Al final del invierno [At Winter's End - es]
- Автор: Силверберг Роберт
- Серия: Nueva primavera #1
- Год: 1990
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-406-1415-5
- Переводчик: Paola Tizzano
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Al final del invierno [At Winter's End - es]». Краткое содержание книги:
Después, Hresh la llevó aparte y le preguntó:
— ¿Lo he hecho bien? ¿Lo he hecho correctamente?
— Has estado espléndido — le aseguró. Y siguiendo un impulso le atrajo hacia su pecho y le levantó por los aires para besarlo dos veces.
El pequeño pareció enfadarse. La miró de modo extraño cuando ella le devolvió al suelo, y se sacudió el pelaje con actitud de dignidad ofendida. Pero cuando ella le sonrió y le posó las manos sobre los hombros en una caricia más decorosa, Hresh se mostró menos ofuscado. Nadie podía permanecer enfadado con Torlyri durante mucho tiempo.
— Pronto tendremos que realizar otra ceremonia — dijo Hresh.
— Te refieres al niño de Nettin…
— Ésa también. Pero hablaba de una para mí.
— ¿En qué estás pensando? — preguntó Torlyri.
— En el día de mi nombramiento. Pronto cumpliré nueve años…
Se esforzó por contener la risa, pero finalmente se le escapo una sonora carcajada.
Hresh la miró, de nuevo herido en su dignidad.
— ¿He hecho algún chiste?
— No, no se trata de un chiste, Hresh. No ha sido nada gracioso, pero… pero… — comenzó a reír —. Lo siento. Discúlpame.
— No comprendo — se quejó Hresh.
— El día de tu nombramiento… eres el anciano de la tribu, acabas de dar nombre a un recién nacido, ¡y ni siquiera ha pasado el día de tu propio nombramiento! ¡Ay, Hresh, Hresh… qué tiempos tan extraordinarios nos ha tocado vivir!
— No obstante — acotó el pequeño —, ha llegado mi momento.
— Sí, estás absolutamente en lo cierto, Hresh. Hablaré de ello con Koshmar esta tarde. ¿Qué día será? ¿Lo sabes?
— He perdido la cuenta, Torlyri, a lo largo de estas semanas y meses de andar a la deriva. Creo que ya debe haber pasado la fecha. Hace algunos días — respondió tristemente.
— Bueno, no importa. Se lo diré a Koshmar.
Tanto Koshmar como Torlyri no sabían determinar el procedimiento correcto para un día de nombramiento en esta nueva vida. Desde la Partida, no había n tenido ocasión de celebrar un rito semejante.
En el capullo, el día del nombramiento marcaba el ingreso de un niño en la vida adulta y constituía uno de los tres días sagrados en los cuales se permitía a un miembro de la tribu cruzar el umbral y conocer por un instante el mundo exterior. Acompañado sólo de la mujer de las ofrendas, el tembloroso niño de nueve años cruzaba la salida, proclamaba el nombre que había escogido para el resto de su vida y celebraba las acostumbradas ofrendas a los Cinco, aunque algo azorado, atónito, ante la visión del acantilado, y del río, y de la cúpula abierta del cielo, de los Cúmulos de huesos desteñidos y blanqueados, y ante el impacto intoxicante del aire frío… Años más tarde, vendría un segundo rito, el día del entrelazamiento, que señalaría el reconocimiento formal de la madurez del alma. Y la última vez en que la mayoría de los miembros de la tribu acudían al exterior era para encontrarse con la muerte. Si tenían fuerza suficiente para caminar, los escoltaba la cabecilla y la mujer de las ofrendas, o a veces el guerrero mayor.
De otro modo, la mujer de las ofrendas sencillamente los arrastraba al exterior para que aguardaran allí los vientos y las lluvias.
Pero… ¿cómo Podría Hresh salir del capullo para su rito de nombramiento, si para empezar, ya se encontraba fuera?
El ritual en sí había perdido significado, pero el día del nombramiento era algo importante. Torlyri comprendió que una vez más recaía sobre ella la tarea de inventar una ceremonia. Había algo extraño y problemático en el hecho de inventar un rito. ¿Era así como cobraban existencia todos los ritos?, se preguntó. ¿Habrían sido inventados sobre la marcha por la sacerdotisa o el anciano, para hacer frente a alguna necesidad inesperada? ¿No fueron decretados por algún dios?
El dios, dijo para sus adentros, habla a través de la mujer de las ofrendas.
Que así sea. Se disculpó ante Koshmar y se alejó rumbo al lago del aguazancos. Allí se puso de rodillas y solicitó la ayuda de Dawinno, quien le indicó un rito que surgió nítido e indudable en su mente.
Mientras se hallaba allí de rodillas, el aguazancos apareció de nuevo. Lo miró sin temor, sonriendo mientras la criatura desplegaba su vasto cuerpo membranas. Si quisieras hacerme daño, no podrías, pensó. Pero aun cuando pudieras, hoy te sonreiría, y tú no me lastimarías. El aguazancos, agitándose lentamente desde su gran altura, la estudió con gravedad. Y luego le pareció que el animal también le sonreía, y que hallaba agrado en su presencia.
Ella hizo un gesto de asentimiento.
— Los Cinco sean contigo, amigo — lo saludó. El aguazancos se echó a reír, pero la risa pareció más amable que la vez anterior.
Mientras Torlyri regresaba al campamento, vislumbró una bandada de esas criaturas a las cuales Thaggoran había denominado avesangres, que más de una vez se habían abalanzado sobre ellos durante la marcha intentando perforarlos con los picos. Recordó las terroríficas embestidas los chillidos atroces, las heridas que les habían causado… Pero esta vez no sintió motivo de alarma. Las miró sin temor, como había hecho con el aguazancos, y las aves permanecieron en lo alto, volando en círculo sin caer hacia ella.
Así hay que vivir en este sitio, se dijo. Hay que observar a todas las criaturas sin temor; si es posible, incluso con amor, y así no causarán daño.
— Muy bien, éste es el rito — le dijo a Koshmar —. Partiré con él rumbo al bosque, me internaré en las profundidades, lejos de la tribu, en un lugar donde estemos solos, donde junto a nosotros no haya más que las criaturas del bosque. Eso será como abandonar la seguridad del capullo en el rito antiguo. Y él hará sus ofrendas a los Cinco, y entonces se dirigirá a alguna criatura salvaje, no importa a cuál… puede ser una serpiente, un ave, un aguazancos o cualquier otro ser, mientras se trate de una criatura distinta de nosotros. Se acercará a ella en paz y le dirá su nuevo nombre.
Koshmar se mostró preocupada.
— ¿Y eso qué objeto tiene?
— Manifestar que somos gente del mundo y en el mundo, y que de nuevo estamos viviendo entre sus criaturas. Que nos acercamos a ellas con amor, sin miedo, para compartir la naturaleza con ellas ahora que el invierno ha concluido.
— Ah — dijo Koshmar —. Ya veo. — Pero por su forma de decirlo Torlyri supo que no estaba convencida.
Con todo, había llegado el momento de celebrar el día del nombramiento de Hresh, y no había capullo alguno del cual salir. Ése era el nuevo rito que Torlyri había concebido, y ella era la única mujer de las ofrendas que la tribu poseía. ¿Quién podía decirle que se trataba de una ceremonia equivocada? Torlyri instruyó a Hresh sobre lo que debía hacer y juntos partieron al amanecer, solos. Él llevaba un cuenco para las ofrendas, y mientras avanzaba iba recolectando capullos y fresas para obsequiar a los dioses.