Una Extrana Herencia
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Una Extrana Herencia». Краткое содержание книги:
Pronto daría a luz al hijo del enemigo…
– Las cuales no comprendes.
– No. Es mi padre y lo quiero. Pero no puedo perdonarlo. No tiene derecho a aparecer y a desaparecer de nuestras vidas a su antojo. La familia es algo más que eso. Se trata de aceptar las responsabilidades.
– Él nos quiere.
– Tiene una manera curiosa de demostrarlo -murmuró Julie- No puedo soportar cuando aparece y tú eres feliz. Sé lo que viene después. Se queda el tiempo suficiente para que volvamos a creer en él, pero luego se va. Te rompe el corazón una y otra vez y tú se lo permites.
– Es un buen hombre y un buen padre.
– Para mí no fue un buen padre.
– Oh, Julie. Vas a tener que aprender a ser un poco más tolerante con la gente y sus defectos.
– ¿Qué? Un defecto es dejar pasta de dientes en el lavabo o llegar siempre tarde. Abandonar a tu familia una y otra vez es más que un defecto. Eres genial y guapa, y hay hombres maravillosos a los que les encantaría tenerte en su vida. Te tratarían como a una princesa.
– Pero yo sólo quiero ser la mujer de Jack -dijo su madre con tristeza-. Ojalá pudiera hacerte entender que amar a alguien no significa poder cambiarlo. Aceptas lo bueno y lo malo.
– Su parte mala es demasiado grande para mí -dijo Julie.
– Pero no para mí.
Julie pensó en decirle que había otras mujeres cuando su padre se marchaba, ¿pero para qué decir lo evidente y causar dolor?
– A veces amar a alguien significa perdonar una y otra vez -dijo su madre-. Te quedas con aquello con lo que puedes vivir. Yo puedo vivir con esto. Tengo que hacerlo. Él es, como diría tu hermana, mi destino.
– Oh, por favor.
– Hablo en serio. ¿No crees que he tratado de olvidarme de él? Cuando eras más joven, después de que él se hubiera quedado casi tres meses y yo estaba segura de que había cambiado, decidí que ya no iba a volver a hacer eso. No iba a dejar que me volviera a romper el corazón. Así que empecé a tener citas. Salí con varios hombres. Una de las relaciones incluso fue algo serio.
– ¡Mamá! Nunca dijiste nada.
– No sabía si iba a funcionar y no quería que os sintierais decepcionadas por otro hombre. Consideré que sería mejor esperar hasta estar segura.
– Supongo que no funcionó.
Su madre negó con la cabeza.
– Yo quería amarlo, pero no podía. Para bien o para mal, amo a tu padre. He descubierto que prefiero echarlo de menos a intentar amar a otra persona.
Julie no sabía qué decir ante eso.
– Ahora es mayor -continuó su madre-. Pronto sentará la cabeza. Y, cuando lo haga, será aquí. Conmigo. Envejeceremos juntos.
Julie trató de comprenderlo, pero no podía.
– ¿No hubieras preferido tener una vida entera en vez de sólo el final de la suya?
– Estoy contenta, Julie. Puede que no lo comprendas, pero tienes que aceptarlo. Esto es lo que deseo.
– Lo sé, mamá. Lo dejaré estar.
– Espero que puedas. Espero que puedas encontrar a alguien que te haga feliz. ¿Esa persona es Ryan?
– No lo sé -admitió ella.
– Es el padre de tu hijo -dijo su madre.
Julie miró a la mujer que había sido tan importante para ella durante tanto tiempo.
– Querrías que lo perdonara y siguiera hacia delante -dijo-. Te gustaría vernos casados.
– Me gustaría verte feliz. Me preocupo por todas mis hijas. Por Marina porque sigue a su corazón. Por Willow porque encuentra hombres que necesitan ser rescatados y, cuando están curados, se van con otra. Y por ti porque…
– Porque soy una cabezona y una persona difícil que no confía en los demás con facilidad.
– Por ti porque te han hecho daño y no confías en ti misma para elegir a un buen hombre.
– Es lo mismo -dijo Julie.
– ¿Ryan te hace feliz?
– A veces. Quizá. No es tan malo.
– Estoy seguro de que querría que llevases su campaña de imagen si se metiera en política -bromeó Naomi.
– Ya sabes lo que quiero decir -dijo Julie con una sonrisa-. Si finjo que nos conocimos de otra forma, entonces es un hombre alucinante. Es listo y cariñoso y, sí, me gusta.
– No puedes cambiar el pasado.
– Lo sé, pero, a veces, intento pelearme con él.
– ¿Y funciona?
– No tan bien como me gustaría. Sólo deseo que las cosas fueran diferentes.
– Las cosas no pueden cambiarse. La gente es quien es. Es un buen hombre, y el padre de tu hijo. Está empezando a importarte. ¿No es eso lo que deseas?
– Eso sería lo normal -dijo Julie, encogiéndose de hombros-. Pero siento que aún tengo miedo de que esté mintiendo o de que se eche atrás, o de que haya un gran secreto y, cuando salga, me rompa el corazón.
– Implicarse con alguien entraña riesgos. Pero sobreviviste a Garrett.
– Cierto. Pero superar lo de Garrett fue mucho más fácil de lo que debería haber sido. Tengo miedo de no poder superar lo de Ryan.
– Te estás enamorando de él -dijo su madre.
– Eso parece. Y no creo que lo desee.
– ¿Puedes evitar que esos sentimientos sigan creciendo?
No si continuaban pasando tiempo juntos, pensó Julie al recordar el fin de semana anterior. No era sólo sexo. Eran todas las cosas de las que habían hablado y se habían reído. Era el modo en que le hacía sentir y lo mucho que deseaba confiar en él.
– Me niego a enamorarme -dijo Julie.
– Pensé que decidirías eso. Por una parte, creo que has tomado una decisión increíblemente triste. Por otra, no creo que nadie, ni siquiera tú, tenga ese control. Ryan no va a desaparecer. Siempre será el padre de tu hijo y estará en tu vida. ¿Puedes resistirte a él para siempre?
Julie ya sabía que la respuesta a eso era no. Así que, si enamorarse era inevitable, ¿por qué estaba luchando por resistirse?
Julie escribió una nota en el cuaderno. Necesitaba un par de citas más y estaría lista para escribir su informe. Llamaron a la puerta, que estaba abierta, y levantó la cabeza.
– Adelante -le dijo al hombre que allí había.
Iba vestido con vaqueros y jersey, nada elegante.
– ¿Julie Nelson? -preguntó. -Sí.
– ¿Julia Marie Nelson?
No le gustaba que la gente utilizara su nombre completo. Le recordaba a cuando su madre se enfadaba con ella.
– ¿En qué puedo ayudarle?
El hombre le entregó un sobre, y dijo:
– Aquí tiene.
Y, sin más, desapareció.
Julie se quedó mirando el sobre y luego lo abrió. La carta que había dentro era de un bufete de abogados. Mientras examinaba el contenido, comenzó a sentir frío por todo el cuerpo. Su corazón gritaba y su cerebro murmuraba «te lo dije».
Ryan le estaba ofreciendo un acuerdo prenupcial y una proposición de matrimonio válida sólo después de que el bebé hubiera nacido y se hubiera demostrado su paternidad mediante una prueba de ADN. Si ella rechazaba la proposición o la prueba, entonces Ryan la demandaría por la custodia de su hijo. La custodia total y permanente. Él la tendría a ella, o Julie se quedaría sin nada.
Capítulo Doce
Julie entró hecha una furia en las oficinas de Aston & Bennett, ignoró a la recepcionista y se dirigió hacia el despacho de Ryan. Él estaba al teléfono.
La miró cuando entró y sonrió.
Julie le quitó el teléfono de la mano y colgó, tirándole los papeles a la cara.
– ¿Cómo has podido? -preguntó en voz alta-. ¿Cómo has podido? Confiaba en ti. Te creí. Eso es lo que me revienta. Estaba empezando a creer que me había equivocado contigo. Que te había juzgado mal. Que todo había sido un error. Pero no lo había sido, ¿verdad? Fuiste tú mismo aquella primera noche que estuvimos juntos. Fuiste una sabandija entonces y eres una sabandija ahora.
Ryan agarró los papeles y se puso en pie.
– ¿Julie, de qué diablos estás hablando?