Una Extrana Herencia
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Una Extrana Herencia». Краткое содержание книги:
Pronto daría a luz al hijo del enemigo…
Ryan se detuvo junto al coche de Julie.
– Tenemos un gran lío.
– Oh, sí. Y la culpa es tuya, por cierto.
– ¿Por qué? -preguntó él, riéndose.
– Tienes unos nadadores muy buenos. De lo contrario, no estaría embarazada.
– Creo que la culpa es tuya.
– ¿De verdad? Muy típico de los hombres.
– Soy un hombre. Es culpa tuya porque eres inteligente, sexy y divertida, y olías muy bien.
– El tóner de la fotocopiadora.
– Lo que sea. No tenía posibilidad de escapar.
– ¿Acaso querías escapar?
Sus ojos se oscurecieron con algo parecido al deseo.
Julie se estremeció. Era un juego peligroso. Ryan y ella debían estar conociéndose. Algunas personas llegaban a conocerse antes de tener un bebé, ¿pero por qué ser convencionales?
Aun así, lo más sensato era echar el freno. Mantenerse alejada de aquel hombre tan sexy y marcharse a casa. Pero no podía moverse. En parte porque ese hombre sexy era intrigante, pero también porque estaba empezando a gustarle.
– Fue una noche fantástica -dijo él-. Estuviste alucinante.
– Tú tampoco estuviste mal.
– Gracias.
– De nada -contestó ella con una sonrisa.
Ryan le colocó una mano en el hombro. Se dijo, a sí misma que era un roce casual. No significaba nada. ¿Entonces por qué le costaba tanto respirar?
– Tenemos que evitar que Ruth se entere de lo del bebé, al menos de momento -dijo él- Tal como está actuando, no sé qué haría con la información.
– Da un poco de miedo pensarlo.
– También tenemos una reunión de negocios en un par de días.
– Lo sé. Lo he apuntado en la agenda.
– Todd estará allí.
– No tengo palabras para expresar mi alegría -¿era su imaginación o Ryan estaba acercándose?
– No es tan mal tipo.
– Eso dices tú -definitivamente se estaba acercando a ella, y eso le gustaba.
– Y yo tampoco soy tan mal tipo.
Julie abrió la boca para decir algo y él la besó. La rodeó con los brazos y ladeó la cabeza.Ella quiso sentirse indignada. En vez de eso, separó los labios al instante, presionando su cuerpo contra él.
Sus lenguas se juntaron en un mar de necesidad. Lo deseaba tanto, que le daba igual que estuviesen frente a la casa de su abuela. Sus besos eran cálidos y familiares. Nada importaba, salvo el hecho de que no se detuviera.
Ryan deslizó las manos por su espalda, agarrando sus nalgas con fuerza y presionándola contra él, haciéndole sentir su erección.
Oh, sí. Eso era exactamente lo que Julie deseaba. Sus brazos enredados, sus cuerpos pegados hasta que no tuviera más opción que rendirse al placer. Entonces…
¡No! No podía rendirse. Otra vez no. No hasta que no hubiera descubierto quién era y lo que sentía por él. Desnudarse era una complicación que no necesitaba.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo, pero se obligó a echarse a un lado.
– Tenemos que parar -dijo sin aliento.
– No, no tenemos.
– Estabas empezando a gustarme. No tientes a la suerte.
– ¿Te gusto? -preguntó él con una sonrisa.
– Un poco. Tal vez. No me molestes o el sentimiento desaparecerá.
Ryan sonrió y se apartó.
– Eres una mujer muy peculiar, Julie Nelson. Definitivamente eres interesante.
La últimá vez que Julie había estado en la oficina de Ryan, había estado demasiado enfadada para prestar atención a la elegancia del lugar. Pero, esa mañana, pudo apreciar la sutil combinación de colores y los muebles caros pero confortables.
– Ryan debería haberse acostado con esta decoradora en vez de con la de su piso -murmuró al entrar en la recepción antes de darle su nombre a la secretaria.
Fue conducida a la sala de conferencias inmediatamente. Mientras sus tacones se hundían en la alfombra, se recordó a sí misma que aquello era algo estrictamente profesional. El beso que había compartido con Ryan hacía pocos días estaba completamente borrado de su mente. Estaba decidida a ser la mejor abogada que hubieran tenido jamás. Ryan le había ofrecido a su bufete tres compañías pequeñas. Ella había hecho sus investigaciones y sabía que había mucho más. Pretendía llevárselo todo.
Entró en la sala de conferencias. Los dos hombres se levantaron y le dirigieron una sonrisa, pero su visión no fue más allá de Ryan. Aun siendo consciente de la presencia de Todd en la sala, no lograba convencerse de que él también importaba.
Se quedó mirando a Ryan a los ojos. Él le devolvió la mirada, haciéndole sentir que el tiempo se detenía. El deseo, siempre presente, reapareció, aunque ella ya estaba acostumbrada. Ignoró el calor que sintió entre las piernas y el aceleramiento de su corazón.
– Buenos días -dijo finalmente.
– Buenos días -dijo Ryan-. Me alegro de verte.
– Asqueroso -murmuró Todd.
Julie recordó dónde estaba y se obligó a apartar la mirada del hombre que la hechizaba.
– Caballeros -dijo, dejando el maletín sobre la mesa y rechazando tomar té o café-, vamos a hablar de negocios.
– Estamos listos -dijo Ryan.
Le dirigió una sonrisa y luego miró a Todd.
– No creo que usted lo esté.
Todd, casi tan guapo como su primo, se recostó en su silla y negó con la cabeza.
– ¿Qué le hace pensar eso, señorita Nelson?
– El modo en que lleva las cosas -Julie había decidido decantarse por un ataque directo para dejar clara su posición. Luego los abrumaría con datos para que estuvieran de acuerdo con ella-. Dicen estar interesados en hacer negocios con China, pero sus acciones no lo demuestran. Acudieron a mí con tres pequeñas empresas, pero disponen de millones en sus otros negocios. He estado haciendo averiguaciones y no lo están haciendo nada bien. Sus acuerdos son mediocres. Los contratos no les protegen. Tengo números que lo demuestran, si quieren verlos.
Buscó en su maletín y sacó varias carpetas. Todd y Ryan se miraron y luego la observaron.
– Sé que me ofrecieron un par de cuentas como oferta de paz y, aunque estoy agradecida, he decidido que quiero todo el negocio -continuó Julie- Por la sencilla razón de que no encontrarán un bufete mejor. Necesitan algo más que consejo, necesitan un socio. No delegamos responsabilidades. Asesoramos a nuestros contactos. Yo misma me encargo de hablar directamente con China. Nadie puede alegar un error de traducción.
– ¿De qué diablos está hablando? -preguntó Todd.
– Hablo mandarín -contestó ella.
– Sí -dijo Ryan-. Supongo que olvidé mencionarlo.
– Lo aprendí gracias a una vecina -dijo Julie-. Pasé varios veranos en China y un semestre de la universidad. Lo hablo con fluidez.
– Interesante -dijo Todd-. Si me disculpa un momento.
Ryan vio cómo su primo salía de la sala y entonces se giró hacia Julie.
Estaba radiante, aunque siempre lo estaba. Lista y sexy. ¿Cómo había tenido tanta suerte? Si tan sólo pudiera convencerla para que se casara con él.
Tenía la sensación de estar haciendo progresos, lo cual era bueno. Cuanto más tiempo pasaba con ella, más disfrutaba de su compañía, lo cual era aún mejor.
– No era un negocio por compasión -le dijo.
– Lo que sea -dijo ella, encogiéndose de hombros- Era un pedazo muy pequeño del pastel.
– ¿Lo quieres todo?
– Por supuesto. ¿Pensabas lo contrario?
– No sé. Esto sería algo importante para ti. Es una cuenta importante para que te asciendan.
– Ya lo sé -dijo ella con una sonrisa-. Soy muy capaz.
– Eso suavizaría las cosas con los socios cuando se enteren de que estás embarazada.
– Lo sé. Es parte de mi motivación, pero no la mayor parte. Ryan, soy buena. Sé lo que estoy haciendo. Si estuviéramos hablando de Europa, Rusia o América del Sur, no presionaría tanto. Pero conozco esa parte del mundo.