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Электронная книга - «El Amante de sus Sueños». Краткое содержание книги:

Él siempre había estado en sus sueños…
Carrie Reynolds tenía una obsesión: Devlin Riley. El atractivo soltero era el protagonista absoluto de las fantasías más sensuales de Carrie. Sin embargo, ésta se dio cuenta de que, para ser la clase de mujer que Devlin deseaba, tenía que vivir la vida. Por eso decidió embarcarse en una aventura que incluía un barco, una cama y a Devlin.
Devlin estaba acostumbrado a dejar un rastro de corazones rotos a su paso, pero jamás comprometía el suyo. Sin embargo un día descubrió a una maravillosa rubia en su cama. El único problema era que la mujer afirmaba que aquella cama era suya y que no pensaba compartirla con nadie. Pero ella no sabía que Devlin nunca se acobardaba ante un desafío…
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– Eso es muy bonito.

– Vine a este viaje porque quería escapar de las mujeres. Después de lo de Jillian, había decidido borrar al resto de las de su sexo de mi vida. Pero entonces, apareciste tú en mi cama y todo cambió. Ese tipo del que estás enamorada tiene mucha suerte, Carrie.

– Él no sabe cuánta -replicó ella, apartando la mirada.

Sin embargo, ¿se sentiría Dev afortunado si supiera que era él el objeto de aquel amor? ¿O se sentiría traicionado por las mentiras de Carrie? Ella suspiró. Tenía que asegurarse de que él nunca lo descubriría.

Carrie levantó la cara al cielo y giró sobre sí misma. Los efectos del ron hicieron que las piernas se le doblaran un poco, así que Dev tuvo que recogerla entre sus brazos. Tenía los labios tan tentadores que él tuvo que controlar sus impulsos para no besarla. Con una risita, ella improvisó un paso que había aprendido aquella noche.

– Nunca había bailado así en mi vida -dijo.

Dev se echó a reír y la estrechó entre sus brazos, bailando con la suave música que salía de una taberna cercana. El cuerpo de Carrie era cálido y sus senos se apretaban contra su pecho.

– ¿Cómo habías bailado?

– Yo sola -replicó Carrie. -Con el pijama y mi gata. A Eloise la encanta Madonna y a mí Motown. Nos hemos pasado muchas noches de sábado bailando juntas.

Dev sonrió y cerró los ojos. No había muchas mujeres que estuvieran dispuestas a admitir su falta de vida social. Las mujeres con las que él había salido creaban una atmósfera de sofisticación que le había hecho sentirse en muchas ocasiones como el último de la lista. Sin embargo, con Carrie no había nadie esperando, a excepción del vaquero de Helena.

Dev le pasó el brazo por los hombros y empezaron a pasear hacia el puerto. Era casi medianoche y el Cayo Oeste parecía estar empezando a despertar. Los turistas y los locales se preparaban para disfrutar la noche. La música que salía de las tabernas creaba un ambiente festivo con variopintos contrastes.

Habían comenzado la tarde cenando en un pequeño café especializado en cocina caribeña. Los dos probaron de lo que él otro había pedido y charlaron agradablemente. Ella le contó, con cuidado, todos los detalles de su infancia, incluso su helado favorito: el de pasas al ron.

Para cuando terminaron con los postres, Dev había decidido que era la mujer más hermosa del mundo, al menos en lo que él había aprendido a valorar más que un cuerpo perfecto y una apariencia impecable. Carrie irradiaba belleza interior y lo iluminaba todo a su alrededor.

También, ella era la mujer más misteriosa e intrigante que él había conocido. Algunas veces, hablaba abiertamente, pero otras parecía haber una barrera entre ellos, como si ella estuviera pensando lo que debía decir. A él le parecía que era un esfuerzo por proteger su vulnerabilidad.

Ella le había preguntado por sus negocios y él la había aburrido con los detalles. Normalmente, él hablaba de su infancia con pocas palabras, pero le había contado a Carrie todo. Que había vivido en unos cuantos apartamentos desastrosos, con unos padres que se veían obligados a tener dos trabajos cada uno para mantener a cinco hijos. Sobre cómo su padre había ahorrado para abrir su propia empresa de electrónica. De cómo Dev lo había ayudado a convertir aquel negocio en una multinacional antes de que él se retirara a disfrutar la vida.

Después de cenar, fueron a un ruidoso bar con un camarero, llamado Billy, que afirmaba ser descendiente de contrabandistas, jugadores y gente de esa calaña. Billy consiguió que Carrie se animara a probar una bebida llamada «delicia del bucanero», una mezcla de ron y zumo de frutas, servida en un vaso con forma de barco pirata. Para cuando ella había conseguido que el líquido bajara de la cubierta, Carrie había aceptado la invitación de Dev para bailar.

– ¿Dónde vamos ahora? -preguntó ella.

– De vuelta al barco. Es hora de que te vayas a la cama. El capitán Fergus quiere zarpar para Cristabel dentro de unas pocas horas.

– Pero yo no quiero marcharme de aquí. Me gusta. Nadie se preocupa de lo que eres o de dónde vienes. Puedo ser yo simplemente.

– Te gustará el Cayo Cristabel. Te lo prometo.

– Pero aquí hay tantas cosas que hacer. ¿Por qué no nos quedamos aquí hasta que volvamos a casa?

Dev no se había molestado en hablarle a Carrie sobre la última parada del viaje. Y ella no había preguntado al capitán Fergus. No estaba seguro de que fuera a aceptar ir a Cayo Cristabel, pero no quería correr el riesgo de que así fuera. Ni siquiera él sabía por qué tenía tantas ganas de llevarla allí.

La villa privada de Cayo Cristabel tenía fama de ser el lugar más bonito de todos los cayos. Él lo había elegido con el propósito de pedirle a Jillian que se casara con él.

Pero Jillian ya no formaba parte de su vida. Dev quería compartir sus últimos dos días de vacaciones con Carrie, en su isla privada. Dev no sabía lo que iba a pasar allí. Tal vez esperaba entender de una vez sus sentimientos por Carrie o simplemente cerrar con un broche de oro aquellas vacaciones antes de que los dos se separaran. Tal vez esperaba simplemente que entre los dos pudieran saber lo que pasaba con su relación.

Él era un hombre al que gustaba tener estrategias preparadas. Sin embargo, con Carrie le resultaba imposible. Ella era una masa de contradicciones, envuelta en un cuerpo que le volvía loco de deseo. Ella estaba enamorada de otro hombre y, sin embargo, cada vez que la besaba, sentía que se deshacía en sus brazos. Además, ella le había invitado a su cama.

Entonces, ¿por qué tenía tanto miedo de arriesgarse? Había decidido respetar a Carrie, pero él mismo estaba llegando a la conclusión de que solo estaba intentando evitar sus verdaderos sentimientos.

Si no le hacía el amor a Carrie, no podría enamorarse de ella, ni ella de él. Y si no se amaban, entonces no tendrían problemas para separarse.

Aquello era lo mejor. No más besos, ni más deseo.

Serendipity se balanceaba ligeramente contra el muelle. Como Dev llevaba de la mano a Carrie, tiró de ella cuando vio que se acercaba demasiado peligrosamente al borde. Carrie se había excedido un poco con el ron y sin duda dormiría bien aquella noche. Al llegar al barco, él la ayudó a subir y a bajar por las escaleras al salón principal.

– Necesitamos música -dijo Carrie, rodeándole el cuello con los brazos. -Quiero bailar.

– Y yo creo que deberías dormir, Carrie -respondió él, besándole la punta de la nariz.

– Tal vez tengas razón -susurró ella, cerrando los ojos.

– Claro que tengo razón.

Un beso no podía hacer ningún daño. Sería solo un beso de buenas noches entre amigos, así que Dev se inclinó y le cubrió los labios.

Sin embargo, al sentir que ella aceptaba aquel beso plenamente, se olvidó de sus buenas intenciones y se concentró solamente en saborear su boca.

– Creía que habíamos decidido no volver a hacerlo más -dijo Carrie, apartándose.

– No puedo evitarlo, Carrie. Algunas veces simplemente tengo que besarte. ¿Qué te parece si cuando sienta la necesidad te lo pido? ¿Qué te parece eso?

– Te diría que no -lo advirtió ella, sonrojándose.

Dev acarició la nuca de Carrie y le hizo echar la cabeza hacia atrás para poder mirarla a los ojos.

– ¿Puedo volver a besarte, Carrie?

– No.

– De acuerdo, entonces, esta será la última vez.

– La última vez -repitió ella.

Dev la besó de nuevo, enredando la lengua con la de ella. Lentamente le acariciaba el abdomen, acercándose a los senos. Sin embargo, Dev de repente se detuvo, consciente de lo que había estado a punto de hacer. Había estado a punto de cruzar el umbral de algo más íntimo.

Él se apartó y esperó hasta que ella abrió los ojos. Deseaba ver su reacción. Carrie parpadeó hasta que los efectos de aquel beso fueron desapareciendo. Poco a poco, vio que las sensaciones anteriores se iban reemplazando con… placer.

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