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Электронная книга - «El Amante de sus Sueños». Краткое содержание книги:

Él siempre había estado en sus sueños…
Carrie Reynolds tenía una obsesión: Devlin Riley. El atractivo soltero era el protagonista absoluto de las fantasías más sensuales de Carrie. Sin embargo, ésta se dio cuenta de que, para ser la clase de mujer que Devlin deseaba, tenía que vivir la vida. Por eso decidió embarcarse en una aventura que incluía un barco, una cama y a Devlin.
Devlin estaba acostumbrado a dejar un rastro de corazones rotos a su paso, pero jamás comprometía el suyo. Sin embargo un día descubrió a una maravillosa rubia en su cama. El único problema era que la mujer afirmaba que aquella cama era suya y que no pensaba compartirla con nadie. Pero ella no sabía que Devlin nunca se acobardaba ante un desafío…
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– Entonces, ¿esta cama es tuya o mía?

– ¿Cómo? -preguntó ella, mirando a Dev por encima del hombro.

– Esta casa tiene cinco habitaciones. ¿Es esta la que quieres?

Carrie asintió. Con eso, Dev se puso a recogerle el equipaje y se lo puso encima de la cama para acercarse luego a las ventanas y abrirlas. Mientras miraba el mar, la brisa del océano le alborotó el pelo. Carrie se lo imaginó en aquel mismo lugar, a media noche, mientras ella estaba tumbada en aquella magnífica cama. Él tendría los ojos agotados y la piel cubierta de sudor… y ella estaría deseando que volviera a hacerle el amor.

Carrie sintió que se le hacía un nudo en la garganta. ¿Sería posible que viviera aquella escena antes de que se acabaran aquellas vacaciones? Si ella quería que así fuera, tendría que hacer que ocurriera pronto. Solo iban a pasar dos noches en aquella isla antes de que se terminara todo.

El corazón de Carrie le dio un vuelco al darse cuenta de que no volvería a estar a solas con Dev. No era que no fuera a volver a verlo. Él seguiría entrando en su vida de vez en cuando, cuando fuera a la agencia, pero nada sería igual. Él no sabría quién era ella, ni siquiera que ella estaba cerca. Sin embargo, así sería. Ella estaría observándolo y pensando en cada momento lo que habían compartido, regalándose con aquellos recuerdos.

– Me voy a la playa -dijo Dev. -¿Te apetece venir?

– No. Creo que voy a deshacer las maletas y a explorar la casa. Ve tú. Diviértete.

Dev asintió y salió de la habitación. Ella se acercó a las puertas de la terraza y salió al exterior, aspirando el aire marino. Tal vez debiera dejar de preocuparse sobre lo que podría ocurrir y simplemente pasárselo bien.

Entonces regresó a la cama y abrió las maletas. La jornada de compras en Cayo Oeste había sido un éxito. Se había comprado un precioso vestido hecho de gasa. La amplia falda y el ajustado corpiño la hacían sentirse increíblemente femenina y el pálido color destacaba el bronceado que ella había adquirido a lo largo de los días anteriores. Carrie decidió ponérselo para cenar aquella noche. También se había comprado unos pendientes de plata y un cuarzo rosa que se balanceaba seductoramente sobre el cuello.

Carrie abrió otra bolsa y vertió el contenido encima de la cama. Una cascada de color apareció delante de ella: azul eléctrico, amarillo chillón, fucsia… el traje de baño y el pareo a juego habían sido adquiridos en un impulso. Se había dado cuenta de que no podía seguir nadando en camisón si le surgía la oportunidad, muy probable en una isla, de volver a ir a nadar con Dev. Quería estar preparada.

Carrie nunca se había puesto un traje de baño, probablemente porque no le gustaban mucho sus muslos.

– Tal vez vaya siendo hora de que me atreva. -murmuró, quitándose los zapatos de un golpe de pierna.

Entonces, se quitó el vestido y se sujeto el traje de baño delante del cuerpo. No había tenido valor para probárselo en la tienda, simplemente se había limitado a comprar la misma talla de los vestidos.

Suspirando profundamente, Carrie se quitó el sujetador y se puso el traje de baño. De todas las experiencias de la vida, nada podría aterrorizar más a una mujer que probarse un traje de baño. Por lo menos, eso era lo que le parecía a ella. Luego tomó el pareo y se lo anudó a la cintura. Poco segura de sí misma, se dirigió al cuarto de baño que había dentro de la habitación y se miró en el espejo. Durante unos segundos, tuvo miedo de abrir los ojos.

– Si estás horrible -se dijo en voz alta, -te lo quitas. Y si es realmente espantoso, lo tiras y ya está.

Sin embargo, cuando abrió los ojos, se vio agradablemente sorprendida. Teniendo en cuenta que se consideraba una mujer sin mucho futuro en el terreno sentimental, no se miraba demasiado al espejo. De hecho, normalmente los evitaba. Pero estaba equivocada. Con su nuevo color de pelo y la piel tostada por el sol, estaba bastante bien con aquel traje de baño.

– De acuerdo -dijo ella, irguiéndose en el espejo. -Me lo quedo. Ahora, lo que tengo que hacer es salir para que me vea la gente.

De hecho, salir a un lugar lleno de gente le hubiese resultado más fácil que salir a una playa privada solo con Dev. Rápidamente salió del cuarto de baño y se asomó a la terraza. Dev estaba en el agua, bañándose entre la espuma.

Carrie se preguntó lo peor que podría ocurrir. Eso sería que él se riera porque la hubiera confundido con una ballena varada o un submarino. Sin embargo, a lo largo de aquella semana, Dev la había visto en peores situaciones, abrasada por el sol y mareada. Tal vez iba siendo hora de que la viera como una mujer real, como una mujer a la que él le podría apetecer seducir.

– Anímate -susurró. -Lo único que tienes que temer es el miedo en sí mismo.

Entonces, Carrie se dirigió a la planta de abajo para poder salir a la playa. Mientras intentaba anclar con normalidad, procuraba buscar la postura adecuada. Sin embargo, las rodillas le temblaban tanto que casi no podía mantenerse de pie.

Dev había salido del agua y estaba sentado en la arena, mirando el horizonte. Ella esperó hasta que él se diera cuenta de su presencia, pero parecía perdido en sus propios pensamientos. Carrie estaba prácticamente a su lado cuando él se dio cuenta de que ella estaba allí. El corazón de Carrie le dio un vuelco al notar cómo la miraba.

– ¡Vaya! -dijo él, recorriéndole el cuerpo con la mirada.

Carrie sonrió y se acercó un poco más a él. Sin embargo, él se puso rápidamente de pie y extendió la mano.

– ¡Carrie, ten cuidado con esa…!

Carrie sintió una dolorosa punzada en el pie, que se le extendió rápidamente por la pierna y gritó. Dev se acercó a ella enseguida y la tomó en brazos mientras ella lloraba de dolor. Sentía como si le estuvieran clavando un millón de agujas en la pierna.

– ¿Qué ha sido eso? -preguntó ella, aturdida.

– Has pisado una medusa -respondió Dev. -¡Dios mío, Carrie! Eres un desastre.

Ella sollozó y escondió la cara contra el hombro de él.

– Sabía que no debía haberme puesto este bañador. Me debería haber quedado en la habitación echándome una siesta.

Dev se echó a reír y le mordisqueó el cuello.

– ¿Para que yo me hubiera perdido esa entrada? ¡Ni hablar!

– ¿Cómo tienes el pie?

Carrie levantó la mirada de la cama y vio a Dev de pie en la puerta del dormitorio. Tenía una bandeja en las manos.

– Todavía me duele -dijo ella. -Pero creo que se me pasará pronto. Gracias a ti.

Dev la había llevado rápidamente a la casa como si pesara menos que una pluma. Entonces, había sacado una botella de amoniaco de la cocina y le había puesto un poco en el pie. Casi inmediatamente, el dolor había remitido, pero él había insistido en pedir consejo por radio. Cuando el médico le explicó lo que tenía que hacer, Dev lo hizo y se relajó lo suficiente como para bromear con ella de su mala suerte.

– Te he traído algo para comer -le dijo mientras se acercaba a la cama. -Me imaginé que no podrías ir tú sola a la cocina.

Carrie se incorporó en la cama y Dev le colocó las almohadas detrás de la espalda.

– ¿Por qué siempre tengo que estar en mis peores momentos cuando estoy contigo?

– ¿Cómo puedes decir eso? -preguntó él, poniéndole la bandeja en el regazo. -A mí tus pequeños percances me parecen muy divertidos. Mis vacaciones hubieran sido muy aburridas.

– Y yo estaba intentando ser sexy -musitó Carrie.

– ¿De verdad?

– No, al menos no deliberadamente. Bueno, lo que quiero decir es que no estaba intentando… ya sabes.

– Claro que no -respondió él, con voz tensa.

Durante un momento, pensó que se había enfadado con ella, pero entonces él le sonrió y la tomó de la mano, entrelazando los dedos con los de ella.

Carrie levantó la vista y vio que él la estaba mirando con expresión enigmática. ¿Por qué no podía admitir que ella estaba esperando llamar su atención? Incluso mejor, ¿por qué no pedirle directamente que pasara la noche con ella? ¿Cuánto le podía costar? No más que pavonearse por la playa con un traje de baño por primera vez en su vida. Carrie intentó tomar una decisión, ignorando todos sus temores y abrió la boca… pero no pudo hacerlo.

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