Donde Cruzan Los Brujos
- Автор: Abelar Taisha
- Язык: испанский
- Жанр: Эзотерика
Электронная книга - «Donde Cruzan Los Brujos». Краткое содержание книги:
– Probablemente querían decir que cuando un experto ataca, dirige sus golpes contra los puntos vulnerables en el cuerpo blando del enemigo -replicó-. Lo destructivo no es la fuerza de su cuerpo físico sino la grieta que produce en el cuerpo etéreo del enemigo. Puede lanzar dentro de esa grieta una fuerza que desgarra la red etérea y ocasiona daños mayores. Una persona puede recibir lo que en ese momento sólo parece un pequeño golpe, pero horas, quizá días más tarde, llega a morir del golpe.
– Es cierto -asintió Clara-. No te dejes engañar por los movimientos externos ni por lo que ves. Lo que no ves es lo que importa.
Con frecuencia había escuchado a mis profesores de karate hacer relatos semejantes. Al preguntarles cómo se realizaban esas hazañas, no pudieron darme una explicación coherente. En ese entonces creí que se debía al hecho de que mis maestros eran japoneses e incapaces de expresar pensamientos tan intrincados en inglés. Ahora el señor Abelar estaba explicando algo semejante y, pese a que su dominio del inglés era perfecto, no entendí a qué se refería con el cuerpo blando o doble ni cómo se usaban sus misteriosos poderes.
Me pregunté si el señor Abelar practicaría artes marciales, pero antes de que pudiera indagar al respecto él continuó.
– Los verdaderos expertos en artes marciales, según Clara me los ha descrito de cuando se entrenó en China, controlan su cuerpo blando -indicó-. Y éste es controlado no por el intelecto sino por el intento. No hay forma de pensar en él ni de entenderlo de manera racional. Hay que sentirlo, puesto que está ligado a unas líneas luminosas de energía que atraviesan el universo en todas direcciones -se tocó la cabeza y señaló hacia arriba-. Por ejemplo, una línea de energía que se extiende hacia arriba desde la parte superior de la cabeza le da al doble su propósito y dirección. Esa línea suspende y jala al doble hacia donde quiera ir. Si quiere ir hacia arriba, sólo tiene que dirigir su intento hacia arriba. Si quiere hundirse en el suelo, dirige su intento hacia abajo. Es así de sencillo.
Clara me preguntó si recordaba lo que me había dicho en el jardín el día que hicimos los ejercicios de respiración con el soclass="underline" de cómo era necesario proteger siempre la corona de la cabeza. Le dije que lo recordaba tan claramente que desde entonces me daba miedo salir de la casa sin sombrero. Me preguntó si le estaba siguiendo el hilo a lo que decía el señor Abelar. Le aseguré que no tenía ningún problema en entenderlo, aunque no comprendiera los conceptos que manejaba. Paradójicamente, lo que estaba diciendo se me hacía incomprensible, pero al mismo tiempo familiar y creíble. Clara asintió con la cabeza y dijo que eso se debía al hecho de que estaba hablando directamente con una parte de mí que no era del todo racional y que tenía la capacidad de captar las cosas de manera directa, sobre todo si un brujo le hablaba en esta forma.
Clara estaba en lo cierto. El señor Abelar tenía algo que me tranquilizaba aún más que Clara. No se debía a su forma de ser cortés y afable, sino a algo en la intensidad de su mirada que me obligaba a escuchar y a seguir sus explicaciones, pese al hecho de que, desde el punto de vista racional, parecían carecer de sentido. Y yo hacía preguntas como si supiera de qué me estaba hablando.
– ¿Podré entrar en contacto con mi cuerpo blando algún día? -pregunté al señor Abelar.
– La pregunta es, Taisha, si quieres entrar en contacto con él.
Vacilé por un instante. Mi recapitulación me había enseñado que soy complaciente y cobarde y que mi primera reacción es evitar todo lo que resulta demasiado gravoso o alarmante. Sin embargo, también me animaba una curiosidad intensa por tener experiencias excepcionales y, tal como Clara me lo indicara una vez, poseía cierta audacia temeraria.
– El doble me inspira mucha curiosidad -dije-, así que definitivamente quiero entrar en contacto con él.
– ¿A cualquier precio?
– El que sea, menos vender mi cuerpo -repliqué vacilantemente.
Al escucharme, los dos rompieron a reír con tal fuerza que pensé que iban a convulsionarse ahí mismo en el piso. No lo había dicho como chiste, porque realmente no estaba segura de los planes secretos que tuviesen conmigo. Como si estuviera consciente de mi tren de pensamientos, el señor Abelar dijo que era hora de revelarme ciertas premisas de su mundo. Se irguió y adoptó un semblante serio.
– Los líos entre hombres y mujeres ya no nos conciernen -dijo-. Eso significa que no nos interesan la moralidad, la inmoralidad ni la amoralidad del hombre. Toda nuestra energía se vierte en la exploración de nuevos caminos.
– ¿Puede darme un ejemplo de un nuevo camino, señor Abelar? -pregunté.
– Claro que sí. ¿Qué tal la tarea a la que estás dedicada, la recapitulación? La razón por la que te estoy hablando ahora es porque por medio de recapitular has ahorrado energía suficiente para franquear ciertos límites físicos. Has percibido, aunque sólo sea por un instante, cosas inconcebibles que no forman parte de tu inventario normal, según diría Clara.
– Mi inventario normal es bastante raro -le advertí-. Al recapitular el pasado, he empezado a comprender que estaba loca. De hecho, aún estoy loca. La prueba de ello es que me encuentro aquí y no sé si estoy despierta o soñando.
Al escucharme, los dos rompieron a reír otra vez, como si estuvieran viendo un programa cómico y el comediante acabara de llegar a la culminación de su chiste.
– Sé muy bien lo loca que estás -afirmó el señor Abelar de manera contundente-. Pero no porque estés aquí con nosotros. Más que loca eres imprudente y te consientes a ti misma. No obstante, desde el día en que llegaste aquí, al contrario de lo que te pueda parecer, has mejorado tu conducta. Para ser justo, diría que algunas de las cosas que has hecho, según me cuenta Clara, como entrar a lo que llamamos el mundo de las sombras, no son ni imprudencia ni locura. Son un nuevo camino, algo innombrable e inconcebible desde el punto de vista del mundo normal.
Se produjo un largo silencio que me hizo retorcerme, inquieta. Quería decir algo para romper el hechizo, pero no se me ocurrió nada. Lo peor fue que el señor Abelar no dejaba de echarme miraditas de reojo. Luego le susurró algo a Clara y los dos se rieron quedo, lo cual me irritó sobremanera, porque no dudé en lo más mínimo que se estaban riendo de mí.
– Tal vez sea mejor que me vaya a mi cuarto -dije, poniéndome de pie.
– Siéntate, aún no hemos terminado -ordenó Clara.
– No tienes idea de cuánto apreciamos el que estés aquí con nosotros -indicó el señor Abelar de repente-. Te encontramos chistosa porque eres tan excéntrica. Pronto conocerás a otro miembro de nuestro grupo, a alguien que es igual de excéntrica que tú, pero mucho mayor. Verte a ti nos la recuerda cuando era joven. Por eso nos reímos. Por favor, perdónanos.
Aborrecía que se rieran de mí, pero la disculpa del señor Abelar fue tan sincera que la acepté. A continuación reanudó su plática acerca del doble, como si no se hubiera hablado de otra cosa.
– Al abandonar nuestras ideas sobre el cuerpo físico, poco a poco o de golpe -dijo-, la conciencia empieza a desplazarse a nuestro lado blando. A fin de facilitar este desplazamiento, nuestro lado físico debe permanecer completamente quieto, suspendido, como si estuviera profundamente dormido. La dificultad radica en convencer a nuestro cuerpo físico de cooperar, porque rara vez quiere abandonar el control.
– ¿Cómo se hace para soltar el cuerpo físico entonces? -pregunté.
– Hay que engañarlo -contestó-. Dejar creer al cuerpo que se encuentra profundamente dormido; aquietarlo de manera deliberada, apartando la conciencia de él. Cuando el cuerpo y la mente reposan, el doble despierta y se pone a cargo.
– No entiendo -dije.
– No te hagas la idiota, Taisha -dijo Clara bruscamente-. Debes haberlo hecho en la cueva. Para percibir al nagual, debes haber usado tu doble. Estabas dormida y consciente al mismo tiempo.
Lo que me llamó la atención de las palabras de Clara fue la forma en que se refirió al señor Abelar. Lo llamó "el nagual". Pregunté qué significaba la palabra.
– Juan Miguel Abelar es el nagual -replicó orgullosamente-. Es mi guía; la fuente de mi vida y bienestar. No es mi hombre en ningún sentido concebible de la palabra, y no obstante es el amor de mi vida. Cuando él sea todo eso para ti, entonces también será el nagual para ti. Mientras tanto, que quede como el señor Abelar o incluso Juan Miguel.
El señor Abelar se rió, como si Clara sólo lo hubiera dicho en broma, pero Clara me sostuvo la mirada el tiempo suficiente para darme a entender que cada palabra era en serio.
El silencio que se estableció a continuación fue roto, finalmente, por el señor Abelar.
– A fin de activar al cuerpo blando, primero debes abrir ciertos centros de tu cuerpo que funcionan como compuertas -continuó-. Cuando todas las compuertas estén abiertas, el doble podrá salir de su cubierta protectora. De otro modo, permanecerá encerrado para siempre dentro de su caparazón exterior.