Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:

Jeffrey Archer, con su habitual maestría narrativa, presenta en su última novela una apasionante historia marcada por un insólito cruce de destinos: dos hermanos gemelos separados al nacer y que desconocían la existencia del otro, se reencuentran treinta años más tarda como rivales políticos. Ambos pertenecen a familias de distinta extracción social y credo ideológico, pero el azar propiciará que sea Fletcher quien defienda a su hermano Nat, acusaso del asesinato de su rival en las elecciones a gobernador. Cuando Fletcher sufra un accidente y sea necesario conseguir sangre de un grupo muy extraño se desvelará el parentesco. Una trama perfectamente urdida en torno a las sorpresas que puede deparar el destino, al podeer político, al juego sucio, a la pérdida y al reencuetro, que ha hecho las delicias de miles de lectores en Inglaterra y Estados Unidos.
1 ... 24 25 26 27 28 29 30 31 32 ... 128
Перейти на страницу:

Nat estaba impresionado por la aparente tranquilidad del piloto, cuando él, su copiloto y los dos artilleros de popa podían estar muertos al cabo de veinte minutos. No obstante, como el coronel Tremlett había repetido hasta el cansancio, los hombres tranquilos salvaban muchas más vidas que los impacientes. Nadie dijo ni una palabra durante el siguiente cuarto de hora. Nat tuvo tiempo para pensar en la decisión que había tomado; ¿él también estaría muerto al cabo de veinte minutos?

Vivió el cuarto de hora más largo de su vida, entretenido en observar la extensión de la selva alumbrada por la media luna mientras mantenían escrupulosamente el silencio radiofónico. Echó un vistazo a los artilleros de popa mientras el helicóptero volaba casi a ras de las copas de los árboles. Habían comprobado el funcionamiento de las armas y desde entonces permanecían concentrados con el dedo en el gatillo, alertas a cualquier peligro. Nat miraba por la ventanilla lateral cuando súbitamente vio que una bengala roja brillaba en el cielo. Pensó que en ese mismo momento hubiese estado tomando café en el comedor de oficiales.

– Blackbird Uno a formación -llamó el piloto-. No encendáis los focos de abajo hasta que estemos a treinta segundos del encuentro y recordad que yo voy primero.

Una ráfaga de balas trazadoras color verde pasó por delante del aparato y los artilleros contestaron al fuego inmediatamente.

– El VC nos acaba de identificar -informó el piloto, impávido.

Inclinó el aparato hacia la derecha y Nat vio al enemigo por primera vez. Los soldados avanzaban colina arriba, a pocos centenares de metros del terreno donde el helicóptero intentaría aterrizar.

Fletcher leyó el artículo en el Washington Post. Había sido un acto de heroísmo que había captado la atención del público norteamericano hacia una guerra de la que nadie quería saber nada. Un grupo de setenta y ocho soldados de infantería paracaidista, cercados en la selva de Vietnam del Norte, superados ampliamente en número por el Vietcong, había sido rescatado por una escuadrilla de helicópteros que había volado por una zona de grandes peligros, sin poder aterrizar en medio del fuego enemigo. Fletcher observó con atención el detallado esquema de la página opuesta. El teniente de vuelo Chuck Philips había sido el primero en descender para rescatar a media docena de los hombres atrapados. Se había mantenido a medio metro del suelo mientras se realizaba la operación. No se había dado cuenta de que otro oficial, el teniente Cartwright, había saltado del aparato en el preciso momento que se elevaba para dar paso al segundo helicóptero.

Entre los cadáveres cargados en el tercer helicóptero estaba el del oficial al mando, el capitán Dick Tyler. El teniente Cartwright había tomado el mando para dirigir el contraataque al tiempo que coordinaba el rescate de los soldados restantes. Había sido el último en abandonar el campo de batalla y en subir al último helicóptero de rescate. Los doce aparatos emprendieron el vuelo de regreso a Saigón, pero solo once aterrizaron en la base Eisenhower.

El general de brigada Hayward envió sin demora un equipo de rescate y los mismos once pilotos y sus tripulaciones se ofrecieron voluntarios para buscar el Huey desaparecido, pero a pesar de los repetidos vuelos por territorio enemigo, no encontraron ninguna señal del Blackbird Doce. En rueda de prensa, Hayward describió a Nat Cartwright -un recluta, que había dejado la Universidad de Connecticut donde cursaba el primer año para alistarse- como un ejemplo para todos sus compatriotas de alguien que, en palabras de Lincoln, había dado «el más completo testimonio de patriotismo». «Vivo o muerto, lo encontraremos», prometió Hayward.

Fletcher buscó en todos los periódicos los artículos que mencionaban a Nat Cartwright después de leer una nota biográfica donde se recogía que había nacido el mismo día, en la misma ciudad y el mismo hospital que él.

Nat saltó del primer helicóptero en cuanto el aparato llegó a un metro del suelo. Ayudó al capitán Tyler a enviar al primer grupo a bordo del Huey, sin preocuparse de las bombas de mortero y las ráfagas de las ametralladoras.

– Hágase cargo de esta parte de la operación -le ordenó Tyler-, mientras me ocupo de organizar a mis hombres. Se los enviaré de seis en seis.

– Adelante -gritó Nat en el momento en que el primer helicóptero se inclinaba hacia la izquierda hasta remontar el vuelo.

En cuanto apareció el segundo, a pesar del incesante fuego enemigo, Nat organizó con serenidad al segundo grupo para que subieran al aparato. Miró por un instante colina abajo donde Dick Tyler dirigía a sus hombres en la defensa de la retaguardia al tiempo que enviaba al siguiente grupo para que se reuniera con Nat. Cuando Nat se volvió, el tercer helicóptero ya estaba en posición sobre el pequeño cuadrado de suelo fangoso. Un cabo primero y cinco soldados se acercaron a la carrera dispuestos a subir.

– ¡Maldita sea! -gritó el cabo primero al mirar atrás-. Le han dado al capitán.

Nat vio a Tyler tumbado boca abajo en el fango y a los dos soldados que lo levantaban. Sin perder ni un segundo llevaron el cadáver hasta el helicóptero.

– Le cedo el mando, primero -dijo Nat.

Echó a correr hacia el risco. Cogió el M60 del capitán, buscó una posición y comenzó a disparar contra el enemigo. Sin saber cómo, se las arregló para enviar a otros seis hombres que corrieran colina arriba para montarse en el cuarto helicóptero. Solo estuvo en aquel risco durante unos veinte minutos, dedicado a repeler a las oleadas de vietcongs, mientras su propio grupo de apoyo se iba reduciendo cada vez más porque no dejaba de enviar a sus soldados en busca del refugio de los siguientes helicópteros.

Los últimos seis defensores no abandonaron sus puestos hasta no ver que aparecía el Blackbird Doce. Nat se volvió y echó a correr con todas sus fuerzas cuando una bala le alcanzó en una pierna. Era consciente de que debía de sentir dolor, pero no por eso dejó de correr como nunca lo había hecho antes. Cuando llegó a la escotilla abierta del helicóptero, sin dejar de disparar la ametralladora, escuchó al cabo primero que le gritaba:

– ¡Por Dios, señor, suba de una puñetera vez!

El cabo le ayudó a subir y el helicóptero se elevó bruscamente, escorado a estribor, lo que hizo que Nat rodara por el suelo.

– ¿Está bien? -le preguntó el piloto.

– Eso creo -jadeó Nat, tumbado sobre el cadáver de un soldado raso.

– Típico del ejército -comentó el piloto-, ni siquiera saben si están vivos. Con un poco de suerte y viento de popa -añadió-, estaremos de regreso a tiempo para el desayuno.

Nat miró el cuerpo del soldado, que unos minutos antes había estado a su lado. La familia podría asistir a su funeral, en lugar de tener que conformarse con la escueta información de que el enemigo se había encargado de enterrarlo sin ninguna ceremonia.

– Maldita sea -oyó que gritaba el piloto.

– ¿Algún problema?

– Ya lo puede decir. Estamos perdiendo combustible muy rápidamente; los muy cabrones le han dado al depósito.

– Creía que estos aparatos tenían dos depósitos.

– ¿Cuál cree que utilicé para venir hasta aquí, soldado?

El piloto dio unos golpecitos en el medidor de combustible y después comprobó el odómetro. El parpadeo de una luz roja le indicó que podría recorrer unos cincuenta kilómetros antes de verse forzado a aterrizar. Volvió la cabeza y miró a Nat, que continuaba tumbado sobre el soldado muerto.

– Tendré que buscar algún lugar donde aterrizar.

Nat miró a través de la escotilla abierta, pero lo único que se veía era la extensión de la selva.

El piloto encendió los reflectores, atento a la aparición de algún claro entre los árboles; entonces Nat sintió las sacudidas del aparato.

– Voy a bajar -anunció el piloto con la misma serenidad que había demostrado a lo largo de toda la operación-. Supongo que tendremos que postergar el desayuno.

1 ... 24 25 26 27 28 29 30 31 32 ... 128
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)