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Электронная книга - «Una Familia Prestada». Краткое содержание книги:

Cuando Patrick Dalton regresó del extranjero, se encontró su casa ocupada por dos inesperados e inoportunos inquilinos: una hermosa mujer y un bebé adorable, los cuales despertaron en su memoria recuerdos agridulces.
A Jessie la habían obligado a ocuparse de su sobrino durante una temporada y, como consecuencia, había sido desalojada de su exclusivo apartamento. ¡No le quedaba más remedio que dejar que Patrick pensara que era madre soltera para que no la hiciera marcharse! Luego descubrió por qué él se mostraba tan cauteloso respecto al amor y los bebés; y para entonces, ¿cómo iba a confesarle la verdad?
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Patrick rozó los labios de Jessie con los suyos, y empezó a besarla con dulzura. Jessie se preguntó cómo podía desear tanto a aquel hombre, si apenas lo conocía.

– Bonito modo de cambiar de tema -dijo ella.

– Bueno, ¿me vas a contar lo de la mariquita?

– Fue idea de Faye.

– ¿Ah, sí? ¿Era la insignia de algún tipo de asociación secreta feminista?

– No, formábamos parte del equipo de baloncesto, y Faye pensó que teníamos que buscarnos algún truco para hacernos populares. No te puedes ni imaginar la cantidad de seguidores que teníamos.

– ¿Quieres decir que saltabais con esas falditas tan cortas, y…? ¡Qué sexy!

– Bueno, teníamos dieciocho años, y no se nos ocurrió nada mejor. Pero el sexo no lo es todo, Patrick.

– Jessie, si yo te hubiera hablado de amor, ¿me habrías creído?

– Hace una semana no.

– ¿Y ahora?

– Ahora creería cualquier cosa que me dijeras. Incluso que el cielo es verde. Bésame, Patrick.

La besó con suavidad, con dulzura. Jessie quería más. Sus labios se abrieron bajo los de él, y empezó a morderle el labio, juguetona, succionándoselo como si pretendiera absorberle la vida, la fuerza, la valentía.

– ¿Jessie? -murmuró Patrick con voz ronca.

– Una vez más. Para estar segura.

Esta vez el beso fue más largo. Estaba determinado a hacerla sentir a salvo en sus brazos. Después de un rato, levantó la cabeza, y preguntó a Jessie:

– ¿Y bien?

– Vuélvemelo a preguntar por la mañana.

Epílogo

– Estás completamente loca, ¿lo sabes? No ha amanecido todavía, y si él se encuentra en casa, estará durmiendo. Si está ella, le darás un susto de muerte.

– No puedo más, Sarah. Cada vez que me doy la vuelta, espero encontrarme a Patrick detrás. O a mi madre. No tenías por qué haber regresado conmigo.

– Pues claro que sí. Imagina que te encierra en la bodega para el resto del verano. ¿Quién se enteraría?

– No seas estúpida. Patrick no haría una cosa así.

Carenza abrió la puerta, y desconectó la alarma.

– Bueno, pensándolo mejor, sería conveniente que te quedaras en el coche con el motor en marcha, por si tengo que salir corriendo -corrió escaleras arriba, y llamó a la habitación de Patrick.

– ¿Patrick?

No respondió nadie, así que la entreabrió y miró. Le costó un momento adivinar quiénes eran aquellas dos figuras abrazadas, pero cuando lo consiguió, sonrió, cerró la puerta, y bajó las escaleras con cuidado.

– ¿Y bien? -le preguntó su amiga al verla entrar en el coche.

– Nada. Estaba dormido.

– ¿Y para ver eso hemos venido desde Francia en un coche de alquiler?

– Ha merecido la pena, créeme. Vamos, llegaremos a tiempo para tomar el primer ferry, si nos damos prisa.

– ¡Un tipo horrible! Pero, ¿en qué está pensando Carenza?

– Está enamorada, y es incapaz de pensar -dijo Patrick, indignado, dejando de pasear un momento a su hijita, que se echó a llorar.

– ¡ Patrick!

– Perdona cariño -dijo, besando la cabecita de su niña-. Tenemos que hacer algo, Jessie. No se da cuenta, pero ese hombre se está aprovechando de ella.

– Es muy guapo.

– Como si no lo supiera él. Apuesto a que besa a su imagen en el espejo.

– Bueno Patrick, ser guapo no es un pecado.

– No, pero no solo es eso. Está viviendo a costa de Carenza.

Jessie se despertó por completo, de repente.

– ¿Te lo ha dicho ella?

– Su padre me llamó. Le ha pedido dinero. No me ha llamado a mí, porque sabe muy bien lo que le voy a decir.

– En ese caso tienes razón. Debemos hacer algo -Jessie se levantó y relevó a Patrick con la niña-. Pobrecita, esos dientes te lo están haciendo pasar muy mal.

– Cariño -intervino Patrick-. Nos lo están haciendo pasar mal a los dos.

– Sí-respondió Jessie, pensativa-. Tal vez esa sea la respuesta.

Liz Fielding

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