de mentiras optimistas.

DR. FOWLER: Padre, pero esa es la base de nuestra fe. Que Dios nos perdona.

#3643: No siempre. Aquellos que se dirigen a la confesión como quien va a lavar el coche... argh, me producen nauseas.

DR. FOWLER: ¿Eso siente usted cuando administra la confesión? ¿Asco?

#3643: Repugnancia. Muchas veces he vomitado dentro del confesionario, del asco que me provovaba la persona al otro lado de la rejilla. Las mentiras. La fornicación. El adulterio. La pornografía. La violencia. El robo. Todos ellos, entrando en ese estrecho habitáculo llenos de porquería. ¡Soltándolo todo, volcándolo todo encima de mí...!

DR. FOWLER: Pero padre, no nos lo cuentan a nosotros. Se lo cuentan a Dios. Nosotros solo somos el transmisor. Cuando nos ponemos la estola, nos convertimos en Cristo.

#3643: Lo sueltan todo. Llegan sucios y creen salir limpios. “Bendígame padre porque he pecado. He robado diez mil dólares a mi socio”. “Bendígame padre porque he pecado. He violado a mi hermana pequeña”. “Bendígame padre porque he pecado. He hecho fotos a mi hijo y las he colgado en Internet”. “Bendígame padre porque he pecado. Echo lejía en la comida de mi marido para que deje de hacer uso del matrimonio, porque me cansa su olor a cebolla y sudor”. Y así un día y otro día.

DR. FOWLER: Pero, padre Karoski, la confesión es algo maravilloso si hay arrepentimiento y auténtico propósito de enmienda.

#3643: Algo que nunca se produce. Siempre, siempre arrojan sobre mí sus pecados. Me dejan sólo frente al rostro impasible de Dios. Soy lo único que se interpone entre sus iniquidades y la venganza del Altísimo.

DR. FOWLER: ¿Realmente ve a Dios como un ser de venganza?

#3643: “Su corazón es duro como el pedernal

duro como la piedra inferior de la muela.

De su majestad temen las olas,

las ondas del mar se retiran

La espada que le toca no se clava,

ni la lanza ni la flecha ni el venablo.

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