Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
– No sin mí.
– No hay necesidad de que ambos vayamos. Xavier te está cazando activamente, usando cada recurso a su disposición. No puedes dejar huellas para que te encuentre.
– No sin mí -repitió, con tono apacible.
Ella entrecerró los ojos.
– Eso es tan tonto.
– Como negarse a la ayuda del sanador, pero tenías tus razones. Yo tengo la mía.
– No te gusta que nadie te de sangre -adivinó, sagazmente-. Eres Cárpato. Necesitas sangre para sobrevivir.
– Estoy bien enterado de eso.
Su tono nunca cambiaba. Razonable. Agradable. Incluso suave. Ella rechinó los dientes. Nada parecía hacerlo reaccionar, y eso que deliberadamente lo había pinchado, queriendo sacudirlo por su terquedad.
– Es más inteligente por mi parte ir sola.
– Quizás. Pero vamos juntos.
Apretó los dientes con fuerza ante ese tono apacible.
– ¿Siempre eres así?
– No lo sé. No he estado alrededor de nadie excepto de Xavier. No alteraba a la mujer que dio a luz a Lara como te estoy alterando a ti. Pero, como yo, era una prisionera y ninguno de los dos podía tomar sus propias decisiones. Puedo tomar esta decisión, para bien o para mal. Voy contigo.
Ella levantó el mentón.
– Soy tu compañera. Es mi derecho así como mi deber proveer para ti.
– ¿Estás dispuesta a proporcionar consuelo con tu cuerpo también?
El corazón de Ivory saltó. Brincó. Salió volando junto con un millón de pájaros de su estómago. Incluso su útero reaccionó. Lo cuál era tonto, porque él nunca cambió de expresión, ni en su cara ni con el tono de voz. Podrían haber estado discutiendo sobre el tiempo.
– No. -La palabra salió como un cuchicheo. Quizá como pregunta cuando quería que sonara rotunda y distante. Había algo en Razvan que la hacía moverse, que la llamaba, una necesidad sin nombre, un hambre en sus suaves ojos, una soledad absoluta que la atraía como una polilla a la llama.
– Entonces no hay necesidad de proveer nada. Trabajamos juntos hacia un objetivo común. Ambos deseamos aunar nuestra vasta riqueza de conocimiento para destruir a Xavier.
Él tenía razón. Sabía que tenía razón. Eso era exactamente lo que ella quería, pero oírselo decir en voz alta con ese tono tranquilo y práctico la hizo querer llorar.
– Me has traído aquí para averiguar lo que he aprendido de Xavier y para mostrarme las maneras de un guerrero. Acepto esos límites.
– Bien. -Ella se puso de pie-. Excelente. Tenemos que irnos. -Su cuerpo sufrió un cambio sutil y se quedó de pie delante de él en perfección absoluta, su ropa revelaba la piel lisa y suave como pétalos.
– ¿Por qué haces eso? Por qué no ser vista como realmente eres. Eres hermosa, lo sabes. Las cicatrices son las medallas al valor de tu cuerpo. El auténtico tributo de un guerrero. Nunca he visto a nadie tan hermoso.
Ella se dio la vuelta, sin querer que él viera cómo sus palabras la afectaban. Nadie le había dicho que era hermosa desde que era una joven mujer, hacía siglos. ¿Por qué la calidez de su voz traía calor a su cuerpo cuando él no parecía tan afectado por ella?
– No deseo que los vampiros sepan que me marcaron. Es un juego psicológico. Se me ocurrió la idea cuándo descubrí que eran supersticiosos y he continuado haciéndoles creer que nada de lo que me hagan puede dañarme.
La sonrisa de Razvan tardó en llegar, pero cuando lo hizo, ella experimentó un revoloteo curioso en la región del estómago. Dio un paso atrás y se giró.
– Si insistes en venir conmigo, confío en que al menos harás caso de mi advertencia de ser cauteloso y no dejar rastros que lleven a nuestra guarida. Xavier enviará a un ejército para recuperarte, todo lo que tenga en su arsenal.
– Que es considerable -estuvo de acuerdo Razvan-. Y tiene tu impresión ahora.
Ella se quedó inmóvil. Se giró lentamente. Clavó su mirada en la de él.
– ¿Qué quieres decir? -La boca se le secó.
– Lo expulsaste de mi mente, de mi corazón, mi cuerpo y mi alma. Para hacer eso, compartiste tu luz. No pudo dejar de reconocerte si estudiaste con él. Trabajará día y noche para tomarse venganza. Ese es su método, y no yo no permitiré que tenga éxito. Hasta que sea destruido, me tienes como tu guardaespaldas. -Su tono apacible era todavía bajo, suave terciopelo negro, pero implacable.
El corazón de Ivory revoloteó junto con su estómago, una reacción femenina que aborreció, lo que probablemente la hizo más cáustica de lo que habría sido normalmente.
– Soy una guerrera, y tú sabes muy poco sobre luchar. Apenas creo que vayas a ser de alguna ayuda en combate. Si acaso, probablemente serás es un auténtico estorbo.
Él le hizo una ligera reverencia.
– Quizás sea así. Pero seré una baza poderosa.
Ella palideció bajo su ya pálida piel y su aliento siseó en una exhalación larga y lenta.
– ¿Crees que intercambiaría mi vida por la tuya?
– No. -Él no parecía erizado en lo más mínimo-. Pero yo sí lo haría. -Gesticuló hacia la delgada grieta que corría hacia arriba por las gruesas paredes de piedra-. El hambre me está golpeando. Vamos a cazar.
Ella extendió los brazos para que los lobos se subieran en ella, cambiando a forma de tatuajes.
– ¿Por qué quieres que se alimenten primero cuando vamos a cazar? -preguntó Razvan curiosamente.
– Nunca lleves a un lobo hambriento contigo cuando estás intentando no dejar rastros. Les permito cazar sólo una vez cada pocos días para mantenerlos afinados y en forma, pero no me arriesgo con rastros de lobo ni los tiento con sangre humana. En esta forma, no dejamos rastros y pueden ayudarme si lo necesitara.
– No me importaría un tatuaje de lobo propio -dijo Razvan-. Es un hermoso trabajo artístico, así como tener ojos para vigilar la espalda.
La admiración en su voz la atrajo y se mordió con fuerza el labio para seguir concentrada. No quería que él le gustara como persona, sólo quería verlo como otro instrumento en su guerra contra Xavier, pero él la encantaba de maneras que no había esperado.
Dejó escapar otra vez el aliento en una pequeña ráfaga.
– Eres un hombre frustrante, Buscador de Dragones.
– Supongo que lo soy. -No había remordimiento, sólo diversión.
Ivory se dio la vuelta antes de que su sentido del humor la venciera. La cuestión con Razvan, decidió mientras comenzaba a ascender por la grieta de dos centímetros de ancho que zigzagueaba hacia arriba a través de cientos de metros de roca, era que había una paz interior que irradiaba de él. Nada parecía molestarlo. Pero bueno, ¿cómo podía?
Le había preguntado a Gregori que más podía hacerle no le hubieran hecho ya. No temía a la muerte. No había muchos modos de tortura, física, emocional o mental, a los que Xavier no lo hubiera sometido. Razvan había aprendido hacía mucho tiempo que no podía controlar a los demás ni los acontecimientos, sólo su propia reacción a lo que sucedía. Había una fuerza oculta en Razvan, un pozo de ella, profunda y pura, que ella veía y sentía cada vez que estaba cerca de él. Pero había también una gentileza que no había esperado de un hombre horneado en la violencia y la sangre.
Siempre había creído que para sentirse atraída físicamente por un macho necesitaría a un guerrero violento, pero encontraba que la fuerza interior la llamaba más que las habilidades de lucha. La fuerza y gentileza de Razvan la tentaban como ningún otro. Lo miraba demasiado a esos ojos, a esos ojos siempre cambiantes que parecían suaves y profundos, donde podría perderse si no tenía cuidado.
La noche era clara y fresca, la nieve brillaba en el suelo, volviéndolo todo excesivamente brillante. Cristales de hielo colgaban de los árboles y le deslumbraban los ojos cuando escaneaba el suelo.