Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Las Huellas Del Hombre Muerto
Las Huellas Del Hombre Muerto - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las Huellas Del Hombre Muerto

Электронная книга - «Las Huellas Del Hombre Muerto». Краткое содержание книги:

Abby entro al elevador y las puertas se cerraron con el sonido de una pala levantando canto rodado. De pronto sintio el perfume de alguien mas y tambien de un limpiador con aroma de limon. El elevador se movio unos cuantos centimetros hacia arriba. Y ahora era demasiado tarde para cambiar de idea y salir: con el metal de las paredes presionandola, comenzo a caer por el vacio. Abby se dio cuenta de que acababa de cometer el peor error de su vida… En medio del caos de la manana del 9/11, el negociante Ronnie Wilson ve la oportunidad de su vida. Para salir de sus deudas, desaparecera y se re-inventara a si mismo en otro pais. / Abby stepped in the lift and the doors closed with a sound like a shovel smoothing gravel. She breathed in the smell of someone else's perfum, and lemon-scented cleaning fluid. The lift jerked upwards a few inches. And now, too late to change her mind and get out, with the metal walls pressing in around her, they lunged sharply downwards. Abby was about to realize she had just made the worst mistake of her life…Amid the tragic unfolding mayhem of the morning of 9/11, failed Brighton businessman and ne'er-do-well Ronnie Wilson sees the chance of a lifetime, to shed his debts, disappear and reinvent himself in another country.Six years later, the discovery of the skeletal remains of a woman's body in a storm drain in Brighton, leads Detective Superintendent Roy Grace on an enquiry spanning the globe, and into a desperate race against time to save the life of a woman being hunted down like an animal in the streets and alleys of Brighton. 'One of the most fiendishly clever crime fiction plotters'
1 ... 26 27 28 29 30 31 32 33 34 ... 106
Перейти на страницу:

Lo único que le arrancó una sonrisa ayer fue otro de sus mensajes encantadores. Éste decía: «No quieres a una mujer porque sea hermosa. Es hermosa porque la quieres».

Ella respondió: «La belleza llama la atención; la personalidad te conquista el corazón».

No vio nada extraño en la calle en todo el domingo. Ningún desconocido que la vigilara. Ni a Ricky. Sólo la lluvia. Sólo gente. La vida que seguía adelante.

La vida normal.

Algo de lo que estaba excluida -por un poco más de tiempo solamente, se prometió a sí misma-. Pero aquella situación pronto cambiaría.

37

Octubre de 2007

La lluvia repiqueteaba en el techo y la furgoneta se mecía con las fuertes ráfagas de viento. Aunque se había abrigado bien, tenía frío aquí dentro y sólo se atrevía a arrancar el motor de vez en cuando porque no quería llamar la atención. Al menos tenía un colchón cómodo, libros, un Starbucks cerca y música en el iPod. Había un baño público en el paseo marítimo, convenientemente oculto a todas las cámaras de seguridad de la ciudad, donde podía asearse bien. Un servicio público muy a mano.

Una vez leyó una frase en un libro que le habían regalado: «El sexo es lo más divertido que puede hacerse sin reír».

El libro se equivocaba, pensó. A veces la venganza también podía ser divertida. Tanto como el sexo.

La furgoneta todavía lucía el cartel de Se vende escrito en rojo sobre un trozo de cartón marrón pegado en la ventanilla del copiloto, aunque en realidad la había comprado, por trescientas cincuenta libras, hacía más de dos semanas. Sabía que Abby era perspicaz y la había visto comprobar los coches todos los días. No tenía sentido quitar el cartel y alertarla del cambio. Así que si el propietario anterior se cabreaba porque lo llamaba gente interesándose por la furgoneta, mala suerte. No la había comprado porque necesitara transporte, sino por las vistas. Desde aquí podía ver todas las ventanas de su piso.

Era el aparcamiento perfecto. El vehículo tenía las pegatinas del impuesto de circulación en orden, de la ITV y del aparcamiento para residentes. Todas caducaban dentro de tres meses.

Y entonces, él ya habría desaparecido.

38

Octubre de 2007

Siempre le pasaba lo mismo, maldita sea. Toda la confianza que sentía Roy Grace antes de dirigirse a este lugar impresionante lo abandonaba cuando llegaba.

Mailing House, la central de la policía de Sussex, tan sólo estaba a quince minutos en coche de su despacho, pero en cuanto a ambiente, pertenecía a un planeta distinto. Le daba la impresión de estar en un universo totalmente diferente, pensó mientras cruzaba la barrera levantada de la verja de seguridad.

Se hallaba en un complejo de edificios a las afueras de Lewes, la capital del condado de East Sussex, y albergaba la administración y dirección de los cinco mil agentes y empleados que integraban el cuerpo de policía de Sussex.

Dos edificios ocupaban un lugar destacado. Uno era una estructura futurista de cristal y ladrillo de tres pisos que acogía el centro de control y la oficina de registros e investigación criminal, así como la mayor parte del equipo informático del cuerpo. El otro, una mansión imponente de ladrillo rojo estilo reina Ana que en su día había sido una casa solariega privada y ahora formaba parte de la lista de edificios de interés arquitectónico de Gran Bretaña, era el que había dado nombre a la central.

La mansión se erigía con orgullo a pesar de estar junto a una extensión destartalada de aparcamientos, viviendas prefabricadas de una planta, estructuras bajas y modernas y un edificio oscuro sin ventanas, con una chimenea alta que a Grace siempre le recordaba a una fábrica textil de Yorkshire. Dentro se encontraban los despachos del director, el director adjunto y los subdirectores, uno de los cuales era Alison Vosper, además de sus equipos de apoyo y varios agentes más que trabajaban ¡temporal o permanentemente fuera de estas oficinas.

Grace encontró una plaza de aparcamiento para su Alfa Romeo y se dirigió al despacho de Alison Vosper, situado en la planta baja de la mansión, en la parte delantera. La ventana de guillotina grande daba a un sendero de gravilla y a un césped circular.

Debía de ser agradable trabajar en una sala como aquélla, pensó, en este oasis de calma, lejos de los espacios abarrotados y sin personalidad de Sussex House. A veces creía que quizá podría gustarle tener esa responsabilidad y la sensación de poder que la acompañaba, pero luego siempre se preguntaba si sabría llevar bien el politiqueo, en especial la maldita corrección política insidiosa que obligaba a los jefes a doblegarse ante muchas más cosas que los rangos.

La subdirectora podía ser tu mejor amiga un día y tu peor enemiga al siguiente. Ahora, delante de su mesa, a Grace le pareció que hacía mucho tiempo que sólo era lo último, acostumbrado al hecho de que rara vez invitaba a las visitas a sentarse para acortar las reuniones e ir al grano.

Hoy esperaba con todas sus fuerzas que no le invitara a sentarse. Quería transmitirle su enfado de pie, con la ventaja de la altura.

Vosper no le decepcionó.

– ¿Sí, Roy? -le dijo mientras le lanzaba una mirada fría y severa.

Y Grace notó que temblaba, como si estuviera en el colegio y le hubieran llamado al despacho del director.

La subdirectora Alison Vosper, de cuarenta y pocos años, rubia, pelo corto y escaso, con un peinado conservador y rostro duro pero atractivo, no estaba nada contenta esta mañana. Llevaba un traje chaqueta azul oscuro y camisa blanca recién planchada y estaba sentada detrás de su cara mesa de palisandro bien ordenada con cara de enfado.

Grace siempre se había preguntado cómo sus superiores podían tener sus despachos -y sus mesas- tan ordenados. Durante toda su carrera, los espacios donde había trabajado habían sido vertederos: depósitos de expedientes desparramados, cartas por contestar, bolígrafos perdidos, facturas de viajes y bandejas de salida que habían perdido hacía tiempo la lucha por seguir el ritmo a las bandejas de entrada. Llegar a la cima, había decidido en su día, requería cierta habilidad para gestionar el papeleo y él carecía de ese gen.

Se rumoreaba que Alison Vosper había sido operada de cáncer de mama hacía tres años. Pero Grace sabía que no pasaría de eso, de ser un simple rumor, porque la subdirectora había construido una muralla a su alrededor. Sin embargo, debajo de su caparazón de policía dura había cierta vulnerabilidad con la que Grace conectaba. Había que reconocer que no era nada fea y que a veces esos ojos marrones irascibles brillaban con humor y casi le parecía que coqueteaba con él. No era el caso esta mañana.

– Gracias por recibirme, señora.

– Tengo cinco minutos literalmente.

– De acuerdo.

«Mierda.» Su confianza ya empezaba a desmoronarse.

– Quería hablarle sobre Cassian Pewe.

– ¿El comisario Cassian Pewe? -dijo ella, como si quisiera recordarle sutilmente el rango que ostentaba el hombre.

Grace asintió.

Vosper abrió los brazos de manera efusiva.

– ¿Sí?

La subdirectora tenía las muñecas finas y las uñas perfectamente arregladas. Por alguna razón, sus manos parecían un poco más viejas y más maduras que el resto de ella. Y como si quisiera demostrar que aunque la policía ya no era un mundo exclusivamente masculino todavía había un dominio considerable de los hombres, llevaba un reloj de pulsera grande y llamativo.

– La cuestión es… -Grace dudó, las palabras que planeaba decir se agolpaban dentro de su cabeza.

– ¿Sí?-Vosper parecía impaciente.

– Bueno… Es un tipo listo.

– Es un tipo muy listo.

– Por supuesto. -Roy se esforzaba por sostenerle la mirada-. La cuestión es… Me llamó el sábado por la Operación Dingo. Dijo que usted le había sugerido que me llamara… Que tal vez necesitaba que me echaran una mano.

1 ... 26 27 28 29 30 31 32 33 34 ... 106
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)