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Entre los latidos de la noche [Between the Strokes of Night - es]

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2010 D.C.
Sólo unos pocos seres humanos que habitan en las primitivas colonias en órbita en torno a la Tierra logran escapar a la hecatombe Nuclear. Deben iniciar el éxodo en busca de nuevos mundos lejos de la Tierra destruida.
27.698 D.C.
A estos mundos llegan los inmortales, seres con extraños lazos con la vieja tierra, que parecen vivir eternamente, que pueden recorres años luz en sólo unos días, y que utilizan sus extraños poderes apara controlar la existencia de los simples mortales. En el planeta Pentecostes, un pequeño grupo se prepara para encontrar a los Inmortales y enfrentarse a ellos. Pero en la búsqueda deberán transformase ellos mismos en inmortales y descubrirán una nueva amenaza que se cierne no sólo sobre ellos mismos sino sobre toda la galaxia.
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Visto a través de los mejores telescopios de la Tierra, el sistema de Eta Cassiopea no era más que dos puntos gemelos de luz. Aparecía como un sistema binario rojo y dorado, una deslumbrante joya topacio y granate a menos de veinte años-luz del Sol. Los observadores de la Tierra no pudieron conseguir ningún detalle estructural de los elementos estelares. Pero para los múltiples sensores de Eleanora, que se dirigía, en una trayectoria retardada, hacia el componente más brillante de Casiopea-A, éste se mostró como un sistema de increíble complejidad.

Casiopea-A es una estrella amarilla, del tipo estelar GO V, un poco más brillante y algo mayor que el Sol. Su compañera es una enana roja, más ligera y con una cuarta parte de su luminosidad.

Densa, rojiza y pobre en metales, Casiopea-B mantiene las distancias con su brillante compañera. Nunca se aproxima a más de diez mil millones de kilómetros. Visto desde los planetas cercanos a Cass-A, su débil resplandor parece demasiado débil para tener ninguna influencia. Pero el campo gravitatorio es una fuerza de largo alcance, Los efectos gravitatorios de Cass-B tienen profunda influencia en todo el sistema. La familia planetaria que ha evolucionado alrededor de Eta Cassiopea es un zoo completo con una sorprendente variedad de especímenes.

Más de cincuenta mundos giran alrededor del par de estrellas. Sus órbitas son un compendio de inclinaciones y excentricidades. Los planetas que están a unos cientos de millones de kilómetros de Cass-A exhiben órbitas regulares y ciclos estables, con períodos orbitales bien definidos y órbitas casi circulares. Pero los otros mundos no muestran tal uniformidad. Algunos siguen trayectorias en las que tanto Cass-A como Cass-B actúan como foco, y sus años pueden durar muchos siglos terrestres. Otros, atrapados en resonancias con ambas estrellas, dibujan complicadas curvas a través del espacio, sin seguir nunca la misma pauta. A veces viajan en solitario aislamiento, a miles de millones de kilómetros de cada estrella; a veces se acercan a la superficie abrasada de Cass-A.

Los viajeros a bordo de Eleanora habían llegado a la conclusión de que un encuentro con un planeta mayor era también la causa de la complejidad del sistema. Millones de años antes, un gigante gaseoso se había acercado demasiado. Había cruzado junto a la fotosfera de Cass-A. Primero se evaporan los gases volátiles; luego, fuerzas irresistibles causaron la ruptura del núcleo. Los restos de la desintegración fueron lanzados en todas direcciones para convertirse en parte integrante de los Cincuenta Mundos.

Al principio, a los visitantes que se acercaban al sistema les pareció que las salvajes variaciones de los mundos exteriores lo dominaban todo. El complejo binario de Cassiopea era un candidato poco probable para la atención humana. La vida no tiene oportunidad de desarrollarse allí donde las órbitas son tan variadas. Los cambios son demasiado extremos. Las temperaturas funden los metales y luego solidifican el hidrógeno. Si llega a establecerse, la vida persiste y puede adaptarse a muchos extremos. Pero hay una fragilidad en la creación original que requiere un largo periodo de variaciones estrechamente controladas.

Eleanora envió las sondas automáticas, pero sólo porque ése había sido el procedimiento seguido a lo largo de muchos siglos. Los primeros informes confirmaron la impresión de que los mundos eran áridos y marchitos, hostiles y faltos de vida. Cuando la sonda de Pentecostés envió sus informes, éstos parecieron demasiado buenos para ser ciertos. Tenía una órbita planetaria estable, casi circular, a ciento noventa millones de kilómetros de Cass-A. Pentecostés era análogo a la Tierra, con vegetación propia y vida animal, temperaturas aceptables, una inclinación axial de dieciocho grados, días de veintidós horas, atmósfera respirable, océanos en un cuarenta por ciento de su extensión, una masa sólo un diez por ciento inferior a la de la Tierra y un período orbital sólo un cuatro por ciento mayor que el del año terrestre.

Resultaba difícil creer que Pentecostés pudiera existir entre las sorprendentes variaciones que componían los Cincuenta Mundos. Pero las sondas nunca mentían. Por fin, después de eones de viaje entre las estrellas e interminables decepciones, la humanidad había encontrado un nuevo hogar.

15

Los Cincuenta Mundos eran muy variados. Peron lo sabía. Los había de todo tipo de tamaños, formas, órbitas y ambientes. No había dos que parecieran remotamente similares, ni siquiera los gemelos del planeta doble de Dobelle. Y la mayor parte de ellos no encajaban con la idea que alguien pudiera tener sobre un lugar adecuado para vivir, y aún menos para ser escenario de otra prueba.

Y en cuanto a Remolino…

Peron se estaba acercando a él. Tenía que aterrizar allí. De entre todos ellos, pensó sombríamente, éste tiene que ser el más extraño y desconcertante.

En los dos últimos meses, los ganadores de la Planetfiesta habían orbitado más de una docena de mundos. Los planetas habían oscilado desde lo deprimente a lo inenarrable. Barján era un horno humeante cuya superficie permanecía siempre invisible tras una pantalla de partículas arrastradas por el viento y con una atmósfera ligera y venenosa. Gilby les había advertido que Barján sería un lugar terrible para realizar una prueba (¡pero había dicho lo mismo sobre la mayoría de ellos!). El polvo y la arena conseguían colarse por todas partes… incluyendo los controles de una nave. Había bastantes probabilidades de que un aterrizaje en Barján fuera fatal.

Gimperstán no era mejor. Los contendientes habían votado no mirarlo siquiera, después de que uno de los miembros de la tripulación les hubiera traído una botella con una muestra de savia de las jugosas enredaderas de Apestoso. La botella había permanecido abierta menos de dos minutos. Un día después, el aire de toda la nave aún olía, como si varios cadáveres estuvieran pudriéndose. Los purificadores de aire no conseguían eliminarlo.

Desde la distancia, Glug había parecido bastante hermoso. Los telescopios y escáners de la nave mostraban un mundo verde y fértil cubierto por nubes en un noventa por ciento. Habían hecho un aterrizaje y habían pasado un par de horas chapoteando y hundiéndose en la viscosa superficie. Una constante lluvia gris caía interminablemente del cielo ceniciento, y la vegetación saturada se inclinaba lastimosamente hasta tocar el suelo pegajoso. En cuanto se colocaba una bota en el suelo, el planeta parecía resistirse a soltarla. Se agarraba a ella con fuerza. Caminar era una penosa sucesión de pasos y succiones y había que sacar el pie pulgada a pulgada hasta que se liberaba con un gorgoteo desagradable. Como había dicho Wilmer, una vez que uno sacaba la bota del suelo, no quería volver a ponerla allí… a menos que su otra bota estuviera aún más hundida en el suelo.

Glug era repugnante, pero Peron pensaba que estaría en la lista definitiva. Sy, incluso, lo había votado como primera alternativa. Tal vez sus complejos sistemas de pensamiento habían descubierto algo sobre Glug que pudiera utilizar para su ventaja. Lum lo había señalado hacía ya tiempo a Peron y Kallen: Sy no necesitaba ventaja sobre los otros para ganar; todo lo que necesitaba era una situación que terminara con el handicap de su brazo lisiado. Con ello, les barrería a todos.

Algunos de los otros contendientes también habían votado provisionalmente a favor de Glug, pues antes de ir allí ya habían visitado otros de los lugares alternativos:

Bum-Bum: con constante actividad volcánica y terremotos, un nivel de sonido ambiental ensordecedor, aire sulfuroso y maloliente, y terreno traicionero, donde frágiles conglomerados de lava solidificada se alzaban sobre escoria derretida.

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