Una Familia Prestada
- Автор: Филдинг Лиз
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Una Familia Prestada». Краткое содержание книги:
A Jessie la habían obligado a ocuparse de su sobrino durante una temporada y, como consecuencia, había sido desalojada de su exclusivo apartamento. ¡No le quedaba más remedio que dejar que Patrick pensara que era madre soltera para que no la hiciera marcharse! Luego descubrió por qué él se mostraba tan cauteloso respecto al amor y los bebés; y para entonces, ¿cómo iba a confesarle la verdad?
A Patrick lo despertó el llanto de un niño, y al ir a darse la vuelta se cayó del sofá. Murmuró un juramento, se levantó, y estiró sus músculos doloridos. Todavía no había amanecido. Jessie tenía razón al decir que los recuerdos eran más que un trozo de papel. Nunca olvidaría el sonido de un llanto de bebé, llamándolo para que lo tranquilizara.
Se detuvo en el umbral de la habitación. Jessie, de espaldas a él, paseaba de un lado a otro, acunando a Bertie. Los cabellos le caían sobre la espalda, y la luz procedente del vestíbulo los hacían brillar.
– Shh, cariño. Jessie está aquí -le decía con dulzura-. No querrás despertar a Patrick… -entonces se volvió y lo vio-. ¡Oh!
Al notar que había dejado de pasear, Bertie empezó a llorar más fuerte. Patrick tendió las manos hacia él.
– ¿Quieres que te releve?
– Oh, pero…
– Ya no me voy a volver a quedar dormido.
– Podría irme abajo con él, y tú quedarte aquí -al oírla decir eso, Patrick miró la cama deshecha, y pensó en lo agradable que sería meterse en ella, sentir el calor que había dejado el cuerpo femenino; aspirar el aroma de Jessie en las sábanas, pero en realidad quería más que eso. Deseaba tenerla a ella en carne y hueso. Lo sabía. Lo que no entendía era por qué-. Pareces exhausta, Jessie. Vuelve a la cama -tomó al niño en brazos, y lo apoyó contra el hombro-. Estaremos bien -le dijo. Al ver que ella todavía dudaba, se puso a pasear con Bertie por la habitación-. Vamos Bertie, que tu mamá es una señora muy ocupada, y si no duerme un poco, no tendrá fuerzas para buscar casa, mañana por la mañana.
La oyó meterse en la cama, y cuando se volvió hacia ella se había tapado con las sábanas hasta las orejas, y estaba de espaldas a él. Sonrió, besó los cabellos de Bertie, y bajó las escaleras, con cuidado. Una vez en el salón, se echó en el sofá con el niño en brazos.
Era un niño muy guapo, de ojos grandes, piel de melocotón y una sonrisa capaz de romperle el corazón a cualquiera. Lo que resultaba sorprendente, porque había pensado que su corazón estaba ya roto en mil pedazos.
Jessie se despertó poco después de amanecer, y bajó las escaleras asustada, en busca de Bertie. Su ataque de pánico le pareció ridículo, al contemplar la hermosa escena que tenía ante los ojos: Patrick estaba estirado en el sofá, y Bertie echado sobre su pecho desnudo. Se los veía tan a gusto juntos, que daba pena despertarlos. Pero Bertie, que la había oído llegar, levantó la cabecita, y la miró. Jessie se puso un dedo en los labios, y lo tomó en brazos con cuidado para no despertar a Patrick. No se movió, así que lo dejó en el sofá, y se fue con el niño a la cocina.
Patrick se despertó sobresaltado, con la sensación de que le faltaba algo. Se sentó tembloroso y sudoroso un momento, y después se dirigió a la cocina a toda prisa.
– ¿Va todo bien? -Jessie, sobresaltada, se volvió al oírlo-. Deberías haberme despertado.
– No quería despertarte -por la manera en que lo miraba, Patrick se dio cuenta de que estaba comportándose de una manera exagerada-. Siento haberte molestado anoche.
– No fue nada -dijo, quitándole importancia al asunto.
– Por supuesto que sí. Fue muy amable de tu parte llevártelo. Debería haberme ido pronto a la cama, en vez de quedarme trabajando.
– ¿Estuviste trabajando? -le preguntó, furioso con ella, y con el hombre que le obligaba a tener que trabajar tanto-. Lo siento, ya sé que no es asunto mío -le dijo, al darse cuenta del tono tan autoritario que había empleado-, pero cuidar de un niño es un trabajo a tiempo completo. Tienes que cuidarte.
Jessie reprimió un bostezo.
– Supongo que tienes razón. De todos modos has ejercido muy bien el papel de padre por una noche.
A Patrick aquel comentario le llegó muy dentro.
– Bueno, pues hoy te las vas a tener que arreglar sin mí, porque tengo mucho trabajo en la oficina.
– ¿Te preparo el desayuno antes de que te marches?
Patrick se dio cuenta de lo tentador que le resultaba decir que sí, sentarse con ellos, y jugar a las familias felices, pero resistió la tentación.
– No, gracias. Tomaré algo por el camino.
– Vale. ¿Y Grady? ¿Qué hiciste con él anoche?
– Le he puesto la cesta en el garaje, y me lo llevaré conmigo hoy -tras decir esto, desapareció. Jessie se encogió de hombros, y poco después oyó cómo se cerraba la puerta principal.
– Pasa tú también un buen día -murmuró.
– ¿La señorita Hayes? -el portero de Taplow Towers miró a Patrick pensativo, y al no ver nada en él que le hiciera desconfiar, asintió-. Se marchó hace unos días. Una chica muy simpática. Me dio pena que se fuera -se encogió de hombros-. Le aseguro que era un soplo de aire fresco en este sitio.
– ¿Por qué se marchó?
– Por el bebé. El contrato dice muy claro que no se pueden tener niños, ni animales domésticos aquí. ¿Le interesa alquilar el piso a usted?
– Lo que me interesa es el padre del niño. ¿Dónde está? -Patrick sacó un billete del bolsillo, y el portero se lo guardó con todo disimulo.
– Su esposa y él se marcharon de viaje -se encogió de hombros-. Al menos eso oí -Patrick lo miró asombrado. No se podía creer que el padre de Bertie estuviera casado-. Fue de repente, y la señorita Hayes se llevó una desagradable sorpresa.
Capítulo 8
Jessie llamó por teléfono a su servidor para descargar el trabajo que había terminado la noche anterior, y se quedó pensativa.
Internet era una fuente de información inagotable. Todo estaba en la red, si sabías dónde mirar. Lo único que tenía que hacer era teclear unas palabras clave, y lo sabría todo sobre Patrick Dalton. No solo sobre los casos en que había trabajado, sino también sobre su esposa.
Pero, ¿por qué sentía tanta curiosidad?
Si hubiera pensado en él como en un posible amante, su curiosidad estaría justificada, pero no era el caso, ¿O sí lo era?
No se podía quitar de la cabeza el modo en que la había besado. Aún podía sentir el sabor salado de sus lágrimas, su lengua sedosa en la suya; sentir cómo la abrazaba y la apretaba contra su cuerpo, como si de verdad le aliviara ver que ella estaba a salvo. Que los dos estaban a salvo.
Su dedo revoloteó por el teclado un momento, pero se contuvo. Estaba trabajando, y la vida privada de Patrick Dalton no era de su incumbencia.
De repente, levantó la vista del teclado un momento, y se sobresaltó al darse cuenta de que Patrick, vestido con un traje gris, la contemplaba desde la puerta.
– ¿Cuánto tiempo llevas ahí? -le preguntó, asustada de pensar que podía haberla pillado cotilleando en su vida privada
Patnck se puso detrás de ella, y observó la página web en la que estaba trabajando
– Un minuto, más o menos ¿Siempre estás tan concentrada mientras trabajas?
– ¿Y tú no? -le preguntó, bruscamente- Pensé que estabas en tu despacho.
– Y estaba, pero, de repente me di cuenta de que no había hecho nada respecto a la habitación pequeña
– ¿Seguro que no esperabas que me hubiera ido cuando llegaras?
– He comprado una cama, y tengo que quitar las cajas antes de que la traigan -dijo, sin confirmar ni negar lo que había dicho Jessie Tomó el ratón, y empezó a visualizar la página en la que estaba trabajando ella-¿Es una de las tuyas?
Jessie se volvió, y miró a la pantalla. Era más fácil que mirar a Patnck Dalton
– Sí. Fue mi primer trabajo importante. Un vivero de plantas y flores que hay en Maybndge Stacey obtiene casi todos sus clientes a través de Internet
– ¿Y tiene muchos? -le preguntó, mientras seguía explorando la página, y al hacerlo le rozaba el hombro. Jessie sintió el aliento masculino en sus cabellos, y un irrefrenable deseo de echarse hacia atrás en la silla, y sentir la fuerza de sus brazos