Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
Él pensó que era mejor ignorar su nerviosismo, y no tenía que fingir su interés en el sistema. Era tan extraordinario y brillante como la inventora. Esperó mientras ella desaparecía en la grieta y agregaba unas pocas más de sus gemas. La luz funcionaba más bien como un antiguo sistema de espejos, un prisma reflejándose en otro. Se dio cuenta de que ella utilizaba las gemas para sus armas también, que sus experimentos eran sofisticados.
Ya es seguro que vengas y vayas como te plazca.
Ivory flotó hacia abajo, evitando la luz que se esparcía lentamente a través del cielo, protegida por la nieve ahora. Una vez que aterrizó en la cámara, los lobos saltaron de su espalda y caminaron tras ella a la cama de tierra.
– No me siento bien, ni siquiera bajo el suelo, cuando el sol ha salido. -Otra vez Ivory parecía inquieta-. Pasé demasiados años en la tierra tratando de sanar.
– Yo pasé muchas vidas en las cuevas de hielo -aseguró Razvan, observando como se acurrucaba, con los lobos rodeándola. Esperaba una invitación.
Ivory hizo gestos hacia el lado de la gran cuenca.
– Hay sitio de sobra.
Él envidió a los lobos apretados cerca de ella, pero no dijo nada, sabiendo que estaba siendo más que generosa. Cerró los ojos y permitió que el aliento abandonara su cuerpo, el corazón se ralentizara y luego se parara mientras la tierra se vertía sobre ellos como una manta viva. Era la primera vez que podía recordar que se sentía totalmente relajado e infinitamente feliz.
Capítulo 7
Ivory despertó sabiendo que habían pasado tres días y que el sol ya se había hundido en el cielo. Estaba acostumbrada al modo en que el tiempo pasaba tan profundamente bajo la tierra, y los ritmos le hablaban cuando se hubo acostumbrado a ellos. Estuvo desorientada al principio, momento en el que surgió su sistema de prismas para traer un pequeño pedacito de luz a su santuario. Lo que más le sorprendió fue que Razvan despertara con ella. Los lobos lo hacían, por supuesto, después de tantos años, pero había pensado ir a cazar sola y darse tiempo a prepararse para tener a otro en su guarida.
Lo miró fijamente a la cara, a las líneas grabadas allí, la forma en que sus ojos parecían tan compasivos y comprensivos. La vida de Razvan solo había sido lucha y dolor, pero él parecía ser, cuando le tocaba la mente, sinceramente amable. ¿Por qué entonces, hacía que sus manos temblaran? ¿Por qué se sentía como si unas mariposas hubieran alzado el vuelo y estuvieran aleteando por su cuerpo siempre que lo miraba? Ella tenía confianza absoluta en sus capacidades como guerrera, pero no tenía la menor idea de cómo interactuar fuera del campo de batalla.
La expresión de Razvan se suavizó cuando sus ojos se encontraron con los de ella y sonrió. El corazón de Ivory saltó en respuesta. La sonrisa era dulce y lo hacía parecer años más joven.
– Buenas noches. Ciertamente estás hermosa al despertar.
No lo estaba. Ella sabía que no lo estaba. Mostraba su verdadera forma fragmentada… su cuerpo juntado en pedazos y un poco mal emparejado aquí y allá. Se frotó una de las peores cicatrices ofensivas, la que diseccionaba su clavícula, y se sorprendió al encontrar la arista disminuida. El sanador había hecho más que curar sus heridas. Las cicatrices nunca desaparecerían completamente, pero él había ayudado a hacer las líneas más finas, más favorecedoras.
– No lo estoy, lo sabes. -Podía sentir cómo le subía el color bajo la piel.
La avergonzaba no conocer las cortesías. Una vez, hacía mucho tiempo, ella había llevado una casa cálida y feliz. De algún modo, ver esa sonrisa dulce en la cara de Razvan había traído de vuelta recuerdos agridulces. Había tanta risa y amor en su casa. ¿Cómo podían sus hermanos haberle dado la espalda a todo lo honorable y elegir entregar sus almas? Ellos no sufrieron del modo en que sufrió Razvan, y él había aguantado siglos de tormento, siendo marcado como un criminal, despreciado por todos los que lo rodeaban, su cuerpo utilizado para propósitos viles. Pero, aun así, había mantenido el honor.
Se había dicho que sus hermanos estaban desconsolados sobre su desaparición, pero no se lo creía. Todo el mundo experimentaba pérdidas. Los cinco se habían convertido juntos… algo insólito en la historia Cárpato. Ella los conocía mejor que nadie, y sabía que eso significaba que había sido una decisión consciente, no una tomada después de demasiados años de falta de emoción o de matar amigos que se habían convertido en vampiros. La decisión no había sido tomada porque estuvieran desolados por la pena o porque hubieran esperado demasiado tiempo a sus compañeras. Sabía que su decisión había sido razonada por todos ellos. Deseaban el poder. Creían ser más listos, más fuertes y más merecedores que cualquier otro. La desaparición de ella fue la excusa que necesitaban para completar algo que a menudo habían discutido en la intimidad de su casa.
– Pareces tan triste, Ivory.
Nunca pensó en ocultar sus expresiones en la guarida. No ocultaba su forma verdadera y ahora no sabía qué hacer ni cómo actuar. Se encogió de hombros.
– Esto es un poco difícil.
– Sólo si deseas hacerlo así. Yo no me impondré donde no me quieren.
Ivory sacudió la cabeza.
– No, no te sientas así, como si yo no te quisiera aquí. Yo te invité. Después de todos estos siglos, no acabo de estar segura de cómo actuar en compañía.
La sonrisa de Razvan se amplió, le alcanzó los ojos, caldeándolos hasta suave terciopelo.
– Pero yo soy tu compañero, no compañía. Actúa como siempre. Estoy aquí para aprender de ti.
Eso dolió, la golpeó en el vientre como un puño. Él no estaba en su guarida para ser su compañero de la manera en que un hombre reclamaría a una mujer. Ella lo sabía. No quería tener nada que ver con eso, pero aún así todavía se sentía ligera. Era la perversa reacción de una mujer, no una guerrera, y estaba decepcionada consigo misma. Ella había puesto los términos; él solamente los respetaba. Se recolocó el pesado cabello, más como una excusa para ocultarse que porque le molestara.
– Me tranquilizaré con el tiempo. -Fue todo lo que se le ocurrió decir.
Ivory observó a los lobos mientras se reunían alrededor de él. A pesar de su apariencia envejecida, era un hombre guapo. Ahora que la tierra lo había revitalizado y rejuvenecido, su figura era llena y musculosa. Su cabello caía en largas ondas casi hasta el centro de la espalda. Era espeso y oscuro, y sabía por las tres semanas que había pasado sosteniéndole y alimentándolo, pasando los dedos por esa caída suave y espesa, que se distinguían muchos colores en esa pesada melena, entre ellos el gris.
Razvan, en vez de cernirse sobre la manada y forzar su liderazgo, se agachó en medio de los seis lobos y les permitió tomarse su tiempo empujando las narices contra él y frotándose contra sus piernas y espalda.
Este es Razvan. Mi compañero.
Incluyó a Razvan en el círculo de comunicación, sabiendo que cuando entraran en batalla juntos ese liderazgo sería esencial. Raja tenía que aceptarlo como su compañero y por lo tanto colíder de la manada. Y sólo lo haría si ella lo declaraba su pareja.
Razvan la miró fijamente. Ivory deseó no ruborizarse. Intentó parecer tan despreocupada como fuera posible. Razvan parecía muy grande en los límites de la cámara. Su figura masculina llenaba el cuarto entero. Cada aliento que ella tomaba parecía atraer el olor de él a sus pulmones. Cada aliento que él tomaba la hacía extremadamente consciente de él, el modo en que los músculos pesados del pecho se movían bajo la fina y apretada camisa, el aspecto que su cuerpo tenía momentos antes de ponerse esa delgada y apretada camisa.
Raja giró la cabeza y la miró, dirigiéndole una mirada reservada, desnudando los dientes ante Razvan. El Buscador de Dragones se encogió de hombros.
– Sé lo que se siente al ser desplazado, viejo -apaciguó-. Nos acostumbraremos.