Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La torre de la golondrina
La torre de la golondrina - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La torre de la golondrina

Электронная книга - «La torre de la golondrina». Краткое содержание книги:

Tras una larga espera por fin ha llegado esta Torre de la golondrina de Sapkowski, perteneciente a la mal llamada saga de Geralt de Rivia, ya que el protagonismo del brujo se va diluyendo conforme avanza la saga para dejar paso a la verdadera protagonista de la serie, la joven Ciri de Cintra, pieza central de todo lo que pasa en el mundo que la rodea. Esto se hace aun más evidente en esta entrega en la que Geralt aparece solo un par de capítulos en los que continua su marcha en busca de Ciri en compañía de Jaskier y el grupo que se reunión en la anterior entrega de la serie.
La acción comienza con Ciri llegando a una cabaña de un ermitaño al que va contando su historia, y así en un enorme flashback nos pone al día de sus andanzas. A lo largo de los recuerdos de Ciri tendremos momentos llenos de acción, de crueldad, Ciri lo pasa mal, muy mal, de ternura, de humor. Todo esto esta narrado, no solo por Ciri, sino por los numerosos personajes que van apareciendo en sus andanzas, conformando un complejo puzle, que a veces es difícil de seguir, pero que consigue recrear un fresco de las aventuras de la joven en el que una vez que todo encaja asistimos a un final tan climático y abierto que nos dejará ansiosos por comenzar a leer La dama del lago, última entrega de la serie, donde suponemos que asistiremos a un final a la altura de las novelas, en realidad una sola, que conforman la serie.
Como en todas las entregas anteriores destaca la habilidad de Sapkowski para dotar de voces personales a todos y cada uno de los personajes que aparecen, tanto a los viejos amigos como a los nuevos que se incorporan en esta entrega, como el ermitaño o algunos de los bandidos,merito compartido con la excelente traducción, entrelazar una estructura narrativa alambicada en la que las distintas lineas de acción van concordando con la precisión de un reloj, aunque en esta ocasión flojean un tanto las historias de Geralt y Yennefer, mas que nada por lo poco que aportan al destino final de la serie, en comparación con la importancia del personaje de Ciri, lo que lastra el resultado final de esta entrega, que aun así es sin duda uno de los títulos imprescindibles de la fantasía.
1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 113
Перейти на страницу:

– Y los druidas -dijo Cahir con voz fría- se fueron de Caed Dhu. Precisamente a Los Taludes. Vaya una extraordinaria coincidencia.

Geralt se acercó despacio al colmenero. Lo agarró con las dos manos del jubón, a la altura del pecho. Pero al cabo de un instante se lo pensó mejor, lo soltó, le alisó la ropa. No dijo nada. No preguntó nada. Pero el colmenero de todos modos se apresuró a explicarse.

– ¡La verdad dijera! ¡Lo juro! ¡Que me trague la tierra si mintiera! ¡Los muerdagueros se fueron de Caed Dhu! ¡Ya no andan allí!

– Y están en Los Taludes, ¿no? -gritó Geralt-. ¿Adonde tiene que ir toda vuestra chusma? ¿Adonde os queréis organizar una escolta armada? Habla, hombre. ¡Pero ten cuidado porque la tierra está de verdad a punto de hundirse!

El colmenero bajó la vista y miró con desasosiego el suelo bajo sus pies. Geralt guardaba un significativo silencio. Milva, entendiendo por fin lo que estaba pasando, lanzó una horrible blasfemia. Cahir bufó despectivamente.

– ¿Y? -le apremió el brujo-. ¿Adonde se han ido los druidas?

– ¿Y quién, señor, lo ha de saber? -barboteó por fin el colmenero-. Mas pudiera ser que a Los Taludes. Tan buen lugar como cualquiera otro. Adempero grande número de robles se crían en Los Taludes y los druidas gozan del gobierno sobre los robles…

Detrás del colmenero estaban de pie ahora, aparte de Cronin, el estarosta, ambas hamadríadas, madre e hija. Menos mal que la hija ha salido a la madre y no al padre, pensó maquinalmente el brujo, el colmenero pega con la mujer como el culo con las témporas. Detrás de las hamadríadas, observó, había todavía unas cuantas mujeres, bastante menos hermosas pero con parecido ruego en la mirada.

Miró a Regis sin saber si reírse o maldecir. El vampiro se encogió de hombros.

– Para empezar -dijo-, el colmenero tiene razón, Geralt. Al fin y al cabo es muy probable que los druidas hayan ido a Los Taludes. En verdad es un terreno muy adecuado para ellos.

– ¿La tal probabilidad es, en tu opinión -la mirada del brujo era muy, muy fría-, lo suficientemente grande como para cambiar de dirección y seguir a ciegas con éstos de aquí?

Regis volvió a encogerse de hombros.

– ¿Y qué más da? Reflexiona. Los druidas no están en Caed Dhu, por lo que esa dirección ha de ser excluida. Volver al Yaruga, por lo que me imagino, no puede ser objeto de debate. Así que todas las restantes direcciones son igualmente buenas.

– ¿De verdad? -La temperatura de la voz del brujo era similar a la temperatura de su mirada-. ¿Y de todas las restantes, cuál, en tu opinión, sería la más indicada? ¿Ésta junto a los colmeneros? ¿O la dirección completamente contraria? ¿Puedes definirlo en tu sabiduría sin límites?

El vampiro se dio la vuelta en dirección al colmenero, el estarosta de los colmeneros, las hamadríadas y las otras mujeres.

– ¿Y qué es lo que tanto teméis, buenas gentes -preguntó serio-, que andáis buscando escolta? ¿Qué es lo que os produce tanto miedo? Hablad con sinceridad.

– Oy, señor mío -gimió Jan Cronin, y en sus ojos apareció el miedo más auténtico-. ¡Y aún preguntáis…! ¡La senda nuestra ha de descurrir por los Dólmenes Calados! ¡Y allá, señor, es jorrible! Allá, señor, hay brucolacos, portahojas, endriagos, inogis y muchas más porquerías de ésas! No más face dos semanas que al mío yerno lo agarró una silvia en tal modo que el yerno na más que a gañir alcanzó y adiós muy buenas. ¿Os asombra por tanto que andemos cagaos con tanta moza y tanto crío? ¿Eh?

El vampiro miró al brujo, tenía el rostro muy serio.

– Mi sabiduría sin límites -dijo- me recomienda señalar la dirección que es más indicada para un brujo.

Asi que nos pusimos en marcha hacia el sur, hacia Los Taludes, país situado en las laderas de los Montes de Amell. Avanzábamos en una bandada enorme en la que de todo había: jóvenes mozas, colmeneros, tramperos, mujeres, niños, jóvenes mozas, avíos de casa y casera parafernalia, jóvenes mozas. Y un montón, de puñetera miel Todo estaba pegajoso de la miel de los cojones, hasta las mozas.

La columna avanzaba a la velocidad de los pies y los carros, aunque el tempo de la marcha no decayó porque no nos equivocamos sino que progresábamos como por una cuerda: los colmeneros conocían el camino, las trochas y veredas entre los lagos. Y bien que vino aquella conocencia, ya lo creo que vino bien, porque comenzó a molliznar y de pronto todo aquel maldito país de los Tras Ríos se hundió en una niebla gruesa como la nata. Sin los colmeneros nos hubiéramos perdido sin remedio o nos hubiéramos hundido allá en los pantanos. No tuvimos tampoco que perder tiempo ni energía en buscar ni preparar las provisiones: se nos alimentaba tres veces al día, hasta hartarnos, aunque no fueran muy rebuscadas las viandas. Y se nos permitía tras la comida tumbarnos un ratillo con la tripa mirando al cielo.

En pocas palabras, era maravilloso. Hasta el brujo, aquel viejo tristón y aburrido, comenzó a sonreír más a menudo y a alegrarse de la vida porque calculó que íbamos haciendo unas quince millas diarias y, desde que salimos de Brokilón, ni una vez habíamos podido realizar tal proeza. El brujo no tenía trabajo, porque aunque los Dólmenes Calados estaban tan calados que era difícil imaginarse algo más calado, monstruo alguno no nos topamos. Oh, los fantasmas aullaban un poco por las noches, resonaban los llantos de las silvias y bailaban los fuegos fatuos en las ciénagas. Nada sensacional.

Un poquillo, es cierto, nos desasosegaba el que otra vez íbamos en una dirección elegida más bien al azar y otra vez sin un objetivo bien preciso. Pero, como expresó el vampiro Regis, mejor ir hacia delante sin objetivo que sin objetivo quedarse en el mismo sitio, y con toda seguridad infinitamente mejor que retroceder sin objetivo.

– ¡Jaskier! ¡Amarra bien ese tubo tuyo! ¡Sería una pena que el medio siglo de poesía se desatara y se perdiera entre los juncos!

– ¡No hay que temer! No se perderá, podéis estar seguros. ¡Y no dejaré que me lo arrebaten! Todo aquél que quiera arrebatarme el tubo tendrá que pasar primero por encima de mi frío cadáver. ¿Se puede saber, Geralt, qué es lo que provoca tu sonrisa perlada? Permite que lo adivine… ¿Tu cretinismo de nacimiento?

Sucedió así que un equipo de arqueólogos de la Universidad de Castell Graupian, que realizaban excavaciones en Beauclair, halló bajo una capa de carbón de leña, lo que indicaba un fuego enorme, una capa todavía más antigua, datada en el siglo XIII. En aquella capa desenterraron una caverna creada por restos de muros y rellena de barro y roca caliza y, dentro de ella, para grande excitación de los científicos, descubrieron dos esqueletos humanos perfectamente conservados: un hombre y una mujer. Junto a los esqueletos -aparte de las armas y una incontable cifra de otros pequeños artefactos- encontraron un tubo de treinta pulgadas realizado en piel endurecida. Sobre la piel estaba grabado un escudo de desvaídos colores que mostraba un león y un rombo. El director del equipo, el profesor Schliemann, famoso especialista en sigilografía de los Siglos Oscuros, identificó aquel escudo como las armas de Rivia, un reino prehistórico de localización indeterminada.

La excitación de los arqueólogos alcanzó su punto álgido, puesto que en tales tubos en los Siglos Oscuros solían conservarse manuscritos, y el peso del recipiente permitía sospechar que en el interior había bastantes papeles o pergaminos. El estupendo estado del tubo permitía albergar la esperanza de que los documentos serían legibles y arrojarían algo de luz al pasado sumido en las tinieblas. ¡Habrían de hablar los siglos! Era aquél un increíble regalo del destino, una victoria de la ciencia, que no hubiera estado bien destruir. A toda prisa se llamó a Castell Graupian a lingüistas y estudiosos de las lenguas muertas y también a especialistas que supieran abrir el tubo sin el mínimo riesgo de que se deteriorara su precioso contenido.

1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 113
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)