Espía de Dios
- Автор: Gomez-Jurado Juan
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Espía de Dios». Краткое содержание книги:
—Gracias, dottora. ¡Eh, está helado!
—No te quejes, que pronto va a hacer calor. De hecho cuando seas mayor dirás, “Está siendo un abril caluroso, pero no tanto como cuando murió el papa Wojtyla”. Ya lo verás ya.
Fowler miró sorprendido a Dicanti, que apoyaba tranquilizadora una mano en el hombro de Angelo. La inspectora estaba intentando bromear, a pesar de la tormenta que él sabía que arrasaba su interior. Apenas había dormido, tenía más ojeras que un mapache y su corazón estaba confuso, dolorido, lleno de rabia. No hacía falta ser psicólogo o sacerdote para verlo. Y pese a todo estaba intentando ayudar a aquel muchacho a sentirse más seguro con aquel sacerdote desconocido que le intimidaba un poco. En aquél momento la amó por eso, aunque apartó rápido el pensamiento de su mente. No olvidaba la vergüenza que le había hecho pasar hace un momento en su propio despacho.
—Explícale tu método al padre Fowler —pidió Paola—. Seguro que le resultará interesante.
El chico se animó al oír eso.
—Observe la pantalla. Tenemos, tengo, bueno, he diseñado un software especial de interpolación de imágenes. Como sabe, cada imagen está compuesta de puntos de colores, llamados píxeles. Si una imagen normal tiene, por ejemplo, 2500 x 1750 píxeles, pero nosotros sólo queremos una esquinita de la foto, al final tenemos unas manchitas de color sin mayor valor. Al ampliarlo, da como resultado esta imagen borrosa que está usted mirando. Verá, normalmente cuando un programa convencional intenta ampliar una imagen lo hace por el método bicúbico, es decir, teniendo el cuenta el color de los ocho píxeles adyacentes al que intenta multiplicar. Por lo que al final tenemos la misma manchita pero en grande. Pero con mi programa...
Paola miraba de reojo a Fowler, que se inclinaba sobre la pantalla con interés. El sacerdote procuraba prestar atención a la explicación de Angelo a pesar del dolor que había sufrido apenas minutos antes. El contemplar las fotografías había sido una prueba muy dura que le había dejado muy tocado. No hacía falta ser psiquiatra o criminalista para darse cuenta de ello. Y pese a todo estaba esforzándose por caerle bien a un chico tímido al que no volvería a ver en su vida. En aquel momento le amó por eso, aunque apartó rápido el pensamiento de su mente. No olvidaba la vergüenza que acababa de pasar en su despacho.
—...y al considerar las variables de los puntos de luz, se le aporta al programa información tridimensional que puede considerar. Está basado en un logaritmo complejo que tarda varias horas en renderizar.
—Demonios, Angelo, ¿y para eso nos has hecho bajar?
—Esto, es que verá...
—No pasa nada, Angelo. Dottora, lo que sospecho que éste inteligente muchacho quiere decirnos es que el programa lleva varias horas trabajando y está a punto de darnos el resultado.
—Exacto, padre. De hecho, está saliendo por aquella impresora.
El zumbido de la impresora láser junto a Dicanti dio como resultado un folio en el que se veían unos rasgos ancianos y unos ojos en sombra, pero mucho más enfocados que en la imagen original.
—Buen trabajo, Angelo. No es que sea válido para una identificación pero es un punto de partida. Eche un vistazo, padre.
El sacerdote estudió atentamente los rasgos de la foto. Boi, Dicanti y Angelo le miraban expectantes.
—Juraría que es él. Pero es complicado sin verle los ojos. La forma de las cuencas oculares y algo indefinible me dicen que es él. Pero si me lo hubiera cruzado por la calle no le hubiera dedicado una segunda mirada.
—¿Entonces éste es un nuevo callejón sin salida?
—No necesariamente —apuntó Angelo. Tengo un programa que es capaz de conseguir una imagen tridimensional a partir de ciertos datos. Creo que podríamos deducir bastante con lo que tenemos. He estado trabajando con la foto del ingeniero.
—¿Ingeniero? —se sorprendió Paola.
—Si, del ingeniero Karoski, que está haciéndose pasar por un carmelita. Que cabeza tiene usted, Dicanti...
El doctor Boi abría mucho los ojos haciendo gestos ostensibles de alarma por encima del hombro de Angelo. Finalmente Paola comprendió que a Angelo no se le había informado de los detalles del caso. Paola sabía que el director había prohibido marcharse a casa a los cuatro técnicos de la UACV que habían trabajado recogiendo pruebas en los escenarios de Robayra y Pontiero. Les había autorizado a hacer una llamada a sus familias para explicarles la situación y les tenía en cuarentena en una de las salas de descanso. Boi podía ser muy duro cuando quería, pero también era un hombre justo: les pagaba las horas extras al triple.
—Ah sí, en que estaría yo pensando. Prosigue, Angelo.
Seguramente Boi estaría fragmentando la información a todos los niveles, para que nadie tuviese todas las piezas del puzzle. Nadie debía saber que investigaban la muerte de dos cardenales. Algo que evidentemente complicaba el trabajo de Paola y que suscitaba en ella serias dudas de que tal vez ella misma tampoco tuviese todas las piezas.
—Como les decía, he estado trabajando en la foto del ingeniero. Creo que en unos treinta minutos podremos tener una imagen tridimensional de su foto de 1995 que podremos comparar con la imagen tridimensional que estamos obteniendo de 2005. Si vuelven por aquí en un rato, podré darles algo más sólido.
—Perfecto. Si les parece, padre, ispettora... me gustaría que recapituláramos en la sala de reuniones. Ahora venimos, Angelo.
—De acuerdo, director Boi.
Los tres se dirigieron a la sala de reuniones, situada dos pisos más arriba. Nada más entrar a Paola le asaltó la terrible sensación de que la última vez que había estado allí había sido en compañía de Pontiero.
—¿Se puede saber qué le han hecho ustedes dos al superintendente Dante?
Paola y Fowler se miraron brevemente y sacudieron la cabeza al unísono.
—Absolutamente nada.
—Mejor. Espero no haberle visto pasar hecho una furia porque hayan tenido ustedes un problema. Será mejor que esté preocupado por los resultados del calzio[24] del domingo, porque no quiero a Cirin rondándome a mí o al ministro de Interior.
—No creo que deba usted preocuparse. Dante está perfectamente integrado en el equipo —mintió Paola.
—¿Y porqué no me lo creo? Anoche salvó usted el tipo por muy poco, Dicanti. ¿Quiere decirme dónde está Dante?
Paola se quedó callada. No podía hablarle a Boi de los problemas internos que estaban teniendo en el grupo. Abrió la boca para hablar, pero una voz conocida lo hizo por él.
—Había salido a comprar tabaco, director.
La chaqueta de cuero y la sonrisa socarrona de Dante estaban en la puerta de la sala de reuniones. Boi le estudió despacio, incrédulo.
—Es un vicio de lo más horrendo, Dante.
—De algo tenemos que morir, director.
Paola se quedó mirando a Dante, mientras éste se sentaba junto a Fowler como si no hubiera pasado nada. Pero bastó un cruce de miradas de ambos para que Paola se diera cuenta de que la cosa no iba tan bien como querían dar a entender. Mientras se comportasen civilizadamente durante unos días, todo podría arreglarse. Lo que no entendía era lo rápido que se le había pasado el enfado a su colega del Vaticano. Algo había sucedido.
—Bien —dijo Boi. Este maldito caso se complica por momentos. Ayer hemos perdido en acto de servicio y en pleno día a uno de los mejores policías que he conocido en muchos años y nadie sabe que está en una nevera. Ni siquiera podemos hacerle un funeral público, no hasta que podamos dar una explicación razonable de su muerte. Por eso quiero que pensemos juntos. Dígame lo que sabe, Paola.
—¿Desde cuando?
—Desde el principio. Un resumen somero del caso.
[24] Fútbol italiano.