Juego Del Destino
- Автор: Арчер Джеффри
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:
– Eso es algo que no me impidió considerar a otros hombres antes de que me decidiera por ti -le recordó Ruth.
– Sí, pero aquello fue diferente, porque ninguno de ellos te quería.
– Robert Davenport, te diré que…
– Ruth, ¿has olvidado cuántas veces te pedí que te casaras conmigo antes de que me aceptaras? Incluso traté de dejarte embarazada.
– Nunca me lo dijiste -exclamó Ruth, con una mirada de sorpresa.
– Es evidente que has olvidado los años que pasaron antes de que naciera Fletcher.
Ruth volvió a mirar de nuevo a su nuera.
– Confiemos en que ella no tenga que enfrentarse al mismo problema.
– No hay ningún motivo para suponerlo. No es Fletcher quien dará a luz. Yo diría que Fletcher, como yo, nunca volverá a mirar a otra mujer durante el resto de su vida.
– ¿Nunca has vuelto a mirar a otra mujer desde que nos casamos? -le preguntó Ruth después de estrechar las manos de otros dos invitados.
– No -contestó Robert antes de beber otro trago de champán-. Me he acostado con varias, pero nunca las miré.
– Robert, ¿cuánto has bebido?
– No he contado las copas -admitió Robert, mientras Jimmy se apartaba de la fila.
– ¿De qué se ríen ustedes dos, señor Davenport?
– Le hablaba a Ruth de mis muchas conquistas, pero se niega a creerme. Dime una cosa, Jimmy, ¿a qué te dedicarás cuando te gradúes?
– Me uniré a Fletcher para estudiar derecho. Es probable que no me resulte algo sencillo, pero con su hijo para que me saque adelante durante el día y Joanna por la noche, quizá lo consiga. Seguramente están muy orgullosos de él.
– Magna cum laude y representante del claustro de estudiantes -manifestó Robert-. Claro que lo estamos. -Levantó la copa vacía para que el camarero la volviera a llenar.
– Estás borracho -le reprochó Ruth, divertida.
– Como siempre, querida, tienes toda la razón, pero eso no impedirá que me sienta tremendamente orgulloso de mi único hijo.
– Pues nunca hubiese llegado a representante estudiantil sin la colaboración de Jimmy -afirmó Ruth rotundamente.
– Es muy amable de su parte decirlo, señora Davenport, pero no olvide que Fletcher obtuvo una victoria aplastante.
– Así es, pero solo después de que tú convencieras a Tom… como se llame, que debía retirarse y respaldar a Fletcher.
– Quizá fue una ayuda. Así y todo, Fletcher fue quien propuso los cambios que afectarán a las futuras generaciones de estudiantes de Yale -dijo Jimmy. Annie se reunió con ellos-. Hola, hermanita.
– Cuando sea presidenta de la General Motors, ¿continuarás llamándome de esa manera tan absurda?
– Claro que sí, y lo que es más, nunca volveré a conducir un Cadillac.
Annie estaba a punto de golpearlo, cuando el jefe de comedor les anunció que había llegado el momento de cortar la tarta.
Ruth cogió a su nuera por el talle.
– No hagas el más mínimo caso de tu hermano -le dijo-, porque en cuanto acabes la carrera, le habrás puesto en su lugar.
– No tengo nada que demostrarle a mi hermano -replicó Annie-. Es su hijo quien siempre ha marcado el paso.
– Creo que también podrás ganarle a él -afirmó Ruth.
– No estoy muy segura de querer hacerlo -opinó Annie-. Dice que quiere dedicarse a la política en cuanto sea abogado.
– Eso no tendría que impedirte acabar tus estudios universitarios.
– No, pero tampoco soy tan orgullosa como para no hacer los sacrificios que sean si con ello le ayudo a realizar sus ambiciones.
– Tienes todo el derecho a tener tu propia profesión -proclamó Ruth.
– ¿Por qué? ¿Porque de pronto se ha puesto de moda? Quizá no soy como Joanna -señaló la joven mientras miraba a su cuñada-. Sé lo que quiero, Ruth, y haré todo lo que sea necesario para conseguirlo.
– ¿Qué es lo que deseas? -le preguntó Ruth en voz baja.
– Apoyar al hombre que amo durante el resto de mi vida, criar a sus hijos, disfrutar con sus éxitos, y a la vista de todas las presiones de los setenta, eso puede resultar mucho más duro que obtener un magna cum laude de Vassar -dijo Annie mientras cogía el cuchillo de plata con el mango de marfil-. Sospecho que celebraremos muchas menos bodas de oro en el siglo veintiuno que en este.
– Eres un hombre afortunado, Fletcher -le comentó su madre en el momento que Annie empezaba a cortar la tarta.
– Lo sé incluso desde antes de que le quitaran el aparato de ortodoncia -afirmó Fletcher.
Annie le pasó el cuchillo a Joanna.
– Pide un deseo -le susurró Jimmy.
– Ya lo he hecho, pipiolo -replicó ella-, y lo que es más: se me ha concedido.
– Ah, ¿te refieres al privilegio de casarte conmigo?
– Dios bendito, no, es muchísimo más importante que eso.
– ¿Qué puede haber que sea más importante?
– Vamos a tener un hijo.
Jimmy abrazó a su esposa.
– ¿Cuándo sucedió?
– No sé el momento exacto, pero dejé de tomar la píldora en cuanto me convencí de que te licenciarías.
– Eso es maravilloso. Venga, vamos a compartir la noticia con nuestros invitados.
– Si les dices una sola palabra, te clavaré el cuchillo a ti en lugar de cortar la tarta. Siempre he sabido que sería un error casarme con un pipiolo pelirrojo.
– Estoy seguro de que el bebé será pelirrojo.
– No estés tan seguro, jovenzuelo, porque si se lo dices a alguien, declararé no saber quién es el padre.
– Damas y caballeros -gritó Jimmy, mientras su esposa levantaba el cuchillo-, quiero comunicarles algo. -El silencio se impuso en la sala-. Joanna y yo vamos a tener un bebé.
El silencio se prolongó una fracción de segundo y luego los quinientos invitados comenzaron a aplaudir con entusiasmo.
– Estás muerto, pipiolo -afirmó Joanna y clavó el cuchillo en la tarta.
– Lo supe desde el momento en que te conocí, señora Gates, pero creo que debemos tener por lo menos tres hijos antes de que me mates.
– Bueno, senador, está usted camino de convertirse en abuelo -comentó Ruth-. Le felicito. No veo la hora de ser abuela, aunque sospecho que pasará algún tiempo antes de que Annie tenga su primer hijo.
– Estoy seguro de que ni siquiera pensará en el tema hasta que acabe los estudios -respondió Harry Gates-, sobre todo cuando se enteren de lo que tengo pensado para Fletcher.
– ¿No podría ocurrir que Fletcher no quiera seguir sus planes? -indicó Ruth.
– No mientras Jimmy y yo consigamos hacerle sentir desde el primer momento que ha sido idea suya.
– ¿No cree que en estos momentos quizá ya sepa qué se trae usted entre manos?
– Ha sido capaz de hacerlo desde el día que le conocí en el partido de Hotchkiss contra Taft hace casi diez años. En aquel momento tuve claro que él sería capaz de poner el listón mucho más alto que yo. -El senador rodeó la cintura de Ruth con el brazo-. Sin embargo, hay un problema y quizá pueda necesitar su ayuda.
– ¿De qué se trata?
– No creo que Fletcher haya decidido todavía si es demócrata o republicano, y sé la opinión de su marido…
– ¿No es una noticia maravillosa que Joanna esté embarazada? -le dijo Fletcher a su suegra.
– Desde luego que sí -admitió Martha-. Harry ya está contando la renta de votos que tendrá en cuanto se convierta en abuelo.
– ¿Por qué cree que ganará votos?
– Las personas de la tercera edad son el sector del electorado que más crece, así que puede representar un porcentaje de un punto el que vean a Harry pasear a su nieto en el cochecito.
– Si Annie y yo tenemos un hijo, ¿también representará un punto más?
– No, no, todo es cuestión del momento oportuno. Recuerda que Harry se presentará a la reelección dentro de dos años.
– ¿No cree que podríamos planear el nacimiento de nuestro hijo para que coincida con la fecha de las elecciones?