Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Tiempo muerto [Fade Away-es]
Tiempo muerto [Fade Away-es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tiempo muerto [Fade Away-es]

Электронная книга - «Tiempo muerto [Fade Away-es]». Краткое содержание книги:

Hubo un tiempo en el que el futuro de Myron Bolitar parecía predestinado a ser una gran estrella de la NBA. Una maldita lesión en la rodilla en el primer partido de la pretemporada le impidió llegar a jugar con los Boston Celtics y le obligó a abandonar el baloncesto profesional. “El hombre planea y Díos se ríe”, según Bolitar. Convertido, casi diez años después, en un temido agente deportivo e investigador privado volverá por fin a las canchas. Calvin Johnson, el nuevo general manager de los New Jersey Dragons lo contratará. No lo quiere para el equipo, sino para que busque a su gran estrella, Greg Downing, desaparecido misteriosamente, un jugador con el que Bolitar compitió sobre las canchas y por el amor de una mujer. Bolitar se verá no sólo ante un caso de muerte, chantaje y enemigos fuera de control, sino que se tendrá que enfrentar a un pasado que nunca creyó que volvería a revivir.
1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 71
Перейти на страницу:

– Te acuestas con deportistas profesionales.

La mujer alzó el dedo índice.

– Sólo con los tíos de los Giants y los Dragons.

– Me conmueve tanta fidelidad al equipo, en esta era de libre mercado.

La Sacudepolvos rió.

– Eso ha estado bien.

– ¿Me estás diciendo que te has acostado con todos los jugadores de los Giants?

– Más o menos. Tengo una localidad frente a la línea de las cincuenta yardas. Después de cada partido, me acuesto con dos jugadores, uno de la defensa y otro de la delantera.

– ¿Algo así como los mejores del partido?

– Exacto.

Myron se encogió de hombros.

– Supongo que eso los anima a ganar.

– Sí -admitió Maggie-. Te lo puedo asegurar.

Myron se frotó los párpados. «Control de tierra a comandante Tom.» La estudió por un instante. Tuvo la impresión de que ella estaba haciendo lo mismo.

– ¿Cómo te ganaste el apodo de la Sacudepolvos? -preguntó.

– No es lo que piensas -respondió ella.

– ¿No es lo que pienso?

– Sobre cómo me gané el apodo. Todo el mundo supone que está relacionado con follar como una coneja.

– ¿Y no es así?

– No, no es así. -La mujer levantó la vista al cielo-. ¿Cómo explicarlo con delicadeza?

– ¿Te preocupa la delicadeza?

Maggie le dirigió una mirada de reprobación.

– No seas así.

– ¿Cómo?

– Tan facha y estrecho de miras. Tengo sentimientos.

– No he dicho lo contrario.

– No, pero estás actuando como si lo pensaras. No hago daño a nadie. Soy sincera. Soy franca. Soy directa. Controlo lo que hago y con quién lo hago. Y soy feliz.

– Y también pillas un montón de enfermedades -dijo Myron, y se arrepintió enseguida. Las palabras habían salido de su boca sin que le diera tiempo a reflexionar sobre ellas, como le ocurría a veces.

– ¿Qué?

– Lo siento. Ha sido una impertinencia.

Había tocado un punto débil.

– Los hombres con quienes me acuesto siempre se ponen condón -dijo Maggie-. Me hago análisis a menudo. Estoy limpia.

– Lo lamento. No debería haber dicho nada.

Eso no detuvo a Maggie.

– Y no me acuesto con alguien si sospecho que tiene alguna enfermedad infecciosa. Soy muy precavida en ese sentido.

Myron se mordió el labio inferior y dijo:

– Perdón. No hablaba en serio. Te ruego que aceptes mis disculpas.

– De acuerdo -dijo Maggie al tiempo que dejaba escapar un suspiro-. Disculpas aceptadas.

Sus ojos se encontraron de nuevo. Sonrieron durante un instante demasiado prolongado. Myron se sintió como un concursante en un programa de televisión. Una idea interrumpió la especie de trance en que se hallaba.

– ¿Te has acostado con Greg Downing? -preguntó.

– En 1993. Fue uno de los primeros Dragons -respondió ella, aparentemente muy orgullosa.

– ¿Aún lo ves?

– Claro. Somos buenos amigos. La amistad continúa después. No con todos, pero con la mayoría.

– ¿Habláis mucho?

– A veces.

– ¿Cuándo fue la última vez?

– Hace un par de meses que no nos vemos.

– ¿Sabes si sale con alguien?

La Sacudepolvos lo miró con curiosidad.

– ¿Por qué quieres saberlo?

Myron se encogió de hombros.

– Sólo por hablar de algo -respondió él, y se sintió el hombre más torpe del mundo.

– Pues has elegido un tema un tanto extraño.

– He pensado mucho en él; no sé, tanto comentario estúpido sobre mi entrada en el equipo, nuestra historia en común… me da que pensar.

– ¿Te da que pensar Greg o la vida amorosa de Greg? -Maggie no había mordido el anzuelo.

Myron se encogió de hombros y murmuró algo que ni siquiera él entendió. Se oyó una carcajada procedente del otro lado de la piscina. Unos cuantos de sus nuevos compañeros de equipo reían un chiste. Leon White estaba con ellos. Observó que Myron lo observaba e hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo. Myron se lo devolvió. Era consciente de que todos debían de saber por qué estaba en compañía de la Sacudepolvos. Se sintió una vez más transportado a su época universitaria, pero esta vez la sensación no le causó la misma nostalgia gratificante.

La Sacudepolvos estaba estudiándolo de nuevo, con los ojos entornados y fijos en él. Myron intentó eliminar cualquier expresión de su rostro, pero se sintió nervioso. Siempre le pasaba cuando era sometido a inspecciones tan descaradas. Hizo un esfuerzo por mirarla a los ojos.

De pronto, la Sacudepolvos sonrió y se cruzó de brazos.

– Ahora lo entiendo -musitó.

– ¿Qué es lo que entiendes?

– Es evidente.

– ¿Qué es evidente?

– Quieres vengarte.

– ¿Vengarme de qué?

– Greg te robó a Emily -dijo ella-. Ahora quieres robarle a alguien.

– No me la robó -se apresuró a contestar Myron. Percibió en su voz que se había puesto a la defensiva y no le gustó-. Emily y yo rompimos antes de que ellos empezaran a salir.

– Si tú lo dices…

– Sí, lo digo. -Vaya con el señor Réplica Enérgica.

Ella soltó una carcajada y apoyó una mano sobre su brazo.

– Relájate, Myron. Sólo estaba tomándote el pelo. -Lo miró de nuevo. Tanto mirarse a los ojos estaba empezando a provocarle un molesto dolor de cabeza a Myron, que fijó la vista en su nariz-. Bien, ¿vamos a hacerlo?

– No -contestó Myron.

– Si es por miedo a coger una enfermedad…

– No; es porque estoy saliendo con alguien.

– ¿Y qué?

– Pues que no quiero engañarla.

– ¿Quién dice que vas a engañarla? Yo sólo quiero acostarme contigo.

– ¿Y crees que ambas cosas se excluyen?

– Por supuesto. El que nos vayamos a la cama no debería afectar para nada a tu relación. No quiero que dejes de querer a tu novia. No quiero entrar a formar parte de tu vida. Ni siquiera quiero que intimemos.

– Caramba, dicho así suena muy romántico -ironizó Myron.

– Ésa es la cuestión. Nada de romanticismos. Se trata de algo puramente físico. Sí, puede sonar muy bien, pero al final no es más que un acto físico. Coma estrecharse las manos.

– Estrecharse las manos -repitió Myron-. Deberías escribir postales de felicitación.

– Yo sólo te explico en qué consiste. Civilizaciones anteriores, mucho más avanzadas que la nuestra desde el punto de vista intelectual, comprendieron que los placeres de la carne no eran pecado. Relacionar sexo con pecado o culpa es una concepción moderna, y de lo más absurda. Toda esa idea de relacionar el sexo con la posesión es algo que hemos heredado de los puritanos; lo que querían era mantener el control sobre lo más importante que poseían: sus mujeres.

Una erudita en historia, pensó Myron. Estupendo.

– ¿Dónde está escrito -continuó la Sacudepolvos- que dos personas no pueden alcanzar el éxtasis físico sin estar enamoradas? Piensa en lo ridículo que es. Es una tontería, ¿verdad?

– Tal vez -dijo Myron-, pero aun así preferiría que lo dejásemos, gracias.

La mujer se encogió de hombros.

– TC se llevará una decepción.

– Lo superará.

– Bien -dijo Maggie tras una pausa-. Creo que voy a perderme entre la multitud. Ha sido un placer hablar contigo, Myron.

– Y para mí una experiencia sin igual -repuso él.

Myron también decidió perderse entre la multitud. Habló un rato con Leon, quien le presentó a su mujer, una rubia despampanante llamada Fiona. Ideal para el desplegable de Playboy. Tenía una voz ronca, y era una de esas mujeres capaces de darle un doble sentido a cualquier conversación anodina. Estaba tan acostumbrada a utilizar sus encantos físicos que no sabía cuándo retirarse a tiempo. Myron habló con ellos unos minutos y después se excusó.

1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 71
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)