El tercer gemelo
- Автор: Фоллетт Кен
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El tercer gemelo». Краткое содержание книги:
El tercer gemelo habla sobre el tema de la clonación de seres humanos. Una empresa pionera en estas investigaciones decide, allá por los años setenta, lanzar sus pruebas a los seres humanos pero sin advertir a los afectados.
Veintitrés años después de que se llevaran a cabo algo hará que se descubra todo el pastel, gracias a una profesora que trabaja para esa empresa sin saber el fin real de sus estudios.
“Una joven científica está desarrollando una investigación sobre la formación de la personalidad y las diferencias de comportamiento entre gemelos. De pronto, cuando descubre dos gemelos absolutamente idénticos nacidos de madres distintas, se da cuenta de que alguien intenta frenar su investigación al precio que sea.
¿Es posible que se hayan hecho experimentos secretos de clonación en seres humanos sin ser ellos conscientes? ¿Y de qué forma puede estar involucrado un candidato a la presidencia de los Estados Unidos?”
La sargento Delaware se recostó en la silla, con cara de fastidio, y Steve comprendió que su suposición había sido acertada.
La mujer se levantó.
– Está bien, espabilado, acompáñame.
– ¿Adónde vamos?
– A las celdas.
– Un momento. ¿Cuándo se va a celebrar la rueda de reconocimiento?
– En cuanto demos con la víctima y la traigamos a la comisaría.
– No podéis retenerme aquí indefinidamente sin ponerme a disposición judicial.
– Podemos retenerte veinticuatro horas sin procedimiento judicial alguno, así que punto en boca y en marcha.
Le llevó abajo en un ascensor y luego cruzaron una puerta y entraron en un vestíbulo pintado de color naranja oscuro. Un aviso en la pared recordaba a los agentes la obligación de mantener esposados a los sospechosos mientras procedían a registrarlos. El carcelero, un policía negro de unos cincuenta y tantos años, permanecía de pie tras un alto mostrador.
– ¡Eh, Spike! -saludó la sargento Delaware-. Te traigo un listillo universitario para ti solo.
El guardia sonrió.
– Si es tan listo, ¿cómo es que está aquí?
Rieron a coro. Steve tomo nota mental de abstenerse en el futuro de intentar enmendar la plana a los polis. Era un defecto suyo: también se había ganado la enemistad de los profesores tratando de dárselas de listo. A nadie le cae bien un sabelotodo.
El agente llamado Spike era un tipo menudo, enjuto y fuerte, de pelo gris y bigotito. Adoptaba un aire desenfadado, pero la expresión de sus ojos era fría. Abrió una puerta de acero.
– ¿Vas a pasar a las celdas, Mish? -preguntó-. Si es así, debo pedirte que nos dejes examinar tu arma.
– No voy a entrar, de momento he acabado con él -repuso la sargento-. Más tarde tendrá una rueda de reconocimiento.
Dio media vuelta y se fue.
– Por aquí, muchacho -indicó a Steve el carcelero.
Steve cruzó la puerta.
Estaba en el bloque de celdas. El piso y las paredes tenían el mismo color sucio. Steve calculaba que el ascensor se detuvo en la segunda planta, pero no había ventanas, y tuvo la impresión de encontrarse en una cueva subterránea profunda y que le costaría una eternidad ascender de nuevo a la superficie.
En una pequeña antesala había un escritorio y una cámara fotográfica en un soporte. Spike cogió un impreso de un casillero. Steve lo leyó al revés y vio que su encabezamiento rezaba:
DEPARTAMENTO DE POLICÍA
BALTIMORE (MARYLAND)
INFORME DE ACTIVIDAD DE PRISIONERO
FORMULARIO 92/l2
El hombre quitó el capuchón a un bolígrafo y empezó a rellenar el impreso.
Cuando hubo terminado, señaló un punto en el suelo y dijo:
– Ponte ahí.
Steve se colocó frente a la cámara. Spike pulso un botón produjo un destello.
– Vuélvete y colócate de perfil.
Otro destello del flash.
Acto seguido, Spike tomó una tarjeta cuadriculada impresa en tinta rosa y con el membrete:
OFICINA FEDERAL DE INVESTIGACIÓN,
DEPARTAMENTO DE JUSTICIA DE ESTADOS UNIDOS
WASHINGTON, D.C. 20537
Spike entintó los dedos de Steve en un tampón y los oprimió sobre las cuadriculas de la tarjeta marcadas: 1. PULGAR DERECHO, 2. ÍNDICE DERECHO, y así sucesivamente. Steve observó que, aunque era bajito, Spike tenía unas manazas enormes, de venas prominentes. Al tiempo que cumplía su tarea, Spike dijo en tono de conversación normaclass="underline"
– Tenemos un nuevo Servicio Central de Ficheros sobre la cárcel municipal, en la avenida Greenmount, y allí disponen de una computadora que toma las huellas dactilares sin tinta. Es como una fotocopiadora gigante: no tienes más que apretar la mano contra el cristal. Pero aquí seguimos haciéndolo a la antigua usanza.
Steve se dio cuenta de que empezaba a sentirse avergonzado, a pesar de que no había cometido ningún delito. Se debía en parte a aquel entorno siniestro, pero sobre todo a la sensación de impotencia. Desde que los agentes saltaron fuera del coche patrulla, delante de la casa de Jeannie, había ido de un lado para otro como un trozo de carne, sin ningún control sobre su propia persona. Eso rebajaba velozmente la autoestima de un hombre hasta ponerla a la altura del barro.
Después de tomarle las huellas dactilares le permitieron lavarse las manos.
– Permíteme que te muestre tu suite -dijo Spike jovialmente.
Condujo a Steve por un pasillo con celdas a derecha e izquierda. Cada celda era un tosco cubículo. En el lado que daba al pasillo no había pared, sólo barrotes, por lo que hasta el último centímetro cuadrado de la celda era visible desde el exterior. A través de los barrotes, Steve observó que cada uno de aquellos calabozos tenía una litera metálica fijada a la pared, así como un lavabo y una taza de retrete de acero inoxidable. Las paredes y las literas eran de color naranja oscuro y estaban cubiertas de pintadas. Las tazas de los retretes carecían de tapadera. En tres o cuatro celdas vio hombres tendidos apáticamente en las literas, pero la mayoría de éstas se encontraban libres.
– Es lunes, es un día tranquilo aquí, en el Holiday Inn de la calle Lafayete -bromeó Spike.
Steve no se hubiera reído ni aunque le fuese la vida en ello.
Spike se detuvo delante de una celda vacía. Steve echó un vistazo al interior mientras el celador abría la puerta. Ni tanto así de intimidad. Comprendió que si tenía que usar el retrete no iba a quedarle más remedio que hacerlo a la vista de todo el que, hombre o mujer, pasara en aquel momento por el corredor. De un modo u otro, aquello era más humillante que cualquier otra cosa.
Spike abrió una puerta en el enrejado e hizo pasar a Steve a la celda. La puerta se cerró de golpe y Spike echó la llave.
Steve se sentó en la litera -Dios Todopoderoso, qué lugar -exclamó.
– Te acostumbrarás a él- dijo Spike alentadoramente, y se retiró.
Al cabo de un minuto volvía cargado con un envase de polietileno.
– Me queda una cena -ofreció-, pollo frito. ¿Quieres un poco?
Steve miró el paquete, luego dirigió la vista hacia el retrete y denegó con la cabeza.
– De todas formas, muchas gracias. Pero me parece que no tengo apetito.
10
Berrington pidió champán.
Después de la jornada de prueba que había vivido, a Jeannie le hubiese gustado más un trago de Stolichnaya con hielo, pero beber licor fuerte no era el mejor sistema para impresionar al jefe, de modo que se guardó para sí aquel deseo.
Champán significaba devaneo romántico. En las ocasiones anteriores en que alternaron socialmente, Berrington se había mostrado más encantador que conquistador. ¿Acaso iba ahora a insinuársele? Tal idea hizo que Jeannie se sintiera incómoda. No había conocido un solo hombre que se tomase por las buenas unas calabazas. Y aquel hombre era su jefe.
Jeannie tampoco le habló de Steve. Estuvo a punto de hacerlo varias veces en el transcurso de la cena, pero algo la contuvo. Si, contra todas sus expectativas, resultaba que, al final, Steve era un delincuente, su teoría iba a empezar a tambalearse. Pero no le gustaba adelantar malas noticias. Antes de que eso quedara demostrado, ella no tenía por qué dudar. Aparte de que albergaba la absoluta certeza de que al final iba a quedar claro que la detención de Steve fue un espantoso error.
Había hablado con Lisa.
– ¡Han arrestado a Brad Pitt! -le dijo.
A Lisa le horrorizó pensar que aquel hombre había pasado toda la jornada en la Loquería, su lugar de trabajo, y que Jeannie estuvo a punto de llevarlo a su casa. Jeannie le había explicado que estaba segura de que Steve no era el agresor. Después comprendió que probablemente se equivocó al hacer aquella llamada; podía interpretarse como interferencia con una testigo. No es que cambiase mucho las cosas. Lisa examinaría una hilera de hombres blancos jóvenes y reconocería o no reconocería al individuo que la había violado. No se trataba de la clase de asunto en el que Lisa pudiera cometer una equivocación así como así.