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Una Extrana Herencia

Электронная книга - «Una Extrana Herencia». Краткое содержание книги:

El empresario Ryan Bennett había accedido a hacerse pasar por su primo en una cita a ciegas. Desde el momento en que vio a Julie Nelson hasta el momento en el que debería haberle dicho adiós, Ryan estuvo cautivado por aquella mujer y no pudo evitar invitarla a compartir su cama. Después del apasionado encuentro, Ryan confesó su verdadera identidad y trató de convencerla de que lo que había entre ellos era real a pesar del engaño inicial, pero Julie no estaba dispuesta a hacerlo. Ahora lo consideraba un enemigo…
Pronto daría a luz al hijo del enemigo…
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Sus ojos brillaban con intensidad y convicción. Por una vez querría ver esos ojos iluminarse al verlo a él. Eso sería…

Vaya. ¿De dónde había salido eso? Deseaba casarse con Julie por el bien del bebé. No había otra razón. Sí, era fantástica y sexy, y la deseaba, pero no se trataba de tener una relación. Había renunciado a eso hacía seis meses. No pensaba volver a poner en peligro su corazón.

Todd regresó a la sala de conferencias con una mujer china. Ryan emitió un gemido.

– Estás de broma, ¿verdad? -preguntó.

Todd lo ignoró.

– Señorita Lee, ésta es Julie Nelson.

La señorita Lee se inclinó y comenzó a hablar en lo que Ryan suponía que era mandarín.

– ¿Es que no puedes confiar en ella? -le preguntó a Todd en voz baja.

– Tú no habrías confiado en nadie. Si vamos en serio a la hora de darle el negocio, entonces será mejor que sea la persona correcta -dijo Todd- Antes eras un cínico bastardo como yo. No me digas que esa parte de ti se ha esfumado.

– No se ha esfumado -dijo Ryan mientras Julie y la señorita Lee charlaban-. Ha cambiado.

– ¿Por una mujer?

Por suerte, la señorita Lee se giró hacia él en ese instante.

– Su mandarín es bueno y lo entiende todo -dijo-. Aunque necesita trabajar el acento.

– Lo sé -dijo Julie, riéndose-. Lo intento.

– Lo hace muy bien.

Todd se encogió de hombros, y dijo:

– De acuerdo, entonces supongo que tenemos algunas cosas de las que hablar.

La puerta de la sala se abrió y apareció la secretaria de Ryan.

– Ryan, la llamada del banco que estabas esperando.

– Gracias.

Miró a Todd y a Julie.

– Tengo que contestar. Volveré en cinco minutos. Tratad de no mataros.

– No lo haremos -dijo Julie.

Ryan le dio las gracias a la señorita Lee por su ayuda y la acompañó fuera.

Julie miró a Todd.

– Hablar mandarín no es algo sobre lo que se deba mentir -dijo.

– Son negocios.

– Lo comprendo -en su posición, probablemente ella habría hecho lo mismo. Aunque no pensaba decírselo-. Tengo una pregunta.

– ¿Cuál?

– Tu tía nos ofreció un millón de dólares por casarnos contigo. ¿Qué tienes de malo para que quisiera hacer eso? Aparte de lo evidente.

Había esperado que Todd se enfadase. Simplemente se rió.

– Estoy empezando a entender lo que ve Ryan en ti -dijo.

– Lo cual es encantador, pero no contesta a mi pregunta.

– Mi tía tiene algunas ideas interesantes sobre las relaciones. Esta es una de ellas. Sé que sigues enfadada por lo de la primera cita, Julie, pero no es todo culpa de Ryan.

– Oh, ya sé que la culpa es tuya.

– Qué agradable. Pero no me refería a eso -miró hacia la puerta y luego otra vez a ella-. Ryan lo pasó mal hace unos meses. Una relación complicada.

Dado que Julie también había tenido una así, comprendía perfectamente por qué ocurrían esas cosas.

– Ryan siempre ha sido cauteloso -continuó Todd- Los dos lo hemos sido. Pero conoció a esa mujer y parecía perfecta. No estaba interesada en su dinero. Era madre soltera y él lo respetaba. Y estaba loco por la niña.

Julie sintió un pinchazo en su interior que nada tenía que ver con estar encandilada por Ryan; en vez del calor, sintió frío y algo pesado en el estómago.

Podía traducir perfectamente lo que Todd estaba insinuando. Ryan se había enamorado perdidamente de aquella mujer y adoraba a su hija.

Intentó decir que no le importaba. Apenas le importaba Ryan. Pero, por alguna razón, no logró articular palabra.

– Yo la conocí y también me pareció estupenda -dijo Todd- Estaba un poco preocupado porque Ryan parecía estar más excitado por ser padre que por ser marido, pero imaginé que todo se igualaría. Las cosas se pusieron serias cuando Ryan la oyó hablando con una amiga. Dijo que, al quedarse embarazada, todo había sido un desastre, pero, después de nacer su hija, había descubierto que a los ricos les encantaban los bebés. Todos se imaginaban siendo padres. La relación en sí misma era aburrida, pero se casaría con Ryan, esperaría dos años y luego se marcharía, llevándose una importante suma de dinero consigo. Después de todo, él se habría encariñado con la niña y no querría que sufriera.

El frío aumentó. Julie se sentía mareada y, por una vez, no tenía nada que ver con el embarazo.

– Eso es horrible -murmuró.

– Y mucho más. Ryan estaba bien. Se escapó a tiempo. Pero la experiencia hizo que se sintiera estúpido. Eso no le gusta a nadie.

– Puedo imaginarme el resto -dijo ella-. Pocos meses después, vuestra tía explicó sus planes. Y nos visteis a mis hermanas y a mí como más de lo mismo.

– Eso es. Le conté a Ryan la situación y se ofreció a ocupar mi lugar.

– Para enseñarme una lección.

– No era nada personal -dijo Todd-. Sólo quería que supieras por qué lo hizo. Vas a tener un bebé con él. Ryan es un buen tipo. Cometió un error y lo lamenta. Eso debería servir de algo.

– Y sirve -dijo ella-. Pero aun así me mintió. Aunque entiendo la situación en la que estáis metidos, eso no os da derecho a atacar a inocentes. Yo no hice nada malo. No era ella.

– La fastidió. Dale un respiro. Si él hubiera sabido que iba a colgarse de ti, no lo habría hecho.

¿Colgarse? ¿De ella?

Julie quería que aquellas palabras no significaran nada, pero sí significaban. Quería gustar a Ryan y que él la respetara, aunque no entendía por qué su opinión le importaba. Ryan regresó en ese preciso momento.

– Lo siento. ¿Qué me he perdido?

– Sólo estábamos hablando -dijo Todd.

Volvieron a centrarse en los negocios y lo zanjaron todo en una hora. Ryan acompañó a Julie al ascensor.

– Los socios estarán contentos -dijo él.

– Creo que incluso bailarán. Soy buena en mi trabajo. No te decepcionaré.

– Lo sé. ¿Cómo te sientes?

– Bien. Sigo teniendo náuseas casi todo el día, pero estoy aprendiendo a vivir con ello.

La conversación trivial la volvía loca. Realmente quería preguntarle por lo que Todd había dicho. ¿Ryan tenía verdaderamente sentimientos hacia ella? ¿Sería real o seguiría intentando convencerla para casarse con él? ¿Y acaso sería tan horrible casarse con el padre de su hijo?

– ¿Se lo has dicho a tu familia? -preguntó él.

– A todos salvo a mi padre. No tengo ni idea de dónde está -y tampoco iba a perder el tiempo localizándolo.

– Yo no se lo he dicho a mis padres. Están en Europa. No vienen mucho por Estados Unidos, pero, cuando lo hagan, los conocerás.

– Genial -murmuró ella.

– Yo también debería conocer a tu familia.

– ¿Qué?

– ¿Acaso no quieres?

Era una pregunta con truco. No, realmente no quería que los conociera. Sería extraño. ¿Pero negarse cuando iban a tener un bebé juntos?

– Sería divertido -dijo finalmente.

– Estoy libre este fin de semana.

Qué afortunada.

– De acuerdo, claro. Yo eh… lo organizaré todo.

– Bien.

Ryan se inclinó hacia delante y le dio un beso.

No había pasión ni poder como en otras ocasiones, pero aun así la desestabilizó.

– Hasta el fin de semana entonces -dijo él.

– Claro. Seré yo la que tenga antojo de pepinillos.

Capítulo Diez

La casa era modesta. Ryan aparcó y trató de asimilar que, mientras él había crecido en un mundo de riqueza y privilegios, las nietas de Ruth se habían criado allí.

Salió de su deportivo y caminó hacia la puerta. Julie ya la había abierto. Se apoyó en el marco y dijo:

– ¿Estás preparado? Deberías estarlo.

– Tus hermanas no pueden ser tan malas -dijo él mientras se acercaba-. Estaré bien.

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