Jinetes Del Mundo Incógnito
- Автор: Абрамов Александр Иванович, Абрамов Сергей Александрович
- Язык: испанский
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Jinetes Del Mundo Incógnito». Краткое содержание книги:
Las “nubes” remueven la capa de hielo de la Antártica y la envían al espacio. Son capaces de reproducir cualquier tipo de estructura atómica, incluyendo al hombre. Los héroes de la historia encuentran a sus “dobles”, ven aviones duplicados y viven muchas aventuras en una ciudad copiada. Incluso combaten contra agentes de la Gestapo reproducidos del pasado por las misteriosas “nubes”.
Los científicos no pueden explicarse con que objeto se duplica la vida terrestre. Todos los intentos por lograr tener contactos con los visitantes del espacio cósmico terminan en un fracaso. Sin embargo, los científicos soviéticos -héroes de la novela- llegan a desentrañar el enigma de las “nubes” rosadas y establecer contacto con una civilización superdesarrollada existente fuera de nuestra galaxia
Ahora bien, además de las personas, las "nubes" duplicaban también las cosas. El doble de nuestro cruzanieves fue real. Reales fueron también las cosas en la ciudad de Martin. Los refrescos se podían beber, los cigarrillos se podían fumar y los automóviles se podían conducir y utilizar. Las balas de los policías lograron perforar hasta las piedras. Las casas tenían ventanas y puertas reales y en los bares verdaderos se vendía café y salchichas calientes verdaderas. El dueño de una estación de gasolina verdadera vendía gasolina y aceite verdaderos. Y, al mismo tiempo, los automóviles reales surgían como fantasmas por la carretera que cruzaba la ciudad, aparecían de la nada y se disolvían en el borde de la carretera de un modo inconcebible, tragados por la nada y transformados en nada, dejando como única huella de su existencia una nubécula de polvo, levantada por sus ruedas que acababan de rozar el asfalto. No todas las puertas de las casas conducían a un lugar determinado. Algunas no daban a ningún sitio, tras ellas sólo había el vacío, aunque impenetrable y negro a guisa de humo comprimido. Esto significa que, para copiar el ambiente que rodea al hombre del mundo material se empleó también otro sistema, un sistema hasta cierto grado limitado. Formulemos ahora el segundo punto confuso. ¿Por qué se empleó otro sistema, con qué objeto y en qué consiste su limitación?
Y aquí surge una nueva pregunta: Zernov supuso la posibilidad de que en la creación del avión-doble en la ruta Moscú-Mirni se había empleado otro sistema. ¿No coincide esto con lo que Martin escribió? Esta pregunta la planteé a Zernov.
– Sí, en algunos aspectos -respondió Zernov, después de meditar-. Es obvio que las "nubes" crean diversas copias de manera distinta. ¿Recuerda usted la niebla purpúrea del avión, que no dejaba ver a los pasajeros vecinos? Desconocemos con exactitud la densidad que alcanzó la niebla de Sand City. Los periódicos informan que el aire era transparente y puro y estaba tan sólo coloreado de rojo. Posiblemente que los tipos de las copias estén en relación directa con la densidad del gas. Mi opinión es que la gente de la ciudad de Martin era menos humana que los pasajeros de nuestro avión-doble. ¿Por qué? Tratemos de resolver este problema. En Karachi, usted lo recuerda muy bien, yo afirmé que los pasajeros de nuestro avión no fueron copiados en toda su complejidad biológica, sino solamente en sus funciones específicas. Toda la compleja vida psíquica del hombre se echó a un lado, se rechazó, por la sencilla razón de que los creadores de las copias no la necesitaban. Empero, los pasajeros de nuestro avión no eran simplemente pasajeros, como otros cualesquiera. ¿Acaso su única relación social era la de viajar en un mismo avión? No. Entre ellos existía algo más: el año vivido en conjunto, el trabajo, amistad o aversión para con los vecinos, los planes futuros, los sueños de encontrarse con personas amadas y parientes. Estas circunstancias ampliaban y complicaban su función de pasajeros. He ahí la razón por la cual los creadores de las copias no podían limitarse a una simple función y se vieron obligados a complicarla, conservando algunas células de la memoria y determinados procesos mentales. Yo creo que la vida en el avión-doble transcurría similarmente a la nuestra.
– Es decir, ¿que se repetía como una grabación magnetofónica? -le dije.
– Pienso que no. Recuerde que ellos crean copias y no patrones. Ni en la ciudad de Martin la vida repetía todo lo que sucedía en la Sand City real. Le puedo dar un ejemplo: la persecución policial. Pero preste atención a un dato muy curioso: la gente de la ciudad copiada se diferencia más aún de las personas reales. Las copias encarnan una función como taclass="underline" el transeúnte camina, el que pasea, pasea, el chofer sólo conduce el automóvil, el vendedor vende u ofrece mercancías, el comprador las compra o rechaza. Y nada más. Sin embargo, pese a esa actividad tan limitada, ellos no son muñecos. Pueden razonar, pensar y actuar, aunque sólo dentro de los límites de sus funciones. Si usted le dijese a la camarera de una cafetería de la ciudad-copia que no le agradan las salchichas, ésta le contestaría que las salchichas conservadas no se estropean, que la lata fue abierta un cuarto de hora antes, pero que, si usted insiste, ella le puede traer en cambio un bistec asado o un bistec con sangre, como lo desee. Puede coquetear con usted, y, si ella es aguda, hasta podría contarle un chiste. ¿Por qué? Porque todo esto entra dentro de su función profesional. He ahí la razón por la cual no recordó a Martin: él no estaba asociado con su trabajo.
– Pero, ¿por qué los policías lo recordaron? -inquirió Irina-. Él, pues, no asaltó ningún banco, no atentó contra los bolsillos de persona alguna y no anduvo como un boxeador borracho boxeando por las calles. ¿Dónde está la relación con la función?
– ¿Recuerda usted el recorte del periódico? Durante la niebla, en Sand City fue golpeado un abogado neoyorquino, y la policía, lamentablemente, no pudo encontrar a los malhechores. ¿Le ha prestado atención a ese "lamentablemente"? La policía sabía naturalmente quiénes habían sido los autores del hecho, pero no se disponía a buscarlos. Pero, ¿por qué no encontrar a alguien que ocupara el lugar de los verdaderos culpables, a un borracho o a cualquier vagabundo? Estos eran los propósitos de la policía en aquel momento. En la Sand City real ella no pudo encontrar a nadie; en cambio, en la copiada se le vinieron a mano Martin y sus amigos.
– Yo hubiera querido estar en su lugar -dije con envidia.
– ¿Y recibir un balazo en la frente? ¿Cree que sus balas no eran reales?
– Sí, pero las de Martin también eran reales. ¿No piensa que él probablemente falló el tiro?
– No, no pienso eso -repuso Zernov-. Posiblemente los traumas peligrosos para el hombre no lo son para estos biorrobots. Es muy probable que sus cuerpos no sean afines a los del hombre normal.
– ¿Y sus ojos? Ellos vieron a Martin.
– Esto es como un crucigrama -dijo Irina riéndose-. Al poner la palabra en los cuadritos, te das cuenta de que es otra: unas letras coinciden y otras no.
– Ciertamente, esto es como un crucigrama -respondió alegre Zernov-. ¿Y qué otra cosa puede ser? Si colocáramos a aquel policía en la mesa de operaciones y le abriéramos el vientre, sabríamos si tiene o no tiene estómago e intestinos. Pero, ¿qué tenemos para resolver este problema? ¿Una regla de cálculo? No. ¿Un microscopio? No. ¿Rayos X? Tampoco. Resulta cómico, pero hasta ahora no poseemos nada, excepto nuestra lógica. Anojin, ni sus palabras ni sus ojos son iguales a los nuestros -afirmó, respondiendo a mi réplica-. Ellos podían ver a Martin, pero eran incapaces de notar el sol. Sus ojos no eran los nuestros, porque estaban programados para existir solamente dentro de los límites de cierta hora copiada; hasta el tiempo había sido copiado. Los automóviles que corrían por la carretera habían sido creados en movimiento, dentro de los límites del mismo intervalo de tiempo y del mismo sector del espacio. A ello se debe que surgieran de la nada y desaparecieran en la nada. A decir verdad, esto es realmente un crucigrama -concluyó riéndose.