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READ-E-BOOK » Научная фантастика » Jinetes Del Mundo Incógnito

Электронная книга - «Jinetes Del Mundo Incógnito». Краткое содержание книги:

Novela de ciencia ficción acerca de la aparición sobre la Tierra de misteriosas “nubes” rosadas, que resultan ser visitantes inteligentes del espacio cósmico. Los miembros de una expedición antártica soviética son los primeros en tener contacto con ellas en una serie de aventuras inexplicables.
Las “nubes” remueven la capa de hielo de la Antártica y la envían al espacio. Son capaces de reproducir cualquier tipo de estructura atómica, incluyendo al hombre. Los héroes de la historia encuentran a sus “dobles”, ven aviones duplicados y viven muchas aventuras en una ciudad copiada. Incluso combaten contra agentes de la Gestapo reproducidos del pasado por las misteriosas “nubes”.
Los científicos no pueden explicarse con que objeto se duplica la vida terrestre. Todos los intentos por lograr tener contactos con los visitantes del espacio cósmico terminan en un fracaso. Sin embargo, los científicos soviéticos -héroes de la novela- llegan a desentrañar el enigma de las “nubes” rosadas y establecer contacto con una civilización superdesarrollada existente fuera de nuestra galaxia
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– ¿Fallaste? -inquirió apenado Mitchell. No le respondí. Tenía la plena convicción de que mi bala había penetrado en la frente del policía embrujado. No podía errar el blanco: había ganado premios en competiciones de tiro. Resultó que estos muñecos estaban a prueba de las balas; entonces, tratando de dominar el temblor de mis piernas, descargué sobre el sargento todo el cargador de la pistola. Yo hasta logré sentir físicamente penetrar las balas en el cuerpo detestable del brujo.

Pero, de nuevo, no sucedió nada. El ni siquiera las sintió y ni trató de escapar. ¿Tenía él acaso dentro de su cuerpo una goma similar a ésta que se encontraba a nuestro lado?

Tiré la pistola ya innecesaria y salí del escondite. Daba iguaclass="underline" el final era el mismo.

En ese momento notamos la transformación que adquiría el ambiente, transformación que hacía rato había empezado a ocurrir, pero a la que no prestábamos atención por el calor de la lucha. El aire se torno rosado, como si lo hubiesen coloreado con fucsina y luego se puso rojo. Recordé que, al disparar la última bala al sargento, apenas pude distinguir su rostro envuelto en el humo rosado; y cuando la pistola cayó de mis manos, maquinalmente le eché una mirada… pero no la vi, bajo mis pies quedó una jalea densa, en tanto que todo se llenaba de una niebla del mismo color. Ahora, las figuras de los policías vislumbrábanse como sombras purpúreas. La niebla adquirió una densidad mayor, hasta que llegó a tener una espesura tal, que ya no era una niebla, sino algo como una mezcla de papilla con mermelada de fresas. Sin embargo, no estorbaba nuestros movimientos ni oprimía la respiración.

Ignoro el tiempo que nos rodeó la niebla -tal vez un minuto, quizás media hora o una hora entera-; pero se desvaneció repentina e imperceptiblemente. Al desaparecer, ante nosotros surgió un cuadro completamente diferente. No había ni policías, ni casas, ni calles, sino solamente un desierto quemado por el sol y un cielo de nubes normales a grandes alturas. En lontananza, como cinta ahumada que se ennegreciera paulatinamente, prolongábase la carretera; y sobre la alambrada descansaba el coche desafortunado del agente comercial.

– ¿Qué fue esto? ¿Un sueño? -preguntó éste.

Su voz sonó ronca, no natural, como si la lengua no se le sometiera: así empieza hablar aquel que ha perdido temporalmente el habla.

– No, no fue un sueño -repuse, y le di unas palmadas tranquilizadoras en el hombro-. Quiero serle sincero, fue una realidad evidente y nosotros fuimos sus únicos testigos.

Pero no, nosotros no fuimos los únicos testigos. Hubo otro testigo que, estando fuera, observó el fenómeno. Lo encontramos posteriormente. Anduvimos durante quince minutos antes de llegar al motel. Era una construcción antigua, ennegrecida por el peso de los años, pero con un garaje moderno, hecho de hormigón prefabricado en combinación con aluminio y vidrio. Johnson, como siempre, se encontraba sentado en los peldaños de la escalera de piedra. Se levantó al vernos, embargado por una alegría no natural e incomprensible.

– ¿Don? -inquirió inseguro- ¿De dónde vienes?

– Del mismo infierno -repuse-. De su filial terrestre.

– ¿Estuviste en esa Sodoma? -preguntó casi aterrorizado.

– Sí, estuve allí -afirmé-. Te lo relataré todo, mas, antes tráenos algo frío para beber, si acaso no eres un espejismo.

No, él no era un espejismo, como tampoco lo era el whisky con hielo. ¡Y qué agradable era estar sentado en la escalera y escuchar el relato de cómo se veía la ciudad desde afuera!

Johnson la vio inesperadamente. Se encontraba sentado en la escalera, dormitando, y, de repente, al levantar la cabeza, quedó petrificado: a su izquierda, donde nunca había existido nada excepto barro reseco, nació una ciudad melliza. A su izquierda, Sand City, y a su derecha, Sand City. "Pensé que era el fin del mundo, porque sin encontrarme en estado de embriaguez, veía dos ciudades idénticas ante mis ojos. Entré en mi casa y salí de nuevo: todo seguía tal como antes, yo en el medio y dos ciudades, Sodoma y Gomorra, a ambos lados. ¿Era un espejismo? Era posible, puesto que el desierto los hace aparecer. Sin embargo, la ciudad melliza ni se evaporaba ni se disipaba. Y, como ex profeso, a mi motel no llegaba ni un solo automóvil. A poco, la ciudad melliza se cubrió de algo parecido a una niebla o humo que, sin embargo, no era ni lo uno ni lo otro. Daba la impresión de que una nube rojo-anaranjada se posaba sobre ella a guisa de ocaso purpúreo que augurara la llegada de los vientos". Al escuchar el relato de Johnson, me di cuenta de que todos habíamos visto colores de matices diferentes. La niebla era o carmesí, o morada, o roja, o encarnada. Cuando se disipó, aparecimos nosotros caminando por la carretera.

Más tarde, María me contó sus impresiones sobre la niebla. Ella me esperaba y su traje era igual al de aquella muñeca-fantasma. Me puso al corriente de lo que sucedió en la ciudad. Sobre esto no te escribo, tan sólo te envío un par de recortes de periódicos. Ustedes comprenderán mejor que yo todos estos absurdos".

Coloqué a un lado la última página de la misiva y esperé a que Irina terminara de leerla: Cuando terminó, nos miramos mutuamente sin encontrar palabras que pudiesen expresar nuestras inquietudes. Quizás pensábamos en lo mismo: ¿será posible que nuestra vida cotidiana pueda mezclarse con los cuentos de hadas?

Capítulo 16 – Moscú-Paris

El recorte del periódico "Sand City Tribune" que Martin envió, comunicaba lo siguiente:

"Un curioso fenómeno meteorológico ocurrió ayer en nuestra ciudad. A las siete y media de la noche, cuando los bares, tiendas y cines a todo lo largo de la calle del Estado se hallaban iluminados, una extraña niebla roja descendió sobre la ciudad. Algunos testigos oculares aseguran que su color era violeta. A decir verdad, ésta no era una niebla corriente, pues la visibilidad conservaba su perfección a gran distancia y todas las cosas se distinguían claramente como en una mañana de verano despejada. Es cierto que posteriormente la niebla adquirió mayor densidad, tomando el aspecto del "smog" habitual de California. Algunos afirman que ésta era más espesa que la niebla londinense. Nadie sabe exactamente qué tiempo duró su condensación hasta llegar a la densidad completa; probablemente no mucho, porque la mayoría de los testigos interrogados por nosotros aseguran que la niebla permaneció transparente todo el tiempo y que sólo lo que les rodeaba -las casas, la gente, y hasta el aire- adquirió un matiz carmesí oscuro, casi punzó, como si miráramos con espejuelos con lentes rojos. Al principio la gente se detenía y miraba al cielo, pero, al no percibir en él nada anormal, continuaba tranquilamente su camino. La niebla no afectó a los asistentes en los espectáculos y películas: allí nadie ni siquiera la notó. El fenómeno persistió cerca de una hora, luego, la niebla (si se puede llamar niebla) se disipó y la ciudad adquirió su normal aspecto vespertino.

El meteorólogo James Backely, nacido en Sand City y ahora visitante de la ciudad, declaró que el fenómeno no puede ser clasificado como meteorológico. Según sus palabras, esto era más bien una nube enorme enrarecida, formada por partículas ínfimas de un colorante artificial, dispersas en el aire y probablemente traídas por el viento desde alguna fábrica de lacas y pinturas situada a unas ciento o ciento cincuenta millas de la ciudad. Esta acumulación estable de partículas ínfimas colorantes, dispersas en el aire, es un caso muy raro, mas no excepcional, y puede ser llevada por el viento a muchas millas de distancia.

Los reporteros creen que los rumores propagados acerca de las "nubes" rosadas son completamente infundados. Las "nubes" rosadas se deben buscar en las regiones polares y no en las subtropicales del continente. En cuanto a los delirios del viejo Johnson, propietario de un motel en la carretera federal, en los que afirmaba haber visto dos ciudades idénticas a ambos lados de su motel, no asombran a nuestros reporteros ni a las personas que conocen a Johnson. La temporada de turismo no ha empezado aún y el motel continúa vacío. Es posible que Johnson, apenado, bebiese una botella de whisky en exceso y, de tal suerte, quién le reprocharía por haber observado la duplicación de las cosas".

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