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Espí­a de Dios

Электронная книга - «Espí­a de Dios». Краткое содержание книги:

Roma, 2 de abril de 2005. El Papa Juan Pablo II acaba de morir y la plaza de San Pedro se llena de fieles dispuestos a darle el último adiós. Al mismo tiempo, se inician los preparativos para el cónclave del que ha de salir el nombre del nuevo Sumo Pontifice. Pero justo entonces los dos cardenales mejor situados del ala liberal de la Iglesia, Enrico Portini y Emilio Robayra, aparecen asesinados siguiendo un mismo y macabro ritual que incluye la mutilación de miembros y mensajes escritos con simbología religiosa. Un asesino en serie anda suelto por las calles de Roma, y la encargada de perseguirlo será la inspectora y psiquiatra criminalista Paola Dicanti. Durante la investigación, la joven detective se adentrará en los más oscuros secretos del Vaticano, aquellos que hablan de conspiraciones nada decorosas y de la existencia de un centro donde se rehabilita a sacerdotes católicos con historial de abusos sexuales. A la cruel astucia del psicópata se unen las trabas que los servicios de seguridad del Vaticano ponen a la investigación: oficialmente las muertes de los cardenales no están ocurriendo y el cónclave debe celebrarse con normalidad. La aparición del padre Fowler, un ex militar norteamericano, supondrá un nuevo desafío para Dicanti, reacia a confiar en el misterioso sacerdote. Pero Fowler conoce el nombre del asesino y guarda un secreto aún más temible: su propio pasado.
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Paola se levantó y se dirigió a la pizarra para escribir. Pensaba mucho mejor de pie y con algo en las manos.

—Veamos: Viktor Karoski, sacerdote con historial de abusos sexuales, escapó de una institución privada de baja seguridad donde había sido sometido a cantidades excesivas de un fármaco que le castró químicamente y aumentó sus niveles de agresividad. Desde junio de 2000 hasta finales de 2001 no hay constancia de sus actividades. En 2001 sustituye ilícitamente y con nombre falso a un carmelita descalzo al frente de la Iglesia de Santa María in Traspontina a pocos metros de la Plaza de San Pedro.

Paola traza unas rayas en la pizarra y comienza a confeccionar un calendario:

—Viernes, 1 de abril, veinticuatro horas antes de la muerte de Juan Pablo II: Karoski secuestra al cardenal italiano Enrico Portini en la residencia Madri Pie. ¿Hemos confirmado presencia de la sangre de los dos cardenales en la cripta? —Boi hizo un gesto afirmativo— Karoski lleva a Portini a Santa María, le tortura y le devuelve, finalmente al último sitio en el que se le vio con vida: la capilla de la residencia. Sábado, 2 de abriclass="underline" El cadáver de Portini se descubre la misma noche de la muerte del papa, aunque la Vigilanza Vaticana decide “limpiar” las evidencias, creyéndolo un acto aislado de un loco. Por pura suerte el asunto no trasciende, en buena medida gracias a los responsables de la residencia. Domingo, 3 de abriclass="underline" El cardenal argentino Emilio Robayra llega a Roma con billete de sólo ida. Creemos que alguien le aborda en el aeropuerto o en el trayecto hacia la residencia de sacerdotes Santi Ambrogio, donde le esperaban la noche del domingo. Sabemos que nunca llegó. ¿Hemos sacado algo en claro de las cámaras del aeropuerto?

—Nadie lo ha comprobado. No tenemos suficiente personal —se excusó Boi.

—Sí lo tenemos.

—No puedo involucrar a más detectives en esto. Lo más importante es tenerlo tapado, cumpliendo con los deseos de la Santa Sede. Tocaremos de oído, Paola. Pediré las cintas personalmente.

Dicanti hizo un gesto de disgusto, pero era la respuesta que esperaba.

—Seguimos en el domingo, 3 de abril. Karoski secuestra a Robayra y le conduce a la cripta. Allí le tortura durante más de un día e incluye mensajes en su cuerpo y en la escena del crimen. El mensaje en el cuerpo dice MT 16, Undeviginti. Gracias al padre Fowler sabemos que el mensaje remite a una frase del evangelio: Te daré las llaves del Reino de los cielos, que referencia al momento de la elección del primer Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Eso y el mensaje escrito en sangre en el suelo, sumado a las graves mutilaciones del cadáver, nos hace pensar que el asesino tiene la mirada puesta en el Cónclave. Martes, 5 de abril. El sospechoso conduce el cuerpo a una de las capillas de la iglesia y después llama tranquilamente a la policía, en su papel del hermano Francesco Toma. Para mayor burla en todo momento lleva puestas las gafas de la segunda víctima, el cardenal Robayra. Los agentes llaman a la UACV y el director Boi llama a Camilo Cirin.

Paola hizo una breve pausa y luego miró directamente a Boi.

—En el momento de llamarle usted, Cirin ya sabe el nombre del criminal, aunque en ningún caso espera que sea un asesino en serie. He meditado mucho sobre ello y creo que Cirin sabe el nombre del asesino de Portini desde la noche del domingo. Probablemente tuvo acceso a la base de datos del VICAP, y la entrada “manos cortadas” arrojará pocos casos. Su red de influencias activa el nombre del mayor Fowler, quien llega aquí la noche del 5 de abril. Probablemente el plan original no fuera contar con nosotros, director Boi. Fue Karoski quien nos metió en el juego, deliberadamente. El porqué es uno de los grandes interrogantes de éste caso.

Paola trazó una última raya.

—Miércoles 6 de abriclass="underline" mientras Dante, Fowler y yo intentamos averiguar algo acerca de las víctimas en el despacho de las víctimas, el subinspector Maurizio Pontiero es asesinado a golpes por Viktor Karoski en la cripta de Santa María in Traspontina.

—¿Tenemos el arma homicida? —preguntó Dante.

—No hay huellas dactilares, pero sí la tenemos —respondió Boi—. Karoski le hizo varios cortes con lo que podría ser un cuchillo de cocina muy afilado y le golpeó varias veces con un candelabro que sí se ha encontrado en la escena. Pero no tengo demasiadas esperanzas en ésta línea de investigación.

—¿Por qué, director?

—Esto se aleja mucho de nuestros métodos normales, Dante. Nosotros nos dedicamos a averiguar quién es el asesino. Normalmente con la certeza del nombre finaliza nuestra labor. Pero ahora debemos aplicar nuestros conocimientos a discernir dónde está el asesino. La certeza del nombre ha sido nuestro punto de partida. Por eso la labor de la ispettora es más importante que nunca.

—Quiero aprovechar para dar la enhorabuena a la dottora. Me ha parecido una cronología brillante —dijo Fowler.

—Extremadamente —se burló Dante.

Paola pudo palpar el resentimiento en sus palabras, pero decidió que sería mejor ignorar el tema, por ahora.

—Un buen resumen, Dicanti —le felicitó Boi —. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Se ha metido ya en la cabeza de Karoski? ¿Ha estudiado similitudes?

La criminalista pensó unos instantes antes de contestar.

—Todas las personas cuerdas se parecen, pero cada uno de estos hijoputas chalados lo está a su propia y distinta manera.

—¿Y eso qué demuestra, dottora, aparte de que ha leído usted a Tolstoi[25]? —preguntó Boi.

—Pues que cometeríamos un error si creyéramos que un asesino en serie es igual a otro. Puedes intentar buscar pautas, encontrar equivalencias, sacar conclusiones de similitudes, pero a la hora de la verdad cada uno de estos mierdas es una mente solitaria, que vive a millones de años luz del resto de la humanidad. No hay nada ahí. No son seres humanos. No sienten empatía. Sus emociones están dormidas. Lo que le hace matar, lo que le lleva a creer que su egoísmo es más importante que las personas, las razones con las que excusa su sinrazón no son válidas para mí. No intento entenderle más allá de lo estrictamente necesario para detenerle.

—Para eso tenemos que saber cual será su siguiente paso.

—Evidentemente, volver a matar. Probablemente buscará una nueva identidad o tendrá ya una predefinida. Pero no puede estar tan trabajada como la del hermano Francesco, ya que a esa le ha dedicado varios años. Quizá el padre Fowler pueda echarnos una mano en éste punto.

El sacerdote meneó la cabeza, preocupado.

—Todo lo que sé está en el dossier que le dejé, dottora. Pero hay algo que quiero enseñarles.

En una mesita auxiliar había una jarra de agua y unos vasos. Fowler llenó uno hasta la mitad y después echó un lapicero dentro.

—Me cuesta tremendamente pensar como él. Observe éste vaso. Es claro como el agua, pero cuando introduzco un lápiz aparentemente recto, aparece a mis ojos como partido. Del mismo modo, su monolítica actitud cambia en puntos fundamentales, como una línea recta que se quiebra y acaba en algún lugar incógnito.

—Ese punto de quiebra es la clave.

—Tal vez. No envidio su labor, dottora. Karoski es un hombre que se asquea ante la iniquidad un minuto, para al minuto siguiente cometer iniquidades mayores. Lo que sí tengo claro es que debemos buscarle cerca de los cardenales. Intentará matar de nuevo, y lo hará pronto. El Cónclave cada vez está más cerca.

Volvieron al laboratorio de Angelo algo confusos. El joven técnico se presentó a Dante, quien apenas le prestó atención. Paola no pudo evitar fijarse en el desplante. Aquel hombre tan atractivo era una mala persona en el fondo. Sus bromas ácidas no ocultaban nada, de hecho eran de lo mejor que había en el superintendente.

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[25] El director Boi se da cuenta de que Dicanti parafrasea el comienzo de Ana Karenina, de Tolstoi: “Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas lo son a su manera”.

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