Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El cirujano
El cirujano - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El cirujano

Электронная книга - «El cirujano». Краткое содержание книги:

Un asesino silencioso se desliza en las casas de las mujeres y entra en las habitaciones mientras ellas duermen. La precisi?n de las heridas que les inflige sugiere que es un experto en medicina, por lo que los diarios de Boston y los atemorizados lectores comienzan a llamarlo «el cirujano». La ?nica clave de que dispone la polic?a es la doctora Catherine Cordell, v?ctima hace dos a?os de un crimen muy parecido. Ahora ella esconde su temor al contacto con otras personas bajo un exterior fr?o y elegante, y una bien ganada reputaci?n como cirujana de primer nivel. Pero esta cuidadosa fachada est? a punto de caer ya que el nuevo asesino recrea, con escalofriante precisi?n, los detalles de la propia agon?a de Catherine. Con cada nuevo asesinato parece estar persigui?ndola y acercarse cada vez m?s…
1 ... 29 30 31 32 33 34 35 36 37 ... 74
Перейти на страницу:

El asombro reverberaba en sus ojos.

– No tengo idea.

– Eso creímos.

– ¿Cómo podría saber lo que él piensa?

– Catherine, él puede acechar a cualquier otra mujer en Boston. Podría elegir a alguien que no está preparado, que no tiene idea de que está siendo acechado. Eso sería lo lógico, ir tras la víctima fácil. Tú eres la presa más difícil que podría elegir, porque ya estás en guardia contra el ataque. Y para colmo hace la cacería más difícil advirtiéndote. Burlándose. ¿Por qué?

La bienvenida se había disipado de sus ojos. De repente sus hombros se tensaron y sus manos se cerraron en puños sobre el escritorio.

– Lo único que puedo decirte es que no lo sé.

– Tú eres la única conexión física entre Andrew Capra y el Cirujano -dijo él-. La víctima en común. Es como si Capra estuviera vivo, retomando su obra donde la había dejado. Y donde la había dejado eres tú. La que logró escapar.

Ella clavó la vista en el escritorio, en las fichas tan pulcramente apiladas. En la receta que había estado escribiendo con letra apretada y precisa. Aunque estaba absolutamente quieta, los nudillos de sus manos sobresalían como nítido marfil.

– ¿Qué es lo que no me has contado acerca de Andrew Capra? -le preguntó con gentileza.

– No me he guardado nada.

– La noche en que te atacó, ¿por qué había ido a tu casa?

– ¿Esto te parece relevante?

– Eres la única víctima que Capra conocía. Las otras víctimas eran desconocidas, mujeres que levantaba en bares. Pero tú eras algo distinto. Él te eligió.

– Él estaba… debe de haber estado enojado conmigo.

– Fue a verte por un asunto del trabajo. Un error que había cometido. Eso es lo que le contaste al detective Singer.

Ella asintió.

– Fue algo más que un simple error. Era una serie de errores. Errores médicos. Y él seguía sin reconocer muestras de sangre anormales. Era un hábito de negligencia. Ese mismo día yo lo había enfrentado, en el hospital.

– ¿Qué le dijiste?

– Le dije que debía buscar otra especialidad. Porque no pensaba recomendarlo para el segundo año de residencia.

– ¿Te amenazó? ¿Manifestó su enojo?

– No. Eso fue lo extraño. Lo aceptó sin más. Y… me sonrió.

– ¿Te sonrió?

Ella asintió.

– Como si en realidad no le importara.

La imagen le dio a Moore un escalofrío. Ella no podía saber entonces que la sonrisa de Capra enmascaraba una furia insondable.

– Más tarde esa noche, en tu casa -dijo Moore-, cuando te atacó…

– Ya he contado lo sucedido. Está en mi declaración. Todo eso consta en mi declaración.

Moore hizo una pausa. A su pesar siguió insistiendo.

– Hay cosas que no le contaste a Singer. Cosas que dejaste afuera.

Ella levantó la cabeza, con las mejillas encendidas por la ira.

– ¡No dejé nada afuera!

Odiaba tener que perseguirla con más preguntas, pero no tenía otra opción.

– Revisé el informe de la autopsia de Capra -dijo él-. No coincide con la declaración que hiciste ante la policía de Savannah.

– Le dije al detective Singer exactamente lo que sucedió.

– Dijiste que yacías con el cuerpo atado a un costado de la cama. Revisaste bajo la cama en busca del revólver. Desde esa posición apuntaste a Capra y disparaste.

– Y es la verdad. Lo juro.

– De acuerdo con la autopsia, la bala subió por su abdomen y atravesó la espina torácica, dejándolo paralizado. Hasta aquí coincide con tu declaración.

– ¿Entonces por qué dices que miento?

Moore se detuvo una vez más, con el corazón casi dolorido por tener que presionarla más. Por tener que lastimarla más.

– Hay un problema con la segunda bala -dijo él-. Fue disparada de cerca, directo al ojo izquierdo. Pero tú estabas tirada en el piso.

– Debe de haberse inclinado hacia abajo, y ahí fue cuando disparé.

– ¿Debe de haberse inclinado?

– No lo sé. No recuerdo.

– ¿No recuerdas haber disparado la segunda bala?

– No. Sí…

– ¿Cuál es la verdad, Catherine? -Lo dijo con voz amable, pero no pudo suavizar el efecto de sus palabras.

Ella se miró los zapatos.

– No voy a aceptar este tipo de interrogatorio. Yo soy la víctima.

– Y yo estoy tratando de mantenerte con vida. Necesito saber la verdad.

– ¡Ya te he dicho la verdad! Ahora creo que es momento de que te retires. -Se cruzó hasta la puerta, la abrió de par en par, y le lanzó una mirada de dolor.

Peter Falco estaba parado fuera, la mano lista para golpear.

– ¿Estás bien, Catherine? -preguntó Peter.

– Todo está perfecto -contestó secamente.

Peter afiló su mirada sobre Moore.

– ¿Qué es esto? ¿Acoso policial?

– Le estaba haciendo un par de preguntas a la doctora Cordell. Eso es todo.

– No sonaba así desde el pasillo. -Peter miró a Catherine-. ¿Quieres que le muestre la salida?

– Puedo enfrentar esto sola.

– No tienes obligación de contestar más preguntas.

– Estoy bien al tanto de eso, gracias.

– Está bien. Pero si me necesitas, estaré afuera. -Peter le lanzó una última mirada de advertencia a Moore, luego se volvió y regresó a su oficina. Al final del pasillo, Helen y la empleada que concertaba los turnos miraban sorprendidas a Catherine. Algo aturdida, Catherine volvió a cerrar la puerta. Por un momento permaneció de espaldas a Moore. Luego enderezó la columna, y se volvió hacia él. Las preguntas seguirían allí en el caso de contestarle ahora o más tarde.

– No te he escamoteado nada -dijo ella-. Si no logro contarte todo lo que sucedió esa noche es porque no lo recuerdo.

– Entonces tu declaración a la policía de Savannah no es completamente cierta.

– Todavía estaba hospitalizada cuando declaré. El detective Singer me habló de lo que había sucedido, ayudándome a reunir las piezas. Le dije lo que consideré que era correcto en ese momento.

– Y ahora no estás tan segura.

Ella sacudió la cabeza.

– Es difícil determinar cuáles son los recuerdos verdaderos. Es mucho lo que no puedo recordar a causa de la droga que me dio Capra. El Rohypnol. De tanto en tanto me asalta un recuerdo. Algo que puede o no haber sido real.

– ¿Y todavía te asaltan esos recuerdos?

– Tuve uno anoche. Fue el primero en meses. Pensé que lo había superado. Pensé que se habían ido para siempre.

Caminó hasta la ventana y miró fuera. El panorama se veía oscurecido por la sombra de la torre de concreto. Su oficina daba al hospital, y podían verse, hilera tras hilera, las ventanas de las habitaciones de los enfermos. Un vistazo al mundo privado de los agonizantes y los moribundos.

– Dos años parece mucho tiempo -dijo-. Tiempo suficiente para olvidar. Pero en realidad, dos años no es nada. Nada. Después de esa noche, no pude regresar a mi casa, no pude pisar el lugar donde había sucedido todo. Mi padre tuvo que empacar mis cosas y llevarme a otra parte. Allí estaba, la jefa de residentes, acostumbrada a la visión de sangre y tripas. Pero tan sólo la idea de caminar por el pasillo y abrir la puerta de mi dormitorio hacía que quedara empapada de sudor frío. Mi padre trató de entender, pero él es un duro militar. No acepta la debilidad. Piensa en ella como en otra herida de guerra, una herida que cierra. Y después hay que seguir viviendo. Me dijo que lo madurara y que lo superara. -Sacudió la cabeza y se rió-. Que lo superara. Suena tan fácil. No tiene idea de lo difícil que me resultaba salir a la calle cada mañana. Caminar hasta el auto. Estar tan expuesta. Al poco tiempo dejé de hablarle, porque sabía que le disgustaba mi debilidad. Hace meses que no lo llamo…

»Me llevó dos años poder controlar finalmente mi temor. Llevar una vida razonablemente normal en la que no sienta que alguien va a saltar desde cada arbusto. Recuperé mi vida. -Se pasó la mano por los ojos, enjugándose rápida y furiosamente las lágrimas. Su voz se convirtió en un susurro-. Y ahora he vuelto a perderla.

Temblaba por el esfuerzo de no llorar, abrazándose, los dedos enterrados entre sus brazos como si luchara por controlarse. Moore se levantó de la silla y se acercó a ella. Se quedó de pie detrás, preguntándose qué pasaría si la tocaba. ¿Se haría a un lado? ¿El mero contacto con la mano de un hombre le resultaría repulsivo? La observaba impotente mientras ella se replegaba sobre sí misma, y se le ocurrió que caería abatida ante sus propios ojos.

1 ... 29 30 31 32 33 34 35 36 37 ... 74
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)