Ovnis: S.O.S a la Humanidad
- Автор: Бенитес Хуан Хосе
- Язык: испанский
- Жанр: Эзотерика
Электронная книга - «Ovnis: S.O.S a la Humanidad». Краткое содержание книги:
El libro da a conocer a la Misión RAMA e impulsa el nacimiento de un movimiento contactista, que se mutiplica en toda América Latina y España. Así, Benítez devino en responsable indirecto de introducir las ideas de los supuestos contactados con alienígenas entre miles de adolescentes iberoamericanos. De esta manera, Benítez se transformó en redactor OVNI `full time`, como él acostumbra decir. Colaboró con las principales revistas ufológicas españolas (Mundo Desconocido, Karma-7) y latinoamericanas (Contactos Extraterrestres, Cuarta Dimensión), se cubrió con la aureola de `investigador de campo` y correteador de OVNIs. Tras comprar unas botas con unos casquillos metálicos en la punta para poder patear la geografía española, escribió 100,000 Km tras los OVNIs, donde afirma haber vuelto a aplicar la técnica telepática que había aprendidp en Perú para contactarse con `ellos`. Tampoco consiguió constancia fotográfica de su encuentro.
En aquella nueva aparición, las «intermitencias» de luz fueron menores.
El disco, fijo y silencioso, permaneció ante nuestros desencajados ojos por espacio de medio minuto, desapareciendo de la misma forma que lo había hecho en las ocasiones anteriores.
Todos habíamos quedado en silencio. Todos con el rostro hacia el cielo. Todos, creo, con la boca medio abierta, anonadados. Todos con el corazón acelerado…
– Ya no volverán -intervino Carlos Paz Wells a los pocos minutos-. Han comunicado que no pueden descender más… Pero la mayoría -creo recordar- no había terminado de oír las palabras de Carlos. Y seguíamos con los ojos fijos en aquella densa capa de nubes, taladrando cada uno de los centímetros de nubes con nuestros ojos.
Al final, todos a la vez y con la misma ansiedad, preguntamos:
– ¿Qué ha sido eso…? ¿Eran naves…?
– Nos han manifestado -respondieron los miembros del grupo del «IPRI»- que eran, efectivamente, dos naves. Y que no han podido descender más porque la capa de nubes estaba muy baja… Pero han querido manifestarse, a fin de ratificar el contacto previamente anunciado.
– No entiendo -murmuré-. ¿Por qué decís que no han bajado más?
– Por dos razones: primera, porque el «colchón» de nubes es muy bajo y su presencia a tan escasa altura podría haber alertado a personas que -aunque lejos de aquí- quizás hubieran percibido la gran luminosidad de los discos.
»Y segunda -prosiguió el ingeniero-, porque «ustedes no están todavía preparados para ver las naves desde tan cerca».
Aquel comentario iba dirigido, por supuesto, a los cinco «invitados».
– Eso es lo que ellos nos han comunicado…
No sabía qué decir. No sabía qué pensar. Los tres miembros del «IPRI» sonrieron al ver nuestra sorpresa, nuestra confusión. Y sencillamente, con esa naturalidad que tanto me desasosegaba, comentaron:
– Hoy ha sido un día «monótono»… Como otros muchos. En realidad, no ha pasado nada. Ellos se han limitado a presentarse ante nosotros. Pero ha sido un «avistamiento» muy elemental…
«Pero, ¡oh Dios! -me repetía una y otra vez-, ¿es que ha podido ser tan simple…?»
Eran las nueve y treinta minutos de la noche del siete de setiembre de 1974.
…Todo había durado cinco o seis minutos.
EPÍLOGO: DOS DÍAS SIN PODER DORMIR
No podría concluir este reportaje sin hacer alusión a los días que siguieron al para mí imborrable 7 de setiembre.
No pude dormir en las dos noches siguientes. Pero, no por que mi estado de ánimo hubiera quedado alterado. A decir verdad, el rotundamente inesperado «avistamiento» de aquellos dos ovnis sólo me llenó de sorpresa. Por fortuna, pienso, aparecieron lo suficientemente alejados como para que sólo pudiera ser así…
La verdadera razón que me mantuvo en vela durante aquel tiempo fue mi arraigado pragmatismo. Había acudido a los arenales de Chilca absolutamente convencido de que no iba a ver nada, de que todo aquello era irrealizable. Y, sin embargo, allí arriba y a la hora prevista, un total de ocho personas habíamos presenciado un fenómeno para el que no lograba encontrar una explicación terrestre y lógica.
Mi cerebro ha tratado de descifrar el enigma mediante numerosos razonamientos. Pero, sin embargo, tengo que reconocer que, hasta el momento, no he hallado dicha solución.
¿Podía tratarse de un avión o de un helicóptero?
Rotundamente, no. ¿Qué avión puede permanecer fijo y verificar semejantes cambios de luz?
¿Qué aparato emite una luminosidad tan potente?
Si se hubiera tratado de un helicóptero habríamos escuchado inmediatamente el ruido y sus pilotos de situación se habrían percibido indefectiblemente entre las nubes. Pero el silencio era absoluto. Total. Poco después, cuando al cabo de varias horas llegábamos a Lima, recordé algo muy concreto y sintomático, en relación con este aspecto del ruido. Durante las dos horas largas que esperamos en «La Mina», el único sonido que llegaba hasta nosotros con claridad era el producido por los numerosos murciélagos que cruzaban la oscuridad. Sus vibraciones sonaban de vez en vez como la cuerda del arco que acaba de ser distendido.
Sin embargo -lo recuerdo muy bien-, minutos antes de que aparecieran los ovnis, aquellas vibraciones de los murciélagos desaparecieron. ¿Por qué?
¿Podía tratarse de un fenómeno meteorológico?
Sinceramente, me resulta muy difícil de aceptar. ¿Qué «fenómeno meteorológico» proyecta de pronto un rayo de luz -perfectamente cilindrico- hacia tierra?
¿Podía tratarse de un globo sonda, de alguna estrella o, incluso, de la Luna?
Muchísimo menos. Como digo, durante más de dos horas me dediqué pacientemente a contemplar el encapotado cielo peruano. Y no pude adivinar el menor rastro de estrellas o planetas. Ni siquiera Venus, con su extremada brillantez, se filtraba por entre la espesísima capa de nubes.
En cuanto al globo sonda, dudo mucho de que a esa altura -unos pocos cientos de metros-, un globo de este tipo pueda producir semejante luminosidad.
¿Podía tratarse de un trucajé, de un montaje técnico?
También lo analicé cuidadosamente. Y, aunque lógicamente no puedo emitir un juicio definitivo, ¿qué clase de medios se habrían necesitado para llevar a cabo dichas apariciones y evoluciones? Si ya resulta muy difícil lograr una proyección de abajo arriba, ¿qué puede ocurrir a la hora de tratar de conseguir, además, otra proyección de arriba abajo?
«Además -pensé-, ¿para qué un desplie]gue técnico de semejante envergadura? Ni el dinero ni la popularidad son los objetivos de este grupo del "IPRI*» Y esto me consta.
¿Podía tratarse de una sugestión colectiva?
Es posible. Sin embargo, yo pienso que para que una persona pueda ser hipnotizada -como me han apuntado algunos «expertos», más cargados de mala fe que de deseos de esclarecer el asunto- es básico y elemental que dicha persona se encuentre en un estado de ánimo favorable a dicho proceso hipnótico o de sugestión. Y no me cansaré de repetir que en aquella noche del 7 de setiembre, precisamente, mi mente y mi humor no eran muy «positivos» y «manejables», que digamos…
Por otra parte, ¿cómo explicar el hecho de que no todos observáramos el primer ovni al mismo tiempo?
Hubo un pequeño grupo que se percató antes que el resto de la presencia de aquel disco luminoso. Mediaron, pues, unos segundos, claves -en mi opinión- para anular tal posibilidad de sugestión colectiva.
Pero hay más.
Porque, ante mi sorpresa, otras personas han llegado a señalar el hecho de que «todo aquello» sólo fue un fenómeno parapsicológico.
Y he aquí la argumentación en cuestión:
Para estos expertos en Parapsicología, aquellos discos luminosos sólo eran en realidad «porciones» de «ectoplasma» extraídas de los cuerpos de los que allí nos encontrábamos y lanzadas o proyectadas al cielo, en forma de ovnis.
Por supuesto -y aunque tengo un profundo respeto por la Parapsicología-, la «explicación» me pareció más fantástica, incluso, que la propia existencia de los ovnis. Porque, si mucho mérito tiene -a fe mía- arrancar, y situar a 200 ó 300 metros del suelo los mencionados «ectoplasmas», «convertirlos», además, en naves resplandecientes es ya el colmo…
Si ninguna de estas explicaciones encaja por tanto en el fenómeno que yo viera en la noche del 7 de setiembre, ¿a qué conclusión podía llegar?
Sólo a una: «aquello» eran realmente ovnis u objetos volantes no identificados.
Y un profundo miedo y una profunda alegría y una profunda angustia llenaron todo mi ser…
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